Una de las principales propuestas de campaña presidencial de Donald Trump, que tuvo una enorme aceptación dentro de los reducidos sectores ultra-conservadores y ultra-patriotas, fue la de lanzar una guerra en contra de la migración. Para el señor Trump, los migrantes son la principal causa de la violencia, la falta de empleos y crisis social en Estados Unidos.
La política migratoria lanzada por el ahora presidente se concretó la primera semana de su gobierno y versa sobre cuatro principales ejes: la firma del decreto que aprueba la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México (el costo de dicha construcción sería costeado por medio del aumento a aranceles a productos mexicanos, es decir, el muro lo pagaríamos nosotros), la deportación de indocumentados con antecedentes penales, el veto al ingreso de inmigrantes de siete países (la mayoría de origen musulmán) y la cancelación de la “ley de pies mojados” que avalaba la residencia de cubanos que llegaran al país norteamericano.
Recientemente y por medio del responsable de seguridad, se ha anunciado el mandato que autoriza la persecución y posterior deportación de todo latino indocumentado, residente o ciudadano. Cabe destacar que hasta antes de que se hiciera pública dicha resolución las autoridades migratorias realizaban redadas y allanaban domicilios de familias inmigrantes. A un mes del gobierno Trumpista, las deportaciones se cuentan por decenas diariamente. Existen cifras que afirman que cada día llegan a México 62 repatriados y tan sólo en la semana previa al “día sin inmigrantes” hubo 680 personas detenidas, la mayoría en Chicago.


La fuerza de la clase obrera latina en EUA
Datos sobre población en Estados Unidos indican que existen 11 millones de inmigrantes viviendo en el país vecino y representan el 16% de la fuerza laboral en toda la nación, destacando en los sectores agrícolas, de la construcción y servicios. En cuanto a industrias, se registran 123 mil negocios hispanos que dejan una derrama de 10 millones de dólares al año a la economía del país y aportan 106 mil millones de dólares en impuestos.
Este nervio quedó demostrado el pasado 16 de febrero con la respuesta a la convocatoria a la movilización nombrada “un día sin inmigrantes”. Dicha acción hacía el llamado a un paro nacional, el cual demostrara la unidad y la fuerza de los trabajadores latinos. La consigna principal de la acción enmarcó de manera expedita la conclusión a la que han llegado los trabajadores: “Señor presidente, sin nosotros y sin nuestro aporte este país se paraliza”.


Donald Trump representante del capitalismo mundial
El problema del éxodo de personas no es más que la prueba clara de la crisis del capitalismo. Este sistema ha sido incapaz de brindar las condiciones de vida más básicas para la población, aunado al problema de la violencia interna en cada país y las guerras en contra del terrorismo como justificantes de dominación, todas estas son las razones principales por la cuales existan millones de desplazados en todo el mundo.
Ante las medidas adoptadas por el nuevo ocupante de la casa blanca muchos han sido los encargados de desviar el problema real de la migración. Debemos dejar muy en claro que Trump no es más que un representante del capitalismo mundial y el principal defensor del imperialismo más radical, por tanto, cada uno de los ataques que emprenda atenderá a los privilegios de la clase dominante.
Sin embargo, el primer proceso migratorio se da internamente. El campesinado y los indígenas se ven obligados a abandonar sus pueblos de origen con la intención de integrarse en las filas productivas de las grandes ciudades, al no alcanzar el progreso prometido por el gran capital, buscan alcanzar su sueño emigrando a las potencias económicas, desarrollando con esto toda una serie de contradicciones político-sociales.
En este sentido, Donald Trump no es el único responsable del contexto de expulsión en el que nos encontramos. México durante años ha emprendido una política migratoria parecida a la ejercida por el gobierno estadounidense. El primer obstáculo para los migrantes no es el muro fronterizo sino el gobierno federal mexicano que en complicidad con las instituciones migratorias y los grupos delictivos, convierten la búsqueda, de lo que se hacía llamar, el sueño americano en una pesadilla. Al mismo tiempo, son los principales causantes de que más connacionales abandonen el país.
El problema no es como nos lo han hecho creer. Los argumentos sobre el supuesto de que la migración es el principal problema de desempleo, de violencia y de inestabilidad política en las naciones ricas, no son más que razonamientos de los gobiernos y de las instituciones internacionales para tratar de dividir y crear un ambiente de encono a nivel mundial entre la clase trabajadora, en el que el principal objetivo es el señalamiento del otro como el mayor problema, justificando con ello, los ataques en contra de los trabajadores.
Debemos comenzar a romper esta división entre naciones, eliminar las fronteras invisibles que el mismo capital ha implementado para su beneficio y romper con la idea y el concepto del “indocumentado”. Los trabajadores no conocen de patrias, para ellos su patria es la defensa por sus derechos y condiciones de vida, por tanto, los trabajadores migrantes, los nacionales y extranjeros formamos parte de la misma nación, esa nación que nos hermana bajo la bandera del proletariado internacional.
Desde Izquierda Revolucionaria somos conscientes de que en época de ataques en contra de los oprimidos a nivel mundial se hace necesario el llamado urgente a la unidad de la clase trabajadora en todo el mundo, dejar en claro que entre nosotros no existen enemigos. La única batalla es en contra del sistema capitalista y sus representantes. Si el capitalismo tuviera la capacidad de brindar y respetar cada uno de nuestros derechos, no tendríamos la más mínima necesidad de emigrar.
En este sentido, es de vital importancia luchar por una organización internacional de los trabajadores que le de forma a un programa de lucha socialista e internacionalista que aglutine las demandas de todos los sectores oprimidos, en donde sea posible la existencia de muchos mundos y no de naciones.
¡Nacional o extranjera, la misma clase obrera!