La situación económica en nuestro país durante los últimos años ha significado un verdadero calvario para la clase trabajadora. Hemos visto como el poder adquisitivo disminuye año con año, debido a la subida de los precios de las mercancías, conjugado con una terrible precarización de las condiciones laborales. Este último año del gobierno de Peña Nieto ha sido catastrófico, 2017 cerró en su mayor nivel de inflación en 17 años, impulsada por el incremento en el precio de los bienes y servicios como el jitomate, el transporte aéreo, la gasolina, y el gas doméstico, entre otros.


Según datos del INEGI, el índice nacional de precios al consumidor, presentó un crecimiento mensual de 0.59%, con lo que la inflación anual llegó a 6.77%, siendo ésta la tasa más alta desde el 2001. Esta situación significa un duro golpe para las familias trabajadoras ya que encarece de forma importante los productos de la canasta básica.


En el arranque del 2018 hay productos de la canasta básica que registran incrementos significativos en su precio respecto al inicio del año anterior. Por ejemplo el huevo tuvo un incremento del 34%, pasando de 24 pesos en 2017 a 34 pesos a inicio de este año; el limón que tenía un costo de 23.69 pesos alcanzó en 2018 hasta 37 pesos; el jitomate bola pasó de 20.44 a 43.50 peos y el jitomate saladet alcanzo precios de hasta 35.8 pesos; la bolsa de azúcar morena de dos kilos paso de 49.6 pesos a un costo de 56.50 pesos; el aguacate has alcanzó en el inicio de este año costos de hasta 69 pesos el kilo.


Si embargo, los mayores incrementos se registraron en los precios del gas LP, ya que a principios del 2017 el precio era de 14.64 pesos por kilogramo pasando a un coste 18.66 pesos al finalizar el año, generando un aumento del 27.4%. Pero iniciando el 2018, tan solo en 15 días el aumento fue de 7.1%, alcanzando un costo de 20 pesos por kilo. En total durante este sexenio, el gas LP se ha incrementado en un 45.3 por ciento, según cifras de la Comisión Reguladora de Energía (CRE). Esto impacta mucho más si consideramos que el gas licuado LP en cilindro es utilizado por 7 de cada 10 hogares en nuestro país, es decir, la mayoría de la población nos vemos afectados con el alza de este combustible que utilizamos en nuestra vida cotidiana para cocinar alimentos o calentar agua.
Estos datos reflejan el fracaso de la política económica de los últimos sexenios y por lo tanto del capitalismo mexicano. Las reformas impulsadas durante el gobierno de Peña Nieto (reforma energética, financiera, etc.), que se han hecho a base de mentiras, han resultado un verdadero fracaso, incluso para la clase dominante misma que si bien se ha beneficiado de todas estas reformas haciendo jugosos negocios, no logran una estabilidad financiera, expresada en la gran inflación con la que cerró el 2017, combinada con la tremenda especulación que se ha generado a partir de las negociaciones del TLC, y la crisis económica mundial que atraviesa el capitalismo.


Otro dato que refleja este estancamiento de la economía mexicana, es el desarrollo del Producto Interno Bruto, el cual tuvo un crecimiento en 2017 del 2.4 %, y la perspectiva de la Secretaría de Hacienda para el 2018, es de un crecimiento de 2.5%. Sin embargo el FMI recortó su estimado de crecimiento para la economía mexicana al pasar de 2% a 1.9%, según su informe de Perspectivas Económicas Mundiales. Independientemente de cual pueda ser el dato más certero, la realidad es que, dados los niveles de inflación y la gran especulación que domina el mercado ante las negociaciones del TLCAN, la realidad de la economía mexicana es de un estancamiento que no encuentra salida aún, a pesar de la aplicación de las tan mencionadas reformas estructurales.


En términos concretos estamos hablando de una tremenda crisis económica que se le está cargando a la clase trabajadora. Por una parte, según un informe de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA), los principales productos de la canasta básica aumentarán hasta un 20% en 2018, debido al aumento de los fertilizantes, combustibles y semillas, en combinación con la especulación en los mercados, y variables como la paridad con el dólar.


Por otro lado la situación del salario en México es de verdadera miseria. Durante el 2017 los salarios contractuales tuvieron la mayor caída en términos reales en 20 años. En términos nominales, los salarios subieron 4.4%, pero la tasa de inflación en el mismo periodo fue de 6.7%; de tal forma que los salarios registraron una contracción de -2.3% en términos reales.


Más allá de estos datos, los trabajadores estamos padeciendo en carne viva, las consecuencias de una crisis provocada por los banqueros y capitalistas en su ambición de mayores ganancias. Vemos como cada día alcanza para menos cosas y tenemos que redoblar jornadas de trabajo para apenas sobrevivir. Vivimos en un México lleno de pobreza y miseria en el que no se ve una perspectiva de solución real, sino todo lo contrario, el capitalismo necesita exprimir aún más a la clase trabajadora del campo y de la ciudad, por lo que bajo éste sistema, éstas aberraciones no desaparecerán. Necesitamos acabar con esa grosera acumulación de capital en pocas manos y poner las fábricas y toda la producción en manos de los trabajadores de cara a generar una distribución más justa de la riqueza.