La muerte de Luis Javier Garrido Platas, analista político, investigador y luchador social, es un acontecimiento que pone de luto a miles de jóvenes y trabajadores en todo el país.  A diferencia  de intelectuales mimados por el poder, o de aquellos que autoproclamándose defensores de las causas populares, acostumbraban callar cuando de recibir canonjías se trataba, en esta ocasión  el pueblo de México ha perdido a un aliado incondicional.

Habiendo recibido su formación universitaria en la llamada "época dorada" de la UNAM, Garrido Platas fue testigo de la evolución y masificación de una de las instituciones que consideraba clave para el desarrollo nacional y de la cual tenía un profundo conocimiento. No es coincidencia por lo tanto, que la insurrección generacional de 1968 lo hubiese marcado de por vida y lo llevara, años más tarde, a analizar a fondo el desarrollo del Estado mexicano.

Garrido Platas era un pensador penetrante, sagaz, formativo, sus meditaciones siempre se basaban en un profundo conocimiento de la historia de México, pero lo más notable de sus escritos, es que buscaba dirigirlos a los jóvenes y trabajadores interesados en luchar y transformar la realidad política y social del país: este  era siempre su punto de partida y llegada. Sus contribuciones políticas e intelectuales cobran mayor relevancia a contraluz de los años, si se toma en cuenta la serie de transformaciones que vivió el país con la llegada del neoliberalismo: desmantelamiento de las conquistas de la Revolución Mexicana y crisis del partido que hasta entonces había regulado el acceso al poder y conciliado los intereses entre las distintas facciones de la burguesía mexicana.

Precisamente durante los sexenios de Salinas y Zedillo, en que el país había caído en una regresión económica, política y cultural sin precedentes, Garrido se distinguió por su entereza ideológica y por no ceder a la postración y la apostasía en la que muchos profesores universitarios e intelectuales cayeron luego del fraude electoral de 1988 y la consolidación del salinismo. Por ello tampoco es fortuito que haya sido Luis Javier Garrido uno de los pocos intelectuales en defender, hasta sus últimas consecuencias, la lucha por la educación pública en la huelga de la UNAM de 1999-2000. "¿Ganaremos esta batalla profesor?", preguntaban reiteradamente los estudiantes a Luis Javier Garrido durante esa memorable batalla. "No lo sé -respondía ponderadamente-; pero de lo que estoy seguro, es que no seremos responsables ante las generaciones sucesivas, de haber quedado cruzados de brazos mientras el gobierno desmembraba a la Universidad."

A tal grado llegó el compromiso de Garrido con el movimiento estudiantil del CGH, que fue el único de entre todos los articulistas de la prensa nacional, en dedicar durante nueve meses sus textos de La Jornada, a la lucha contra el alza de cuotas. Luego de la ruptura de la huelga a manos de la Policía Federal Preventiva y el encarcelamiento de casi mil estudiantes, fue él quien encabezó la defensa jurídica de los jóvenes detenidos injustamente en el Reclusorio Norte. Qué decir de su invaluable contribución en la lucha por la libertad de los ejidatarios de San Salvador Atenco, también confinados por los juzgados federales a purgar penas descabelladas en centros de máxima seguridad.

Otro de los momentos memorables de su prolífica trayectoria fue sin duda en 2008, cuando Garrido decidió participar en la contienda por la Rectoría de la UNAM respaldado por una movilización de cientos de estudiantes, trabajadores y académicos; situación que propició el espanto de  las elites y la burocracia universitaria, pues además de volver a aglutinar a la izquierda estudiantil (luego de muchos años de reflujo), demostró tener los méritos y el prestigio necesario para contender por el puesto. Agregase también por esas fechas, su notable participación en los foros organizados por el Congreso de la Unión para debatir la frustrada iniciativa de reforma constitucional promovida por Calderón para privatizar de PEMEX, por medio de la intervención de particulares en la extracción, refinación y distribución del crudo.

Durante sus últimos años de vida, Garrido observó con preocupación el retroceso histórico que estaba experimentando México: la extensión de la violencia, las contrarreformas a la constitución, la voracidad de las empresas transnacionales y la degeneración de la clase política. Este fue el motivo que lo orilló a involucrarse desde 2006 en la lucha contra el fraude electoral, y más proximamente en el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA); destacando siempre a través de sus ponencias, la importancia de la unidad de las luchas de los explotados, sin hacer jamás un ápice de concesión al oportunismo ni al sectarismo. En un foro de discusión  sobre el Proyecto Alternativo de Nación del MORENA decía:

"Lo que urge en nuestro país es tener políticas coherentes que sean definidas por consenso por el pueblo y que sea el pueblo mismo el que determine cuál va a ser el rumbo de la nación... Hoy estamos ante una oportunidad excepcional de poder definir un proyecto alternativo de nación que no tiene porque ser solamente la propuesta original de Andrés Manuel López Obrador, sino que tiene que ser discutido, modificado, criticado enriquecido por todos nosotros y que tiene que ser un proyecto del cual el propio pueblo se haga vigilante; porque la lección histórica de México es esa: no se puede dejar en manos de los gobernantes la responsabilidad de interpretar el sentir del pueblo... Tenemos ante nosotros el desafío histórico de llevar a México a una nueva revolución que sea pacífica, que sea social, que sea política, que sea cultural, que justifique el esfuerzo de todos y que nos lleve a edificar un México como el que queremos: con libertad, con justicia social, con dignidad, un México en el que todos seamos portadores de un proyecto de fraternidad y de unión." (http://www.youtube.com/watch?v=yqF2ccFjfgM)

Este viernes 3 de febrero Luis Javier Garrido no podrá publicar su acostumbrada reflexión semanal en La Jornada, pero para todos aquellos que crecimos leyendo sus notas, asistiendo a sus conferencias o compartiendo con él momentos memorables en las movilizaciones,  quedará vivo el ejemplo y el espíritu de lucha  de un intelectual comprometido con la causa de los oprimidos.


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