México, 19 de septiembre de 1985. Un devastador terremoto acaba con la vida de miles de personas en la Ciudad de México y deja en el desamparo a cientos de miles más. La catástrofe, una de las mayores en la historia del país, pone al descubierto el obsoleto sistema de gobierno priísta gobernante entonces.

Con el terremoto, conjuntos habitacionales, hoteles, comercios, hospitales y decenas de fábricas de costura, entre otras cosas, quedan totalmente en las ruinas. Con ello, miles de personas se quedaron sin vivienda ni empleo. En poco mas de dos minutos, la vida de miles de personas quedó devastada.

La industria del vestido

El sector de la maquila textil fue uno de los más desolados por la catástrofe. Entre 150 y 200 mil empleos se perdieron esa fecha. 1326 talleres o fábricas quedaron inactivos y, de esos, 800  quedaron en ruinas. Alrededor de 1600 trabajadoras de la costura perdieron la vida.

En 1985, la situación de las 700 mil costureras era crítica: 40 mil se quedaron sin empleo debido al seísmo y en estado de indefensión, porque 50 % de la producción se hacía en talleres clandestinos, 51% de las trabajadoras tenía sólo contratos semanales y apenas 18% era de planta, 73% no sabía lo que era y para qué sirve un sindicato y 89% estaban convencidas de que el líder sindical estaba coludido con el dueño de la empresa.[1]

El Sindicato de Costureras 19 de Septiembre

De entre los escombros una poderosa organización surgió. Se trataba del Sindicato de Costureras 19 de septiembre.

La palabra explotación no existía en mi vocabulario, antes del terremoto del 19 de septiembre yo no tenía conciencia de explotación o no explotación. El 85 fue para mí un antes y un después en mi vida. Si no hubiera ocurrido el terremoto seguiría yo muy campante, conforme con que me dieran trabajo. Pero el salto que me hizo dar esa tragedia fue mayúsculo”.[2]

La incompetencia del gobierno priísta llenó de indignación a damnificados y pueblo en general. No hubo ayuda de ningún tipo. Decenas de brigadas surgidas de aquellos lugares que no habían sido devastados, de trabajadores, de estudiantes, de amas de casa y de muchas otras partes llegaron a las zonas más devastadas para ayudar entre ellos mismos.

En San Antonio Abad, donde se encontraba una de las más grandes zonas comerciales de la  Ciudad de México, los edificios – de no más de cinco pisos – fueron el sepulcro de muchas trabajadoras de la costura debido a que los industriales del vestido colocaron decenas de talleres clandestinos que dieron sobrepeso a construcciones pensadas para casas habitación.

Aunado a ello, los empresarios de la industria del vestido, fueron responsables de que la cifra de costureras fallecidas durante la tragedia aumentara debido a que, en muchos casos, los dueños usaron equipo pesado para recuperar máquinas de coser y bienes industriales de entre los escombros.

Su indignación se volvió rabia cuando al quedar sin empleo los patrones se rehusaron a pagar los salarios debidos y las indemnizaciones reglamentarias. Y su rabia, entonces, se convirtió en un sindicato. [3]

La lucha por el voto de la mujer

Una de las primeras alternativas organizativas para las mujeres surgió del Partido Comunista Mexicano y el Partido Nacional Revolucionario en 1935 con la elaboración de un congreso del que emanó el Frente Único Pro Derechos de la Mujer (FUPDM).

El FUPDM logró aglutinar a alrededor de 50 mil mujeres de diversas tendencias y profesiones: intelectuales, profesionistas -maestras sobre todo-, obreras, mujeres pertenecientes a diversos sindicatos y partidos políticos, veteranas de la Revolución, feministas de izquierda y de derecha, simples liberales, católicas y del sector femenino del PNR, callistas y cardenistas.

Una de las demandas principales del FUPDM fue el de conseguir el voto para la mujer -establecido hasta el año de 1953-, sin embargo no era su única demanda.

“El programa de lucha era muy concreto y tan amplio que importaba a todas: ¿quién iba a estar en contra de la lucha por abaratar la vida, contra la instalación de servicios médico-asistenciales que le dieran atención a la maternidad, contra el principio a trabajo igual salario igual? [...] Esto importaba a todas: católicas, protestantes, comunistas”[4]

Sin embargo, como señala Lenin en El Estado y la revolución, la lucha de clases es irreconciliable. Había, entonces y ahora, grandes diferencias entre los intereses de la mujer trabajadora y la mujer que pertenece a los sectores de la burguesía y la pequeñaburguesía. Estas diferencias de clase fueron el punto fundamental para que el FUPDM solo lograra sobrevivir durante 5 años y se mantuviera aglutinado sobre una sola consigna, el derecho al voto de la mujer.

A partir de ahí la mujer fue involucrándose más en el proceso productivo de la sociedad. En México, para 1978, poco menos de una quinta parte de la Población Económicamente Activa eran mujeres y casi la cuarta parte de los trabajadores sindicalizados correspondía al género femenino. En consecuencia la tasa de sindicalización femenina fue superior a la masculina: 21.8% y 15.1% respectivamente. [5]

¡Ay mamá, el terremoto se te quedó dentro!

Evangelina Corona se convirtió, de la noche a la mañana, en la primera lideresa del recién surgido Sindicato de Costureras “19 de septiembre”.  Evangelina, quien abrazaba a su patrón apenas lo veía, descubrió lo que era reclamar y sin planearlo se convirtió casi de un día al otro en jefa de su sindicato. Nunca se preguntó qué patrón la contrataría después si se convertía en dirigente sindical. Ella exigió indemnización más justa para las costureras. Entre los escombros quedó su ingenuidad y el abrazo al patrón. [6]

El terremoto de 1985 fue un duro golpe en la conciencia de millones de personas. La ineptitud del gobierno abrió los ojos no sólo a las costureras sino a todos aquellos que conformaron diversas organizaciones por la vivienda y el empleo.  El gobierno demostraba que no servía para nada, que eran los trabajadores y las trabajadoras quienes, con sus propias manos, podían edificar nuevamente sus viviendas, sus puestos de trabajo. 

“Nos dimos cuenta que no éramos únicamente nosotras en nuestra fábrica sino que había otras compañeras en fábricas cercanas, incluso en el mismo edificio, y que nunca nos dimos a la tarea de hablarnos ni saber cuáles eran las condiciones de trabajo”[7]

Aquellas centenas de obreras, que se habían quedado sin empleo y algunas también sin hogar, se convirtieron en activistas. Buscaron ayuda de diversas organizaciones sindicales, de mujeres y gubernamentales; se solidarizaron con otros trabajadores como los de Pemex, los barrenderos de Tabasco, los obreros de la llantera Euzkadi, los de sosa Texcoco, los de Pascual Boing, los empleados de limpia de Puebla y los alijadores de Veracruz, entre otros.

La experiencia organizativa de las trabajadoras logró forjar cambios importantes en sus vidas y las de sus familias. Como lo puso el hijo menor de la dirigente sindical Rafaela Domínguez al comentar los días hiperactivos de organización: “¡Ay mamá. El terremoto se te quedó adentro!”[8]

La industria de la maquila hoy

Según la Cámara Nacional de la Industria del Vestido, la industria textil mexicana, que en su mayoría son fábricas maquiladoras, exportó el año pasado 5,831 millones de dólares y la producción para el mercado local fue de 3,975 millones de dólares. Además, la industria del vestido tuvo una contracción del Producto Interno Bruto (PIB) real nacional de -8.2% el primer trimestre de 2009, una desaceleración del PIB manufacturero en 13.8%, la pérdida de más de 655 mil 600 plazas laborales y disminución del 0.45% de la plantilla empresarial nacional además de un detrimento del 11.5% en la planta laboral manufacturera y 1.5% de las empresas del sector fabril.

En un estudio publicado por esta Cámara, la caída del PIB y de la transformación es solo comparable con la experimentada en el 2º trimestre de 1995 a causa del “Efecto Tequila”. En México, el 55.5% de las actividades de la transformación provienen de la industria manufacturera. Entre abril de 2008 y abril de 2009 la industria manufacturera suprimió 470 mil plazas laborales. Así, de cada 10 plazas laborales que se han perdido, a nivel nacional, 7 corresponden a actividades relacionadas con la manufactura. [9]

Si a lo anterior le sumamos que aproximadamente el 70% de los trabajadores de la industria textil son mujeres podemos darnos cuenta de que la situación empeora para este género. Sin embargo, la explotación se da por igual para mujeres y hombres si tomamos en cuenta también otro tipo de ramos como el de los energéticos.

¡Pega botón, hace camisas, la costurera ya no es sumisa!

“El aprendizaje de estos años nadie nos los puede quitar…sé dónde me paro ahora, soy costurera y sé que tengo derechos”>[10]

Al estar en contacto directo con la producción la mujer tiende a tener una idea más clara de su papel dentro de la sociedad, como genero y fundamentalmente como parte de una clase. Para la obrera tomar parte en la economía del país es tomar las armas para su liberación. El ejemplo de las costureras es muy claro al respecto.

La desigualdad social entre hombre y mujer no está en la naturaleza, como lo hacen ver los grupos de feministas conformados, en su mayoría, por mujeres de la burguesía y la pequeña burguesía.

Engels decía que “La emancipación de la mujer no se hace posible sino cuando esta puede participar en gran escala, en escala social, en la producción y el trabajo domestico no le ocupa sino un tiempo insignificante. Esta condición sólo puede realizarse con la industria moderna, que no solamente permite el trabajo de la mujer en vasta escala, sino que hasta lo exige y tiende más y más a transformar el trabajo domestico privado en una industria pública”.[11]

El surgimiento del Sindicato de Costureras “19 de septiembre”  no se debió a la obra y gracia del espíritu santo sino, precisamente, a lo expuesto anteriormente.  El salto cualitativo, expresado tras los trágicos acontecimientos de 1985, sumó a miles de mujeres a la lucha por mejores condiciones de vida.

Muy firme está la lucha que la mujer trabajadora impulsa a diario en contra del capital y muy lejos está la supuesta división que existe entre hombres y mujeres. La emancipación de la mujer es imposible sin la emancipación de la clase obrera en conjunto, porque no es el varón, sino el sistema capitalista, quien oprime a la mujer. 

La mujer es cada vez más partícipe de la lucha contra su opresión. Como el de las costureras existen cientos de ejemplos de luchas encabezadas por la mujer trabajadora. Dentro del capitalismo es imposible la emancipación de la mujer, sólo una lucha y un sistema pueden asegurar mejores condiciones de vida a las mujeres trabajadoras y a la clase trabajadora en general y esa lucha y ese sistema es el Socialismo.



[1] Las memorias de una costurera: Evangelina Corona. Elena Poniatowska.

[2] Ibídem

[4] >Dimensión Antropológica, Volumen No. 25 periodo año 2002

[5] Ravelo Blancas Patricia. Protagonismo y poder: sindicato de costureras “19 de septiembre”. Revista Nueva Antropología, marzo, año/vol. XV, número 049. Nueva Antropología A.C. México. Pp.9-30

[11] Engels, Federico. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado.

 

 


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