La población mayor de 15 años considerada trabajador agrícola se contabiliza en poco más de 5 millones de personas, de las cuales 56 por ciento son agricultores, mientras 44 por ciento son trabajadores de apoyo, es decir, peones o jornaleros, aquellos campesinos sin tierra. El salario promedio de los agricultores es de $18.50 la hora, mientras que una tercera parte de los jornaleros no percibe un salario, 4% tiene acceso a seguridad social, 7% tiene derecho a vacaciones, 3% cuenta con un contrato laboral. Estas son sólo algunas estadísticas que los trabajadores del campo viven día a día y que, empezando por el Valle de San Quintín, no queremos soportar más.

El 17 de marzo de 2015 se inicio la lucha para que sus derechos laborales fueran reconocidos. Con todas las dificultades que significó, se logró registrar la organización como Sindicato Independiente Nacional Democrático de Jornaleros Agrícolas, afiliados a la UNT. Sin embargo, las autoridades no han tomado el caso con seriedad y no han dado respuesta a las demandas, por lo que el 4 de marzo de este año se inició una Caravana ¡Por un salario justo! desde Baja California hasta la Ciudad de México pasando por ocho estados para organizar, extender y unificar la lucha a si como exigirle al gobierno el cumplimiento de su pliego petitorio: pago de $300.00 de salario diario, inscripción al seguro social, evitar retención de salarios, contar con un contrato colectivo y un sinfín de demandas laborales que se fueron recabando en el camino.

Hace ya dos años del inicio de la lucha de los jornaleros de San Quintín y el gobierno sigue dando vueltas a las mesas de negociación sobre las condiciones laborales de los más de 80,000 hombres y mujeres, pero los derechos no se negocian, ¡se exigen!. La lucha a llegado a este nivel por el grado de esclavitud en el cual se vive, migramos de nuestras comunidades, en su mayoría de regiones indígenas, de los Estados de Oaxaca, Chiapas y Guerrero en busca de un futuro mejor, sin embargo, esta ilusión se desvanece cuando lo único que nos espera son 12 horas de trabajo en los campos; no contamos con servicio de salud, no hay escuelas para nuestros hijos y mucho menos en nuestra lengua de origen; no tenemos derecho pleno a una vivienda digna con servicios básicos, en el caso de las mujeres trabajadoras no tenemos la posibilidad de dejar a nuestros hijos en una guardería y sufrimos de acoso laboral y sexual, los casos de violación sexual en manos de los “mayordomos” no lo ignoramos y nos parece muy grave.

Somos los que siembran, cultivan y cosechan los “productos de sangre”, llamados así porque nos cuestan la vida misma. En promedio tenemos un salario de $120.00 al día, asfixiándonos sin posibilidades de comprar productos de la canasta básica, por ejemplo, el huevo llega a costar $ 80.00 y por su puesto ni siquiera es suficiente para un kilo de carne. Pero ni los patrones ni el gobierno tiene la intención de aumentar el salario, tenemos bien en claro el acuerdo del Gobierno con los dueños de los ranchos, donde el Estado está al servicio de los empresarios, haciendo leyes para aumentar la productividad y la esclavitud.

Después de las mesas de trabajo del 18 y 19 de marzo del presente año se reaunudarían negociaciones con el Gobierno, pero para nuestra sorpresa ninguno responsable de Secretarías capaces de tomar decisiones y firmar acuerdos se presentó a las reuniones e incluso a modo de burla el Secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete, se encontraba en reuniones con jornaleros en Coahuila pero no tuvo tiempo para atender a los que nos desplazamos miles de kilómetros para visitar su oficina.

Los jornaleros junto con los trabajadores de la ciudades somos quienes generamos la riqueza de esta sociedad , sin embargo, no podemos disfrutarla. Por eso, no sólo somos jornaleros sino luchadores sociales que comprenden que el único camino para conseguir una vida digna no es a través del Gobierno y sus instituciones sino mediante la, organización, lucha y unidad de los trabajadores del campo y de la ciudad. Ya no somos los 80 mil jornaleros de San Quintín que iniciamos esta batalla en 2015, hemos extendido la lucha a los Sindicatos Democráticos, a la UNT, a la Central Campesina Cardenista, a la CNTE, a colectivos y organizaciones civiles en lucha como Mexicali Resiste, Coalición Indígena de Migrantes de Chiapas, los padres de los 43 compañeros de Ayotzinapa, etc., todos nos hemos unido a la lucha que en el fondo es la misma y no nos detendremos hasta la transformación radical de la sociedad, donde la esclavitud en los campos y las fábricas sea cosa de los libros de Historia.

Trabajadores del campo y de la ciudad... unidos, organizados y adelante
¡Salario de $300 al día, YA!