Economía

Mientras el putrefacto sistema capitalista sigue hundiéndose víctima de su política rapaz, millones de trabajadores a nivel mundial siguen siendo arrojados a la miseria y a la pauperización de sus niveles de vida y la de sus familias. La actual crisis económica mandó al desempleo, tan sólo en nuestro país, a medio millón de personas en un mes solamente. Miles sobreviven con trabajos precarios y miles más buscan alguna alternativa que permita llevar más ingresos a sus hogares ante la embestida que el gobierno de nuestro país ha dado a los salarios.

“Con una inflación anualizada que ya llega a 6.23 por ciento, el Consejo de Representantes de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CNSM) acordó otorgar un aumento general de 4.6 por ciento a los salarios mínimos de las tres áreas geográficas. Así, las percepciones mínimas legales que regirán a partir del primero de enero de 2009 serán de 54.80 pesos diarios para la zona geográfica A, 53.26 pesos para la B y 51.95 pesos para la C…” Jornada, 19 de diciembre de 2008.

Los generosos 2 pesos con 32 centavos que el gobierno federal aumentó al salario mínimo alcanzan para comprar un bolillo, dos chicles o un boleto del metro. El argumento que ofrecieron quienes aprobaron esta medida fue que con ello no se perderían más empleos, lo cierto es que “durante los últimos 31 años el poder adquisitivo del salario de los mexicanos ha caído 75 por ciento…” (La Jornada 5 enero 2009).

Contrario a lo que Calderón ha declarado sobre que la economía mexicana se encuentra mejor que la de países desarrollados en todo el mundo la verdad es otra. Por ejemplo, “un abogado en México devenga un salario promedio de 32.48 pesos por hora (2.8 dólares), mientras que su similar en el estado de California tiene un salario de 63.78 dólares por hora…un analista de sistemas en México tiene un salario promedio de 52 pesos por hora (4.5 dólares), en tanto que en Estados Unidos el mismo equivale a 37.01 dólares por hora, y una recepcionista en nuestro país devenga en promedio 20.15 pesos por hora (1.75 dólares), mientras en el vecino país la percepción es de 12.49 dólares por hora.” (La Jornada, 16 de abril de 2008).

Lo anterior es sólo una muestra de que, como en los viejos tiempos del priismo, a los trabajadores se nos quiere dar atole con el dedo. No sólo el incremento salarial ha sido raquítico sino que, además, los alimentos, la gasolina, las medicinas, la luz, el agua y el transporte, entre otras cosas, suben y suben como la espuma. “Artículos indispensables como la tortilla han tenido incrementos de 42 por ciento; la leche 53 por ciento; el pan 60 por ciento; el frijol 100 por ciento; el azúcar 40 por ciento; el arroz 30 por ciento y un elemento básico que ha desatado la inflación es el aumento gradual en los combustibles y la electricidad, ya que precisamente el costo del servicio de luz aumentó este año ciento por ciento, la gasolina ha tenido aumentos permanentes y el gas se encareció 12 por ciento.” (La Jornada, 12 de diciembre de 2008).

Como explica Trotsky en El programa de transición: bajo pena de entregarse voluntariamente a la degeneración, el proletariado no puede tolerar la transformación de una multitud creciente de obreros en desocupados crónicos, en menesterosos que viven de las migajas de una sociedad en descomposición. El derecho al trabajo es el único derecho que tiene el obrero en una sociedad fundada sobre la explotación. No obstante se le quita ese derecho a cada instante. Contra la desocupación, tanto de “estructura” como de “coyuntura” es preciso lanzar la consigna de la escala móvil de las horas de trabajo.

La burguesía prefiere mil veces someter a la barbarie, al salvajismo y a la explotación más feroz a millones de personas antes que perder sus lujosos privilegios y ante ello es obligación de todos los sindicatos defender tajantemente los derechos de los trabajadores. Los contratos colectivos de trabajo deben asegurar el aumento automático de los salarios correlativamente con la elevación del precio de los artículos de consumo.

Los trabajadores no debemos pensarlo más. No hay nada que pensar. Sólo existe una alternativa y es la lucha por el Socialismo. Luchar por el Socialismo es luchar por una vida digna, es luchar por el bienestar de la familia, es luchar por tener la vida de ensueño a la que siempre hemos aspirado. Aspiramos a una vida maravillosa porque la vemos reflejada en aquellos que se han hecho ricos a costa de nosotros. No estamos pidiendo nada que no nos pertenezca. No esperemos más, emprendamos la lucha ahora. Únete a la Tendencia Marxista Militante y lucha con nosotros por el Socialismo.

Enero de 2009.

Socialismo o más barbarie

Es un hecho innegable que bajo capitalismo en tiempos de crisis, sin excepción la clase trabajadora termina pagando los platos rotos. A nivel internacional el ejemplo histórico más representativo de esta dura realidad ha sido la Gran Depresiónde 1929 cuando, tras el colapso del sistema bursátil de los EU, arrancó lo que hasta el momento ha sido la crisis económica mundial más profunda y duradera. Tan sólo en los EU, dicha crisis mundial se tradujo en 14 millones de despidos; para el caso de Alemania esta cantidad llegó a los 6 millones y en Inglaterra los estragos del desempleo alcanzaron a 3 millones de personas.

Esto que es válido para la economía mundial, lo es también para el caso de México, el cual, a lo largo de su historia como nación capitalista ha experimentado diferentes crisis económicas. De cara a los estragos que estamos ya padeciendo a consecuencia de la actual crisis, es importante sacar las lecciones necesarias de las experiencias del pasado para prepararnos mejor y frenar la ofensiva de la burguesía contra nuestros derechos e intereses como trabajadores. Para dicho efecto nos remontamos a algunos de los casos más representativos y cercanos a la experiencia de las generaciones contemporáneas de proletarios.

La Crisis Económica de 1976

La crisis mexicana de 1976 va a ser la expresión nacional del colapso de la economía mundial desarrollado por aquellos años y que, sin ser ésta la causa de fondo, va a tener como catalizador el embargo petrolero dictado en octubre de 1973 por la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en contra de todos los países que apoyaron a Israel en la guerra del Yon Kippur contra Siria y Egipto. La crisis económica mundial de mediados de la década de los setentas marcó el final del boom más profundo y prolongado del capitalismo, el cual ya se había prolongado desde poco después de que finalizó la II Guerra Mundial.

El estallamiento de la crisis mexicana del 76 va a ser la culminación de un proceso que ya se venía incubando lentamente desde 1971, año en el cual se contrae la economía nacional registrándose un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del 4.2%, siendo éste el peor dato registrado desde 1959. El impacto del colapso de la economía mundial va a significar para nuestro país el que prácticamente fueran suspendidas las compras de mercancías mexicanas en el mercado yanqui, traduciéndose esto a la vez en que la actividad industrial  cayera severamente, un 6.7%, además de quiebras y despidos masivos.

La desesperanzadora situación de la economía mexicana de aquellos años hizo que los capitales se lanzarán a la búsqueda de territorios más seguros y rentables, haciendo que se fugaran cuantiosas cantidades de dinero al mismo tiempo que caía la inversión foránea. Ante esta problemática el gobierno, con Luis Echeverría al frente, opta por tratar de financiar el déficit de divisas por medio de incrementar la deuda externa y las reservas internacionales, sin embargo estas medidas son insuficientes y las reservas terminan por agotarse no dejando otro camino mas que el de devaluar el peso el 1 de septiembre de 1976 de 12.50 a 24.75 unidades por dólar. Con esta medida quedaba hecha polvo la política de estabilización cambiara, el desarrollo estabilizador, que se extendió a lo largo de 22 años.

Además de una deuda externa que creció desde los 6 mil millones de dólares que tenía en 1970 a los 20 mil millones y los inevitables efectos negativos de esta sobre las clases desposeídas, la crisis de 1976 también dejó como saldo el estancamiento de los salarios durante los últimos meses de ese año, cuestión que para los trabajadores se vio agravada con el repunte experimentado por la inflación la cual fue del 11% que ya había acumulado de manera anualizada en junio a los 27.2 puntos registrados ya en diciembre.

La Crisis Petrolera de 1982

Para financiar la crisis, ya como presidente López Portillo (1976-1982), el régimen y la burguesía optaron por apostarle todo a la producción y exportación petrolera, la cual gozaba de un precio en el mercado mundial que aseguraba jugosas utilidades. Para aprovechar mejor las oportunidades se decidió desarrollar significativamente la infraestructura de PEMEX, obteniendo los recursos incrementando la deuda externa. De esta manera, la economía mexicana fue petrolizada, al depender de este medio el 80% de los ingresos del Estado.

Efectivamente la estrategia adoptada ayudó a la economía a salir de la crisis del 76, sin embargo el modelo encerraba contradicciones que lo único que estaban haciendo era preparar el camino para una nueva crisis de mayor trascendencia. Para su éxito las medidas adoptadas por el gobierno dependían de que los magníficos precios internacionales del petróleo se mantuvieran, pero ésta no podía ser una situación indefinida.

En los buenos momentos el optimismo era tanto que López Portillo declararía que los mexicanos teníamos que prepararnos para administrar la abundancia. Durante esos días el barril mexicano de exportación se vendía en promedio a 45 dólares, pero las condiciones favorables empezaron a cambiar en 1981, por ejemplo, los países de la OPEP, en especial Arabia Saudita, incrementaron significativamente su producción haciendo que los precios iniciaran una espiral descendente que significó que el precio del barril del Brent, pasara de los 36.83 dólares en 1980 a los 32.97 dos años después. Para 1985 dicho precio se ubicaba en los 15 dólares. Para México todo ese contexto se tradujo en lo que se conoció como la Crisis Petrolera de 1982.

Este colapso de la economía mexicana, que provocó entre otras cosas una devaluación del 400% al pasar el dólar de 22 a 70 pesos, motivó la firma en diciembre de 1987 del Pacto de Solidaridad Económica. Dicho acuerdo signado por los charros del sindicalismo oficial, los empresarios y el Estado, en ese entonces con Miguel de la Madrid como presidente (1982-1988), marcó el inicio de una política de contención salarial que se extendió por diez años bajo la firma de diferentes pactos. Esta Política diseñada como pilar para sacar al país de dicha crisis, trascendió hasta nuestros días por medio de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, provocando que los salarios reales en la actualidad sufran un retraso de 28 años al ubicarlos en un nivel similar al que tenían en 1980. Sobre la reducción de la capacidad de consumo de las masas basta recodar que la Crisis Petrolera orilló a que en agosto de 1982 el precio de los productos básicos se incrementara en prácticamente un 100%: en dicho mes el valor del kilo de tortilla pasó de 5.5 a 11 pesos; el del pan blanco brincó de 50 centavos a 1 peso la pieza; en gasolina el salto fue de 6 a 10 pesos; y el del gas doméstico fue de 4.30 a 5.10 el kilo, etcétera. 

Otro resultado de esta crisis fue lo que poco después se conoció como la crisis de la deuda: al arranque del gobierno de José López Portillo la deuda externa era de 21 mil millones de dólares, al finalizar dicha administración esta suma ya era de 76 mil millones de dólares. Esta problemática sería heredada por el expresidentes Miguel de la Madrid el cual al terminar su mandado dejó como uno de sus logros una deuda externa de 105 mil millones de dólares. La otorgación de estos préstamos para auxiliar a la economía mexicana significó la imposición de durísimas condiciones para el gobierno por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), representando ello el despliegue de una política que ya se ha extendido por mas de un cuarto de siglo consistente en privatizar prácticamente toda la industria paraestatal, en  bruscos recortes del gasto social, en la eliminación de prácticamente todos los susidios para el campo y en una apertura comercial que tendría años después su principal expresión en el Tratado de Libre Comercio (TLC)

La Crisis Petrolera de 1982 a la postre significo el tiro de gracia al Estado de Bienestar y el arribo del llamado neoliberalismo, acarreando todo esto tras de sí un proceso sin precedentes de deterioro de los niveles de vida de las masas obreras y campesinas y que perdura hasta el momento.

Los errores de diciembre y la crisis de 1995

En 1995 el proletariado mexicano sería forzado a padecer los efectos de una nueva crisis económica, pero esta vez con mucho más crudeza que las anteriores.

Los errores de diciembre es la expresión acuñada por el ya entonces ex presidente Salinas para calificar la medida adoptada el 19 de diciembre de 1994 por el nuevo gobierno bajo la conducción de Zedillo, consistente en devaluar el peso en un 15%. Dicha determinación desencadenó toda una serie de graves contradicciones acumuladas en los últimos años que derivarían en el colapso económico más catastrófico hasta el día de hoy de la historia contemporánea de México.

Los años de negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC), el cual sería firmado en 1993 para entrar en funciones en enero del siguiente año, crearon un espectro que Salinas consideró favorable para lanzar una verborrea de lo mas demagógica señalando que México se dirigía hacia ser una país del primer mundo. No obstante la realidad económica decía lo contrario. Un argumento de Salinas eran las exportaciones las cuales, debido a la apertura comercial que ya existía incluso antes del TLC, entre 1989 y 1993 pasaron de 20 mil 545 a 51 mil 886 millones de dólares. Pero la otra cara de la moneda era un cada vez más abultado déficit de la cuenta corriente (fenómeno que se tiene como resultado cuando un país gasta más de lo que obtiene como ingresos de todas sus transacciones internacionales en servicios, mercancías, transferencias financieras, etcétera) el cual fue, en proporción al PIB, del 1.6 que tenía en 1988 al 4.7 en 1993.

Ante estas adversidades Salinas optó por diferentes mecanismos para subsidiar ese déficit, entre ellas profundizar la política de privatizaciones (para julio del 94 el saldo alcanzado por la venta de 400 empresas paraestatales era de 63 mil 450 millones de los entonces llamados nuevos pesos) e impulsando los Tesobonos, títulos de crédito respaldados por las arcas del gobierno federal los cuales se compraban y vendían pesos, pero protegidos contra una posible devaluación al cotizarse en dólares; dichos títulos al momento de cambiarse en pesos se pagaban al tipo de cambio vigente.

Los Tesobonos se vuelven un imán para las inversiones, pero principalmente para las de carácter especulativo y de corto plazo, las cuales van a tener una significación más que limitada y efímera para estabilizar a la economía. Muestra de ello es el propio 1994 cuando estos títulos experimentan un desarrollo del ¡¡¡mil 118%!!! al llegar en julio a una cantidad de 13 mil 752 millones de dólares. Para diciembre dicha cantidad ya alcanza los 18 mil 384 millones de dólares. No obstante este espectacular salto, los resultados son lejos de lo esperado pues a lo largo de los doce meses de ese mismo año el déficit de la cuenta corriente ya arroja un déficit del 8% en proporción al PIB.

La dura realidad económica pesó más sobre los inversionistas que las optimistas declaraciones de Salinas, iniciándose un paulatino pero cada vez más enérgico proceso de fuga de capitales lo cual, a su vez, se reflejó en una merma significativa de las reservas internacionales, las cuales durante aquel periodo lograron su máximo histórico (29 mil 155 millones de dólares) en febrero del 94 para después caer hasta los 12 mil 471 millones de dólares en noviembre de ese año.

Esta variable generó una contradicción que puso a la economía sobre una barril de pólvora: para los primeros días de diciembre las obligaciones crediticias del Estado a través de los Tesobonos superaban significativamente el monto que se disponía en reservas internacionales. Además, como un recurso desesperado para tratar de ofrecerle estabilidad cambiaria a las inversiones, Salinas se negó a devaluar el peso conforme se agotaban las reservas internacionales. Así, para los primeros días de diciembre la sobrevaluación de la moneda nacional ya era del 17%.

Era una situación insostenible ante la cual Zedillo reaccionó devaluando el peso, pero la medida ya era incapaz de frenar la tendencia y finalmente, la economía saltó en mil pedazos. El dólar, que a finales de noviembre tenía un valor de 3.46 pesos, inmediatamente saltó a un precio de 5.15 pesos, mismo que se fijó en los 7.50 pesos en marzo de 1995. Por su parte el PIB desploma lográndose resultados de -17% y -21% durante el primero y segundo trimestres del 95 respectivamente.

Por otro lado, producto de los quiebras y despidos masivos, el desempleo, que en diciembre de 1994 alcanzaba al 3.6 de la Población Económicamente Activa (PEA) llega al 7.6% en agosto del 95. Además, mientras los salarios mínimos sólo reciben un incremento del 31% al pasar de 15.27 a  20.15 pesos diarios, la inflación acumulada a lo largo de ese año va a llegar al 45%.

De crisis en crisis

La crisis de los Errores de Diciembre, ha sido calificada como la más profunda de nuestra historia, sin embargo los acontecimientos actuales han creado un contexto el cual amenaza al planeta entero con padecer una crisis tan o más trágica que la de 1929, traduciéndose ello para nuestro país en una perspectiva que apunta a que la crisis que ya padecemos se traduzca en una catástrofe económica que supere a la desarrollada durante el primer año de gobierno de Ernesto Zedillo.

En México la actual crisis se expresó con mayor fuerza a partir del mes de septiembre de 2008, no obstante ésta aún no toca fondo y lo peor está por venir. De ello ya hablan las declaraciones del 8 de enero del titular de la Secretaría de Hacienda, Agustín Carstens, señalando que, sin mencionar alguna cifra concreta, en 2009 la economía nacional no crecerá. Cabe recordar que para el presupuesto público de este año aprobado por los diputados en noviembre pasado, el gobierno proyectó como meta de crecimiento del PIB un 1.8%, sin embargo semanas después sería el propio Carstens quien anunciara una reducción a dicho objetivo fijándolo en un 0.4%. Pero ahora Carstens simplemente se limita a decir que la economía no crecerá en 2009.

Lo peor de todo es el sombrío presagio que se desprende de las declaraciones hechas un día después por el Gobernador del Banco de México (BMx), Guillermo Ortiz, quien calificó de manera irónica el punto de vista del secretario de Hacienda como “optimista”, en clara alusión a que para él las cosas marcharán peor.

Y no es para menos, la económica mexicana está fuertemente atada a la del imperialismo yanqui, principal consumidora del petróleo mexicano y a la cual van dirigidas entre el 80 y 90 de las exportaciones nacionales, además de ser el país del cual provienen la inmensa mayoría de las inversiones que llegan a nuestro país, así como origen de la segunda fuente mexicana más importante de divisas, las remesas. Los EU viven una recesión que se ha prolongado desde diciembre de 2007, viéndose empujado éste hacia una bancarrota cada vez peor. Además los analistas coinciden en que el colapso económico aún no ha tocado fondo. De hecho, siguiendo con el optimista Carstens, éste recientemente ha admitido públicamente que la economía yanqui entrará en un proceso de recuperación sólo hasta el año 2011. Este gris panorama representa un tiro en la nuca para las expectativas de Calderón sobre una pronta recuperación económica y también para sus cacareados planes anticrisis, incluido el Acuerdo nacional en favor de la economía familiar y el empleo anunciado con bombo y platillo el pasado 7 de enero.

A pesar de que la actual crisis aún no muestra su rostro más desgarrador, los costos ya están siendo altos para los trabajadores, de ello hablan los 413 mil empleos perdidos entre octubre y diciembre pasados de acuerdo a los datos de afiliación del IMSS. Por su parte, la patronal Concamin reconoce que la producción fabril ya acumula un crecimiento negativo del 8.3%.

Cada crisis económica se traduce en una guerra abierta de la burguesía contra de los trabajadores. La clase dominante actúa de esa manera porque no le queda otro remedio si es que quiere salvar sus privilegios. Por ejemplo para salir de la crisis de 1995, Zedillo lanzó una de las ofensivas más brutales aniquilando o mutilando el 70% de todos contratos colectivos del país, precarizando masivamente el empleo y estancando los salarios, entre otras medidas antiobreras. Sólo reduciendo de esta manera los costes de producción, la burguesía podía aprovechar las ventajas que le daba la devaluación del peso para transformar a la exportaciones en la plataforma más importante de la recuperación económica, cuestión esta última que también encontró importante estímulo en el auge económico por el que pasaban en esos años los EU.

Además, fruto de las diferentes condiciones impuestas por el imperialismo yanqui, el FMI y el BM, pero en congruencia con los principios de la táctica de Zedillo y la burguesía nacional, el régimen impuso el rescate bancario por medio del Fobaproa, lo cual significó que 552 mil millones de dólares que los bancos tenían como pasivos se trasformarán en deuda pública. Para garantizar que México cubriera sus diferentes compromisos de deuda, varias instituciones financieras reaccionaron otorgando préstamos: el Fondo de Estabilización de Divisas del gobierno yanqui otorgó 20 mil millones de dólares; el FMI facilitó 17 mil millones; el Bank International Settlement, puso 10 mil millones; el Banco de Canadá colaboró con otros mil millones; finalmente diferentes bancos de América Latina, especialmente de Brasil y Argentina, auxiliaron con mil millones de dólares más. Todas estas instituciones necesitaban estabilidad financiera y mejores garantías de pago, las cuales no veían ante la quiebra de sistema bancario, razón por la cual, además de salvar el pellejo de los banqueros, también se lanzó dicho rescate.

Esa fue la experiencia del colapso de 1995 respecto al cual, sin que ello haya significado gran cosa para las familias trabajadoras, la economía empieza a levantar cabeza después de 10 meses. Resultado para el cual, insistimos, se necesitó una de las ofensivas contra los trabajadores más salvaje en toda nuestra historia. Pero de cara a la crisis que en estos momentos vivimos, las cosas pintan peor; como vimos, la situación económica del imperialismo yanqui en el momento del colapso de los errores de diciembre era la de un boom que ya se había extendido en esos momentos media década y que prolongó aún más durante un periodo similar de años, esto le permitió a esa nación actuar con rapidez y ser un factor con un peso específico para auxiliar oportunamente a la economía mexicana. Sin embargo la fortaleza de aquellos días del imperialismo yanqui es un factor que simplemente en estos momentos está fuera de la ecuación. A diferencia de la segunda mitad de los noventas, el mercado gringo está muy lejos de ser un imán que atraiga enérgicamente exportaciones mexicanas; además el gobierno yanqui está muy limitado como para lanzar líneas de crédito tan cuantiosas como lo hizo en aquellos años, ejemplo de ello es el fuerte regateo de Bush y los empresarios del automóvil para lograr que se destinaran fondos públicos para el rescate de este sector industrial. Ante las adversidades actuales el imperialismo yanqui tendrá como prioridad el empleo de sus energías restantes para salvar su economía y no para rescatar a la de otra naciones.

La cuestión de fondo es que capitalismo mexicano, al igual que el capitalismo mundial, no puede escapar del círculo vicioso de las crisis recurrentes. La historia del capitalismo mexicano es la historia de las crisis económicas. En México el siglo XX arrancó con la crisis económica de 1907, la cual fue producto de la reducción abrupta del crédito bancario para empresarios y hacendados a consecuencia de la caída de las exportaciones de henequén, algodón y de algunos minerales industriales; ello a la par de las sacudidas que por aquellos días se registraron en Wall Street. La historia de las crisis económicas es larga, además de las ya mencionadas, está el caso de la Gran Depresiónde 1929, cuyos efectos se extendieron en México hasta 1934; otro caso es el de la crisis de 1943 en la cual la devaluación del peso provocó una escalada inflacionaria poco vista hasta entonces; durante el gobierno de Miguel Alemán (1946-1952) se presentó una nueva crisis similar a la anterior, la cual sería heredada por el siguiente gobierno, el de Adolfo Ruiz Cortínez; siguiendo con lo mismo, más recientemente se encuentra el caso de la crisis de 1987 cuando la Bolsa de Mexicana de Valores se desplomara tras el Lunes Negro del 19 de octubre de ese año en Wall Street.

Este es el panorama desesperanzador en el que han sido obligadas a vivir, crecer y morir generaciones enteras de proletarios. De hecho, las generaciones actuales de trabajadores no hemos tenido ni un remanso de tranquilidad, lo único que hemos conocido desde que nacimos y a lo largo de toda nuestra vida ha sido crisis y más crisis. Tenemos que poner un hasta aquí definitivo a este infierno, nosotros somos lo que producimos la riqueza de esta sociedad y sin embargo somos los menos beneficiados de ello. Al igual que el siglo XX, México hoy de nueva cuenta arranca el siglo XXI con una crisis económica. La crisis económica de 1907 tuvo importantes consecuencias políticas que, junto con otros factores, derivaron en alzamiento insurreccional de 1910, el más importante hasta nuestros días y que dio fin a la sangrienta dictadura de Porfirio Díaz.

Las clases explotadas de hoy en día somos mucho más fuertes y organizadas que hace un siglo, además contamos con un proletariado industrial mucho más desarrollado. Es momento de levantar en todo lo alto las banderas de la unidad en la lucha contra los explotadores. Arrebatémosle a los burgueses el monopolio sobre los bancos y la industria y pongámoslo bajo el control democrático de la clase trabajadora y, al igual que lo hicieron en 1907 los explotados de la época, hagamos de esta crisis económica una razón de peso para aplastar a nuestros enemigos de clase, aniquilando al capitalismo e instaurando el socialismo. Las crisis económicas son crisis del capitalismo, por ello para las generaciones actuales del proletariado mexicano y del mundo, la única alternativa es socialismo o más barbarie.

14 de enero de 2009.

Jueves 29 de enero 5:00 p.m. en La Casa del Obrero (15 Oriente, Número 8, colonia El Carmen, Puebla, Pue.)

  ¡Que la crisis la paguen los capitalistas! La crisis del capitalismo mundial es un hecho que nadie puede ignorar. Ayer mismo los economistas nos aseguraban que era imposible otro 1929. Ahora hablan de la amenaza de otra Gran Depresión. El FMI advierte de un aumento del riesgo de una recesión económica severa y prolongada a escala mundial. Lo que comenzó como un colapso financiero en EEUU se ha extendido ahora a la economía real, amenazando los empleos, las viviendas y las vidas de millones de personas.

Por todas partes el ambiente de las masas está cambiando. En América Latina existe fermento revolucionario, que se intensificará y extenderá a otros continentes. En Gran Bretaña, en EEUU y otras naciones industrializadas, muchos que antes no cuestionaban el orden social existente, ahora se hacen preguntas. Ideas que antes escuchaba sólo un número reducido de personas, encontrarán eco entre un auditorio mucho más amplio. Se está preparando el terreno para un auge sin precedentes de la lucha de clases en todo el mundo.

Cuando colapsó la URSS nos dijeron que la historia había terminado. Por el contrario, la historia aún no ha empezado. En el espacio de sólo veinte años el capitalismo ha demostrado ser un sistema en total bancarrota. ¡Es necesario luchar por una alternativa socialista! Nuestro objetivo es conseguir un cambio fundamental de la sociedad y luchar por el socialismo a escala nacional e internacional. Luchamos por la causa más importante: la emancipación de la clase obrera y el establecimiento de una forma de sociedad humana nueva y superior. Ésa es la única causa realmente digna por la que luchar en la primera década del siglo XXI. ¡Únete a nosotros! Asiste a la charla pública: “Una alternativa socialista a la crisis global del capitalismo”

Ahora que se ha disipado el polvo electoral, muchos ya se han desencantado con Obama y su elección de gabinete. Sin embargo, disfruta de unos niveles de aprobación superiores al 80 por ciento. Pero eso sólo significa que la reacción a la inevitable desilusión será mucho más explosiva.

La crisis económica mundial está sacudiendo la conciencia de la clase obrera mundial. En ninguna otra parte es más cierto que en el país más poderoso y rico del planeta: Estados Unidos. Después de décadas de relativa paz entre las clases, la lucha de clases ha regresado.

Aproximadamente se han perdido 1,3 millones de empleos sólo en los últimos tres meses de 2008. El mercado inmobiliario ha colapsado y el desempleo es más elevado que en cualquier otro momento desde principio de la década de los años ochenta, y puede ser aún peor. Se han evaporado 6 billones de dólares en precios inmobiliarios y 8 billones en el valor de las acciones. Las ventas al por menor durante las vacaciones cayeron un 4 por ciento, la peor cifra en décadas. Los tres grandes del automóvil están al borde del colapso e incluso el gigante japonés Toyota, que ha acaparado una parte del mercado norteamericano a costa de las empresas nacionales, ha anunciado pérdidas por primera vez desde 1941.

El período de vacaciones ha sido el peor en décadas, en diciembre, la actividad fabril en EEUU cayó a su nivel más bajo desde 1981. Miles de millones de dólares del contribuyente han ido destinados al rescate de los bancos y aseguradoras privadas sin que tengan que rendir ningún tipo de cuenta. Lejos de revigorizar la economía salvando empleos y terminando con los desahucios, cientos de miles más han perdido su casa y los despidos en masa se han disparado, mientas, los ejecutivos de las empresas rescatadas se embolsan la friolera de 1.600 millones de dólares en concepto de salarios, primas y extras. Así son "los negocios como se habitual" bajo el capitalismo.

Podría ser la peor crisis desde la Gran Depresión, un período en la historia de EEUU que provoca escalofríos en la columna vertebral tanto de los trabajadores como de la clase dominante. Pero la crisis económica de los años treinta finalmente llevó a un auge impresionante de la lucha de clases. La acumulación de contradicciones inherentes dentro del sistema, que se exacerbaron por la expansión del crédito, el endeudamiento y la burbuja inmobiliaria, ahora están saliendo a la superficie. Ya podemos ver ejemplos de lo que sucederá cuando los trabajadores estadounidenses lleguen a la dolorosa conclusión de que la ilusión del "sueño americano" es en realidad una pesadilla.

¿Pero van a ir mejor las cosas ahora que se ha ido George W. Bush? Como hemos explicado en otras ocasiones, dadas las expectativas que ha generado, Barack Obama tendrá que hacer algunos cambios y podría incluso hacer algunas inversiones considerables para reforzar la seguridad social, crear empleos, reducciones de impuestos y reconstruir la infraestructura del país. Pero esto de ninguna manera bastará para corregir el daño ya provocado y dejar el sistema intacto.

Muchos por supuesto darán la bienvenida a este relativo "alivio de las cadenas", incluso aunque sea mayoritariamente cosmético, podría aumentar la confianza de los trabajadores tras ocho años de Bush y un empeoramiento de la economía. Pero no cambiará nada fundamental. Los altos mandos de la economía seguirán en manos privadas y las decisiones reales de quién tiene un empleo y una casa aún se decidirán en los bancos y en las empresas que forman el Fortune 500.

Los nombramientos de gabinete apuntan a que todo seguirá igual en Washington. Sobre estos nombramientos y su política probable ya escribiremos en los siguientes números de Socialist Appeal. Pero basta con decir que no traerán un fin inmediato de la guerra en Iraq, él quiere extender la guerra a Afganistán y no ha descartado una invasión de Pakistán. En cuanto a América Latina, su visión en todo lo esencial es una continuación de la Doctrina Monroe que ha guiado la política norteamericana en la región durante casi doscientos años. En otras palabras, continuará la guerra en casa de la clase dominante contra los trabajadores y en el extranjero sucederá lo mismo.

La mayoría de las personas tendrán que aprender a través del camino más duro, de su propia experiencia, que Obama, como representante de la gran empresa, es orgánicamente incapaz de defender los intereses de la clase obrera. La mayoría de las personas no aprenden de los libros, historia o teoría. La vida les enseña, sin embargo, es una maravillosa profesora y la clase obrera norteamericana ahora ha aprendido algunas lecciones amargas sobre cómo funciona realmente el capitalismo, o mejor dicho, cómo no funciona. Con la economía empeorando y la situación internacional aún más inestable, la gente esperará de Obama resultados rápidos. Si no cumple, cada vez estarán más abiertos a la formación de un partido obrero de masas basado en los sindicatos. También aprenderán a ocuparse ellos mismos de las cosas, como hicieron los trabajadores de Republic Windows en Chicago (ciudad natal de Obama).

Enfrentados a la pérdida no sólo de sus empleos sino también de sus ingresos, indemnizaciones por despido y beneficios, muchos de ellos inmigrantes latinos, ocuparon la fábrica durante casi una semana. Generaron tal apoyo popular, a pesar de la total inactividad de la dirección sindical, que el Bank of America tuvo que garantizar los préstamos a la empresa para que pudiera hacer frente a las obligaciones con los trabajadores. Incluso Obama tuvo que apoyar a estos trabajadores, aunque utilizó el episodio para justificar la necesidad de los rescates bancarios. Y aunque los trabajadores perdieron sus empleos, pero cobraron sus indemnizaciones y salarios, el resultado fue percibido por millones de trabajadores como una victoria. Esto puede animar a otros trabajadores a seguir el mismo ejemplo. La industria automovilística, por ejemplo, está contra la pared, y el ejemplo los trabajadores de Republic seguro que hará pensar a los trabajadores del automóvil. Puede que un movimiento generalizado de ocupaciones de fábrica no esté a la vuelta de la esquina, pero ya se han plantado las semillas para una recuperación de las tradiciones combativas de la clase obrera norteamericana. Los acontecimientos se pueden desarrollar más rápidamente de lo que se espera.

El magnífico movimiento de los trabajadores inmigrantes en la primavera de 2006 es otro ejemplo de lo que está por venir. El movimiento al final fue coaptado por el Partido Demócrata y sacado de las calles. Pero las contradicciones fundamentales no se han solucionado. Tarde o temprano, estallará de nuevo, con la lucha a un plano superior. La campaña de "cien días" para presionar a Obama y exigir una amnistía para todos ya se ha lanzado.

Muchos comentaristas han comparado a Obama con Abraham Lincoln. Pero no debemos olvidar que Lincoln presidió uno de los períodos más tumultuosos de la historia de EEUU, una guerra de clases entre el norte capitalista y el sur esclavista. La tarea de Lincoln era defender y expandir el sistema capitalista, que en aquel momento históricamente era progresista. Pero la tarea de Obama es mantener a toda costa el sistema capitalista y en su época de decadencia imperialista.

Hemos entrado en una nueva época. Pero no será un período de pez, prosperidad y abundancia. Al lado del caos capitalista de guerra, crisis y miseria, se forjarán las fuerzas que terminarán de una vez por todas con este sistema de explotación. ¡Únete a nosotros en la lucha por un mundo mejor!

12 de enero de 2009

Frente la crisis económica saquemos lecciones y vayamos a la huelga este 1º de febrero

UAM-I, viernes 23 de enero en el Auditorio 2 Edificio C a las 14 hrs.

situamLa bancarrota del capitalismo mexicano
El mundo entero está padeciendo ya los efectos de la que amenaza ser la peor crisis económica en ochenta años. Nuestro país no es la excepción: en diciembre se perdieron 327 mil empleos formales; la inflación se disparó a cerca del 7% anual, cifra no vista desde hace 8 años. En ese marco de estancamiento económico, de desempleo creciente y de mayor carestía la clase trabajadora ha tenido que cargar con los costes más dolorosos, mientras que para los grandes banqueros y empresarios no ha habido más que rescates y subsidios. Los mismos que hoy arrebatan a la clase trabajadora sus prestaciones y su única fuente de subsistencia son aquellos que de forma cínica se jugaron nuestras pensiones en la bolsa y son los mismos a quienes el gobierno federal defiende a capa y espada.

Los sindicatos frente a la crisis

Hoy más que nunca es necesario que todos los trabajadores nos mantengamos unidos y que de manera contundente demostremos a la burguesía y al gobierno federal que nosotros somos los que hacemos que las fábricas, los medios de transporte, los hospitales y las escuelas funcionen. En esta tarea fundamental los sindicatos juegan un papel de primer orden. Sin sindicatos poderosos, la lucha por mejores condiciones de vida es imposible. 

Lecciones de la Huelga pasada

Las razones para volver a luchar están presentes y en esa lucha, el Situam es un referente importante ante el movimiento democrático universitario y ante la clase obrera mexicana en su conjunto.

Para todos aquellos trabajadores que sostuvimos la huelga del año pasado queda claro que la huelga no fue un error, que lo se necesitaba no era levantar la huelga, sino dar la lucha por sacar nuestro movimiento del aislamiento en el que se encontraba por la vía de los hechos, vinculando nuestras acciones con las de otros movimientos de la educación pública y del movimiento obrero y campesino en general. Los acontecimientos del año pasado pusieron a prueba a la dirección sindical anterior y a las corrientes  y de una forma descarada se quitaron sus máscaras para mostrar abiertamente la de agentes de la patronal y del Estado.

¡Huelga!

Hoy los trabajadores del Situam debemos de sacar las lecciones adecuadas y no permitir que aquellos agentes de la patronal nos intimiden diciendo que la huelga ha demostrado ser un método de lucha incorrecto, porque lo que demostró ser incorrecto y no estar a la altura fueron las direcciones reformistas en los sindicatos (aquellas que en el mejor de los casos prefieren limosnear que exigir y luchar por nuestros derechos). La conclusión es evidente: necesitamos hoy más que nunca una dirección auténticamente revolucionaria.

La Rectoría de la UAM tratará de convencernos de que no puede darnos lo que nos merecemos (un aumento salarial capaz de resarcir nuestro poder adquisitivo y en general, respetar nuestro Contrato Colectivo de Trabajo) diciendo que la economía mexicana está en crisis, que el gobierno federal no puede cubrir nuestras demandas y que de forma solidaria los afiliados del Situam debemos de apretarnos el cinturón. Pero en ningún momento debemos de olvidar que se trata del mismo gobierno que rescata y subsidia a empresarios y banqueros, que mantiene a una burocracia (como el rector de la UAM) con sueldos exorbitantes y que ha sido cómplice de aquellos burgueses que ocasionaron la crisis económica actual.

La base de nuestro sindicato debe de defender su independencia del Estado, controlar a sus dirigentes, y obligarles a luchar enérgicamente por los intereses de los trabajadores. Las huelgas y manifestaciones son una forma de conseguir que los trabajadores comprendamos nuestro poder y preparar el terreno para un cambio fundamental de la sociedad.

¡Únete a Militante y lucha por una corriente revolucionaria dentro del Situam!

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¡Huelga General!

Sólo existen dos caminos para la humanidad: Socialismo o Barbarie….
Carlos Marx

02ConmovidoNo hay nada más cierto y vigente que esta frase.  Han pasado sólo unos meses de que la principal potencia mundial anunciara la crisis que paralizaría los principales mercados mundiales. Miles de personas están siendo afectadas por lo que se vislumbra, y de hecho es la crisis económica más brutal que ha tenido el sistema capitalista en su historia, incluso más que la de la década de los años 30. Lo que en un inicio se presentó como un sueño para la humanidad  ahora es un enfermo crónico en la sala de terapia intensiva de un hospital. Hablamos del sistema capitalista, ese que ha traído para la población mundial hambre, miseria, guerras y explotación.

Cualquier persona podría tomar el periódico La Jornadade cualquiera de los días de diciembre y ver en la sección de economía el anuncio de miles de despidos como plan anticrisis de las principales empresas del mundo. No hay un día en que alguna empresa no anuncie el recorte de personal bajo el argumento de que la crisis los ha obligado. En realidad es sólo un pretexto para cargar la crisis que la burguesía internacional ha generado a la espalda de los trabajadores.

Es insolente la manera en que se habla del despido masivo de trabajadores. Cual si fuéramos un objeto, los empresarios hablan de eliminar de sus plantas laborales a millones de personas. Pero no sólo se vanaglorian de despedir a miles de trabajadores sino que, además, amenazan a diestra y siniestra a aquellos que intentan organizarse para defender los puestos de trabajo, los salarios o bien los contratos colectivos del trabajo.

Tan sólo lo que va de diciembre diversas industrias, como la automotriz, la del vestido, la farmacéutica, la textil, la minera, los bancos, las telecomunicaciones, los servicios, el comercio y un largo etcétera, han anunciado el despido de casi medio millón de personas como parte de la política que los capitalistas están adoptando a nivel internacional.

Cínicos y descarados, como siempre lo han sido, los capitalistas se atreven a plantear que no hay de qué preocuparse, que de ésta saldremos pronto, que lo único que hay que hacer es trabajar más y con más esfuerzo para preservar el empleo. Pero ¿con qué cara esta gente se atreve a dirigirse a la población? Son los burgueses, esta clase parasitaria, quienes, cuales viles garrapatas, exprimen hasta la última gota del sudor de los trabajadores. Esos que se dedican a mandar, a comer, a ir de compras, a viajar, mientras miles de obreros tienen que conformarse con un miserable salario que no alcanza ni siquiera para pagar cuestiones elementales como una buena alimentación, educación o vivienda para sus familias.

El pasado 1º de diciembre La Jornada publicaba que, “el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) advirtió a los trabajadores que solicitar incrementos salariales por encima de la inflación esperada para el próximo año sería contraproducente, pues se vería en riesgo la preservación de la planta laboral, la meta oficial sobre el crecimiento de los precios y la operabilidad de las empresas, ante la debilidad económica…” para, acto seguido, anunciar que “la producción de la industria automotriz caerá un 50% y con ello miles de empleos.”

Desfachatados, como suelen ser, los capitalistas sueltan un sinfín de anuncios similares con el objetivo de sembrar el pánico de los trabajadores a la organización y lucha por la defensa de sus intereses. Pero resulta que los trabajadores estamos hartos de la forma en que el burgués se dirige a nosotros, la forma en que nos trata e incluso la forma en que se comporta. Los trabajadores vivimos en carne propia la explotación, sabemos lo que es pasar hambre, lo que es vivir con el dinero contado en los bolsillos, lo que es no poder dar una vida digna a nuestras familias, sabemos lo que es vivir al día, y de todo ello nos hemos hartado. Todo tiene un límite y ahora ha llegado.

En tan sólo trece días del mes de diciembre, las principales notas de La Jornada, referentes al tema de la crisis mundial, se muestran de la siguiente forma:

1 de diciembre de 2008

  • Se perderán empleos si suben salarios.
  • Caerá 50% la producción automotriz en México en 2009.

3 de diciembre de 2008

  • Por fusión despedirán a 30 mil empleados: Bank of América.
  • Cancela AHMSA 12 mil empleos como estrategia ante la recesión.

4 de diciembre de 2008

  • Pobres, excluidos y sin trabajo, dice la OIT.

5 de diciembre de 2008

  • Despedirán a 20 mil empleados empresas de telecomunicación, noticias y química de EU.

6 de diciembre de 2008

  • Perdió Estados Unidos 533 mil empleos en noviembre; la peor caída en 34 años.
  • Anuncian principales automotrices cierre temporal de miles de plazas.
  • En riesgo 35 mil empleos temporales: Lorenzo Ysasi.

7 de diciembre de 2008

  • Quedaron sin trabajo 150 mil personas. Cierre de 3 mil 286 empresas textiles.
  • La PGR proyecta desaparecer 10 mil 500 plazas, señala el sindicato de la institución.
  • Recorta 2 mil empleos industria metal mecánica y automotriz.

8 de diciembre de 2008

  • Cierran más de mil firmas en un año; desaparecen 189 mil empleos.10 de diciembre de 2008
  • Podrían desaparecer 50 mil empleos en el sector farmacéutico: Anafarmex.
  • Despedirá Sony a 16 mil empleados.

11 de diciembre de 2008

  • La industria del vestido perdió 36 mil empleos.
  • La sueca SKF, de repuestos para autos, eliminará 2,500 puestos.
  • La minera Río Tinto despedirá a 14 mil personas por la crisis.
  • Office Depot cierra 126 tiendas y recorta 2 mil 200 empleos.
  • Baja en la producción de tabaco causa la pérdida de 300 mil empleos en Nayarit.

12 de diciembre de 2008

  • Newsweek planea recortar personal y reducir páginas y ejemplares.
  • Editores de periódicos españoles piden ser incluidos en los planes de rescate.
  • Eliminará Bank of America hasta 35 mil empleos por integrar a Merrill Lynch.
  • Récord en EU de solicitudes de subsidio por desempleo.
  • La recesión empeorará en 2009, con más desempleo.
  • Hay en el DF 110 mil familias en situación de pobreza alimentaria.
  • Los salarios obreros en México, los más bajos de AL: Bertha Luján.

13 de diciembre de 2008

  • GM cerrará temporalmente sus tres plantas instaladas en México.

Tras la maraña de cifras, anuncios de despidos masivos y amenazas entre líneas que los empresarios se han encargado de difundir a través de los medios masivos de comunicación un trabajador sólo puede sacar la siguiente conclusión: el sistema capitalista no sirve y lo que hay que hacer es transformar la sociedad.

10Valiente deninciaLos responsables del caos económico, político y social en el que hombres y mujeres nos vemos sumergidos no pueden hacer otra cosa más que ocultar que décadas de explotación y mal gobierno han llevado a millones de individuos en el mundo a sufrir terribles condiciones de vida, aún así, las cifras los han rebasado y los han obligado a aceptar su ineptidud, muy a su pesar. Por ejemplo, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), anunció el 10 de diciembre pasado que “el número de personas que pasan hambre en el mundo en 2008 aumentó fuertemente y se sitúa ya en 963 millones, cifra que podría incrementarse a causa de la crisis…el compromiso adoptado en 1996 en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación para reducir a la mitad el número de desnutridos hacia 2015 podría no cumplirse antes de 2150. Recomendó invertir “más en la agricultura”. La Jornada, 10 diciembre de 2008.

Mientras eso sucede, los gobiernos de casi todo el mundo están regalando millones de dólares, euros, pesos a los banqueros y a los empresarios. Pero incluso los empresarios nos demuestran que saben protestar en contra del gobierno cuando éste ataca sus intereses. Carlos Slim, el segundo hombre más rico del mundo, se quejaba amargamente de que las tasas de interés de los bancos eran altísimas; pero claro, a este señor no le importa aplicar la misma política contra aquellos que se atreven a adeudar algunos centavos de los recibos telefónicos. Cuando se trata de altos costos para él se convierte en una tragedia y en un abuso, pero cuando se trata de un trabajador común y corriente hay que aplicarle todo el peso de la ley, amenazarlo vía telefónica con denuncias y embargos y ejercer una presión psicológica en su contra.

09Que detallazo“Defenderemos los empleos”…Calderón

De la boca de Calderón no salen otra cosa que demagogia pura. Se pronuncia por la defensa de los salarios, en contra del desempleo, a favor de las mayorías (entiéndase minorías) y por los derechos de los trabajadores pero, ¿cual es su política en realidad?

La política de Calderón, desde el primer momento en que subió al poder, vía fraude electoral, ha sido la de atacar los derechos democráticos de los trabajadores. Primero, las jubilaciones y pensiones mediante la aprobación de la nefasta Ley del ISSSTE; luego, la privatización del petróleo, mediante una reforma que, en la vía de los hechos deja abierta la posibilidad  de intervención a la industria privada y, más recientemente, la llamada Alianza por la Calidad de la Educación. Y entre las grandes, pequeñas reformas que atentan, por aquí, por allá, por allende y por acullá, contra los derechos de los trabajadores y sus hijos.

Aunado a ello, intenta desviar la atención con la llamada guerra en contra del narcotráfico que a la fecha ha cobrado más de 6 mil vidas de hombres, mujeres y niños. El ejército es utilizado no para detener esta guerra, sino para amedrentar a los trabajadores. No olvidemos el caso de la familia que fue asesinada a mansalva en un retén militar bajo el argumento de que portaban drogas, cosa que después resultó ser totalmente falsa, o más recientemente, el caso de una mujer embarazada que fue muerta a tiros en un reten bajo el argumento de que, según la SEDENA, "cumplían un plan de defensa" ya que dos autos que pasaron con anterioridad habían disparado contra el puesto militar…” La Jornada, 14 diciembre 2008.

Calderón ha invertido millones de pesos en el ejército. Ha duplicado, y en algunos casos triplicado el salario de los soldados con el objetivo de crear una base de apoyo ante cualquier revuelta social que pudiera desatarse. Víctima de su propia política, la medidas que ha implantado no le ha funcionado en lo más mínimo. Eso lo demuestran las brutales cifras de deserción existentes a lo interno del ejército mexicano.

“Con objeto de evitar la elevada deserción en el Ejército –28 mil efectivos en los primeros dos años del gobierno de Felipe Calderón y 100 mil en el sexenio foxista–, la Cámara de Diputados reformó el marco legal que rige la actuación del Ejército y de la Armada para conceder licencias de seis a 12 meses a los militares y marinos en activo, y evitar así la “separación de la unidad familiar”. La Jornada, 8 diciembre 2008.

Aunque han tratado de atribuir la deserción al motivo de separación familiar la verdad es otra. Buena parte de los mandos bajos del ejército, principalmente cabos, son gente cuyas familias viven en la miseria absoluta; esto es un factor importante pues, en un momento decisivo, podría resultar contraproducente la utilización del ejército para reprimir las luchas sociales como sucedió en Oaxaca en 2006.

A pesar del clima de hostigamiento y represión hacia los trabajadores organizados, el débil gobierno calderonista no ha logrado ganarse ni un ápice de la confianza de la población en su política. No sólo ha reprimido las luchas de los trabajadores, sino que se ha encargado de encarcelarlos y ponerles condenas dignas de lo que se merecería un tipejo como él. Tal es el caso de Ignacio del Valle, preso político desde hace más de 2 años y quien pugna una condena de más de 100 años por delitos fabricados.

Pero no sólo ello. El gobierno calderonista y toda la gente que lo rodea ha aplicado la misma política. Hoy se despide a trabajadores por el simple hecho de afiliarse a un sindicato como lo hizo recientemente Lilia Izquierdo Carballeda, dueña de una gasolinera ubicada en Churubusco, quien “despidió a ocho despachadores por haberse afiliado a un gremio perteneciente al Frente Auténtico del Trabajo (FAT)”.  La Jornada, 13 de diciembre de 2008.

No olvidemos también la represión de la que ha sido objeto el magisterio. El caso de Xoxocotla, quizás el más reciente, donde se mandaron tanquetas del ejército para desalojar la toma de una carretera de acceso a esta población. También está el caso de los mineros, cuyos dirigentes han sido encarcelados de manera arbitraria en pasados días. Incluso el sector estudiantil ha sido brutalmente reprimido, no olvidemos la detención de 150 estudiantes pertenecientes a la Escuela Normal de Tiripetío, de los cuales más de 140 eran mujeres que fueron golpeadas e insultadas por los “cuidadores del orden”.

El gobierno de Felipe Calderón arroja la piedra y esconde la mano. La burguesía no conoce otros métodos  que los de la represión pues, en última instancia, como bien explicaba Lenin en El Estado y la Revolución, el Estado es el producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables.

La burguesía se está jugando su prestigio, fortuna y comodidades y no puede permitir que los trabajadores, que la proveen de estos elementos, se subleve en contra de ellos. Aquella falsa idea de que la lucha de clases debe ser pacífica es falsa a lo ancho y largo. Los trabajadores debemos emprender una lucha en contra de esta clase zángana. No hay caminos a medias.

La otra cara de la moneda

A estas alturas del partido el panorama podría presentarse desolador. Pero no hay que ser fatalistas. El anuncio constante de los despidos masivos tienen el objetivo claro de infundir incertidumbre y temor a perder el empleo, a ser reprimidos, a tener salarios más bajos y a desmoralizar al movimiento de los trabajadores, sin embargo no han logrado disuadir a los trabajadores de la idea de luchar en contra de las injusticias y ruindades que el capitalismo significa. Perro que ladra no muerde reza un refrán muy famoso.

Los medios masivos de comunicación representan a una clase, y esa es la burguesía. En ellos no podemos encontrar otra cosa que morbo, amarillismo, chismes y mentiras.  No es común encontrar, en un periódico de la burguesía, noticias sobre alguna huelga de trabajadores, sobre alguna movilización en defensa de los derechos de los mismos, o sobre alguna lucha que haya triunfado. Contados son los medios que hacen este tipo de labor, pero no propiamente porque sean afines a la lucha de los trabajadores sino porque la presión del movimiento los obliga a dar este tipo de noticias para que no se queden sin lectores.

Millones de personas a nivel mundial están saliendo a las calles a luchar por una sociedad mejor. En Europa, por ejemplo, millones de jóvenes y trabajadores italianos, españoles, griegos, alemanes y franceses, entre otros, han salido masivamente a poner un alto a sus derechistas o reformistas gobiernos. El caso más sonado últimamente ha sido el de las revueltas estudiantiles en Grecia. A pesar de que lo han informado sólo se dedican a señalar los disturbios existentes en las manifestaciones, pero no señalan que ha habido una huelga general que ha paralizado en su totalidad a esa nación.

Para no irnos tan lejos, podemos mencionar dos casos recientes de luchas que han resultado triunfales en Estados Unidos. El primero, el de los trabajadores de la  fábrica Republic Windows and Doors, quienes este 13 de diciembre pasado, después de tomar por algunos días la fábrica, tras el anuncio del cierre de ésta por parte del patrón, lograron un “acuerdo…que otorga a los trabajadores ocho semanas de sueldo como liquidación, dos meses de seguro médico y pago para vacaciones aun no usadas –todas las demandas básicas que presentaron-...” o el caso del Comité de Trabajadores de Immokalee (CIW, por sus siglas en inglés) quienes, tras el lanzamiento de la Campaña por la Comida Justa en 2001 recibieron el apoyo de decenas de organizaciones sindicales, vecinales, religiosas y universitarias, mismo que les ha ayudado a triunfar en sus demandas en 2005, en contra de la empresa Taco Bell; en 2007, contra Mc Donald’s; en este año en contra de Burger King, Whole Foods (cadena de supermercados de productos orgánicos) y hace una semana en contra de la gigantesca cadena de comida rápida Subway.  Cabe mencionar que la CIW es una organización de migrantes en su mayoría conformada por trabajadores mexicanos.

A nivel nacional tampoco nos quedamos atrás. Sectores enteros de trabajadores han sido los actores principales que han triunfado a pesar de las circunstancias desde 2006. El magisterio ha dado un ejemplo a millones de trabajadores mexicanos en sus luchas. El movimiento ha sido tan fuerte que el gobierno no ha podido aplicar, en algunos estados, la llamada Alianza por la Calidad de la Educación (ACE). El caso de los mineros no es menor. Una y otra vez han salido triunfales de su lucha a pesar de que la Secretaría de Trabajo y Previsión Social se ha empeñado en declarar las huelgas de los mineros como inexistentes o ilegales.

Pero el caso de México no lo podemos ver de manera asilada. México se encuentra en un proceso revolucionario, al igual que Venezuela y Bolivia. Millones de trabajadores Latinoamericanos están tomando en cuenta las luchas del pueblo Venezolano como ejemplo. No existe un solo régimen de la burguesía estable desde el Río Bravo hasta la Patagonia. La crisis mundial, las terribles condiciones de vida y los ataques constantes a los trabajadores y sus familias son elementos que están jugando un papel importante en la toma de conciencia. Debemos luchar por extender nuestros brazos más allá de lo posible. Sumar al resto de América Latina a la órbita de la revolución.

De Sindicatos y PRD

A pesar de que el ambiente al interno del movimiento obrero es bastante bueno las dirigencias de los principales sindicatos de nuestro país y del PRD no han hecho gran cosa por detener la oleada de despidos masivos. Su política ha estado por debajo de las circunstancias. En lo que se refiere a la UNT solamente hasta la reciente detención de algunos dirigentes mineros la dirección colegiada de esta central obrera convocó a una movilización, cuestión con la que estamos totalmente de acuerdo, sin embargo sobre la oleada de despidos que ya se está presentando la reacción de los dirigentes sindicales en el mejor de los casos no ha pasado de sólo hacer declaraciones y por el momento no han lanzado un plan concreto de movilización y lucha para frenar los ceses laborales.  

Por su parte, en el PRD, de la derecha encabezada por Jesús Ortega ni qué decir, se trata de abiertos agentes de Calderón en el seno del partido; por otro lado está el movimiento de masas encabezado por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) el cual si bien ha dado un paso al frente a este respecto vinculando a su lucha original por PEMEX, la problemática de los efectos de la crisis sobre las mayorías trabajadoras (tras las recientes sacudidas económicas y sus inminentes efectos de estas sobre las condiciones de trabajo y de vida dicho movimiento ya no sólo se llama “en defensa del petróleo” sino que también de la “economía popular”) y llamando a movilizaciones a este propósito, es necesario que pase a acciones más firmes tales como la huelga general pues la experiencia demuestra que ante problemas tan fuertes en los que está de por medio la defensa de los derechos de la clase trabajadora, la burguesía suele retroceder siempre y cuando sienta que el suelo se le mueve debajo de los pies, viéndose sus privilegios e intereses en peligro. Es por ello que AMLO tiene que ir más lejos de lo que hasta ahora ha hecho si es que realmente está dispuesto a defender los derechos de los trabajadores y los más pobres.

Una huelga general habría derrotado al frade electoral del 2006; una huelga general habría derrotado a la contrarreforma petrolera. Ante la crisis el camino a seguir es el de la huelga general. El PRD y los sindicatos deben formar un frente único contra los despidos y los salarios de miseria e impulsar una seria y verdadera convocatoria a la huelga general.

Hoy más que nunca es necesario que todos los sectores que nos encontramos en lucha la unifiquemos en una sola. No es lo mismo asestar un golpe a la burguesía con la mano abierta que con un puño cerrado. El tambaleante gobierno Calderonista necesita tan sólo un empujón para  caer. Un soplo de la clase trabajadora podría terminar con décadas de explotación.

Los trabajadores mexicanos debemos tomar el ejemplo de los trabajadores venezolanos o brasileños que mantienen fábricas ocupadas. Fábrica cerrada, fábrica tomada bajo control de los trabajadores. Debemos entender que una empresa puede funcionar sin empresarios, pero no sin obreros. No se prende un foco, no funciona una máquina, no suena un teléfono sin el permiso de la clase obrera. Es la burguesía la que necesita de nosotros, no al revés.

AMLO, que se ha mantenido siempre al frente del movimiento de la CND debe pasar de las palabras a la acción. Es necesario que llame a defender el PRD, a sanearlo, a limpiarlo de esos sectores oportunistas y reaccionarios que se encuentran enquistados en su interior. Gente sin escrúpulos como Jesús Ortega que está dispuesto a negociar y vender cualquier cosa con el afán de mantener su prestigio y beneficios que obtiene.

15PreparadosTodo aquel sector consecuente que se diga de izquierda debe defender a capa y espada los intereses de los trabajadores, debe luchar por establecer un gobierno a favor de los mismos y debe dar una batalla decisiva en contra del sistema capitalista, de lo contrario se presentarán como oportunistas ante el movimiento de las clases explotadas.

Los trabajadores que hemos pasado por la escuela de la vida no nos tragamos el cuento de que con un rescate bancario se mejorarán las cosas. Lo hicieron en 1994 y tuvo consecuencias catastróficas, miles de familias perdieron todo lo que habían logrado juntar después de años de trabajo. Sabemos perfectamente que tras el intento de rescate bancario está todo, menos la defensa de los derechos laborales y mucho menos la intención de que la crisis no golpee a los trabajadores.

Es necesario convocar a una huelga general no mediante llamados abstractos sino organizando comités de huelga en cada fábrica, centro de trabajo, colonia y escuela. Comités de huelga que preparen la huelga de manera militante, una huelga que demuestre el poder que los trabajadores tenemos, una huelga que transforme radicalmente la sociedad, que ayude al capitalismo a morir a bien y para siempre.

Únete a Militante y lucha por una sociedad socialista

2009 será un periodo convulsivo en el cual cada uno de nosotros jugaremos un papel, quizás el decisivo para ladear la balanza hacia el lado de los trabajadores. Desde 2006 México se encuentra en un período revolucionario. Miles de personas han entrado de manera decisiva en la política y tomando su futuro en sus manos. Marx explicaba que una vez que los trabajadores entran de manera tajante a la lucha no hay fuerza humana que pueda detenerlos y eso es lo que estamos experimentando en la actualidad.

Imagen(2081)Los trabajadores tenemos casi todo para obtener la victoria, tenemos ímpetu, fuerzas, ganas y coraje de luchar y triunfar en la defensa de nuestros derechos, sin embargo hace falta la palanca que nos permita avanzar en nuestros objetivos. A pesar de que hoy podemos estar organizados en los sindicatos o la CND tenemos que luchar por conformar un partido revolucionario que canalice la fortaleza del movimiento obrero.

No es suficiente con tener buenas intenciones, de buenas intenciones está rodeado el mundo. Tampoco es suficiente con hacer únicamente movilizaciones o mítines, por supuesto que estos métodos sirven al movimiento de los trabajadores, sin embargo, una huelga general que paralice al país pondría de manera clara las cartas sobre la mesa; demostraría que el verdadero poder lo tenemos los trabajadores.

La Tendencia Marxista Militante (TMM), sección mexicana de la Corriente Marxista Internacional, hace un llamado a todo aquel trabajador y joven consciente a unirse y participar con nosotros. A casi 20 años de su fundación en México, en los cuales hemos desarrollado una orientación decidida hacia los sindicatos y el PRD para extender las ideas del marxismo entre la base proletaria de esas organizaciones, los trabajadores y jóvenes aglutinados en la TMM hemos conseguido grandes triunfos en contra del Estado cada vez que éste ha intentado atacarnos. Nos hemos sumado siempre al movimiento de los trabajadores. Cada marcha, mitin o movilización ha contado con la presencia de nuestros camaradas. Es con el movimiento obrero y estudiantil con quienes hemos participado desde hace ya algunos años. Como diría nuestro compañero Ted Grant, fuera del movimiento obrero no hay nada. Es por ello que la TMM te invita a luchar por mejores salarios, empleos de calidad, educación de calidad, vivienda digna, seguridad social digna y, en general, por la transformación socialista de la sociedad, nacionalizando a los bancos, la industria y la tierra para ponerlos bajo el control democrático de los trabajadores de la ciudad y el campo. Hoy debemos dejar en claro a la burguesía mundial que los trabajadores no estamos dispuestos a soportar un solo ataque más en nuestra contra. Es tiempo de impulsar una huelga general que derroque al gobierno de la burguesía. Dejemos claro: ¡¡Que la crisis la paguen sus responsables: los capitalistas!!

Basta de despidos
Exigimos un salario digno
Unidos y organizados…¡¡Venceremos!!

 
La crisis se desarrolla de una manera acelerada e implacable. En el mes de noviembre, el ritmo de destrucción de empleo en EEUU ha sido el más rápido en 34 años. El PIB mundial ha registrado una caída abrupta. La recesión estuvo precedida por una crisis financiera (la llamada crisis del crédito), sin embargo, simplemente fue el preludio de la crisis real. Como siempre, los economistas burgueses sacan la conclusión de que la causa de la crisis es la falta de crédito. En realidad, la escasez de crédito está provocada por la crisis. Durante el boom todos estaban dispuestos a pedir prestado y prestar dinero, confiaban en conseguir jugosos beneficios. Como siempre en todo esto existía un gran elemento de especulación. El vertiginoso aumento de los precios bursátiles no guardaba relación alguna con la situación real. Debemos tener en cuenta que, en última instancia, los beneficios de los capitalistas sólo pueden salir del trabajo no pagado de la clase obrera. En la medida que se extrae plusvalía, los capitalistas, terratenientes, banqueros y especuladores bursátiles pueden conseguir beneficios. Se creó la ilusión de que este alegre carnaval podría durar eternamente. Pero este proceso tarde o temprano choca contra las contradicciones inherentes del sistema capitalista. Ahora ha comenzado la segunda fase, la crisis de la economía real. Millones de trabajadores se enfrentan a la reducción del horario de trabajo, supresión de las horas extras, despidos y cierres de empresas. Los empresarios exigen recortes salariales amenazando con el cierre. Esta situación significa una reducción general de los niveles de vida, que a su vez supone una nueva caída de la demanda, más cierres, desempleo y nuevos recortes. La caída de la actividad conlleva un descenso de las declaraciones de ingresos, que, consiguientemente, supone nuevos recortes del gasto social. En EEUU se han perdido 533.000 empleos en noviembre, la mayor caída mensual desde diciembre de 1974. El desempleo ha subido hasta el 6,7 por ciento. Sin embargo, esta cifra subestima la seriedad de la situación. No incluye a las personas que se han renunciado a buscar un empleo, eso pondría la tasa de desempleo en el 12,5 por ciento. Se han anunciado un torrente de cierres de empresa. El Banco de América va a despedir a 35.000 trabajadores después de ser adquirido por Merill Lynch. Dow Chemicals va a cerrar 20 plantas con la pérdida de 5.000 puestos de trabajo en EEUU y Europa. 3M despedirá a otros 2.300 trabajadores. Anheuser-Bush InBev va a reducir un 6 por ciento de su fuerza laboral en EEUU (tres cuartas partes en San Luis). Ya nadie repite la estupidez de que la crisis se limitaría a EEUU. Es un fenómeno internacional. La gran empresa japonesa Sony va a despedir a 16.000 trabajadores, reducir sus inversiones y recortar parte de su producción. La perspectiva es que sus beneficios anuales se reduzcan a la mitad debido al hundimiento de la demanda de sus televisiones de LCD. La empresa minera anglo-australiana Río Tinto está reduciendo el gasto en capital y vendiendo activos para pagar los 10.000 millones de dólares que debe. Reducirá 14.000 empleos de aquí a finales de 2009. Woolworth, una importante cadena de tiendas en Gran Bretaña, va a cerrar después de cien años de existencia, dejando a 30.000 trabajadores en el paro. La lista es interminable y aumenta en todo momento. La alarma creciente de la clase dominante se refleja en la sucesión de medidas de pánico adoptadas por los gobiernos y bancos centrales, que ya no pretenden evitar la recesión sino sólo calmar sus efectos. Pero a pesar de todas estas medidas, la crisis se profundiza y se extiende. La economía mundial ha entrado en una espiral descendente y nadie sabe dónde está el fondo o cuando se alcanzará. En el pasado los economistas burgueses negaban la posibilidad de una recesión. Ahora la única duda que tienen es si será una recesión profunda o una depresión. Para los millones de trabajadores afectados por los cierres de fábricas, bancarrotas, despidos y desahucios, no obstante, la diferencia es simplemente semántica. La burguesía y sus economistas favoritos imaginan que todas las crisis están causadas por la falta de "confianza" y que, por tanto, unas cuantas declaraciones alentadoras (acompañadas por grandes donativos de dinero público) resolverán el problema. No comprenden que la confianza no cae del cielo sino que refleja las condiciones reales. Contrariamente a esta explicación superficial e idealista (que no explica nada), nosotros respondemos: no es la falta de confianza la que provoca la crisis, sino que es la crisis la que crea la falta de confianza. Es necesario tener en mente que a menos que los capitalistas vendan sus mercancías, no podrán conseguir ninguna plusvalía. La capacidad de encontrar mercados está limitada por el consumo limitado de la sociedad. Tarde o temprano se llega a un punto donde los mercados están saturados y no se pueden encontrar compradores. En la crisis de 1990-1991 y 2001 la demanda no cayó demasiado. En el primer caso el rápido desarrollo de Asia (China) proporcionó un amortiguador que evitó que la crisis se convirtiese en una recesión. Después de todo, el enorme aumento del crédito y la burbuja inmobiliaria especulativa mantuvieron todo en pie. Pero los cimientos eran totalmente inestables. Esta situación no se podía mantener. La realidad es que los capitalistas evitaron una recesión profunda durante dos décadas pero sólo a costa de crear las condiciones para una recesión aún más seria en el futuro. Eso explica la alarma con que la burguesía ve la crisis actual. Durante el boom, cuando se conseguían beneficios, la gente compraba y vendía, pedía dinero prestado y prestaba, se endeudaban alegremente superando sus beneficios. Si cualquiera observa que todo está basado en la especulación y la estafa a nadie le importaba. ¿No somos ricos? ¿No estamos todos haciendo dinero? ¡Vive hoy y mañana Dios dirá! Pero el boom alcanza sus límites, debe hacerlo, esta "exuberancia irracional" se convierte en su contrario. La confianza se evapora junto con el milagro del enriquecimiento interminable. En lugar del viejo alegre optimismo tenemos pánico y desesperación. Ya no es la codicia, sino una emoción igualmente primordial, el miedo, se convierte en el ambiente predominante del mercado. Contradiciendo todos los análisis anteriores, los economistas burgueses ahora dicen que esta recesión será más prolongada y profunda que cualquier otra desde la Segunda Guerra Mundial. Los capitalistas están pagando el precio de la "exuberancia irracional" que mostraron en el período anterior. Aterrorizados por las consecuencias sociales y políticos, recurren a políticas desesperadas que sólo servirán para exacerbar los problemas a largo plazo. En cada coyuntura los portavoces de la burguesía anuncian que "lo peor ha pasado". Estas declaraciones, que se hicieron también a intervalos regulares después del crack de Wall Street de 1929, siempre van seguidas de nuevas caídas de las bolsas y nuevos recortes de la producción. La burguesía se está hundiendo en una zanja profunda de la que no será fácil salir. Los bancos se están hundiendo bajo el peso de sus deudas malas. Nadie sabe a cuánto ascienden y por tanto nadie conoce qué bancos (si hay alguno) son viables. Por eso los economistas dicen que esta recesión no es "normal". Algunos economistas miran hacia atrás con nostalgia a los "buenos días" del patrón oro, pero un regreso al patrón oro ahora es imposible. Llevaría a un colapso completo e una recesión aún más profunda que la Gran Depresión de los años treinta. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la economía mundial se basaba en el patrón oro, que tenía sentido como una manera de regular los mercados monetarios. Los gobiernos tenían que mantener una cantidad determinada de oro como respaldo de sus monedas nacionales. Finalmente, los acreedores podían exigir el pago de las deudas en oro, que, como cualquier otra mercancía, tiene un valor objetivo. La eliminación del patrón oro sólo fue posible porque después de la Segunda Guerra Mundial EEUU tenía dos tercios del oro mundial en Fort Knox y su industria estaba intacta. Podía imponer sus condiciones al resto del mundo. Todo el mundo quería dólares porque en aquel momento el dólar era tan bueno como el oro. El dólar se convirtió en la moneda internacional (con la libra esterlina como socio de segunda clase). Este fue un factor en el auge del comercio mundial después de 1945, la base real del auge económico del capitalismo mundial en esa época. Ahora, sin embargo, todo eso ha cambiado. EEUU ha pasado de ser el mayor acreedor del mundo a ser el mayor deudor mundial. El dólar sigue como moneda mundial, pero nadie está seguro de lo que realmente vale. Cantidades inimaginables de capital ficticio se han bombeado en la economía mundial durante las últimas dos o tres décadas. Sólo el mercado mundial en derivados vale más de 500 billones de dólares, la mayoría tiene un carácter especulativo y ficticio. Los mercados de derivados equivalen a 36 veces el valor total del PIB norteamericano [el PIB de EEUU en 2007 era de 13,8 billones de dólares] o aproximadamente 10 veces el valor de toda la producción mundial. La expansión sin precedentes del crédito en el último período sirvió para mantener niveles altos de demanda en EEUU y en otros países. Pero ahora esta situación ha llegado a sus límites. Todo el proceso se convierte en su contrario. Nadie quiere prestar dinero y pocos desean pedir prestado. La sociedad es presa de un sentimiento de tacañería y avaricia. Las masas no tienen dinero para gastar, sólo deudas que pagar. Aquellos que anteriormente prestaban alegremente dinero ahora reclaman sus deudas. Muchos de los que contrajeron hipotecas para comprar casas no pueden pagarlas y se encuentran con el desahucio. Como el precio de sus viviendas ha caído, ahora están cargados con deudas enormes, que a diferencia del precio de las viviendas, no caen. Los banqueros, ayer ansiosos por prestar dinero a todos, ahora lo están por acumular dinero y no compartir ni un céntimo. Esta actitud tacaña y desconfiada se aplica no sólo a los propietarios privados de viviendas y pequeñas empresas, sino también a otros bancos y grandes empresas. No están dispuestos a prestar dinero a otros bancos porque no están seguros de recuperar su dinero. Ni tampoco están preparados para adelantar dinero a empresas para comprar materias primas y equipamiento. Sí están bastante dispuestos a empujar y obligar al cierre de empresas como si fuesen cajas de cerrillas, dejando a miles sin trabajo sin pestañear. Como el crédito es la savia del sistema capitalista, la interrupción de la oferta de crédito significa que no sólo las "malas" empresas entrarán en bancarrota sino también las "buenas". La sequía de crédito amenaza a todo el proceso productivo de la sociedad con un estrangulamiento lento. Los efectos se pueden ver en un torrente repentino de bancarrotas y cierres, afectando no sólo a las pequeñas empresas sino también a empresas importantes como Ford, General Motors, Sony, Nissan y muchas otras. La razón principal de esta situación es el colapso de la demanda, agravado por la escasez de crédito. De repente hay demasiado acero, cemento, automóviles, muchas oficinas vacías, demasiado petróleo... En otras palabras, lo que vemos es una crisis clásica de sobreproducción. Las grandes empresas automovilísticas norteamericanas intentaron aumentar su parte del mercado mediante descuentos feroces. Esto funcionó temporalmente pero sólo a costa de reducir los márgenes de beneficio. Finalmente, el resultado fue la bancarrota. Ahora están obligadas a recurrir, gorra en mano, al gobierno estadounidense que finalmente aceptó darles una parte importante del dinero de los contribuyentes para mantenerlas a flote. Llega después del rescate a los bancos, lo que representa una medida sin precedentes, sobre todo si tenemos en cuenta que los republicanos se suponían que eran el partido de la economía de libre mercado por excelencia. Fue una medida desesperada. Esta propuesta de un donativo generoso a las grandes empresas automovilísticas estaba dictada por el miedo a las consecuencias sociales y políticas de que empresas como Chrysler y GM entrasen en bancarrota, lo que significaría la pérdida de millones de empleos. También era una medida proteccionista, dirigida contra los manufactureros extranjeros de automóviles. Si se aprueba, sin duda provocará medidas similares en Europa y Japón. Sin embargo, el gobierno insiste en recortes salariales a cambio de la ayuda, algo rechazado por los sindicatos. Los republicanos, por tanto, votaron en contra de la propuesta, que fue derrotada en el Senado. Se trata de una repetición del enfrentamiento anterior entre la Casa Blanca y el Congreso sobre el rescate a los bancos. Demuestra profundas contradicciones a todos los niveles de la sociedad norteamericana. Estamos entrando en un período de creciente proteccionismo y tensiones entre las principales naciones capitalistas. La tendencia hacia el proteccionismo será aún más pronunciada con Obama, que tendrá la presión de "salvar los empleos norteamericanos". Debemos recortar que los Demócratas siempre han estado inclinados hacia el proteccionismo. Esta situación provocará represalias de los rivales de EEUU. Ya Wolkswagen está exigiendo ayuda del Estado. Otros la seguirán. La crisis está revelando profundas fisuras en la UE. Los británicos y franceses presionan a Alemania para que reflaccione su economía (es decir, aumentar su déficit para crear más demanda para los productos británicos y franceses). Pero Alemania se resiste. No ven razón para que Alemania pague el precio de los problemas de otras personas. Pero la participación de Alemania es absolutamente necesaria si se quiere que tengan éxito los planes de recuperación de Europa. Todos deben reflaccionar simultáneamente, sino Alemania se beneficiaría "injustamente" de los esfuerzos de los demás. Pero estas propuestas no han sido bien recibidas en Berlín. El ministro de economía alemán, Peer Steinbrueck, ridiculizó el ansia general de lo que él denominó "el gran plan de rescate" como algo inútil, dijo que "no existe" tal plan y se intenta resolver la crisis sin precedentes como un rompecabezas que se resolverá por aproximaciones sucesivas. Las autoridades europeas creen que la respuesta está en abundantes programas de gasto, en realidad, añadió Steinbrueck, "dejemos que paguen los alemanes porque ellos pueden". En realidad, lo que dice Steinbrueck es correcto. Dijo que mientras las políticas pueden aliviar la situación, la recesión es inevitable, independientemente de lo que hagan los gobiernos. La política de Brown y Bush significa intentar reflaccionar la burbuja que en primer lugar provocó el caos actual. Han arrojado miles de millones a los bancos con la esperanza de que vuelven a prestar dinero otra vez. Pero han fracasado. Los banqueros no están dispuestos a prestar en las circunstancias actuales y no importa las reducciones de interés o las subvenciones estatales, nada supondrá una diferencia. En cualquier caso, el alcance de estos recortes es mínimo. En el caso de EEUU están prácticamente a cero. Una a una, las burguesías en los países ricos del mundo están agotando todos sus recursos en un vano intento de detener una recesión que es imparable. En realidad la burguesía está atrapada. Hagan lo que hagan estará equivocado. Si no intervienen bombeando dinero a los bancos y en las empresas fracasadas, habría una recesión profunda con desempleo de masas como en los años treinta. Pero si recurren a métodos keynesianos de financiación del déficit, crearán unas deudas enormes que socavarán cualquier futura recuperación y actuarán como un tremendo dragado de la inversión productiva, creando las condiciones para un largo período de recortes y austeridad. La política equivocada aplicada en el período anterior ahora se ha revelado como una colosal resaca de deudas. Esto significa que la recesión será más profunda y prolongada de lo que sería de otra manera. La burguesía ahora paga el precio de los "éxitos" de los últimos veinte años. Países enteros se enfrentan a la insolvencia. Islandia ya está en bancarrota. Los pasivos de los bancos representan ahora el 700 por ciento del PIB de Suiza, hasta ahora considerado como un paraíso seguro para el capital. La cifra de Gran Bretaña es del 430 por ciento. La de EEUU está apenas por debajo del 100 por cien, después del enorme rescate del sector bancario. La intensificación de la recesión supondrá una profundización de las tensiones entre Europa y EEUU, entre EEUU, China y Japón, y entre Rusia y EEUU. En el pasado estas tensiones habrían llevado a una guerra mundial. La Segunda Guerra Mundial fue la que solucionó la crisis económica de los años treinta mediante un enorme gasto en armas y la destrucción general de los medios de producción durante la guerra. Sin embargo, la situación ahora es totalmente diferente. El colapso de la URSS y el colosal poder del imperialismo norteamericano significa está descartada una guerra mundial. Con un gasto anual en armas aproximadamente de unos 600.000 millones de dólares, no hay poder sobre la Tierra que pueda hacer frente a EEUU. Pero habrá "pequeñas" guerras constantes, como las guerras en Iraq, Afganistán, Somalia, Congo, etc., El conflicto entre Rusia y EEUU puede llevar a guerras como las de Georgia. Los enfrentamientos y tensiones diplomáticas añadirán un nuevo ingrediente a la inestabilidad general. La incontrolable extensión del terrorismo es un síntoma de la crisis subyacente. Todos estos fenómenos, que lamentan los pacifistas sentimentales, son simplemente una expresión de la causa subyacente, que es la contradicción entre el colosal potencial de las fuerzas productivas y los estrechos límites de la propiedad privada y el estado nacional. Las potencias más grandes (especialmente EEUU) intentarán utilizar su musculatura para intimidar a sus rivales, arrebatar mercados y fuentes de materias primas, pero los capitalistas no pueden encontrar una salida a la crisis por el camino de la guerra como hicieron en 1914 y 1939. Por lo tanto, todas las contradicciones se expresarán internamente, a través de un incremento de la intensificación de la lucha de clases. Los ojos de la burguesía ahora están fijos en China, esperan que de ella pueda llegar la salvación. Pero China ahora está firmemente clavada al mercado capitalista mundial y debe sufrir las consecuencias de la recesión como todos los demás. Para mantener el desempleo en sus niveles actuales es necesaria una tasa de crecimiento de por lo menos el 8 por ciento. Si el crecimiento cae por debajo de ese nivel, se presenta la perspectiva de un serio conflicto social. Las últimas estimaciones del FMI para el crecimiento chino en 2009 ahora son sólo de un 5 por ciento. Dominique Strauss-Kahn, director del FMI, dijo lo siguiente: "Comenzamos con un crecimiento para China del 11 por ciento, después el 8, más tarde el 7, y China probablemente crezca un 5 o 6 por ciento". Esta previsión aún es alta comparada con las tasas de crecimiento de EEUU y Europa. Pero representa una caída brusca en comparación con el tipo de crecimiento aproximado del 10 por ciento que ha disfrutado China en el último período. No está claro aún que pueda alcanzar ni siquiera ese nivel. China tiene un mercado interno enorme, probablemente de unos 300 millones de personas. Pero es insuficiente para absorber la gran capacidad productiva que ha acumulado la industria china durante las últimas dos o tres décadas. La caída de la demanda en el mercado norteamericano está golpeando a las exportaciones chinas. La contracción de la producción industrial china se profundizó en noviembre cuando la producción de acero cayó un 12,4 por ciento respecto al año anterior, las entregas de las acerías cayeron un 11,3 por ciento, la generación de electricidad bajó un 9,6 por ciento y la producción petroquímica también cayó. En noviembre las exportaciones anuales cayeron un 2,2 por ciento, cuando los analistas esperaban que aumentasen un 15 por ciento. Para comprender el cambio debemos recordar que entre 2000 y 2006 las exportaciones chinas crecieron a una tasa anual del 26 por ciento. En el mismo mes las importaciones cayeron un 18 por ciento. Era la primera vez que caían las importaciones desde el año 2001. Hay síntomas alarmantes de sobreproducción y sobreinversión en China, cuyo mercado interno, aunque considerable, no es lo suficiente grande para absorber el colosal potencial productivo acumulado a lo largo de dos o tres décadas y que ahora están alcanzando sus límites. La primera advertencia de la crisis fue la abrupta caída de la bolsa, que ha perdido aproximadamente un 60 por ciento de su valor. Pero la crisis no se limitó a las bolsas. Los precios inmobiliarios están cayendo, la construcción se está desacelerando y la industria crece menos que el PIB. La tasa anual de ventas de automóviles en noviembre cayó más de un 10 por ciento. La generación de electricidad, en general considerable como un índice fiable del crecimiento económico, cayó un 7 por ciento. Estas cifras han alterado las ideas de los economistas occidentales sobre China. El anterior optimismo se está convirtiendo rápidamente en pesimismo. The Economist (13/12/2008) afirmaba: "Los optimistas incluso esperaban que estos enormes mercados emergentes (India y China) pudieran proporcionar los motores que sacasen a la economía mundial de la recesión. Ahora algunos temen lo contrario: que la recesión global arrastre a China e India con ella, provocando desempleo de masas en los dos países que, a pesar de todos sus éxitos, tiene a dos quintas partes de los niños malnutridos del mundo". Es verdad que China tiene enormes reservas, que puede utilizar para fomentar planes de obras públicas y desarrollar la infraestructura. En noviembre el gobierno anunció un paquete de estímulo fiscal de cuatro billones de yuan (casi 600.000 millones de dólares). Pero según algunas estimaciones, eso añadiría al PIB un incremento apenas superior al uno por ciento. Es insuficiente para los tipos de resultados que necesita China. Pekín sólo tiene otra opción: intentar resolver la crisis exportando más. Esta solución entra en directa colisión con Europa y EEUU, que están presionando a China para que reflacione su economía e importe más. Paulson visita Pekín para pedir a China que revalúe el yuan, pero es más probable que Pekín apoye una devaluación, que profundizará las contradicciones que existen entre China y EEUU. Los líderes temen que el empeoramiento de la situación económica provoque lo que ellos denominan "una situación reactiva de agitación sociales a una escala de masas". The Economist (13/12/2008) decía: "Cada semana llegan informes de cierres de fábricas, particularmente en el cinturón industrial del Delta del Río de la Perla, al sur de China. Los trabajadores que no cobran han protagonizado protestas violentas". La misma revista añade: "En realidad, las manifestaciones y protestas, siempre comunes en China, están proliferando, los trabajadores despedidos de las fábricas junto a los campesinos sin tierra, los defensores del medio ambiente y las víctimas del acoso policial están tomando las calles". La desaceleración de China está golpeando a Japón, para este país el mercado chino cada vez era más importante. En los tres meses previos a septiembre la economía japonesa se hundió a una tasa anual del 1,8 por ciento. Otras economías emergentes incluso han sido menos capaces que China de dar el estímulo necesario a la economía mundial. Todas se verán arrastradas en el próximo período. Eso significa convulsiones sociales y políticas a una escala enorme. El caos en Tailandia es una prueba más de esta situación. Después de un período de cinco años en el que India creció un 8,8 por ciento, las exportaciones en octubre cayeron un 12 por ciento comparadas con el mismo período del año anterior. Cientos de pequeñas empresas textiles han cerrado. Pero también las grandes empresas están en crisis. La industria automovilística ha suspendido la producción. Las ventas de Ambassador, el automóvil más popular en la India, se han hundido. Pakistán ya está al borde de la bancarrota. El banco central ha revisado sus perspectivas de crecimiento al 7,5 por ciento y son demasiado optimistas. El crecimiento real podría caer al 5,5 por ciento, el más bajo desde 2002. Con un déficit presupuestario cercano al 8 por ciento del PIB, India, a diferencia de China, tiene poco margen de maniobra. Si China necesita una tasa de crecimiento del 8 por ciento para absorber siete millones de personas que cada año entran en el mercado laboral, ¿cómo puede India absorber una fuerza laboral que se expande a un ritmo anual de 14 millones de personas? Su principal crecimiento ha venido de sectores como la tecnología de la información que no emplea a una gran cantidad de trabajadores. Un crecimiento rápido del desempleo juvenil en India creará unas condiciones explosivas en la sociedad. "Y como en China, aparecerá el malestar e incluso la insurgencia se extienden". (Ibíd.,) La caía de la demanda mundial se expresa en una caída general del precio de las mercancías. El petróleo pasó de un pico de 147 dólares a aproximadamente 40 dólares en cuestión de meses. Esto afectará a todas las economías productoras de petróleo en Oriente Medio, Irán, Indonesia, Nigeria, México, Rusia y Venezuela. Rusia tiene el tercer superávit más grande del mundo pero desde agosto ha caído en 144.000 millones de dólares. Hay una huida del rublo, lo que subraya los temores de la burguesía ante el futuro. La camarilla gobernante intenta desviar la atención de las masas sobre la crisis mediante aventuras en el exterior (como Georgia). Pero la crisis tarde o temprano debe expresarse en una crisis del régimen y en el crecimiento de la oposición, las huelgas y las protestas. La economía ucraniana está en crisis y el país ha pedido prestados 16.000 millones de dólares al FMI. La crisis económica está profundizando la crisis política, que tiene un carácter endémico. El callejón sin salida del régimen se expresa en el fracaso total del capitalismo para resolver los problemas de Ucrania o de cualquier otra de las antiguas repúblicas soviéticas. El gobierno pro-norteamericano ha evitado las elecciones pero realmente pende de un hilo. La mayoría de las otras repúblicas soviéticas están en una situación incluso peor. La abrupta caída del precio del petróleo intensificará el fermento prerrevolucionario en Irán, donde el régimen de Ahmadinejad está suspendido en el aire. Entre la juventud ya está extendido el descontento y la furia, pero también entre los trabajadores y la clase media. Se ha producido una oleada de huelgas. El hecho de que los estadounidenses hayan decidido retirarse de Iraq significa que se verán obligados a abrir negociaciones con Irán y Siria para cubrir la retaguardia. Este hecho priva a Admadinejad de su principal baza, el chovinismo anti-norteamericano y la retórica belicista. Privado del enemigo externo, las contradicciones dentro de Irán saldrán a la superficie y con implicaciones revolucionarias. En los países más pobres de África han comenzado a aparecer elementos de barbarie y en algunos casos amenazan con hundir a la sociedad y empujarla al salvajismo. En el Congo, cinco millones de personas han muerto en una sangrienta guerra civil. En Zimbawe, la población se enfrenta a los horrores del hambre y el cólera. En Sierra Leona, más del 70 por ciento de la población vive con 70 centavos al día y dos tercios de las mujeres son analfabetas. A la pesadilla del hambre y la pobreza se añade el azote de la malaria y el SIDA. En todas partes las fuerzas productivas están estancadas o en declive, creando más desempleo, pobreza y desesperación. No es difícil representar al mundo en general como una pesadilla o un manicomio. Son los síntomas que se asocian a la decadencia senil de un sistema que ha superado su utilidad histórica, como el Imperio Romano en su período de decadencia. Pero hay otra cara de la moneda. Existe fermento en la sociedad y los comienzos de la rebelión. Esto naturalmente comienza en la juventud que, en primer lugar, es la primera víctima de la crisis y, en segundo lugar, es el barómetro más sensible del ambiente de descontento que madura silenciosamente en las entrañas de la sociedad. Es verdad que lo repentino de la crisis ha conmocionado no sólo a la burguesía sino también a los trabajadores. Existirá una cierta tendencia a aferrarse al empleo e incluso aceptar recortes a corto plazo, sobre todo cuando los dirigentes sindicales no ofrecen ninguna alternativa. Pero también habrá un sentimiento general de rabia y amargura, que tarde o temprano encontrará su camino hacia la superficie. Es inevitable que la primera capa que se ponga en movimiento sea la juventud. Siempre ocurre así. La juventud, empezando por los estudiantes, es siempre el barómetro más sensible de los sentimientos que se desarrolla en la sociedad. Pueden anticipar grandes movimientos de los trabajadores, como ocurrió en Rusia en 1901-1903 y en Francia en 1968. En Italia y Alemania ha habido grandes movimientos de protesta de la juventud. En España las huelgas estudiantiles de este otoño fueron organizadas y dirigidas por el Sindicato de Estudiantes con una dirección marxista. También ha habido agitaciones juveniles en Hungría y antes en Francia. Pero en Grecia este movimiento ha adquirido un carácter explosivo y semi-insurreccional, combinado con una huelga general de los trabajadores. Es una advertencia seria para la burguesía de lo que puede ocurrir en otros países. Demuestra la falsedad del argumento de que el comienzo de la crisis económica inevitablemente provocará una parálisis de la clase obrera. A la burguesía le gustaría recurrir a la represión. Esto se ve en las recientes declaraciones de Cossiga en Italia, que tienen un carácter claramente bonapartista. Pero Grecia demuestra los límites de esta política. El asesinato de un joven estudiante por la policía sacó a las masas a la calle. El gobierno de derechas consideró la posibilidad de decretar el estado de excepción pero Karamanlis no pudo usar la fuerza para imponer el orden en las calles porque habría llevado a Grecia al borde de la guerra civil. Tuvo que retroceder. El gobierno quedó paralizado. Los acontecimientos griegos demuestran la debilidad de la reacción y la enorme fuerza de la clase obrera en la actualidad. Si los dirigentes del movimiento obrero griego hubieran defendido una política revolucionaria habrían podido tomar el poder. Pero sin la dirección adecuada el movimiento quedará reducido a una revuelta sin sentido, el gobierno finalmente recuperará el control. Sin embargo, el movimiento fue una seria advertencia para los capitalistas griegos sobre el sentimiento de rabia y frustración que existe en la sociedad. El gobierno de Nueva Democracia está acabado. Se está abriendo en Grecia una nueva etapa de la lucha de clases. Y mañana el mismo proceso se verá en un país tras otro. En América Latina la revolución ya ha comenzado. No es casualidad y lo explicamos hace una década, cuando decidimos orientar a la CMI hacia América Latina. En este continente el capitalismo ha roto por su eslabón más débil. La Revolución Venezolana ha alcanzado un punto crítico, donde su dirección futura se resolverá de una manera u otra. La crisis del capitalismo golpea duro a América Latina, aunque se desarrolla de una manera desigual, afectando a algunos países más que a otros. Brasil, el gigante económico de la región, esperar crecer un 4 por ciento (probablemente es optimista) mientras que México, ligado estrechamente a la economía estadounidense, se espera que crezca sólo un 0,4 por ciento. Sin embargo, a ritmos diferentes y a tiempos distintos, todos se verán afectados. En octubre el FMI preveía una tasa de crecimiento del 3,5 por ciento para América Latina en 2009. Dos meses después, el Banco Mundial reducía sus estimaciones al 2,1 por ciento y Morgan Stanley pronosticaba una caída del 0,7 por ciento para las siete economías más grandes de la región. En los últimos dos meses se han visto afectados por las crisis de la bolsa y monetaria, y también por los recortes del crédito. Después ha seguido una reducción de las exportaciones y también caídas bruscas de los precios de las mercancías. La desaceleración de China afecta a la demanda de petróleo venezolano, a los minerales peruanos, la soja argentina, y al hierro y zumo de naranja brasileños. La crisis en EEUU afecta al continente de una manera más directa. Ciudades enteras, pueblos, regiones e incluso países como México, El Salvador, Honduras, Colombia y Ecuador dependen de las remesas enviadas por sus emigrantes en EEUU o Europa. Como los trabajadores inmigrantes son los primeros en ser despedidos, ahora se ven obligados a regresar a cara. Estos países se ven al mismo tiempo privados de divisas y obligados a absorber una afluencia de mano de obra, eso significa ya un aumento del desempleo. Los reformistas dicen que el "modelo venezolano" garantizaría la inmunidad ante los problemas asociados al "modelo neoliberal". Pero es una ilusión reformista. Como la revolución aún no se ha llevado hasta el final, Venezuela todavía está sometida a las vicisitudes del mercado mundial capitalista. La caída del precio del petróleo supone que las reformas del último período están amenazadas. Morgan Stanley pronostica para 2009 una contracción económica, tanto en Venezuela como en Argentina, del 1 y el 2 por ciento respectivamente. Eso significará que las reformas y las misiones estarán en dificultad. Además de la crisis general del capitalismo, la economía venezolana sufre el sabotaje y la huelga de capital destinada a desestabilizar el gobierno bolivariano y provocar un descontento masivo. A pesar de todos los llamamientos a los capitalistas, la inversión privada prácticamente no existe y hay una huida de capital. Sólo el sector estatal mantiene la economía. Tarde o temprano la revolución tendrá que decidir si avanza y lleva adelante la transformación socialista de la sociedad o da marcha atrás, un paso tras otro, hasta una derrota ignominiosa. La exigencia de medidas drásticas contra la contrarrevolución y la expropiación bajo control obrero va en aumento, la situación se debe resolver. En el pasado, el imperialismo norteamericano habría intervenido militarmente para abortar el proceso, pero ahora está en serias dificultades. EEUU está empantanado en Iraq y Afganistán, no puede abrir otro frente en América Latina, que además tendría consecuencias revolucionarias dentro de EEUU. Ahora es un momento decisivo para la revolución venezolana. Las fuerzas de la burguesía contrarrevolucionaria han cobrado vida después de su avance parcial en las elecciones de noviembre, que les ha dado puntos de apoyo importantes para lanzar una nueva ofensiva. La crisis económica les dará aún más impulso. Chávez ha defendido más expropiaciones y proponer presentarse de nuevo a la presidencia. Chávez podría utilizar su mayoría en la Asamblea Nacional para aprobarlo incluso sin un referéndum. Eso provocaría enfrentamientos en las calles, lo que plantearía a quemarropa la cuestión del poder. Ya están dibujadas las líneas de la batalla que decidirán el destino de la revolución en uno u otro sentido. Será un período de enorme turbulencia e inestabilidad, un período de revolución y contrarrevolución que puede durar años, con alzas y bajas. En el pasado, una situación prerrevolucionaria o revolucionaria no duraba demasiado. Terminaría en el triunfo de la revolución o de la contrarrevolución en forma de fascismo o bonapartismo. Pero en las condiciones actuales no es ese el caso. En el pasado, la burguesía en Europa y en otras partes tenía importantes reservas de apoyo entre la población, particularmente entre la clase de pequeños propietarios campesinos. Ya no sucede así. Las capas medias de pequeños propietarios se han reducido debido al desarrollo del capitalismo, mientras que la clase obrera ha aumentado y se ha convertido en muchos países en la mayoría de la sociedad. Antes, los estudiantes procedían de familias ricas y estaban inclinados hacia el fascismo. Ahora en la mayoría de los casos los estudiantes son de izquierdas. La clase dominante no es lo suficientemente fuerza para moverse hacia la reacción, pero la clase obrera carece de su dirección. Eso significa que la situación actual de equilibrio inestable entre las clases puede durar un tiempo. La revolución nunca se mueve en línea recta. Inevitablemente habrá flujos y reflujos en el movimiento, como ocurrió en las revoluciones rusa y española. Entre febrero y octubre de 1917 hubo períodos de enorme auge, pero también otros períodos de cansancio, desesperación e incluso reacción (julio-agosto). Lo mismo ocurrió en España entre 1931 y 1937, donde tuvimos el Bienio Negro en 1934-1935. Pero en una situación donde el péndulo gira a la izquierda, estas "calmas" sólo son el preludio de una nueva oleada revolucionaria aún más tormentosa. La situación objetiva en la que hemos entrado ahora será más similar al período de entreguerras, o a los años setenta, que a los últimos veinte años. Condiciones similares tienden a producir resultados parecidos. Las masas estarán más abiertas a nuestras ideas que lo estuvieron en el pasado. La degeneración de las organizaciones de masas en el último período ha alcanzado niveles nunca vistos. Los socialdemócratas han abonado toda pretensión de defender el socialismo y los antiguos "comunistas" han abandonado todo intento de defender el comunismo. Es una ironía de la historia que precisamente en este momento hayan renunciado a cualquier pretensión de cambio revolucionario de la sociedad. Ahora la historia se venga de ellos. Los destacados éxitos de los marxistas en Rifondazione Comunista en Italia y en el Partido Comunista Francés, son una prueba del cambio profundo que se está produciendo. En el pasado habría sido impensable tal giro en los acontecimientos. Eso demuestra la existencia de un descontento profundo en la base. El mismo descontento existe en todas las organizaciones de masas. Crecerá según se desarrolle la crisis y la política de la dirección quede desenmascarada en la práctica. Es verdad que la conciencia tiende a ir por detrás de los acontecimientos, pero tarde o temprano ésta se dispara como un resorte. Ese es precisamente el significado de una revolución. Estamos llegando a ese punto crítico. En la sociedad se está desarrollando un sentimiento general anti-capitalista, no sólo en la clase obrera, sino también en la clase media. Personas que antes nunca habrían cuestionado el capitalismo ahora cada vez están más descontentas. Es una situación muy peligrosa para la clase dominante. Y la crisis sólo acaba de comenzar. La ocupación de la fábrica Republic Windows and Doors en Chicago demuestra el potencial revolucionario que se está desarrollando en el mismo EEUU. Eran principalmente trabajadores latinos mal pagados. La fábrica tuvo que cerrar porque los bancos se negaban a conceder créditos y los empresarios no iban a pagar a los trabajadores los despidos. Eso desencadenó la ocupación. Los trabajadores dijeron: "No tenemos dinero para pagar nuestras hipotecas, ¡perderemos no sólo nuestros empleos sino también nuestras casas!" Así que ocuparon la empresa. Pero entonces se planteó la cuestión de la propiedad. Entre los trabajadores arraigó la idea: ¡estos bienes nos pertenecen! Así es cómo se transforma rápidamente la conciencia en el transcurso de la lucha. En Bélgica colapsó el gigantesco banco Fortis, la empresa fue saqueada por los capitalistas franceses y holandeses. Fortis era considerado como el "banco del pueblo". 700.000 personas tenían acciones en él. Pero las acciones colapsaron y perdieron el 90 por ciento de su valor. Este hecho provocó una oleada de rabia dirigida contra los bancos. En todas partes vemos la misma indignación contra los banqueros y los capitalistas, que están obligados a apoyarse en los dirigentes de la clase obrera para mantenerse en el poder. En la crisis del capitalismo los dirigentes obreros parlamentarios se aferran a la clase dominante y los dirigentes sindicales a los líderes parlamentarios. En estos períodos la clase dominante prefiere en el gobierno a los dirigentes obreros reformistas. Su política es utilizarlos y desacreditarlos. Utilizarán a estos dirigentes para que hagan el trabajo sucio y después les echarán a un lado como un trapo sucio. Después dirán a las masas: "¡Veis lo que significa el socialismo!" De esta manera, se abre una contradicción entre la parte superior del movimiento, que gira a la derecha, en dirección a la colaboración de clases, y por otro lado la base, que gira a la izquierda buscando una solución radical y la acción combativa. Tarde o temprano esta contradicción interna se debe resolver. En el próximo período veremos todo tipo de crisis y escisiones en las organizaciones tradicionales de la clase obrera. Se están abriendo grandes oportunidades para los maristas y la crisis social aún está en su etapa inicial. Según se desarrolle la crisis, la radicalización de la clase obrera alcanzará niveles no vistos en décadas. Ideas que eran escuchadas por pequeños grupos encontrarán una audiencia de masas. Se pondrán las bases para la creación de corrientes marxistas de masas en todas partes. En última instancia, esa es la única garantía de la futura transformación socialista de la sociedad. Londres, 15 de diciembre de 2008.

El propósito de este artículo es demostrar que la escasez de alimentos que afecta a muchos países este año no se debe a ningún desastre natural, o al hecho de que haya demasiados seres humanos que alimentar. Los datos lo demuestran y nos ocuparemos de este tema a lo largo de este artículo.

 

En 1859 Marx explicaba lo siguiente:

"Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización". (Carlos Marx. Prólogo a la Contribución de la Economía Política. 1859).

Lo que Marx dice en el párrafo citado anteriormente es que no es posible ninguna nueva sociedad hasta que no han nacido las fuerzas materiales de la nueva sociedad. A lo largo de un período de aproximadamente dos siglos, el capitalismo ha creado unas masivas fuerzas productivas. Este hecho también se aplica a los alimentos, no sólo en términos absolutos sino también en términos relativos, es decir, en proporción al número real de seres humanos que habitan el planeta.

El problema no es de producción sino de distribución. Hay cientos de millones, en realidad miles de millones, de personas que pasan hambre no porque no se produzca suficiente comida, sino porque no pueden permitirse comprar la comida que se produce. De esta manera, tenemos "sobreproducción" de alimentos, no en el sentido de que se produzcan más alimentos de los necesarios, sino en el sentido de que hay demasiados para que puedan ser absorbidos por el mercado. Siempre debemos tener en cuenta que para los capitalistas sólo existen los individuos si tienen poder adquisitivo, es decir, dinero en sus bolsillos para gastar. Si no tienen dinero entonces no entran en sus estadísticas.

Eso es así si lo miras desde un punto de vista económico. Pero desde el punto de vista político la situación es muy diferente. A principios de este año tuvimos disturbios alimentarios en docenas de países a través del mundo. Estas personas inexistentes desde el punto de vista del mercado salieron a las calles en Haití y forzaron la dimisión del primer ministro. De esta manera tenemos un incremento de la inestabilidad social y político, una consecuencia directa de los límites del capitalismo.

Por encima de la crisis alimentaria tenemos la crisis generalizada del capitalismo que ha tenido un gran impacto en la conciencia de los trabajadores de todo el mundo. Miles de millones de personas están cuestionando el sistema bajo el que viven. Este sistema se suponía era el mejor que podíamos esperar, si creemos a los medios de comunicación de masas, a los gobiernos y presuntos expertos económicos.

Para los marxistas lo que está ocurriendo en el mundo no es una sorpresa. En realidad, lo sorprendente no fue en absoluto el crack financiero. Lo sorprendente fue lo que tardó en llegar. Durante años habíamos avisado de que esta crisis estallaría tarde o temprano. Si se leen los artículos publicado en Marxist.com durante estos años, se podrá ver que explicamos de una manera consistente y sistemática que la acumulación de esas enormes cantidades de deuda, es decir, capital ficticio, finalmente llevaría a una crisis severa.

 En 2006 explicamos:

"Hemos entrado en el período más turbulento de la historia mundial. Una sacudida tras otra está sacudiendo los cimientos del sistema. La situación mundial se caracteriza por una extrema inestabilidad, que se refleja en el callejón sin salida del sistema capitalista a escala mundial. El mundo se ha hundido en un torbellino de conflictos, guerras y terrorismo. Las tendencias contrarrevolucionarias en la actual situación mundial son obvias. Son una expresión de la lucha por la supervivencia de un sistema socio-económico ha superado su utilidad histórica y se ha convertido en una barrera para el progreso humano. El viejo sistema está en una situación de enfermedad terminal pero se niega a morir". (La revolución mundial y las tareas de los marxistas. 2006).

Una indicación de que en 2006 no exagerábamos es el actual callejón sin salida del capitalismo mundial. Cuando decíamos que "hemos entrado en el período más turbulento de la historia mundial" algunos dudaron de que fuese cierto. ¿El período en el que hemos entrado realmente podría ser más turbulento que la primera mitad del siglo XX que presenció dos guerras mundiales y la peor crisis económica experimentada por el capitalismo? Nadie puede dudar ahora de que teníamos razón y que realmente hemos entrado en ese período.

Las contradicciones acumuladas durante décadas han salido a la superficie de la sociedad como una venganza. Y dentro de esta crisis tenemos la crisis particular de la producción de alimentos o, para ser más precisos, de distribución de alimentos.

Bajo el capitalismo tenemos millones de parados y se necesitarían producir muchas cosas, tenemos millones de personas perdiendo sus casas y hay muchas viviendas vacías, millones mueren de hambre y se produce una abundancia de alimentos.

La cuestión de los alimentos y la presunta "crisis alimentaria" es utilizada por la burguesía para defender la idea de que necesitamos medidas de austeridad en los países capitalistas desarrollados. La pequeña burguesía añade su voz intentando hacer que todos nos sintamos culpables por nuestra supuesta "opulencia". Es una manera infantil y superficial de decir lo mismo. Si los trabajadores en occidente comieran y consumieran menos esto no resolvería de ninguna manera la crisis alimentaria en los países más pobres. El poder adquisitivo de miles de millones de pobres a través del planeta no se dispararía de repente.

Así que la cuestión de la crisis alimentaria requiere desenredar los mitos propagados por los medios de comunicación oficiales. Una forma muy común y banal de analizar el tema es que "hay demasiados seres humanos" o que "las personas en occidente consumen demasiado". De esta forma la culpa no está en el sistema capitalista, sino que recae sobre los hombros de la clase obrera de los países industrializados. Esta idea está bastante de moda entre los seguidores del movimiento "verde". Una mirada más cerca y profunda de la situación real revelará que el mundo realmente produce suficientes alimentos para todos. Como ya hemos dicho antes, el problema no es de oferta, ¡sino de capacidad para comprar!

El mecanismo de la deuda en el "Tercer Mundo"

Para empezar nuestro análisis del problema es útil mirar atrás en el tiempo y examinar cómo evolucionó a lo largo de los años el endeudamiento de los países subdesarrollados y cómo ha aumentado en provecho de los países imperialistas y sus elites dominantes.

Ya antes de los años setenta existía el fenómeno de la creciente deuda del "Tercer Mundo". Pero desde mediados de los setenta (es decir, desde la primera recesión mundial simultánea desde la Segunda Guerra Mundial) cada vez más países se vieron obligados a recurrir al FMI y al Banco Mundial para renegociar sus deudas e implantar una política conocida como "programas de estabilización del FMI".

Durante todos los años sesenta y setenta esta situación afectó a los países más pobres, los programas de austeridad derivados de esta situación provocaron resultados similares a los actuales: crecimiento del desempleo, aumento de los precios de los productos básicos, empeoramiento de la sanidad, servicios sociales y también dio lugar a numerosos movimientos de masas, muchos de ellos con un carácter revolucionario.

En el fondo de esta situación estaba la política monetarista que dominó el pensamiento económico burgués después de la explosión de la inflación en la década de los setenta. Frente a esta situación, los capitalistas sintieron la necesidad de "sacar" del sistema el capital ficticio que habían acumulado. Esta situación es la que se enfrentan de nuevo hoy en día, pero a una escala mucho mayor.

Algunas cifras ayudarán a demostrar cómo ha crecido la deuda del "Tercer Mundo". En 1960 era de 18.000 millones de dólares; en 1970 había pasado a 75.000 millones y en 1973 a 112.000 millones de dólares. Una década después, en 1984, se había disparado hasta los 900.000 millones de dólares. En un período de sólo 24 años la deuda total del mundo subdesarrollado se ha multiplicado por 50, lo que implica el pago de enormes tipos de interés a los países industrializados desarrollados.

Vemos este asombroso aumento de la deuda, pero aún sería más impresionante si compara con lo que iba a llegar después, hasta 1973 la deuda se mantuvo dentro de ciertos límites, gracias a los ingresos por exportaciones de los países más pobres y las remesas enviadas por sus trabajadores inmigrantes. Todo esto fue posible sobre la base del masivo boom de la posguerra (1948-1973). En ese período el PIB global de los principales países capitalistas desarrollados creció entre un 500 y un 600 por ciento, un crecimiento sin precedente de las fuerzas productivas, algunas de las migajas de este impresionante banquete cayeron al mundo subdesarrollado.

Sin embargo, en términos relativos, la imagen era diferente. Cuando los países capitalistas desarrollados pasaban a través del largo período de boom, con una enorme expansión de la producción y con una acumulación de capital, la mayoría de los países menos desarrollados se vieron atados cada vez más a las necesidades de los países industrializados, con un intercambio desigual de valor. Conseguían menos por más. Los precios de sus exportaciones (principalmente materias primas y productos agrícolas) caían con relación al aumento de los precios de los bienes industriales. Esto también explica su creciente endeudamiento con los países imperialistas y su sistema bancario.

Los Programas de Ajuste Estructural

1975 fue un punto de inflexión, con la primera recesión mundial simultánea desde la Segunda Guerra Mundial. Esto afectó de manera dramática a los países subdesarrollados y la situación a la que se enfrentan estos países empeoró (como demuestra la cifra anterior de 1984). En esta situación los bancos privados comenzaron a jugar un papel creciente en la concesión de créditos a estos países, empeorando aún más la deuda. Pero la deuda se debía devolver y con interés. ¿Estos países dónde encontraron en gran parte el dinero para financiar la devolución de la deuda?

La respuesta del sistema financiero occidental para "resolver" la crisis llegó en marzo de 1980 con los famosos "préstamos de ajuste estructural". En realidad ya existía algo parecido desde los años cincuenta pero a una escala mucho menor. (Después se desarrollaron más).

Estos préstamos estaban vinculados a ciertas condiciones: tipos de interés más altos; reducción de los controles de precios; reducción de impuestos a las empresas privadas; reducir la intervención estatal en la economía; recortes de subsidios a alimentos básicos y por supuesto la privatización. Ese fue el remedio de las potencias imperialistas para los países subdesarrollados. ¡Es como un hombre que sufre de malnutrición y el médico le dice que todo lo que necesita es seguir una dieta estricta!

La preocupación real del FMI no era el sufrimiento de los pueblos de estos países. La idea de que ellos presentaban era que si conseguían que estos países exportaran más entonces podrían equilibrar sus presupuestos y reducir la deuda. Al mismo tiempo, exigían que estos países abrieran sus mercados internos, redujeran las barreras arancelarias y subvenciones estatales a los productores locales, facilitando así la exportación de los países industrializados a esos países.

Podemos ver el ejemplo con lo ocurrido en Filipinas en 1981. En ese año al país sólo se le concedía un crédito si su gobierno aceptaba reducir los controles proteccionistas a la importación. Eso haría que los productos de los países desarrollados fueran más baratos y por tanto más competitivos en los mercados internos de los países más pobres.

En Filipinas, en 1982 los pagos de intereses como porcentaje del gasto gubernamental pasaron del 19 al 57 por ciento, mientras que al mismo tiempo se producía un colapso del "gasto en capital", es decir, inversiones, del 19,3 al 4,4 por ciento.

De esta manera vemos que en realidad los Programas de Ajuste Estructural (PAE) estaban diseñados para crear un contexto favorable para los países imperialistas, no para fortalecer en absoluto la economía local. Aunque según la teoría los países subdesarrollados se suponía que desarrollarían sus exportaciones, los principales mercados para esas exportaciones en realidad eran EEUU, la UE y Japón, todos con barreras proteccionistas en sus mercados, mientras que los mercados de los países subdesarrollados debían estar abiertos forzosamente a las importaciones de los países industrializados. En esta situación la única manera en la que podían competir los países pobres en un "mercado abierto" era reduciendo aún más los salarios de sus trabajadores ya de por sí muy pobres.

La aplicación de esta política lejos de fortalecer las economías de los países subdesarrollados llevó a muchas bancarrotas en las industrias locales. Frente a industrias avanzadas más competitivas, las industrias de los países más pobres no podían mantener su situación ni siquiera dentro de su propio mercado. Este hecho demuestra cómo la política impuesta por los imperialistas no pretendía fortalecer la economía de los países más pobres... más bien lo contrario.

Podemos dar otro ejemplo, Haití en octubre de 1995. El gobierno se negó a firmar un acuerdo de préstamo con el Banco Mundial porque creía que no podría aplicar la política vinculada al préstamo. La respuesta fue que USAID bloqueó un préstamos de 4,5 millones de dólares para presionar al gobierno y que éste firmase el "plan de ajuste". Más tarde veremos los efectos que tuvo para la agricultura haitiana.

Esta política se aplicó en Bolivia, Costa Rica, Costa de Marfil, Indonesia, Malawi, Somalia y en muchos otros países. Países como México y Filipinas se han transformado pasando de países que antes eran autosuficientes en alimentos, a países dependientes de los alimentos.

El efecto de esta política en Zimbawe es un claro ejemplo de cómo el imperialismo destruye una economía local. A principios de 1990 se impuso un Programa de Ajuste Estructural patrocinado por el FMI y el Banco Mundial. La deuda de Zimbawe había crecido en el período anterior. Parte de esas deudas en realidad se habían heredado del anterior gobierno racista blanco.

Para reducir la deuda y pagar los intereses de la deuda contraída, se redujo drásticamente el gasto en educación y sanidad. Más importante aún fue la eliminación de las subvenciones estatales a los alimentos y los controles de precios. El resultado fue que la población comenzó a pasar hambre. En 1997, Zimbawe gastaba siete veces más en servicio de la deuda (pago de intereses) que en educación y sanidad.

Todo esto lo llevó a cabo Mugabe. ¡Mientras exprimía la riqueza de las masas empobrecidas de Zimbawe y se la entregaba a los países occidentales entonces era amigo de Occidente! El caos que actualmente existe en el país es un resultado directo de esta política.

Los efectos de esta misma política en Haití fueron similares. La agricultura se liberalizó y los ingresos rurales y la producción colapsaron. Los pobres ahora se ven reducidos a alimentarse de lodo mezclado con un poco de aceite y grasa, ¡lo justo para llenar sus estómagos!

La verdadera relación entre los países subdesarrollados y desarrollados

El mecanismo de la deuda oculta la relación real entre los países subdesarrollados y los desarrollados. El mito es que occidente garantiza la "ayuda" a esos países. La realidad es que con esta "ayuda" encierran a estos países una trampa mortal. Los préstamos realmente crean una situación mediante la cual se saca más capital de los países pobres de lo que realmente entra, para ser más claros: enriquecen a los capitalistas y banqueros en los países desarrollados.

Una cifra confirma este hecho: ¡En 1989 las denominadas "naciones en vías de desarrollo" pagaron 52.000 millones MÁS de dólares al mundo "desarrollado" en pagos de intereses de la deuda de lo que recibieron en ayuda o préstamos!

Este proceso llevó a una abrupta caída de los subsidios gubernamentales a la agricultura, afecto severamente a la capacidad de estos países de alimentarse. Filipinas pasó de ser un exportador neto de alimentos a convertirse en uno de los principales importadores mundiales de arroz, mientras que una parte importante del PIB abandona el país en concepto de servicio de la deuda.

Regresemos al caso de Haití: Hace 20 años este país producía 170.000 toneladas de arroz al año, lo que equivalía al 95 por ciento de sus necesidades de consumo interno, así que importaba muy poco. Pero en 1995 intervino el FMI con sus préstamos. El problema es que los préstamos llegaban con unas condiciones adjuntas. Haití conseguía el préstamo si reducía sus aranceles (impuestos) sobre el arroz importado, de un 35 a un 3 por ciento. De esta forma el arroz importado, principalmente de EEUU, era más competitivo. Esto destruyó la producción local y ahora el 75 por ciento del arroz consumido en Haití proviene de EEUU. Este es un ejemplo muy claro de cómo el imperialismo destruye la capacidad productiva en estos países para estimular su propia producción y beneficios. Que estas prácticas puedan llevar a una hambruna de masas es algo que les preocupa muy poco.

En todo este proceso vemos cómo los países pobres son obligados a abrir sus mercados para cumplir las reglas del "libre comercio". ¿Pero se aplican estas reglas a los países desarrollados? ¡En absoluto! Desde finales de los años noventa los subsidios estatales a la agricultura han cubierto el 40 por ciento del valor de la producción agrícola en la UE y un 25 por ciento en EEUU. En los 30 países más ricos, el 30 por ciento de los ingresos agrícolas procede de las subvenciones estatales, un total de 280.000 millones de dólares anuales.

Vemos por ejemplo cómo el algodón norteamericano se vende en el mercado mundial a precios que están entre un 20 y un 55 por ciento por debajo de coste real de producción. ¡Esto ha provocado la bancarrota de los campesinos de África central y occidental! Podemos hacer la siguiente pregunta: ¿Dónde está el "libre mercado"? Comprobamos cómo hay una regla para el poder y otra para el rico.

Además de todo esto tenemos el fenómeno de la política denominada "set aside" en la UE, mediante la cual se paga a los campesinos para que mantengan la tierra en barbecho, es decir, para que no produzcan. Tenemos la destrucción de alimentos tanto en la UE como en EEUU para mantener altos los precios en el mercado. Canadá, por ejemplo, paga a los ganaderos para que maten cerdos y así reducir la oferta y mantener altos los precios. Pero la carne, en el mejor de los casos, es utilizada para producir comida de perros, no para alimentar a los hambrientos del mundo.

El ejemplo de Malawi

¿Realmente la situación debe ser así? ¡Evidentemente no! Lo que ocurrió en Malawi en 1999 es un buen ejemplo. Ese año el gobierno decidió ignorar el consejo del FMI y del Banco Mundial y dio a los pequeños campesinos un paquete inicial de semillas y fertilizantes. ¡El resultado fue que ese año Malawi tuvo plusvalía nacional de trigo!

Pero después el Banco Mundial y otros "donantes de ayuda" intervinieron y obligaron al gobierno a reducir el programa con el argumento de que "distorsionaba el mercado". Así que yo no se entregaron paquetes gratuitos a los pequeños campesinos. Y, sorpresa, esta situación llevó al colapso de la producción agrícola. En 2000-2002 en Malawi hubo una hambruna y unas 1.500 personas murieron a causa de ella.

En 2005, Malawi se enfrentó a una crisis alimentaria aún peor. Una vez más, el nuevo gobierno ya había tenido suficiente "ayuda" del FMI/Banco Mundial y decidió reintroducir los subsidios para fertilizantes. Dos millones de familias campesinas pudieron comprar fertilizantes aun tercio (33 por ciento) del precio de mercado y también obtuvieron descuentos en semillas. Se pueden adivinar los resultados: durante dos años Malawi tuvo una cosecha enorme, un millón de toneladas de maíz de excedente e incluso ¡exportó alimentos a Sudáfrica!

Sólo este ejemplo demuestra que hay un enorme potencial para producir alimentos en estos países. El problema no es el cambio climático o el crecimiento de la población (aunque el clima ha afectado a las cosechas en algunas zonas del mundo). Si que se trata de la política económica, del capitalismo y de su funcionamiento.

La crisis actual tiene sus raíces en la recesión mundial de 1973-1974 y la explosión de la inflación en el mismo período. La respuesta de los capitalistas fue adoptar una política monetarista y llevar a cabo privatizaciones y recortes del gasto público. Con las privatizaciones, los capitalistas buscaban nuevos campos de inversión y beneficios más rápidos.

Esto es lo que vimos en los países capitalistas desarrollados y que aún vemos hoy. Este proceso tenía su paralelo en los antiguos países coloniales, pero en ese caso ha significado la muerte para millones de personas. Ahora vemos este peligro reapareciendo en Somalia, Etiopía y en otros lugares. En el Cuerno de África unos 14 millones de personas hoy están en riesgo.

La actual crisis alimentaria refleja la crisis general del capitalismo durante un período de 30 años. La situación se está volviendo intolerable y esto explica los disturbios en aproximadamente 40 países del globo. Esta rebelión es parte de la marea ascendente de la lucha de clases en todas partes.

Y se produce suficiente comida en el mundo para alimentar a todos. La FAO en los años noventa publicó un estudio sobre la producción mundial de alimentos y demostraba que el mundo producía suficiente para alimentar a todos con 2.700 calorías diarias, mientras que en 1965 esta cifra era de sólo 2.300 calorías. Así que la producción de alimentos aumentó no sólo en términos absolutos sino también con relación al crecimiento de la población.

Otro estudio reciente (del año 2000) decía que el mundo producía 3.500 calorías diarias por cada habitante del planeta. Y eso sólo en producción de grano. No incluía cosas como los vegetales, judías, nueces, tubérculos, fruta, carnes grasas y pescados. Si incluimos todos tenemos que se producen más de 2 kilos diarios de alimentos por persona, divididos aproximadamente en 1,2 kilos de granos, judías y nueces, 0,5 kilos de frutas y vegetales y 0,5 kilos de carne, leche y huevos.

Por tanto, ya bajo el capitalismo actual se producen suficientes alimentos para alimentar a todos. Desde el año 2000 no se ha producido una caída significativa en la producción global de alimentos.

En realidad, en 2007 se registró una cosecha global de trigo récord. En los últimos veinte años la producción de alimentos ha aumentado una media del 2 por ciento anual, mientras que la población mundial ha crecido sólo un 1,4 por ciento al año.

Es verdad que en el período reciente los stocks han sido más bajos, pero aún hay suficientes alimentos para todos. El cambio climático ha afectado a algunas zonas, como el caso de Australia que ha padecido una sequía, pero la producción mundial global no ha caído.world_production_wheat.jpg

Lo cierto es que los países capitalistas desarrollados han concentrado en sus manos la producción de alimentos, estrangulando a los países más pobres. Hace cuarenta años las "naciones en desarrollo" tenían una plusvalía exportadora neta de unos 7.000 millones de dólares. En 1980 había caído hasta los 1.000 millones. Hoy lo que ellos denominan "déficit alimentario del sur" se ha convertido en 11.000 millones de dólares anuales. Ahora los países pobres tienen que comprar alimentos a los ricos.

Biocombustibles

Repetimos: no se ha producido una caída de la producción mundial de alimentos. Sin embargo, ha habido algunos cambios políticos y una redirección de la producción agrícola que ha afectado a la oferta. Por ejemplo, en EEUU el 30 por ciento de la producción de grano se ha cambiado a la producción de biocombustibles. Prefieren poner alimentos en los tanques de gasolina que alimentar a las personas.

Han intentado encubrir esta situación como parte del esfuerzo mundial de reducir el efecto invernadero causado por el exceso de emisiones de carbono a la atmósfera. Pero algunos cálculos demuestran que el etanol basado en el cereal, en lugar de reducir un 20 por ciento las emisiones de carbono, como pretendían originalmente, lo que han hecho es casi doblar las emisiones durante un período de treinta años.

Detrás de la presunta preocupación por el medioambiente está una política consciente del imperialismo norteamericano, que busca asegurarse suministros "seguros" de energía en la medida que zonas como Oriente Medio están en una situación de caos político. Su aventura en Iraq ha fracasado y no ha conseguido los resultados esperados.

Durante los últimos ocho años el porcentaje de tierra en EEUU que ha pasado a producir cereales para biocombustibles ha aumentado gradualmente. En el año 2000, sólo el 6 por ciento de la producción total de cereal en EEUU iba para la producción de etanol. En 2005 esta cifra había aumentado al 14 por ciento y en 2006 alcanzó el 20 por ciento. Esta es precisamente la cantidad de la producción de cereal norteamericano que estos últimos años se dedicaba a la exportación.

No es una causalidad, por tanto, que en el año 2007 las exportaciones de cereales norteamericanas cayeran a una tasa del 19 por ciento, considerando que EEUU tradicionalmente contaba con aproximadamente el 40 por ciento de todo el comercio de cereal en el mercado mundial, casi una caída de una quinta parte de las exportaciones de cereales norteamericanas para consumo humano es normal que tengan un impacto importante en la oferta internacional de cereales. Las matemáticas son fáciles: una quinta parte de 40 es un 8 por ciento. Así que tenemos una caída brusca del 8 por ciento del cereal disponible en el mercado mundial, y no se debe a una calamidad humana, sino a la situación política mundial.

La especulación

Otro aspecto importante a considerar es la especulación. Los especuladores han estado cambiando sus operaciones hacia el mercado de alimentos. En los últimos años, los especuladores han provocado burbujas en la bolsa, en las empresas puntocom, en el mercado inmobiliario, etc., Cada una de ellas ha estallado en determinado momento. La burbuja inmobiliaria comenzó a pincharse hace aproximadamente dos años. Y sólo hace dos años, a mediados de 2006, comenzó la especulación intensa en contratos de futuros en la producción agrícola. ¡Desde junio de 2006 el número de contratos de futuros en trigo, soja, cereales y arroz se ha triplicado!

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En 2006 la bolsa de Nueva York se unió a la de Ámsterdam, Bruselas, Lisboa y París para crear una bolsa unificada electrónica de futuros, ¡de esta manera hacían más fácil la especulación! Fue un importante factor que contribuyó a crear una burbuja de precios en los productos agrícolas. Como resultado, los precios globales han aumentado un 83 por ciento durante los últimos tres años.

Lo que hemos visto es un cambio del capital de una burbuja a otra en busca de beneficios más rápidos y fáciles. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria ha dejado a millones sin casa en todo el mundo. ¡Ahora la burbuja alimentaria está matando de hambre a millones de personas!

El sistema capitalista mundial sólo significa desempleo, falta de vivienda, de sanidad, etc., Significa la muerte para millones de personas, que mueren porque no pueden permitirse pagar los precios de los productos agrícolas que han subido debido a la especulación.

Producir para la necesidad no para el beneficio

¡Con esto basta para condenar el sistema capitalista! Ha llegado el momento de gestionar la situación de una manera diferente: la producción para la necesidad y no para el beneficio. Regresaremos a Marx: "las condiciones materiales para su solución ya están presentes o al menos en proceso de formación". La economía mundial puede producir suficiente comida para todos. Ya produce más de lo que realmente necesitamos, como demuestra el caso de Malawi tiene el potencial para alimentar a muchos más. Lo que hemos visto en el período reciente es a los gobiernos occidentales arrojando cientos de miles de millones de dólares, en realidad billones, al sistema bancario. Este dinero desaparecerá en un pozo sin fondo. Pero lo que revela es que los recursos existen. Esta enorme cantidad de capital se podría utilizar para erradicar la deuda del "tercer mundo" y proporcionar ayudas a los campesinos. Sobre esta base, todos los países africanos podrían producir plusvalía de alimentos.

Algunas cifras ayudarán a ilustrar las enormes contradicciones que hoy existen. De los 4.400 millones de personas que viven en los países subdesarrollados, el 60 por ciento no tienen acceso a la sanidad básica, un 30 por ciento no disponen de agua potable, un 25 por ciento carecen de vivienda decente, un 20 por ciento no tienen acceso a los servicios sanitarios modernos, un 20 por ciento de los niños no pasan de la educación primaria y un 20 por ciento están desnutridos. Más de 1.200 millones de personas viven con menos de un dólar al día, más del 50 por ciento son niños.

La otra cara de esta situación es que las tres personas más ricas del mundo han acumulado unos activos mayores que el producto nacional bruto combinado de los países menos desarrollados con sus 600 millones de habitantes. Los activos de las 200 personas más ricas del mundo son mayores que los ingresos combinados del 41 por ciento de la población mundial.

Nada de esto lo provocan factores naturales. Son la consecuencia directa del modo de producción capitalista. Aliviar la deuda de los 20 países más endeudados se podrían conseguir a un coste de entre 5.500 millones y 7.700 millones de dólares. Eso es menos de lo que cuesta un bombardero silencioso. La educación básica para todos costaría sólo 6.000 millones de dólares anuales. Proporcionar agua y sanidad para todos sólo 9.000 millones de dólares. El cuidado sanitario básico y las provisiones de alimentos costarían 13.000 millones de dólares (Fuente: Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas. Informe sobre el Desarrollo Humano años 2000, 1999 y 1998).

En EEUU, el país más rico del mundo, los pobres mueren por carecer de cuidados sanitarios básicos y dar sanidad gratuita a todos costaría 42.000 millones de dólares, pero no hay ni un centavo disponible para este tipo de gastos.

¿No está suficientemente claro que la fuente de los problemas está en el móvil del beneficio que mueve el sistema capitalista? Toda la propaganda de los medios de comunicación sobre la "escasez de alimentos" es falsa. Las cifras que hemos proporcionado demuestran claramente que hay comida disponible y que el planeta puede producir más.

Los medios de comunicación de la burguesía bombardean constantemente al público general con la idea de que en los países capitalistas desarrollados se "consume demasiado", lo lógico debería ser entonces consumir menos. Cuando utilizan la palabra "nosotros" ellos quieren decir por supuesto la clase obrera y la clase media, no los ricos. Ellos intentan inculcar en los trabajadores un sentimiento de culpabilidad. Lo que pretenden es un programa de austeridad que implica recortes de los salarios reales y menos gasto en el estado del bienestar. Esto se adecúa muy bien a las necesidades de la clase capitalista que pretende reducir los costes de producción para ser aún más competitivos en el mercado.

Como ya hemos visto, en esta campaña de propaganda deshonesta en muchos países capitalistas desarrollados cuentan con la ayuda de grupos como el Partido Verde, que venden la idea de que consumir menos tendría un efecto positivo sobre las condiciones de vida en el mundo. Lo que ignoran estas personas es que los trabajadores ya consumen menos como resultado de la profundización de la recesión en la que acabamos de entrar. Las cifras demuestran que el consumo de ciertos alimentos ha caído. En países como Gran Bretaña los supermercados de "descuento" como Lidl y Aldi han visto aumentar sus ventas un 25-30 por ciento en este último período. ¿Esta reducción del consumo ha tenido un efecto beneficioso para miles de millones de pobres en el poder o ha provocado un cambio significativo en los ingresos de los países subdesarrollados? No, por supuesto. El ataque a la clase obrera es en todos los países, desde el menos al más desarrollado.

Lo que hace falta no son ajustes menores aquí o allí dentro del sistema capitalista. Hay que eliminar el propio sistema. ¡Debe ser sustituido por un sistema socialista mundial! La crisis actual del capitalismo mundial, y la "crisis alimentaria" es parte de esa crisis global, está llevando a millones de personas a cuestionar el propio sistema bajo el que vivimos. Los datos y cifras son claros. Debemos utilizarlas dentro del movimiento para contrarrestar la propaganda de los principales medios de comunicación y explicar lo que realmente está sucediendo.

Diciembre de 2008.

El pasado 15 de noviembre 2008 quedó definido el Presupuesto De Egresos De La Federación (PEF) para el año 2009. Tres billones 45 mil 478.6 millones de pesos, es decir, el 23.5% del Producto Interno Bruto en México. El prespuesto más alto de la historia. ¿Qué significa esto?

El comercio exterior mexicano se lleva a cabo en 85% con Estados Unidos, que está sumergido en una profunda recesión. Las previsiones del Banco de México esperan que el PIB caiga el próximo año a menos de un punto porcentual, aunque es bastante probable que asistamos a un crecimiento negativo, es decir, no sólo no se crezca sino que se produzca menos que en 2008. El gobierno cuando elaboró el presupuesto 2009 esperaba que el PIB creciese un 3%, después tuvo que rectificar. Así que, Calderón presentó una edición del presupuesto el 8 de septiembre y tras el estallamiento de la crisis lo recortó, para después volver a reasignar entre 200 mil millones a ciertas dependencias, incluidos 53 mil millones para el llamado programa anticrisis, que representa apenas el 1.7% del presupuesto, es decir, nada.

Antes de ejercerlo, el presupuesto 2009 es ya deficitario, los números oficiales hablan de un déficit previsto de 1.8%. Esto significa que el déficit se cubrirá con deuda o con impuestos o con los dos conceptos. Seguirán reduciendo el gasto público y colocando la rodilla sobre la espalda de los trabajadores a través de impuestos y recortes salariales, para intentar rebajar el déficit público. Como siempre, si no luchamos por derribar al régimen Calderón y construimos una democracia obrera, seremos los trabajadores y campesinos pobres los que paguemos la factura de la crisis.

Pero, más allá de las cifras, el contenido político del presupuesto salta a la vista de manera evidente. De un lado y lo más trascendental es que se incrementa el presupuesto destinado al aparato represivo del Estado. Veamos los ejemplos más relevantes: la Secretaría de Seguridad Pública con relación al año pasado, tuvo un incremento de 62.2% (832 mil 916 millones 838 mil 380 pesos); la Procuraduría General de la República, un incremento de 29.2% (12 mil 309 millones 857 mil 565 pesos); Gobernación tendrá 25.1% adicional (9 mil 594 millones 007 mil 041 pesos); la Defensa Nacional con 19.4% más que el año pasado (43 mil 623 millones 321 mil 860 pesos) y el Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (Cisen), tendrá un presupuesto de dos mil 439 millones 293 mil 945 pesos. Esto habla claramente de cómo la burguesía se prepara para la lucha de clases, tendiendo la cortina de humo de la “delincuencia”, pero en realidad para enfrentar a los trabajadores. De otro lado, el presupuesto intenta comprar la paz social reorientando endeble gasto, a todas luces insuficiente a comunicaciones, educación, salud y agricultura, sectores que fueron a los que más se incrementaron sus recursos. Con estos ajustes por ejemplo, la UNAM obtendría 690 millones adicionales al presupuesto originalmente presentado por Calderón, en tanto que el Instituto Politécnico Nacional recibiría 450 millones extra y la Universidad Autónoma Metropolitana 250 millones. A pesar de que en el PEF 2009 se aprobó un incremento de más de 15 mil 400 millones de pesos adicionales a educación pública, la inversión en el sector universitario y posgrado representa sólo un aumento de dos centésimas porcentuales del producto interno bruto (PIB), al pasar del ridículo 0.59 a 0.61%, cuando debería ser del 8% del PIB. En tanto que, de los 4 mil 600 millones de pesos extraordinarios destinados a educación básica, al menos 2 mil 500 millones están vinculados a programas de la llamada Alianza por la Calidad de la Educación (ACE). ¿Será quizás para que Elba Esther pueda sueguir relagalando camionetas Hummer?

En el caso del campo se asignó un monto total de 235 mil 858 millones de pesos, a través del Programa Especial Concurrente, del cual se hace alaraca de que es un monto muy superior al del año pasado; y de 48 mil millones para la construcción de infraestructura carretera y ferroviaria, pero a la par, sólo para desenmascarar el acto propagandístico, se aumentó el monto destinado a deuda pública en 289 mil millones de pesos, es decir, se destina más a la deuda que al destrozado campo mexicano.

Esta es la verdadera cara de la hipocresía propagandística del régimen, que anuncia “aumentos” al presupuesto, pero no dice que antes había recortado y ante la amenaza de una explosión social se vio obligado a hacer ajustes al alza, pero que quedan muy por debajo de las necesidades reales del gasto social.

En general, el gasto de la Administración Pública Federal se ubicará en 2 billones 247.2 mil millones de pesos, ¡casi 74% del total presupuesto! Esto es, tres cuartas partes del presupuesto se destinan al dispendio y manutención de un puñado de burócratas. Esto es una muestra contundente del enorme peso que significa el Estado burgués que sólo sirve para oprimir a los trabajadores y campesinos pobres, a cambio de dar una vida de faraones egipcios a los administradores de la burguesía, veamos tan sólo unos ejemplos:

  • La cámara de diputados se asignó un presupuesto de 5 mil 500 millones de pesos, esto es una tercera parte de lo adicional asignado a la educación pública.
  • El secretario de Hacienda el gordo Carstens gasta 3 mil pesos diarios en comida, gana gana 149 mil 582 pesos: tiene además un pago adicional de 66 mil pesos denominado “pago de riesgo” ¡por haberse arriesgado a regresar a México y dejar su cargo en el Fondo Monetario Internacional! Por si fuera poco, tiene asignados cuatro celulares, tres vehículos, 500 litros de gasolina al mes.
  • El director de Petróleos Mexicanos, Jesús Reyes Heroles, que además de su salario de 144 mil pesos tiene seguro de gastos médicos mayores, una prima vacacional de 24 días al año, 44 días de aguinaldo, vehículos y vales de gasolina. Igual que Luis Pazos de la Torre, titular de la Comisión Nacional de Defensa de Usuarios de Servicios Financieros.
  • Oficialmente el salario del espurio continuará siendo el más elevado del sector público, pues se le asignarán —sin incluir las prestaciones— 152 mil 467 pesos mensuales.
  • Los ex presidentes cuestan a los trabajadores más de 300 millones de pesos por el aparato que los rodea, incluida la pensión a Sasha Montenegro (viuda de José López Portillo).

El proceso de crisis se está agravando por la caída de los precios internacionales del petróleo que se han desplomado desde aproximadamente 100 USD a menos de 40 USD por barril. Por tal motivo las entidades (gobiernos de los estados) dejarán de recibir 8 mil 349 millones de pesos. Por donde quiera que se le vea en el horizonte se perfila una enorme explosión social, pugnas internas que llevarán a más asesinatos políticos y ajustes de cuentas entre la élite, como indicador de la descomposición del régimen.

No es suficiente con hacer llamados a la cordura y sugerir que el presupuesto se oriente al gasto social e inversión productiva, como intentó infructuosamente hacer el sector del PRD ligado a AMLO, a quienes la aplanadora del PRI—PAN—Derecha del PRD (Los Chuchos), derrotaron con 436 votos en contra de 44. Intentar convencer a la burguesía que deje de enriquecerse es como intentar convencer a un tigre de que se vuelva vegetariano.

Si bien las propuestas de AMLO son bienvenidas (como por ejemplo, quitarle las pensiones a los expresidentes), está claro que limitar la lucha al estrecho margen del parlamento, sin fundamentarlo preponderantemente con la lucha en las calles y organizando una poderosa huelga general para derribar a Calderón, la burguesía seguirá empobreciendo a la clase obrera y el campesinado cada vez más y más. La única alternativa que tenemos es luchar organizadamente rescatando a nuestros sindicatos y arrebatando el control del PRD a la derecha.

La presente versión es un resumen del artículo publicado en la página de internet militante.org: México y la crisis financiera: ¡Que la crisis la paguen los banqueros y empresarios!

El plan “anticrisis” de Calderón es una estafa para los trabajadores ¡Que la crisis la paguen los banqueros y empresarios!

México y el mundo entero están padeciendo ya los efectos de la peor crisis económica en ochenta años. El epicentro ha sido EEUU donde a estas alturas, producto del colapso financiero y sus secuelas, ya ha sufrido pérdidas equivalentes a 1.4 billones de dólares. Los estragos de la actual situación ya son muy importantes para la economía yanqui y las diferentes medidas adoptadas por el gobierno de Bush, el cual gastó 900 mil millones de dólares en su sistema bursátil desde agosto del 2007 al 21 de septiembre pasado para tratar de revertir dicha problemática, sin tener resultados favorables. La fuerte sacudida económica, que se ha agudizado desde el pasado septiembre, está impactando negativamente al conjunto de las principales economías del mundo, pues además del imperialismo USA, el panorama de la Unión Europea dista de ser optimista pues se calcula que este año su economía sólo crecerá en un 0.6% contra el 2.9% alcanzado en 2007. En Asia las cosas también marchan mal para los dos gigantes de la región: por su parte Japón ya reportó durante abril-junio el peor trimestre de desarrollo de su PIB a lo largo de siete años al registrar un crecimiento durante esos meses del 0.7%. Y en el caso de China, tan sólo en la industria juguetera se estima que a lo largo de este año quebrarán 3 mil 631 fábricas, número que equivale ya al 52.7% de las empresas del ramo. El espurio Calderón y su gobierno, durante agosto y septiembre pasado, se mantuvieron firmes en la idea de que los efectos de la crisis financiera mundial no tendrían significativas repercusiones sobre México, sin embargo, bastó una ligera sacudida que llevó al peso a una cotización superior a las 14.31 unidades por dólar, ameritando ello la intervención del Estado a través del Banco de México (BM) subastando 8 mil 900 millones de dólares, para detener la devaluación del peso. Por otra parte el gobierno de Calderón ha asumido la deuda de empresas como Comercial Mexicana, por 2 mil millones de dólares. Tras estos acontecimientos, Calderón no tuvo más remedio que aceptar que la crisis mundial afectará a México, razón por la cual finalmente presentó su plan “anticrisis” denominado Programa para Impulsar el Crecimiento y el Empleo (PICE) el cual no es otra cosa más que un nuevo asalto en despoblado para los trabajadores, tal como lo fue y lo sigue siendo el Fobaproa-IPAB.

Efectos de la crisis en México

Un informe del INEGI destaca que tan sólo en agosto pasado se registraron 900 cierres de empresas; incluso gigantes industriales como CEMEX y TELMEX, registraron pérdidas durante el tercer trimestre de este año en un 74% y 42.8% respectivamente. Por su parte, la industria automotriz ha visto caer su producción en un 4.7% a consecuencia de que las exportaciones, prácticamente dirigidas en su totalidad a los EEUU, se han recortado un 14.7% en lo que va del año. En el Estado de Aguascalientes ya se están desarrollando paros técnicos en la industria metalmecánica obligando a los obreros a recibir el 50% de sus salarios. En el sector financiero los inversores de la BMV han optando por otras latitudes en búsqueda de mejores utilidades, haciendo que el valor de siete de las 36 principales empresas que cotizan se reduzca drásticamente a menos de la mitad de su cotización en 2007 y que otras 17 de estas acciones registren “pérdidas en ascenso”. La BMV de enero a octubre suma pérdidas por 2.1 billones de pesos, 47% menos sobre las utilidades logradas en 2007. La crisis financiera ha profundizado y acelerado una tendencia que se ha venido desarrollando a lo largo de los últimos años, desde el 2001 el PIB creció únicamente 0.2% para después, en 2006, alcanzar los 4.8 puntos porcentuales y así para, durante el primer año del gobierno del fraude electoral, reducir su crecimiento al 3.3%. La producción industrial creció en todo 2006 en un 5%, un año después este índice sólo alcanzaría un raquítico 1.4%. Y para este año las cosas pintan peor pues entre enero y agosto la producción sólo logró desarrollarse el 0.6%. El decrépito capitalismo mexicano está ante la seria posibilidad de un colapso económico con dimensiones similares o superiores a la crisis de 1994-95, la cual sigue siendo considerada la peor de toda nuestra historia. La clase trabajadora ha tenido que cargar con la crisis. El IMSS durante julio y agosto pasados registró la pérdida de 22 mil plazas laborales; ya en este septiembre el índice de desempleo abierto alcanzó al 4.25 de la Población Económicamente Activa (PEA), siendo éste el registro más alto desde agosto del 2004. De acuerdo al propio empresariado, las condiciones dominantes permitirán que en el mejor de los casos en este 2008 sólo se generen 300 mil empleos, cantidad lejana a las 800 mil nuevas plazas fijadas como objetivo por el gobierno.

El fraude del Plan Anti-crisis

Calderón ha propuesto su tan mentado plan “anticrisis”, con el cual se busca repeler el impacto de la crisis financiera sobre México. La estrategia comprende el desarrollo de obras de infraestructura de parte del Estado por una cantidad equivalente a los 53 mil millones de pesos, la inversión de 12 mil millones de pesos para una nueva refinería de PEMEX, la desgravación de algunos impuestos, así como 90 mil millones de pesos de financiamiento para la iniciativa privada, esta última medida para poner a disposición del sector empresarial toda la “liquidez” (dinero) que sea necesaria y asegurar con ello el “no interrumpir la canalización de créditos”. Estas medidas a la par de la subasta de dólares para mantener la estabilidad en la paridad entre el peso y el dólar. La economía mexicana está fuertemente vinculada a la de los EEUU, y las enormes vicisitudes económicas del imperialismo yanqui inevitablemente arrastrarán a México. Durante la última década y media las exportaciones al mercado norteamericano han sido el principal motor de nuestra economía aportando más del 60% del PIB. En 2006 las exportaciones crecieron un 16.8%, un año después nada más lo hicieron al 3.2%. Y de acuerdo al BM, la perspectiva para este año es la de un crecimiento entre el 2.3 y el 2.4%. Para que esta tendencia cambie, se necesita que los EEUU experimenten una pronta e importante recuperación económica. La desaceleración de la industria yanqui también está afectando a las exportaciones por medio de la reducción de los ingresos de divisas por la venta petróleo. A la fecha la demanda por petróleo de parte los EEUU ha caído en dos millones de barriles diarios. Ello ha empujado los precios internacionales de este energético a su nivel más bajo desde el 3 de julio, día en que el precio reportó su máximo histórico llegando a los 145 dólares por barril en el caso del West Texas y los 131.24 dólares para la mezcla mexicana. El viernes 24 de octubre, el barril mexicano ya se cotizó en el mercado a 51.03 dólares, 80 dólares menos al precio del 3 de julio y 18.97 dólares por debajo de los 70 dólares por barril estimados por el gobierno para definir sus ingresos para las finanzas públicas del 2009. El petróleo significa la principal fuente de divisas para México y cubre el 40% del gasto público, ello quiere decir que la tendencia que están experimentando ya los precios internacionales de esta materia prima se está transformando en un durísimo revés para la economía nacional. Ante esta clase de dificultades Calderón conminó a los empresarios a valorar las virtudes de la devaluación del peso para fortalecer las exportaciones. Calderón piensa que es posible que se repita el milagro que hace algunos años condujo a México al ranking mundial de los países exportadores, ubicándose en el décimo lugar a finales de la década de los años 90. Sin embargo, no basta que el peso se abarate frente al dólar, para que las exportaciones se recuperen se requiere que el mercado de los EEUU esté en condiciones de mantener e incrementar su demanda, lo cual no ocurrirá. Otra fuente de divisas de la cual dependen millones de mexicanos, son las remesas. Al respecto, en el documento Perspectivas para la Revolución en México, debatido y aprobado en el XIII Congreso Nacional de la Tendencia Marxista Militante desarrollado en febrero del 2008, señalamos lo siguiente: “Entre 2003 y 2006 las remesas crecieron en un promedio anual del 19.1%, si bien en ese último año se logró un resultado aceptable, esos mismos meses ya marcan la tendencia a la baja que se vive hasta el día de hoy; durante el año pasado el ritmo de crecimiento de las remesas fue de la siguiente manera: 1er trimestre, 27.5%; 2do trimestre, 19.7%; 3er trimestre, 10.7%; 4to trimestre, 5.5%. Y ya en el caso del primer trimestre del 2007, el crecimiento apenas fue del 3.4%. Sobre esta última cifra un análisis del BM destaca que en realidad el crecimiento de este primer trimestre fue tan sólo del 0.6%”. Las remesas reportaron durante agosto una caída del 12.2% respecto al mismo mes del año pasado, significando un ingreso total para la economía nacional durante los primeros nueve meses del 2008 de 15 mil 553 millones de dólares, cantidad 4.2% inferior a la lograda en el mismo periodo del 2007.

La crisis apenas comienza

Sin embargo, lo peor aún está por venir, las medidas impulsadas por Bush a partir de la intervención del Estado con multimillonarias sumas de dólares sobre el sistema financiero son síntomas que anticipan el que esta crisis se profundizará aún más de lo que hemos visto hasta el momento, arrastrando a México. Ante esta realidad tan patente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha planteado una perspectiva de crecimiento para los EEUU de 1.6% en 2008 (porcentaje menor al del 2007 cuando se llegó al 2%) y de 0.1% en 2009. El FMI estima que en el año que entra, el conjunto de las economías industrializadas experimentarán un crecimiento del cero por ciento o negativo. Estos cálculos del FMI significan un pésimo augurio para la economía mexicana par la cual se estima que este año crezca, de acuerdo al BM, tan sólo entre 2.2 y 2.7%, porcentaje por debajo del 3.7% para el PIB que Calderón se fijó como objetivo para 2008. Calderón estima que en 2009 la economía nacional se desarrollará en un 1.8%. Aun así, incluso de lograrse ese 1.8% se trataría de un resultado pésimo pues se calcula que con ese ritmo la industria decrecerá un 1% en 2009. Dicho en otras palabras, bajo este panorama lo único que se puede esperar para el año entrante es la quiebra de más empresas y un número mayor de despidos. Los tormentosos 8, 9 y 10 de octubre demostraron la enorme fragilidad de la moneda nacional que ahora se ha devaluado y con ello la deuda externa del sector privado, ha pasado de 804 mil 680 millones hasta los 921 mil 100 millones de pesos. La devaluación encareció en más de 100 mil millones de pesos la deuda, siendo esta diferencia una cantidad que rebasa los 90 mil millones ofrecidos por el plan “anticrisis” de Calderón. Otro ejemplo de los efectos negativos de la devaluación, es el encarecimiento de las importaciones, las cuales se han elevado en un 40% entre septiembre y octubre. Esto tendrá un impacto inflacionario elevando los costes de operación y producción de la industria, además de abaratar los salarios reales de los trabajadores. Una expresión de la forma en que esta última problemática afectará a la clase trabajadora, son los aproximadamente 20 mil millones de dólares a que México se ve obligado a gastar cada año para importar alimentos. Pero el rosario de predicamentos de Calderón y su plan “anticrisis” ahí no termina, otra cruz que tendrá que cargar es la nada moderada fuga de capitales. A este respecto, en lo relacionado a mexicanos con cuentas de depósito en bancos extranjeros, particularmente de los EEUU, la suma acumulada al finalizar el 2007 ya era de los 82 mil 522 millones de dólares, para que a lo largo del primer semestre se agregarán a esta cantidad otros 11 mil 701 millones más. En total por ese medio han salido del país 94 mil 233 millones de dólares, cantidad superior a los poco más de 84 mil millones de dólares que integraban las reservas internacionales del BM antes del 8 de octubre. Es importante destacar la fuga de capitales pues se trata de una tendencia que inevitablemente va en contra sentido de las intenciones del plan “anticrisis” de Calderón, este fenómenos refleja de una manera nítida hasta dónde la burguesía tiene confianza en el destino de la economía mexicana y en la propia capacidad de Calderón para actuar y revertir o atenuar los problemas. Desafortunadamente para el presidente espurio este movimiento de capitales hacia destinos más seguros demuestra que la desconfianza entre la burguesía cada vez es mayor, resultando este estado de ánimo por sí mismo un estupendo termómetro para medir las posibilidades de la economía.

¡Que la crisis la paguen los capitalistas!

La verdad es que basta una mirada un poco detenida sobre una serie de factores para concluir que el panorama es enormemente sombrío y que el plan “anticrisis” es demasiado limitado para cumplir con su objetivo. Pero el tan mentado plan no para ahí, en lo que verdaderamente consiste es en trasferir capital a la burguesía a través de los fondos públicos. Resulta curioso que Calderón esté poniendo a disposición de la burguesía varios millones de pesos, de “liquidez” para que no se interrumpa el otorgamiento de créditos. Esa aseveración es absurda, si hay un sector que se ha visto especialmente beneficiado de la economía mexicana es la banca, la cual mantiene al país en una sequía de créditos desde hace ya más de una década. En la actualidad solamente el 18% de las empresas tiene acceso al crédito de la banca, mientras que aproximadamente el 60% de éstas tienen en sus proveedores a su única fuente de crédito. El escaso crédito otorgado por la banca, contrasta con sus ganancias producto de la especulación y el parasitismo, las cuales sumaron al concluir el primer semestre de este 2008 la estratosférica cifra de los 17 billones 485 mil millones de pesos, 27.3% más de lo logrado un año antes. Esa cantidad equivale a ¡¡¡una vez y medio el valor anual del PIB mexicano!!! De esa enorme fortuna los bancos solamente destinan el 10% al crédito. ¿Con tanto dinero en las bóvedas de los bancos es válido hablar de falta de “liquidez” para darle continuidad al crédito? Definitivamente hay dinero suficiente y está en manos del parasitario capital financiero, pero los banqueros no están dispuestos a “tomar riesgos” menos ahora que las turbulencias están sacudiendo al sistema financiero mundial. Para tomar riesgos existe el dinero del Estado el cual además, cada que es puesto al alcance de los banqueros, como ha sido el caso del Fobaproa-IPAB por ejemplo, se trasforma en jugosos negocios para los Barones del Dinero. Para esta clase de especuladores además han sido puestas a su servicio las reservas internacionales, las cuales son fondos que se acumulan en el BM como resultado de las transacciones mercantiles con el exterior. La necesidad de la burguesía por proteger sus fortunas y negocios ante la adversidad de la crisis, obligó una demanda desmedida de dólares por parte de ésta para sustituir una momeada débil como lo es el peso y poder también sacar provecho de paso a la inevitable devaluación de la moneda nacional. Con esta medida los especuladores forzaron una mayor oferta de divisa yanqui la cual vino del BM de México, el cual entre el 8 y 16 de octubre ya había subastado 10 mil 800 millones de dólares. Esa subasta ya significó el empelo de aproximadamente 10% de las reservas internacionales en apenas 72 horas. Para evaluar la magnitud del descalabro basta comparar la cantidad subastada durante esos días y las desarrolladas a lo largo de todo diciembre de 1994, mes en el que estalló la peor crisis económica de toda la historia de México: en aquel entonces durante todo ese mes el BM, para tratar de impedir el desplome del peso, subastó 6 mil 336 millones de dólares pues para el 20 de diciembre de ese año el valor del peso frente al dólar ya se había desplomado 15%. Las subastas de dólares del BM fueron incapaces de frenar ese fenómeno y la momeada nacional terminaría experimentando una devaluación del 83% a lo largo de 1995 y del 173.82% al concluir la administración de Ernesto Zedillo en el año 2000. Desafortunadamente para Calderón, las subastas del BM, que al 16 de octubre ya habían hecho que las reservas internacionales pasaran de 84 mil 116 millones a 74 mil 316 millones de dólares, no han logrado frenar el descenso del peso el cual a estas alturas ya ha perdido más del 40% de su valor frente al dólar. Eso a pesar de que la suma subastada entre el 8 y 16 de octubre pasados representa una cantidad de un tercio mayor a los dólares subastados a lo largo del fatídico diciembre de 1994. El problema es que conforme pasen las semanas y los meses y conforme la crisis económica del mundo y de México se extienda y profundice, a riesgo de que se presente un colapso estrepitoso del peso, Calderón tendrá que echar mano de más dólares para subastarlos creando una enorme presión y contradicción frente a otro hecho insoslayable: la merma de la actividad económica en el mundo y en particular en los EEUU crearán un ambiente en el que las diferentes fuentes de las que provienen los dólares para las reservas del BM desempeñarán este papel de manera cada vez más limitada, transformándose todo ello en una genuina bomba de tiempo para el peso, la economía nacional y Calderón. Todas las repercusiones de la crisis y las medidas que adopten tanto la burguesía como Calderón para tratar de contrarrestarla, necesariamente serán pagadas por los trabajadores. La burguesía necesita exprimir hasta la última gota de sangre a los trabajadores para salvar sus privilegios, en condiciones como éstas, las políticas de ataques impulsados por el gobierno de Calderón contra los intereses del pueblo trabajador les resultan de máxima prioridad a los banqueros y empresarios pues no tienen otro camino a seguir. De ahí su empeño por privatizar al petróleo y es sólo cuestión de tiempo para que actúen contra los derechos laborales sustentados en la Ley Federal del Trabajo.

La única salida a la crisis es acabar con el capitalismo

En condiciones de crisis económica, colapsarán aún más los niveles de vida y las condiciones laborales de la clase obrera. La crisis actual es un firme testimonio de que el capitalismo es un sistema que ha dejado de ser viable y que sólo genera problemas para la humanidad. Esta crisis financiera también demuestra que las ideas de los grandes pensadores del socialismo científico, Marx, Engels, Lenin y Trotsky, son más actuales que nunca. Como nunca antes en la historia del capitalismo los acontecimientos se han encargado de ratificar la certeza de cada uno de los postulados de estos grandes revolucionarios. La burguesía ha machacado a los trabajadores mexicanos durante décadas, los choques entre las clases han alcanzado en los últimos años niveles no vistos en décadas, siendo los de especial relevancia los acontecimientos revolucionarios del 2006; insurrección en Oaxaca y la fenomenal lucha contra el fraude electoral encabezada por López Obrador. Y los dos años subsecuentes también hemos visto estupendas reacciones de los trabajadores contra la funesta nueva Ley del ISSSTE, en defensa del petróleo y más recientemente contra la Alianza por la Calidad de la Educación impuesta por los charros del SNTE y la Secretaría de Educación Pública, por citar algún ejemplo. En los últimos años ahí donde se han lanzado ataques, siempre ha habido respuesta de parte de los trabajadores. Los marxistas no hacemos una relación mecánica entre el ciclo económico y la lucha de clases, la historia demuestra que no necesariamente una crisis económica tiene que lanzar a las masas a luchar a las calles contra sus opresores; incluso, en el caso contrario, la historia también está llena de ejemplos en los que los trabajadores hacen huelgas y movilizaciones de masas en momentos de auge económico. Ante ello, y ante la valoración de la trayectoria reciente y del estado actual de la lucha de clases en México, tenemos que destacar que en términos políticos no es lo mismo afrontar esta clase de crisis económicas cuando el proletariado se encuentra derrotado y desmoralizado a hacerlo en un momento de ascenso del movimiento de los trabajadores. En nuestro país este último es el caso, la lucha proletaria continúa en una etapa ascendente y aún no se experimenta una derrota dolorosa como para desmoralizar al movimiento. En este ambiente de crispación y polarización social, las secuelas de la crisis se trasformarán en un acicate más para la revolución y para nuevos y más profundos estallidos sociales. Esta nueva etapa de lucha caracterizada no sólo por una mayor polarización social, sino además por un capitalismo mostrándose con su rostro más descarnado y decrépito, estimulará ideas y conclusiones revolucionarias entre los trabajadores, favoreciendo de manera formidable el desarrollo del programa socialista en el movimiento. La clave para capitalizar esas inquietudes es que los marxistas se mantengan firmemente vinculados a los trabajadores y sus organizaciones exponiendo su programa e insistiendo en la necesidad de expropiar a los banqueros y empresarios como única solución ante la decadencia del capitalismo, además de agitar en torno a consignas como la unidad en la acción del movimiento obrero, por la huelga general y por el derrocamiento de Calderón. Los trabajadores no tenemos otra vía, la única manera de frenar los nocivos efectos de la catástrofe capitalista es eliminando junto al Estado burgués, a la propiedad privada sobre las principales palancas de la economía para ponerlas bajo el control de los trabajadores. 23 de octubre de 2008.

Periódico de la Izquierda Revolucionaria

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