Hace unos meses interrumpieron en los grandes medios de comunicación las detalladas acusaciones de acoso sexual cometidas por el famoso productor de cine estadounidense Harvey Weinstein. Las actrices, de forma valiente, se levantaron contra esta poderosa figura dentro de una industria que mueve miles de millones y normaliza el sexismo. Esto ha desatado una nueva etapa en el creciente movimiento de mujeres feministas que se desató tras las elecciones que invistieron a Trump como presidente.

Incluso aunque el movimiento #MeToo (#YoTambién) sigue siendo principalmente una discusión masiva impulsada por Internet, su fuerza ha sacudido al mundo. Toda una serie de hombres que se dedican a la política ya los medios de comunicación se han visto expuestos tras el caso Weinstein y se han visto obligados a renunciar a sus cargos. Con respecto a la expulsión de muchos de los congresistas de sus cargos el periódico Washington Post informaba de que esto no sucedía en Estados Unidos desde la pasada Guerra Civil.

Aunque cabe decir que antes de las protestas anti-Trump, que comenzaron en 2017, ya existía un movimiento de resistencia constante por parte de la mujeres al abuso que sufren bajo el capitalismo. Movimientos como TheSlutwalk , el CarryThatWeight y el #YesAllWomen demuestran que las mujeres jóvenes estaban dispuestas a luchar contra el sexismo y el abuso. Estos movimientos, al igual que el de #MeToo, son parte de una revuelta internacional de las mujeres de América Latina y de Europa del Este.

Luchando contra nuestros propios Weinsteins

Frente a un aluvión de acusaciones aparentemente interminables contra Weinstein las mujeres de todo el mundo están hablando con sus familiares, sus amigos y sus compañeros de trabajo de sus experiencias personales. El movimiento #MeToo está teniendo un profundo impacto en la sociedad y en la política y ha puesto de manifiesto la urgente necesidad de acabar con los abusos sexuales en los centrosde trabajo. #MeToo ha puesto sobre la mesa una nueva cuestión ¿Qué ocurre con las decenas de millones de mujeres cuyos jefes no son famosos? ¿Qué vamos a hacer con las mujeres cuyos maltratadores no son conocidos empresarios del cine?

El acoso sexual en los centros de trabajo esgeneralizado, muchos casos no son denunciados y en la inmensa mayoría terminan en represalias a la víctima. A las mujeres que sufren acoso sexual en el trabajo se les pide que tomen medidas a través de Recursos Humanos u otras vías internas que tenga establecidas la empresa. Sin embargo los departamentos de Recursos Humanos o cualquier otra vía interna responden a los intereses de la propia empresa -que tendría que dar la cara si la denuncia llegase a ser efectiva-. La realidad es que las mujeres ante los abusos sexuales se enfrentan a dos opciones: perder su trabajo o seguir sufriéndolos.

Por otra parte, querer tomar medidas fuera de los límites de la empresa significa ponerte en manos de un sistema judicial que ha demostrado ser sistemáticamente incapaz de resolver las cuestiones que afectan a la mujer. La gran mayoría de las demandas judiciales por discriminación laboral, en la que se incluye el acoso sexual, han sido deslegitimadas por los tribunales.De hecho, un estudio de la Universidad de Cincinnati informó que tan sólo el 4% de estas denuncias terminan en una recompensa por daños a la víctima.

La institución pública que en Estado Unidos se supone, tiene que tratar con las denuncias por acoso sexual –la EqualEmploymentOpportunityCommission (EEOC) , se ha demostrado totalmente ineficaz. Todo esto pone de manifiesto la necesidad de establecer un nuevo sistema en los lugares de trabajo para atajar el problema. Se debe garantizar que cada lugar de trabajo tenga una persona encargada de gestionar las denuncias, esta persona debe tener garantizada la protección frente al empresario y estar libre de posibles represalias, además debe de ser elegido de forma democrática por las propias trabajadoras.

Pero esto no es suficiente, el marco legal tiene que ser radicalmente revisado.
Entre otras cosas, un nuevo sistema debe anular las cláusulas en los contratos de trabajo en las que se obliga a las empleadas a pasar por un proceso administrado interno de gestión de las denuncias. Esto en la práctica significa que las víctimas no pueden acudir directamente al tribunal. De hecho, se estima que más de la mitad de las trabajadoras estadounidenses no pueden presentar demandas por acoso ante los tribunales debido a estas cláusulas en sus contratos de trabajo.

La única forma de garantizar que cualquier nuevo protocolo contra el acoso sexual no se torne de nuevo inservible es la movilización y la lucha de todas las trabajadoras que de forma consciente se niegan a volver al pasado. Cabe esperar que la seria resistencia por parte de las trabajadoras al estatus quo tendrá que enfrentarse a la feroz represalia de las empresas.

Hay que llevar el movimiento #MeToo a las calles

El mayor depredador sexual de los Estados Unidos se sienta en la Casa Blanca. La mayoría de los estadounidenses piensan en estos momentos que Trump debería dimitir debido a las crecientes acusaciones por abusos sexuales que le apuntan como responsable. La campaña #MeToo ha significado un punto de inflexión para la lucha por sacar a la administración Trump del gobierno.

Podemos echar a Trump pero para ello hay que organizar masivos cortejos entorno a #MeToo las próximas manifestaciones con motivo del aniversario de la investidura del presidente, convocadas para el próximo 20 de enero así como en las manifestaciones del Día de la Mujer el próximo 8 de Marzo.

Mientras el Partido Republicano apoya la peor parte de la legislación que ataca a los derechos de la mujer, las acusaciones por acoso sexual han tenido como resultado la puesta en tela de juicio de los dos grandes partidos políticos. Figuras importantes del Partido Republicano parecen ahora dispuestas a posicionarse en el lado correcto en todo este asunto después de años mirando hacia otro lado. ¿Pero acaso es suficiente con presentar una lista a las elecciones “de mitad de periodo” de 2018 con candidatos que no están acusados de acoso sexual? La verdadera pregunta no es esa, lo que nos interesa es saber el programa del Partido Demócrata y las medidas que va a tomar para luchar contra el acoso sexual que millones de mujeres sufren y cuyos acosadores no son mediáticos ni famosos. ¿Están dispuestos a enfrentarse a las grandes empresas y los intereses que se interponen en el camino para hacer de nuestros centros de trabajo espacios seguros y libres de acoso sexual? Desgraciadamente hay poca base para la confianza y mucha historia que muestra al Partido Demócrata posicionándose a favor del poder capitalista y empresario

Ya hemos presenciado la derrota del acosador sexual Roy Moore en su carrera al Senado de Alabama. Esto es una muestra más tanto del rechazo a la agenda de Trump como del rechazo al a acoso sexual. Era además la primera vez que alguien del Partido Demócrata ganaba un escaño en el Senado de Alabama en 25 años. Después de la derrota de Moore el también miembro del Partido Demócrata Doug Jones fue rápidamente al canal de televisión CNN y declaró que Donald Trump no debería de resignarse ni agachar la cabeza ante su historial de caso y agresión a mujeres. Afirmaba, de forma escandalosa, que las mujeres deben “seguir adelante” en lugar de luchar en contra.

Lucha colectiva en contra del acoso

El movimiento #MeToo ha tenido la suficiente fuerza para exigir cambios legales importantes en los derechos de las mujeres y en la protección laboral. Estos avances son fundamentales pero la pandemia que se extiende de casos de abusos sexuales demuestra que tenemos que ir más allá. Los hechos demuestran que necesitamos construir una lucha colectiva en cada empresa, en cada puesto de trabajo, que haga retroceder la intimidación y el acoso en todas sus formas, una lucha contra los bajos salarios y las terribles condiciones de trabajo que sufrimos. Condiciones que sufren especialmente las mujeres trabajadoras pero que también afectan a millones de personas de todo género.

Unirnos en torno a una acción colectiva que podríaparar la producción de las empresas donde el acoso sexual fuera desenfrenado. Esto transformaría #MeToo en una fuerza monumental para el cambio. Podemos tomar el ejemplo y la inspiración de las luchas que las mujeres trabajadoras llevaron en el pasado. En el año 1830 en Lowell, Massachusetts, las adolescentes que trabajaban en las fábricas textiles que enfrentaban a recortes salariales y al acoso y las agresiones sexuales constantes se declararon en huelga. Esta fue la primera huelga laboral liderada por mujeres en toda la historia de los Estados Unidos, mucho antes incluso de que las mujeres pudiesen votar. Ejemplos como estos son los que deberían inspirar nuestra lucha hoy. Es más urgente y necesario que nunca la reconstrucción de un movimiento que sea capaz de mantenerse de manera clara al lado de las trabajadoras y trabajadores.

#MeToo podría ser un punto de inflexión para que la sociedad se volcara con un rechazo decisivo al acoso sexual, el asalto y la violencia contra las mujeres. Sin embargo requiere que aprovechemos el nivel palpable de indignación y lo elevemos a un movimiento organizado en las calles y en nuestros centros de trabajo para logar así cambios duraderos en el día a día de las mujeres.

Un nuevo capítulo en la lucha por los derechos de las mujeres podría abrirse a través de la valentía que se ha demostrado a través de #MeToo. Sin embargo, como la historia nos ha demostrado nuestras victorias estará bajo constante ataque bajo este sistema. Los socialistas creemos que para poner fin al sexismo estructural que permite a nuestros jefes acosarnos, tenemos que luchar contra la raíz del problema: el capitalismo. Tenemos que crear un nuevo sistema y una sociedad que acabe con el capitalismo depredador, una sociedad que se dirija democráticamente por y para los intereses de todos los trabajadores.