A partir de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), hace 23 años, México ha vivido una transformación acelerada, las mieles del imperialismo saben a despojo, saqueo y miseria. En un mundo desigual los tratados comerciales sólo pueden polarizarlo, pero lejos de llamar a la unidad con los empresarios nacionales, la alternativa es la lucha unificada de la clase trabajadora y de todos los sectores explotados y oprimidos por transformar las relaciones de producción y construir un mundo más igualitario.


Balance sobre el TLCAN


En estos 23 años las exportaciones de México hacia EEUU se han mantenido entorno al 80%, sin embargo, ha habido una conversión de exportación de petróleo a exportación de manufacturas. Se ha atraído una inversión extranjera 10 veces mayor que la que se tenía en 1993. Se pasó de un déficit comercial con EEUU de 3 mil millones de dólares a un superávit para México de 60 mil millones de dólares.


De las principales importaciones que hace México desde EEUU se encuentran: los granos, relevantemente el maíz (transgénico y nativo de México) y las autopartes. Además se exporta minerales. Más allá de los indicadores económicos, los efectos políticos y sociales del TLCAN, han sido de gran impacto en México.


En primer lugar, la gran importación de productos agropecuarios ha llevado a una grave crisis del campo y al abandono de este, con grandes consecuencias sociales, provocando el incremento constante de la miseria, que a su vez, lleva a la migración internacional y nacional. Ante la falta de alternativas, especialmente para la juventud, ha llevado a la creación y propagación del narcotráfico.


La lógica de competencia entre los países del TLCAN para atraer las inversiones, ha colocado a México en la opción número uno en mano de obra barata. Aquí se paga hasta 10 veces menos que en EEUU, por el mismo trabajo. Esto resulta ser atractivo para las grandes empresas norteamericanas, especialmente las automotrices, pero también algunas transnacionales agrícolas como Driscoll’s. Este tipo de empresas están entre las principales beneficiarias de los bajos salarios, y al mismo tiempo son, junto con el gobierno y la burguesía nacional, los principales opositores a la demagógica petición de Trump de aumento salarial para los trabajadores mexicanos.


Por otro lado, se ha generado una gran polarización económica y social entre los estados del norte y los estados del sur, mientras los estados del norte tienen crecimiento cercano al 10% en los estados del sur hay un decrecimiento en torno al 6%. La condición de migrantes de los jornaleros mexicanos de los estados más pobres del sur a los estados del norte, como Baja California, reflejan crudamente esta realidad.

Finalmente, la depredación ambiental y el despojo han sido el significado más importante de este tratado en un territorio extenso.

 

¿Renegociación para quién?


Entre los aspectos filtrados sobre la renegociación del TLCAN, se encuentra el tema del déficit, al que Trump se ha referido así: “Ya no vamos a permitir a otros países romper las reglas para robar nuestros empleos o drenar nuestra economía”, por si fuera poco, acusando a México del enorme déficit comercial que carga EEUU, cuando éste únicamente representa apenas el 8% de su déficit total, pero claro, en tiempo de rapiña todo se vale, incluso la más absurda demagogia. Si bien es cierto que la relación del déficit entre ambos países se ha invertido, la realidad es que ahora tenemos un porcentaje del 40% en exportaciones, comparado con las importaciones que previamente realizamos. Así que el indicador del déficit se queda corto para hacer una verdadera evaluación del costo-beneficio que cada país ha tenido.


Otro aspecto a discusión, totalmente demagógico, es la propuesta de aumento salarial que Trump ha hecho pública. Una economía débil y poco desarrollada como la mexicana, sólo es capaz de ofrecer salarios de miseria para poder entrar a la competencia entre naciones que son claramente desiguales, por lo tanto el TLCAN, por la vía de los hechos, ha provocado la caída de los salarios. Ahora Trump, que sí entiende algo de economía pero nada de política, pretende que con un decreto se eleven para quitarle a México este atractivo a la inversión y provocar la vuelta de capitales a su país. Este es uno de los principales puntos de desacuerdo con el gobierno mexicano y con la burguesía nacional y de otros países.


Trump asegura que se han robado los empleos a los trabajadores estadounidenses, segunda retorica demagógica, orientada fundamentalmente a sus votantes, a quienes promete devolver los más de 700 mil empleos “perdidos” a causa de la oferta de mano de obra barata de México. Cuidado con ser presa de este discurso racista, la única manera de obtener salarios dignos es con la lucha unificada de todos los trabajadores. Especialmente el gobierno y la burguesía nacional parecen estar más dispuestos a romper el acuerdo antes que subir los salarios.


Más temas se han puesto sobre la mesa, como las reglas de origen, en donde EEUU pide aumentar el contenido de producción y manufactura norteamericana o la revisión del capítulo sobre solución de disputas comerciales, así como la revisión de las condiciones para la venta en línea. Todo esto sometido a revisión a partir del chantaje de Trump de salir del TLCAN por ser “injusto para los intereses norteamericanos”, chantaje que pretende como única y absoluta condición para continuar con el Tratado. Aumentar los beneficios estadounidenses a costa de los trabajadores mexicanos y canadienses o la vuelta al proteccionismo, en donde en última instancia, México en su calidad de país subdesarrollado y con un gobierno lacayo del imperialismo, quedará a disposición del mejor postor.
El discurso de la unidad nacional


El gobierno mexicano ha comenzado a elaborar el plan B ante una eventual ruptura del TLCAN, asistiendo a reuniones con los gobiernos de Argentina, Brasil y China, entre otros y estableciendo tratados comerciales. Pero el papel manufacturero y la explotación laboral que existe en el país no se modificarán con el cambio de países con los que se asocia comercialmente, y aun sin tratado, la dependencia con EEUU puede mantenerse por un tiempo.


Frente a la actitud proteccionista y racista de Trump, la respuesta de un sector de la burguesía nacional y de los políticos ha sido el llamado a la unidad nacional. ¿Qué tipo de unidad es esta?, ¿una unidad con los Azcárraga, los Salinas Pliego, los Slim o los Larrea?, ¿Con el asesino Peña Nieto?, ¿es que acaso la nacionalidad mexicana los hace menos explotadores y opresores? Rechazamos completamente la unidad con la burguesía nacional que de manera oportunista se disfraza de defensora de la patria para acrecentar su fortuna a costa de los trabajadores mexicanos, centroamericanos y sudamericanos. La única unidad posible es la de los de abajo, entre los trabajadores, campesinos y la juventud, entre todos los oprimidos y los luchadores sociales.


La eventual ruptura del TLCAN refleja la bancarrota del capitalismo que pretende volver atrás en la historia. La única alternativa real es la toma de los medios de producción por parte de los trabajadores y que los beneficios sean repartidos entre el 99% de la población, ese sector al que pertenecemos los explotados y oprimidos y quienes realmente generamos la riqueza.

¡Ni muros ni fronteras, la misma clase obrera!