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La revolución mexicana pretendía de 1910-1917, dentro de las demandas de las clases más explotadas, la mejora de la calidad de vida. Ya que el régimen Porfirista atravesaba por varias crisis que afectaban directa e indiscriminadamente al proletariado. Los salarios que esta clase percibía eran miserables propiciando que  las condiciones de vida empeoraran aceleradamente. Entre 1895 y 1910 la esperanza de vida descendió de 31 años a 30 años y medio; la mortalidad infantil se elevó de 304 a 335 por cada millar.

Es decir que estos factores estaban propiciando puntos de inflexión, propiciando una revolución que permeaba indiscriminadamente a todo el proletariado y significativamente al género femenino.

Y desatándose la lucha armada en 1910, la presencia femenina era inminente pues si hablamos que en 1910 había 15 millones de habitantes, más de 7 millones 600 mil eran mujeres de las cuales en promedio eran analfabetas el 76% de mujeres. En el caso de los hombres dicho porcentaje se elevaba al 68%.

La mujer empieza a salir de los estrechos límites del hogar para desarrollar otras actividades, preocupación que se expresa en la prensa burguesa de la época. En tanto la emancipación podía significar la renuncia de ellas a su función "natural" de esposas y madres, acciones que eran contradictorias a la moral burguesa, pues con el proceso de industrialización iniciado en el porfiriato se abrió a las mujeres las puertas de fábricas, talleres, comercios, oficinas públicas y amplió también su participación dentro del magisterio.

Con la creación de la Escuela Normal de Profesoras en 1888, la profesión de maestra cobró una importancia que hasta entonces no tenía; mientras que al inicio del régimen 58.33% del profesorado eran hombres y 25% mujeres, para 1900 la proporción se había invertido en 32.50% hombres y 67.50% mujeres; y en 1907 las estadísticas registran 21.71% hombres y 78.29% mujeres. Con ello el magisterio se convirtió en la gran oportunidad de profesionalización para la mayoría de las mujeres. La Escuela de Artes y Oficios y la Mercantil "Miguel Lerdo de Tejada" de Señoritas, fueron también otra opción de desarrollo profesional en ciertos sectores sociales, y en menor escala el periodismo y las letras.

Dentro de los cuestionamientos, que son parte de la toma de la conciencia revolucionaria, en años cercanos a la revolución se comenzó a plantear un discurso que comenzó a cuestionar la función social de las mujeres, que las limitaba a la cotidiana vida doméstica limitándolas en aspectos como el acceso a las instituciones educativas, al trabajo remunerado, y a la participación política.

Mientras tanto la prensa obrera en estos tiempos comenzó a señalar las condiciones de este sector oprimido que variaban de bajos salarios, largas jornadas de trabajo, carencia de prestaciones, situación de las organizaciones gremiales etc. (gracias a la discriminación de género principalmente) Dichos señalamientos fueron conllevando a la necesidad de plantear demandas, no ajenas al movimiento obrero, puesto que eran necesarias y primordiales como medio de emancipación para la lucha de mejores condiciones de trabajo para el género femenino.

Tales preocupaciones fueron llevando a la acción y comenzaron a surgir organizaciones integradas por maestras normalistas y obreras del textil principalmente, que desarrollan una intensa labor política en contra del régimen de Díaz, lo que causó la persecución y el encarcelamiento de algunas de sus integrantes.

Y con la lucha armada desencadenada en 1910 las mujeres adquieren un papel más activo en el proceso revolucionario que incluyó a las mujeres pertenecientes a las clases mas explotadas, tanto obreras como campesinas pobras, aglomerándose en  los distintos frentes civiles de lucha, surgiendo las llamadas soldaderas que comenzaron como acompañantes de padres, hermanos, esposos etc.

Estas mujeres fueron sumamente criticadas por periodistas burgueses describiéndolas como la hembra sucia, harapienta, y burda. Esto no es casualidad pues las soldaderas se enfrentaban a las concepciones de la moral victoriana de aquella época cuyos cánones no solo las limitaba en su desarrollo individual, y en su formación como sujetos políticos capaces de dar o permanecer en pie de lucha.

La lucha de la mujer por su emancipación  como sector explotado tiene que ser parte de la lucha del movimiento obrero pese a que algunas de sus consignas de lucha sean solo pertenecientes al género femenino como fue en su momento el caso del derecho al voto.

Si bien la revolución mexicana de 1910-1017 significó un paso al frente en la lucha de los obreros y campesinos pobres contra sus explotadores, las cosas están lejos de estar resueltas. Al igual que los trabajadores de la ciudad y el campo, la mujer trabajadora tiene que enfrentar todos los días y ser presa de la explotación y la opresión capitalista. En el caso concreto de las mujeres de la calase trabajadora, en la actualidad tiene que padecer el desempleo o, cuando lo tiene, ser victima de un salario insuficiente al lado de la discriminación laboral. Ello sin olvidar que además de todo, cada día tiene que desarrollar intensas jornadas de humillante y esclavizante trabajo domestico. Además, ello se le agrega que tras las legislaciones antiaborto aprobadas por los congresos de varias entidades federativas, ahora las campesinas y trabajadoras son criminales en potencia: si aborta, cárcel.

Eso es lo que les ofrece la sociedad actual capitalista y su gobierno a las mujeres trabajadoras; al igual que en 1910 siguen existiendo poderosas razones para que se organicen y movilicen las mujeres explotadas y oprimidas al lado del conjunto de la clase obrera y el campesinado pobre para luchar contra aquello de donde emana la miseria para todos y la opresión para las mujeres de las clases desheredadas. Y al igual que en 1910, no paremos hasta derrocar al gobierno representante de los intereses de banqueros. Pero en este caso debemos de ir más lejos: la lucha contra el gobierno opresor, en estos momentos representado por el PAN, debe ser al mismo tiempo la lucha por expropiar a empresarios y banqueros para, bajo la dirección de un gobierno obrero, poner las principales palancas de la economía bajo el control democrático de la clase trabajadora.

Unidos en la fábrica, unidos en la lucha, la mujer obrera y la lucha por el socialismo

 


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