No hay duda alguna que la democracia burguesa y su sistema electoral constituyen herramientas de dominación del capital sobre la clase trabajadora; si bien es cierto ello, también lo es el hecho de que bajo determinadas condiciones el proletariado intenta apoyarse en los espacios de lucha política que ofrece la democracia capitalista para tratar de transfórmalos parcialmente en su contrario, es decir, en beneficio de los explotados, haciendo de las urnas y los espacios logrados en el parlamento una palanca auxiliar de la lucha de masas en las calles y en las fábricas, pero jamás sustituto de ésta. Así, sobre la base de esa contradicción dialéctica y partiendo de un análisis de fuerzas entre las clases, la historia del movimiento obrero demuestra que el proletariado ha asumido diferentes actitudes y acciones hacia las elecciones y el parlamento, dependiendo de una serie de circunstancias concretas. En algunos casos las masas se vuelcan masivamente hacia las urnas, en otras circunstancias su participación es marginal y en otras ocasiones incluso pasan a realizar abiertas acciones de boicot.

A propósito del boicot electoral, el movimiento obrero ruso de las dos primeras décadas del Siglo XX es bastante aleccionador; y sin la intención de trasladar ese ejemplo de forma mecánica para el caso mexicano, dicha experiencia arroja bastantes lecciones útiles para analizar la situación en México a partir de esa experiencia histórica. Con una visión más amplia sobre la táctica del boicot electoral, podremos fortalecer el debate en torno a las tácticas de lucha que la clase trabajadora debe emprender, según las condiciones que se le presentan, para resolver sus demandas.

02 B Paginas centrales Ayotzinapa y el boicot a las eleccionesDemocracia burguesa y clase obrera

El movimiento obrero en Inglaterra y del mundo industrializado del Siglo XIX y su actitud hacia la democracia burguesa, su parlamento y su sistema electoral, ayudó a los bolcheviques rusos dirigidos por Lenin a llevar toda esa experiencia hasta sus últimas consecuencias, tal como sucedió en la Revolución Rusa de 1905: tras el domingo sangriento del 9 de enero (día en que Guardia Imperial masacró a las puertas del Palacio de Invierno, en San Petersburgo, a una movilización de 200 mil trabajadores) estallaron insurrecciones en la principales ciudades del imperio zarista; y para fortalecer su organización, lo trabajadores formaron soviets (es decir consejos o asambleas), mismos que se constituyeron en un verdadero poder proletario desafiante del Estado zarista. Ante el peligro de que el Estado fuera aplastado por la fuerza organizada de la clase obrera a través de soviets, el Zar Nicolás II, convocó en agosto la llamada Duma de Bulyguin, con el objetivo de crear una apariencia de apertura democrática y pretender con ello aminorar los ánimos revolucionarios.

La convocatoria a la Duma, pretendía constituir un parlamento sin verdaderas atribuciones legislativas, además de que prácticamente impedía la participación de la clase trabajadora ya sea a través del voto o con sus propios representantes; pero sobre todo dicha Duma tenía la tarea de erosionar la masiva base de apoyo de los consejos obreros para desorganizar al proletariado y darle cauce a la contrarrevolución.

Conscientes del papel contrarrevolucionario de la Duma de 1905, los bolcheviques llamaron a los obreros a boicotearla. La valoración de los bolcheviques era que la revolución iba en ascenso, además de que en esos momentos los soviets ya se habían consolidado en prácticamente todas las ciudades industriales de Rusia. En ese contexto, Lenin consideraba que ante la enorme combatividad de la clase trabajadora y sobre todo su nivel de organización a través de los consejos obreros, el proletariado no tenía la necesidad de apoyarse en la Duma de Bulyguin como palanca para impulsar sus aspiraciones democráticas. Valoraba que si los obreros sustituían la lucha de clases por la farsa democrática propuesto por el Zar, la contrarrevolución se vería enormemente favorecida.

En ese momento el camino era la insurrección armada para derrocar al Zar y conformar un gobierno provisional revolucionario. En palabras de Lenin, en ese punto de la lucha de clases de la Rusia zarista, “…el pueblo se ha divorciado del gobierno y la masa ha adquirido conciencia de la necesidad de establecer un nuevo orden de cosas”. Por ello, para Lenin, en ese momento la prioridad era el boicot; y los hechos le darían la razón, pues la Duma sería barrida y la revolución escalaría aún más alto, siendo muestra de ello la huelga general del 7 de octubre en toda Rusia. Trotsky calificaría a esa jornada como “la mayor huelga política que haya visto la historia”.

La derrota de la insurrección de diciembre en Moscú marcaría el cierre de las jornadas revolucionarias de 1905, pero ello no sin antes lograr una serie de conquistas democráticas (libertad de reunión, asocian e imprenta, por ejemplo) de especial relevancia de cara a las futuras luchas, ello acompañado de una mayor maduración política del proletariado. La política de los bolcheviques, sobre el boicot a la Duma, fue una contribución importante para impulsar a que la revolución llegara lo más lejos posible y frustrar los planes de Nicolás II, el cual pretendía a través de la convocatoria a la Duma y la consolidación de la misma, mantener intacto al Régimen de siglos de la Rusia de los zares.

En enero de 1917, a propósito de la revolución de 1905, Trotsky escribiría lo siguiente: “El 9 de enero todo el pueblo ruso golpeó el portón de la historia. El conserje real no respondió al golpe. Nueve meses después, sin embargo, el 17 de octubre [de 1905], se vio obligado a abrir el pesado portón del absolutismo. No importaron todos los esfuerzos de la burocracia, una pequeña rendija quedó abierta para siempre. (…) la revolución ha cambiado a Rusia… Donde una vez había una masa amorfa -el pueblo impersonal amorfo, la "Santa Rusia"- ahora, las clases sociales se oponen conscientemente unas a otras, surgieron partidos políticos, cada uno con su programa y métodos de lucha”

En cada momento los bolcheviques rusos definieron su táctica poniendo por encima de todo los intereses de la clase obrera y partiendo de su grado de organización y conciencia para evitar ir por delante o por detrás de ésta. Gracias a la táctica de los bolcheviques, quienes en 1905 partieron del movimiento obrero tal como era en esos momentos, quedó claro de una vez por todas que sólo la acción independiente de la clase obrera podría terminar con siglos de absolutismo feudal para abrirle cause a la revolución proletaria.

02 A Paginas centrales Ayotzinapa y el boicot a las eleccionesA través de aproximaciones sucesivas, incluso cometiendo errores que el mismo Lenin reconocería y corregiría (por ejemplo el fallido llamado a boicotear la Duma de 1906), los revolucionarios rusos fueron afinando una táctica que siempre tuvo como objetivo transformar cada batalla en una palanca para fortalecer al movimiento obrero en su organización, su cohesión y en el desarrollo de su conciencia. De la misma forma, en México y en el mundo, cualquier iniciativa de lucha que defienda el sector más avanzado de la clase trabajadora, debe partir del estado real de la lucha de clases y no del plano en el que nos gustaría que ésta estuviera; de lo contrario, acciones que sobrevaloren el grado de organización y maduración política de la clase obrera o que por el contrario lo subestimen, solo podrían arrojar como resultado la desorganización de los trabajadores e incluso retrocesos en su conciencia.

Lucha de clases en México

La maravillosa lucha que estalló tras los dramáticos hechos sangrientos contra los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, el 26-27 de septiembre del 2014, derivó en una de las crisis políticas más importantes desde 2006, traduciéndose en duro revés para Peña Nieto, del cual no se recuperará fácilmente.

Para el caso de Guerrero, epicentro de los acontecimientos, el estallido social apalancó el proceso que ya venía desarrollándose anteriormente, a través del repunte del movimiento de los grupos de autodefensa campesinos a partir de enero de 2013, mismo que extendió sus posiciones, con diferentes grados de consolidación, a poblados y comunidades en 46 de los 81 municipios que conforma dicha entidad. Además, en abril de ese mismo año, teniendo al magisterio democrático aglutinado en la CETEG como columna vertebral, diferentes organizaciones sindicales de carácter local y del campesinado pobre, realizaron una movilización de aproximadamente 100 mil personas en Chilpancingo, reorganizando a parir de ahí al Movimiento Popular de Guerrero (MPG).

Con esos antecedentes y el impulso del descontento a raíz de los acontecimientos de Ayotzinapa, otro nuevo paso al frente fue la toma de 30 palacios municipales contabilizados a finales del 2014, mismo que son el corazón admirativo y político de una población de 1 millón 500 mil personas, aproximadamente el 40% de la población de Guerrero, en los que el Estado capitalista ha visto severamente entorpecido su funcionamiento normal.

Sin embargo, a pesar del enorme descredito existente hacia las elecciones en todo el país (diferentes encuestas y estudios destacan que el 51% de la población no tiene interés en las elecciones, además de que el 45% de los jóvenes no simpatiza con ningún partido y que el 90% de los mexicanos considera a las instituciones electorales y a los partidos como corruptos o muy corruptos), a nivel nacional, la lucha no ha alcanzado el grado de polarización y organización existente en Guerrero.

Además, en general se aprecia que para inicios del 2015, las movilizaciones masivas y espontáneas no han derivando en la organización de comités de lucha en las fábricas, en los barrios obreros e incluso en las universidades. ¿Qué las cosas pudieron ser de otra forma?, por supuesto. Sin embargo, esa oportunidad temporalmente se ha desvanecido debido a que los sindicatos jugaron un papel marginal en la coyuntura del último trimestre de 2014 y a que Morena, más allá de declaraciones, se mantuvo totalmente al margen de la lucha. Pero también esa responsabilidad recae sobre la dirección de la ANP y el magisterio democrático, quienes soslayaron a las organizaciones de masas o de plano asumieron una posición sectaria hacia éstas, dejándoles las manos libres a sus dirigentes para que no llamaran a luchar seriamente.

En ese marco de recaída temporal de agitación y de ausencia de un nivel superior de organización, el llamado a boicotear las elecciones en todo el país no encuentra las condiciones necesarias para ser tomado con las dos manos por los trabajadores, y bajo esa consigna movilizarse masivamente asumiendo una batalla frontal contra el Estado para impedir las próximas elecciones.

Se podría decir que en el caso de Guerrero existen elementos favorables para realizar el boicot, pues en verdad en dicha entidad el movimiento ha ido muy lejos en su nivel de combatividad y grado de organización. Sin embargo, el que exista algunas de estas condiciones no basta, pues el llamado al boicot tendría que ir acompañado de una enérgica campaña de agitación que se extienda a toda la entidad, organizando asambleas y comités de acción que den garantías mínimas para integrar masivamente al pueblo trabajador; se necesita un programa de lucha unificado que si bien tenga en cuenta la exigencia de la aparición con vida de los 43 normalistas, también recoja las demandas de los diferentes sectores de los trabajadores de la ciudad y el campesinado pobre.

Sin embargo, a tres meses del llamado al boicot y a tres meses de las elecciones, nada de eso se ha hecho y por el contrario, ya existen importantes signos de divisiones internas en la CETEG, principal fuerza en Guerrero y de la ANP. De la misma manera, a inicios de marzo se ha levantado la toma del Palacio Municipal de Acapulco, el más importante de todos los que estaban ocupados, a partir de una negociación donde no se ha resuelto ninguna demanda concreta del movimiento.

Por otro lado, no hay una definición clara de la ANP respecto a lo que se entiende por boicot, pues en paralelo al planteamiento de impedir por la fuerza la realización de la jornada electoral, otros sectores hablan simplemente de abstencionismo, mientras que algunos de los grupos de autodefensa de las comunidades campesinas, señalan que optarán por la elección de autoridades en sus comunidades basada en las formas tradicionales de usos y costumbres. Por su parte, los padres de familia de los 43 normalistas desaparecidos apelan a la Cámara de Diputados de Guerrero para que sea ésta quien acuerde la cancelación de las elecciones y que además nombre cargos interinos en lo que los partidos políticos de dicha entidad, son depurados de candidato vinculados a los carteles de la droga.

De hecho, este viraje de los padres de los normalistas desaparecidos, donde le delegan al congreso guerrerense la tarea de suspender las elecciones y nombrar cargos interinos, es un reconocimiento de que el ambiente de agitación en todo el país si bien dista mucho de ser de reacción, al menos ya no posee el ímpetu demostrado en los últimos meses de 2014. Incluso a estas alturas en el caso de Guerrero el nivel de agitación social está por debajo del experimentado hace uno meses.

Lo anterior no niega ni desdeña los significativos pasos al frente del movimiento de masas en Guerrero, pero también es importante destacar que para que todo ello valla hacia adelante y no dé marcha atrás, se necesitan acciones para impedir que la lucha en dicha entidad se aísle, requiriéndose para ello acciones que conecten con mayor solvencia con los trabajadores de las ciudades y sus organizaciones, y puedan proyectarse a nivel nacional. Si no se rompe el aislamiento del movimiento en Guerrero, éste puede entrar en un punto de reflujo que le facilite el trabajo a la reacción.

Ese mismo podría ser el resultado de una campaña débil y desorganizada por el boicot en las elecciones en Guerrero, que no logre la participación de las masas en ella y que por consecuencia sólo sea asumida por pequeños grupos aislados actuando desesperadamente; de darse esta última aventura, esos pequeños grupos, ante su fracaso, estarían alentando la confusión y el desánimo entre las masas, facilitándole al Estado la posibilidad de lanzar una feroz ofensiva para intentar recuperar el control de la situación e imponer su dominio en aquellas localidades donde no puede operar con normalidad.

Profundizar la organización

El enorme empuje de las masas oprimidas y explotadas demostrado en el último trimestre de 2014, formalmente tendría que traducirse en un apoyo abrumador para AMLO y Morena, con miras a la próxima cita electoral: sin embargo esto no ha sido así. De hecho, la escandalosa debacle del PRD y la negativa de Morena a movilizarse ante los principales episodios de la lucha de clases del último periodo, han provocado que el escepticismo se extienda a amplios sectores de trabajadores, transformando al abstencionismo en la tendencia sobradamente dominante con miras al próximo 7 de julio.

Es cierto que la intención de voto por Morena remontó del 4% en agosto de 2014, semanas antes del arranque de la lucha de Ayotzinapa, al 10% en enero de éste año, mismo periodo en el que las encuestas registran un desplome de 12 puntos para el PRI, el cual pasó de 42 al 30% de apoyo electoral. Esos resultados son una expresión indirecta del fuerte descontento social y del fuerte potencial de Morena en caso de que su dirección verdaderamente estuviera dispuesta a capitalizar dicho ambiente; sin embargo ha sucedido todo lo contrario, pues AMLO se empecina en la postura de que la única vía para solucionar los problemas de los pobres es la vía electoral, despreciando así la acción callejera de las masas movilizándose, haciendo paros y huelgas, entre otras acciones combativas. Durante toda la coyuntura de lucha en solidaridad con Ayotzinapa, Obrador se limitó simplemente a hacer declaraciones en los medios informativos.

Un avance importante de Morena en el terreno electoral podría ser un hecho significativo para la lucha de clases al transformarse en un revés para Peña y el conjunto de la derecha, sin embargo para que eso suceda se requieren muchos más elementos que el mero “repunte” electoral: así lo reclaman las condiciones actuales de polarización social y la experiencia de las masas sobre el reiterado fracaso, de ya casi una década, de la táctica de AMLO basada en la idea de que las elecciones son la única vía para solucionar los problemas de los trabajadores. Si Morena quiere jugar un papel importante en las próximas elecciones tiene que trasformase de pies a cabeza y girar con fuerza hacia la izquierda, además de purgarse de toda clase de elementos de derecha y arribistas incrustados en el aparato de dirección y en sus candidaturas.

El magnífico repunte de la lucha de clases a raíz de los acontecimientos de Ayotzinapa ha sido bastante relevante pues no solamente ha dejado muy mal parado al régimen, sino que además ha demostrado cómo, a pesar de la actitud inconsecuente de la política de los dirigentes, llegado el momento los trabajadores pueden barrer con todos los obstáculos y movilizarse a niveles tales que son capaces de sacudir al país entero.

Todo ese capital político no puede ser desperdiciado por una orientación que ofrezca a las urnas cómo la única vía posible de lucha (votar no basta, pues bajo ninguna circunstancia el frente electoral puede sustituir la lucha de clases), ni tampoco puede ser dilapidado por acciones aisladas de pequeños grupos pretendiendo sustituir las acciones de las masas. Lamentablemente eso sucederá si a pesar de las condiciones desfavorables se pretende imponer a toda costa el boicot el próximo 7 de julio, cuestión que las fuerzas policiales no desaprovecharán para recrudecer sus acciones represivas contra el movimiento en su conjunto, con el objetivo de desorganizarlo.

Es por ello que la tarea más importante de éste momento es capitalizar el salto en la conciencia desarrollado entre amplias capas del desposeídos al calor de la reciente coyuntura de lucha. Es preciso forjar organización creando comités de acción y lucha en todos los centro de trabajo, universidades, colonias obreras y comunidades campesinas, además de impulsar un frente único de los trabajadores y sus organizaciones para desarrollar verdaderas acciones de fuerza contra Peña como la huelga general. Es necesario unificar al movimiento del pueblo trabajador sobre la base de un programa que recoja sus demandas más sentidas: cárcel para todos los responsables de los hechos sangrientos del 26 y 27 de septiembre en Iguala, investigación genuina sobre la desaparición de nuestros 43 compañeros normalistas, al mismo tiempo que luchamos por la expropiación de los banqueros y empresarios, verdaderos responsables de todas las atrocidades que sufre el pueblo trabajador.

¡Justicia: Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

¡Organizar la lucha contra Peña Nieto!


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