Han pasado 5 meses de haberse formado una organización híbrida entre las fuerzas armadas institucionales y civiles. Todo esto, parte de la misma estrategia llevada durante años como combate a la delincuencia organizada, la inseguridad, el narcotráfico, los altos índices de feminicidios y homicidas que azotan este país. Producto de años impunidad, corrupción, represión y neoliberalismo, que no es otra cosa que el enriquecimiento ilícito y el desarrollo desigual de la sociedad.

El primero de julio de 2018 miles de trabajadores, campesinos, estudiantes, amas de casa, salieron a las urnas a votar de una forma nunca antes vista, con la esperanza de un cambio en las condiciones de vida de millones de trabajadores. Parte de las promesas del actual gobierno era que se acabaría con la corrupción, se antepondría el beneficio de los pobres sobre los interese de grupos de poder. Andrés Manuel ofreció retirar de las calles a los militares que desde hace décadas realizaban labores policíacas en distintas partes del país.

Guerra contra el narcotráfico

Durante el sexenio de Felipe Calderón se inició la supuesta guerra contra el narcotráfico. Sacó a las calles al Ejército y a partir de ahí, fueron los años más violentos para México (2006-2012) hubo 104 mil, 583 homicidios, donde cerca de 70 mil, fueron ejecutados en forma violenta

Para el sexenio de Enrique Peña Nieto la estrategia no fue diferente, mantener el Ejército en las calles y esta guerra simulada contra el narcotráfico donde los muertos los ponía el pueblo. Las cifras del sexenio de Peña Nieto sobrepasaron por 22 mil muertos más que el sexenio anterior. Durante estos años, y los anteriores la historia del ejército en las calles siempre se vio llena de testimonios de violación a los derechos humanos, desapariciones forzadas, asesinatos, fusilamientos, corrupción, complicidad con los grupos criminales y sobre todo fungiendo como el brazo armado el Estado represor. Desde la Guerra Sucia, la represión del movimiento estudiantil del 68, El Halconazo en 1971, Aguas Blancas, Atenco, Ayotzinapa, Tlatlaya, Tierra Blanca. Sólo unos cuantos ejemplos del verdadero carácter del Ejército: reprimir la lucha de los trabajadores y la juventud.

Gobierno de supuesta izquierda

Lamentablemente y contrario a las promesas, AMLO decidió mantener el ejército en las calles, al igual que sus homólogos de los sexenios anteriores, dejar intacto el verdadero origen de la miseria de este país, el Capitalismo que condena a miles de trabajadores, estudiantes y campesinos a situaciones insostenibles, falta de oportunidades, salarios injustos y altos índices de inseguridad

Tan malo es el rumbo tomado que sólo en el primer semestre del gobierno del AMLO. El balance total es de 17 mil 500 personas asesinadas entre diciembre de 2018 y mayo de 2019, de las cuales 17 mil 11 corresponden a casos de homicidios dolosos y 489 a feminicidios, siendo el semestre mas violento de los últimos sexenios.

Actualmente la guardia Nacional ha sido utilizada para los intereses del imperialismo Yankee. Trump, presidente actual de Estados Unidos, mismo que amenazó al gobierno mexicano de implementar aranceles a los productos que entran a sus fronteras, si México no hacía algo con respecto al tema de migración.

El ejército ha sido utilizado para los retenes en las carreteras principales. Al mismo tiempo organizaciones civiles denuncian que la población es objeto de abusos y extorsiones en los puestos de revisión. Los retenes lejos de haber disminuido el tráfico de drogas solamente aumentado. El último reporte de Aduanas y Protección fronteriza informo que desde octubre de 2018 a la fecha se ha incrementado exponencialmente el trasiego de estupefacientes casi en un 300 % por ciento. Además, existen varios casos de la complicidad del Ejército en el desarrollo de grupos criminales, uno de los rostros sonados fue del General Roberto Miranda Sánchez, otro más El Coronel Marco Antonio de León Adams.

Actualmente, con una inversión de 50 millones de pesos, elementos de la guardia nacional se establecerán en los alrededores de los planteles del IPN, como parte del programa de Senderos Seguros, pero no hace falta recordar como el ejército ha sido utilizado para reprimir el movimiento estudiantil, el caso más cercano, la desaparición de 43 jóvenes en el estado de Iguala. 

El sector estudiantil en las universidades públicas ha sido motor de grandes manifestaciones en contra de las políticas neoliberales de los gobiernos. Esta acción es una manera de vigilar, hostigar y tratar de evitar que los estudiantes salgan a defender sus derechos.

La militarización en las calles no es y nunca será la respuesta a los problemas de inseguridad, sin embargo, es el disfraz de la guerra del capitalismo contra los trabajadores, para defender sus intereses.

Al contrario del protagonismo que se le quiere dar a la Guardia Nacional, exigimos depuración urgente a todos los niveles. Donde se enjuicie y castigue a todos los elementos coludidos con el crimen organizado, así como su eventual desaparición.

Necesitamos un cuerpo de autodefensas nacional, y policías comunitarios para erradicar la inseguridad, tomando el control político de sus comunidades a través de las asambleas democráticas. El verdadero combate contra la delincuencia, es el combate contra este sistema capitalista.


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