Este verano en el Estado Español hemos tenido que escuchar interminables acusaciones y debates televisivos sobre lo “exageradas” que somos las mujeres cuando denunciamos la violencia machista.  Pero ni exageramos, ni somos unas histéricas, ni somos “una lacra”. No nos cansamos de decirlo. ¡Nos siguen matando!

Precisamente al mismo tiempo que la campaña infame de Rubiales y su manada copaba las televisiones y redes sociales, los terribles datos de estos meses confirmaban nuestra denuncia: diecisiete mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas solo en julio y agosto. Diecisiete crímenes que, sumados a los 23 del primer semestre, elevan a 40 el número de asesinatos machistas en lo que llevamos de año. (*) En total, 17 menores han quedado huérfanos, siete de ellos presenciaron los hechos y otros tres estuvieron a punto de morir a manos de su progenitor.

La hipocresía de unas instituciones cómplices e impotentes frente a la violencia machista

Desde 2003, cuando empezaron los registros oficiales, 1.224 mujeres han muerto a manos de sus parejas o exparejas en el Estado español y solo durante el primer trimestre de 2023 se denunciaron 1.021 violaciones, lo que significa que cada dos horas se denunció una agresión sexual con penetración.

Aunque los asesinatos y las violaciones son la expresión más brutal, hay un sinfín de situaciones en las que se ejerce la violencia y el abuso contra nosotras, y de formas muy distintas. El pasado 20 de agosto, sin ir más lejos, millones de personas fuimos testigos de la agresión sexual de Rubiales a Jenni Hermoso tras ganar la final del Mundial Femenino de fútbol.  

Para la gran mayoría de la población, para los que salimos en tantas ciudades a la calle a mostrar nuestro apoyo a Jenni y exigir el cese inmediato de Rubiales, la resolución del TAD de proteger al agresor es un escándalo. Pero, lamentablemente, ya hemos asistido a muchos escándalos, como el caso de Juana Rivas, el de la Manada, el de los jugadores de la Arandina…. y sabemos que estas sentencias no son episodios aislados, ni decisiones individuales de jueces faltos de perspectiva de género.

Esta violencia constante es nuestra vida y estas sentencias y resoluciones son un mensaje dedicado a todas las mujeres que hemos tomado las calles determinadas a terminar de una vez con esta situación. A pesar de la igualdad formal que nos reconocen las leyes burguesas, la brutalidad que se ejerce contra nosotras es crónica e inherente al sistema capitalista.

Cada vez que se produce un asesinato machista, o cuando el número de estos aumenta de un modo tan escandaloso como lo ha hecho este verano, asistimos a un ejercicio de hipocresía extraordinario. Los mismos medios de comunicación que a diario dan voz a todo tipo de personajes que niegan o promueven la violencia sistemática contra las mujeres, dedican horas a tertulias y debates en los que presentadores e invitados se rascan la cabeza preguntándose qué está pasando y en qué estamos fallando. ¿Por qué no denunció? ¿Por qué fue asesinada aunque ya había denunciado?

Y es que aunque la respuesta parezca muy obvia, este teatro de interrogantes supuestamente tan difíciles de resolver se reproduce también en las instituciones. Se celebran reuniones de comités de crisis, se ponen en marcha “mecanismos” para erradicar la violencia machista.

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Acabar con esta terrible situación  requiere sobre todo declararle la guerra a la caverna machista, que se compone de quienes han obtenido enormes beneficios políticos y económicos gracias a nuestro sometimiento y nuestra explotación. 

Pero parece que estas reuniones tampoco surten el efecto deseado, pues desde su creación en diciembre de 2022 – al calor del récord de asesinatos machistas en un mes desde que existen registros - , el comité se ha tenido que activar ya en cinco ocasiones con los resultados que ya conocemos. Lo cierto es que mientras se permita que los Rubiales de turno nos agredan y no pase nada, mientras jueces emitan sentencias que protegen a los agresores y condenan a las víctimas, mientras se sigan cuestionando nuestra palabra y nuestro sufrimiento con la ley en la mano, mientras no se persiga a los empresarios que nos pagan menos etc. da lo mismo los comités que se creen y los minutos de silencio que se organicen en los Ayuntamientos.

Declarar la guerra al machismo es declarar la guerra al sistema

Estamos hartas de contar víctimas. Los datos de este verano no se pueden soportar.

Para acabar con el machismo y con la justicia patriarcal hay que enfrentarse, en primer lugar, a la extrema derecha, al PP, a VOX, a todos aquellos que alimentan la violencia, que recortan los servicios sociales y que tratan de mermar nuestros derechos. Hay que depurar el aparato del Estado y sus instituciones, expulsar a todos los elementos franquistas de la judicatura, de la policía, del ejército.  El hecho de que tres de los asesinatos machistas de este verano hayan sido cometidos por miembros o exmiembros de las fuerzas de Seguridad del Estado, uno de ellos con un arma de fuego, no es una simple anécdota.

Pero también hay que llevar a cabo medidas efectivas que permitan a las mujeres maltratadas salir del infierno en el que viven. No se les puede animar a denunciar a sus maltratadores y luego abandonarlas a su suerte. Hay que garantizar unos servicios sociales con medios suficientes para atender de inmediato a todas las víctimas, proporcionarles un empleo o un subsidio que permita su total independencia hasta encontrar un trabajo y facilitarles casas de acogida para ellas y sus hijos desde el mismo momento en que denuncian a su agresor. No es complicado, pero requiere de voluntad política.

Sólo en 2021 la Comunidad de Madrid -gobernada por el PP- dejó de ingresar 1.212 millones de euros por las bonificaciones y exenciones al patrimonio de las personas más ricas. Unos 19.000 cayetanos se ahorraron de media 64.500€ en solo un año. Hay recursos de sobra, tan solo hay que ponerlos al servicio de las necesidades sociales y no del lucro de unos pocos.

Acabar con esta terrible situación  requiere sobre todo declararle la guerra a la caverna machista, que se compone de quienes han obtenido enormes beneficios políticos y económicos gracias a nuestro sometimiento y nuestra explotación. La extrema derecha, el IBEX y los grandes empresarios. Estos y estas multimillonarias  son quienes defienden el sistema, su machismo y su injusticia. ¡Contra su dictadura es contra la que nos tenemos que levantar y organizar la respuesta en las calles!

¡Basta de violencia contra la mujer! ¡Ni una menos!

(*) Hoy se han confirmado otros dos asesinatos cometidos ayer, 3 de septiembre, por lo que el total de mujeres asesinadas es de 42.


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