Los dos últimos años han sido muy duros para las familias trabajadoras, especialmente para las mujeres y la comunidad sexodiversa: más de 10 feminicidios en promedio cada día, el machismo institucional obstaculizando nuestro derecho a la justicia, miles de jóvenes y niñas víctimas de trata, prostitución, pornografía, vientres de alquiler, en general la mercantilización y explotación de nuestros cuerpos; nuestros derechos como el aborto aún negados pese a la despenalización y la pobreza, la brecha salarial y el desempleo golpeando a millones de nosotras.

Machismo y pandemia alianza criminal

Los informes del gobierno señalan una disminución de la cantidad de asesinatos dolosos contra las mujeres (-9.8%) y feminicidios (-15.6%) en la CDMX en el periodo de enero a mayo del 2021 con relación al mismo periodo de 2020. Sin embargo, las cifras aún son terriblemente altas en el conjunto del país, más de 10 feminicidios al día no son cosa menor, ni podemos decir que estamos ganando la batalla, esta lacra sigue estando muy presente.

Aunque en apariencia hay una reducción (limitada a la CDMX), el problema es que las cifras del 2020 han batido records históricos, debido al confinamiento y una mayor degradación de nuestras condiciones de vida. Así que una reducción con relación a los datos de la pandemia no está mal, pero está muy lejos de asegurarnos una vida libre de violencia. Por ejemplo, según los datos de la misma Fiscalía General de Justicia de la CDMX - durante el mismo periodo que mencionamos anteriormente - los indicadores de violación, abuso sexual y violencia familiar, se incrementaron 49.8%, 12.2% y 31.7% respectivamente, todo esto es apenas la punta del iceberg de la profunda opresión que sufrimos y que esconden las estadísticas.

Los pequeños avances, si bien son insuficientes, han sido resultado a la movilización y la enorme presión política que hemos hecho desde el movimiento: las sentencias históricas conquistadas contra violadores y feminicidas, la despenalización del aborto, el derecho al matrimonio igualitario en varios Estados, las leyes progresistas, las disculpas públicas doblegando a las autoridades de Entidades y universitarias, todo esto gracias a las millones de oprimidas que salimos a las calles, ¡nadie nos ha regalado nada!

Sin embargo, del dicho al hecho hay mucho trecho, y aunque las mejoras ya significan un reconocimiento a la fuerza del movimiento, aún tenemos que conseguir que eso se refleje realmente en nuestra vida cotidiana, cosa que está muy lejos de ocurrir, en especial en cuanto a la violencia machista contra la comunidad sexodiversa se refiere, las cifras siguen siendo espeluznantes, tan sólo en 2021 se contabilizaron 80 crímenes de odio, siendo los transfeminicidios el 48.9% del total de asesinatos.

El gobierno de AMLO en deuda con el movimiento feminista

Pese a los datos alegres que informan el Gobierno Federal y el de la CDMX, la realidad es que la violencia sigue incrementándose como una bola de nieve imparable. No tenemos soluciones reales, por el contrario, se menosprecia al movimiento, se le aísla tachándolo de conservador, al mismo tiempo que se nombran candidatos y funcionarios acusados de prácticas machistas, como Pedro Salmerón y Félix Salgado (por mencionar algunos).

El gobierno tiene una deuda con el movimiento feminista y negarlo no ayuda a reducir los índices de violencia feminicida, al contrario, la lucha por hacerla visible y combatirla, se ve mermada por estas actitudes evasivas del Gobierno Federal encabezado por AMLO.

Es claro, que no podemos dejar la lucha por nuestros derechos en manos de funcionarios machistas y todo el sequito de solapadores. Para ser gobierno con “conciencia feminista” como lo ha declarado la senadora morenista Martha Lucía Mícher, queda mucho a deber. ¿En dónde están los apoyos a las casas refugio y su extensión por todo el país? ¿En dónde están la investigación y separación del cargo de los acusados por delitos sexuales y violencia machista? ¿En dónde están los espacios seguros y libres de machismo dentro del mismo Morena para sus militantes y simpatizantes? ¿En dónde está el combate al “matrimonio”- explotación y violación – de niñas indígenas?

Sólo con una política decidida que acabe con los recortes sociales, que dote de recursos materiales suficientes la lucha por garantizar los derechos de las mujeres trabajadoras y sus hijas, que se enfrente con decisión al poder político clerical, el aparato judicial y que en definitiva rompa con la lógica del capitalismo y su funcionamiento, se podrá frenar a la reacción y conquistar unas condiciones de vida dignas para la mujer trabajadora y para la mayoría de la población.

Ante tal escenario, sí tenemos una alternativa: La lucha organizada y en las calles

Es así como lo hemos demostrado desde Libres y Combativas arrebatando una sentencia ejemplar de más de 81 años contra un violador reincidente, o como Lidia Florencio arrebató una sentencia histórica contra uno de los feminicidas de Diana, o como Aracely Osorio y Yesenia doblegaron a las autoridades universitarias; sólo así lograremos avanzar, con la lucha permanente y la solidaridad de nuestra clase.

Es urgente e indispensable transformar de fondo esta sociedad si queremos una vida digna y dejar de ser sobrevivientes de un sistema machista, capitalista y patriarcal. Recuperemos la huelga feminista como nuestra principal herramienta de lucha, organicemos comités y colectivas en cada escuela, sindicato, centro de trabajo y colonia, salgamos todas juntas a las calles con la solidaridad y la participación de nuestros compañeros y de la comunidad sexodiversa. Nuestra lucha es una sola: contra la discriminación, la desigualdad, la violencia machista, la opresión y explotación ¡Todas y todos a las calles este 8 de marzo!

 Contáctanos y súmate a la lucha contra la violencia machista, LGTBIfobica, capitalista y patriarcal.

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