Primero nuestra vida y salud, después sus ganancias

Salvar la vida de la clase obrera, está siendo labor de las y los obreros mismos. Son ellos a través de la lucha conjunta, parando colectivamente, los que han hecho cumplir el Decreto del 31 de marzo, donde se estipula que toda actividad no esencial debe ser suspendida, mandando a casa con 100% de salario y sin despidos. Se está viviendo una agitación obrera que recorre todos los cordones industriales de la frontera norte del país, desde Tijuana hasta Matamoros; las y los obreros lo tienen claro, lo hacen ellos porque nadie más lo hará, este ejemplo es el camino a seguir en todo el país y en cada sector.

Nuestras vidas antes que sus ganancias

Desde que inició la crisis sanitaria las grandes empresas capitalistas a través de sus voceros como el Consejo Coordinar Empresarial (CCE), la Cámara Nacional de la Industria de Transformación (CANACINTRA), Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), el Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (INDEX) y demás organismos empresariales se han opuesto al cierre de los centros de trabajo argumentando de que esa medida colapsaría la economía y todo el país saldría perjudicado. Se han amparado a través de mentiras para que, a casi un mes del decreto, sus empresas sigan funcionando a pesar que en muchas de ellas ya están ocurriendo decesos de obreras y obreros.

Millones de trabajadores de servicios no esenciales llevan semanas, en plena expansión del virus, acudiendo a su centro de trabajo. Teniendo que tomar medios de transporte masificados y desarrollando su labor sin medidas de protección, expuestos a contagiarse y a infectar a sus familias. Todo ello con la complicidad activa de los principales sindicatos charros como la CTM, CROC, CROM e incluso “democráticos” que han hecho frente común con la patronal trayendo consecuencias dramáticas para la clase obrera y el empleo.

Prefieren vernos morir antes que ver disminuidas sus jugosas ganancias. Particularmente la industria maquiladora han acumulado por años millonarios beneficios, quieren chantajearnos y tomarnos el pelo; nos dicen que si se para la producción ya no tendrán dinero para pagar y las empresas se marcharán, totalmente falso. Los trabajadores de Reynosa resumen el tema bajo este lema ¡no vale nuestra salud por su ambición!

Las y los maquiladores no piden más que su derecho básico: sobrevivir. Una maquiladora en Ciudad Juárez expone: “no queremos más, queremos lo que nos corresponde, de que sirve que nuestros hijos de resguarden si nosotros nos exponemos. No somos ignorantes, sabemos nuestros derechos y pelearemos por ellos, exigimos ir a casa los días que sean necesarios.”

La organización colectiva que hemos presenciado estas tres semanas en muchas maquilas es el camino a seguir y es continuación de la lucha que hace más de un año protagonizaron las obreras y obreros de Matamoros. Ahí, por la vía de los hechos se demostró que sólo unidos y organizados podemos hacer cumplir nuestras demandas y además hacer realidad el Decreto Presidencial que la patronal se rehúsa y seguirá rehusándose a acatar y cumplir.

La lucha de Matamoros sirvió para que miles de obreras y obreros nos diéramos cuenta que uno solito no puede hacer gran diferencia, pero organizados a través de las asambleas democráticas por turno, la toma de decisiones colectivas y los planes de acciones llevados a cabo por todos no sólo van a salvar nuestras vidas ahora, sino que ponen de manifiesto que ante la fuerza obrera no hay nadie que resista. Confiemos en nuestras propias fuerzas, efectivamente ellos saben que sin nosotros no son nada, pero están dispuestos a exterminar una generación completa de trabajadores antes que perder sus beneficios, no lo permitamos, el único camino es la huelga general en defensa de nuestras vidas, nuestros empleos y nuestros salarios. 

¡Defender todos los empleos y los derechos laborales!

Desde que fuimos conscientes de la gravedad de la crisis provocada por el coronavirus, la clase trabajadora de la maquila viene dando la batalla para que se anteponga la salud a la producción, exigiendo la suspensión de las actividades no esenciales. La cuestión radica en que en los centros industriales donde trabajan miles de personas hacinadas en talleres y oficinas, el peligro de contagio es evidente. A pesar de esas circunstancias, las empresas no planteaban la suspensión de las actividades y los sindicatos, dejando la iniciativa a las empresas, tampoco defendieron el cierre, todo lo contrario.

Eso sí, desde entonces el ataque a los derechos y los salarios de los trabajadores no se ha hecho esperar. Muchas empresas despidieron a todos o una parte de sus trabajadores, otorgando liquidaciones de broma, ofensivas, que no sólo nos afrentan, sino que además dejan ver claramente que a la hora defender los intereses de la propiedad privada de unos cuantos los trabajadores ya no somos parte de la misma “familia”, ya no somos “asociados”; se nos arroja a la calle sin más ni más.

Las directivas de las empresas no ocultan que su intención es reanudar la actividad cuanto antes, siempre y cuando, alegan, se tomen las medidas de prevención adecuadas. Lo que no quieren entender es que la actividad es, en sí misma, un factor de riesgo social o, mejor dicho, lo entienden perfectamente, pero anteponen sus intereses económicos. Las empresas, incluidas las públicas, quieren recuperar la actividad a toda costa, demostrando que para el capitalismo todo, implícito la vida y la salud, está subordinado a los sacrosantos beneficios. Y si no hay producción, no hay beneficios. 

Se ha conseguido mandar a casa a miles a través de la protesta, pero la mayoría con el 70 o 60 por ciento de paga y solamente por 30 días. En contraste miles de nuestros compañeros siguen laborando e incluso muriendo. El ejemplo más grave es Tijuana, sólo en la maquiladora Lear ya han fallecido 13 obreras y obreros, cuando esta maquila tuvo que haber cerrado ya que no es esencial porque hace asientos y sistemas eléctricos para autos.

Un ejemplo de que la lucha está dando frutos es el de Mexicali, donde sólo gracias a la movilización se logró clausurar, al menos, 10 empresas por incumplir con el decreto. En el valle de San Quintín lo mismo, a través del SINDJA es como se ha obligado que el 60% de las empresas cumplan y se descase a los enfermos y personas mayores. Claro, los gobiernos locales y los charros han hecho pasar estos logros como resultado de su sensibilidad y apoyo a la clase trabajadora, sin embargo, lo conseguido hasta ahora ha sido gracias a la lucha organizada.

Pero la lucha aquí no concluye, tenemos que extenderla y unificarla para obligar a todas las empresas que no sean esenciales a parar la producción y conseguir que en los sectores que tengan que seguir laborando se apliquen todas las medidas de seguridad como la disminución de plantilla, sanitización de los centros de trabajo, equipo, etc.

Gobierno timorato

El Gobierno ha hecho exhortos a no despedir e incluso ha advertido que serán sancionadas las empresas que lo hagan, sin embargo, lo único que hace es darte un número y página para que denuncies y dejar en manos de un juez si los declara procedentes o improcedentes. Incluso si la mayoría de despidos que en estos días se han dado fuera declarado improcedentes por los jueces, esos trabajadores seguirán en la calle sólo que en el mejor de los casos con una indemnización un poco más mayor a la liquidación recibida. Por tanto, es completamente falso que no se pueda despedir. Despedir se puede sin problemas. Este discurso no es más que propaganda para intentar responder a la indignación que está creciendo imparablemente.

Con los jueces al servicio de los capitalistas, los trabajadores seguirán siendo enviados a las filas del desempleo con una liquidación mísera. Las grandes empresas están presionando y exigiendo al Gobierno que todo esto los paguemos los de siempre, las y los trabajadores, y si es con nuestra vida, a ellos les da igual.

Por su parte, las direcciones sindicales, lejos de movilizar a la clase obrera para impedir una situación que supondrá una cascada insoportable de despidos, reducciones salariales, más precariedad y pobreza han hecho frente común con la patronal acordando con los representantes empresariales dar vía libre a cualquier medida y a todas sus exigencias. ¡Este es el precio a pagar por un sindicalismo traidor, de pacto, sumisión y desmovilización permanente!

Todo esto no sólo está pasando en la maquila sino también en los sectores estatales como los electricistas, los petroleros, la salud, las y los telefonistas, etc. por poner un ejemplo, en la CFE cerca de 73 mil trabajadores siguen laborando bajo condiciones totalmente de indefensión.

El imperialismo estadounidense está también presionando seriamente insistiendo en que para ellos las maquilas son esenciales entre ellas las relacionadas al Departamento de defensa, en el caso de Ciudad Juárez hay severas presiones para que las maquilas relacionadas con los ensambles de piezas y artefactos de los fuselajes de la rama aeronaval no paren. Solamente en Ciudad Juárez hay 160 industrias con cerca de 300 mil trabajadores de los cuales 180 mil ya no están laborando gracias a la presión de la base obrera pero el resto está en un latente riesgo. 

El empresariado está desesperado llorando por los rincones y chantajeando porque las trasnacionales están llevándose la producción de nuevo a los Estados Unidos y se corre el riesgo de llevarse los empleos, sin embargo, ante este panorama, que es totalmente improbable, nuestra única alternativa es tomar esos centros fabriles y ponerlos a trabajar bajo nuestro control, reconvertir la industria y planificar la producción. Ante esto debemos decirnos, si las fábricas son de ellos ¿por qué nunca los hemos visto trabajando en la línea? Las fábricas pueden funcionar sin los patrones y dueños, pero no sin nosotros, nosotros somos los que producimos. Ante el chantaje del imperialismo y las patronales ¡Expropiación, sin indemnización, bajo control de la clase trabajadora!

¡Que la crisis la paguen los capitalistas!

Nuestra posición es muy clara, los trabajadores no somos corresponsables de la crisis, somos las víctimas. Esta pandemia tiene mucho que ver con los recortes que se realizan en el sector de la salud pública. Esos recortes son el resultado de la presión del gran capital a favor de la privatización de la salud, de las pensiones, de la educación y también de los servicios públicos para convertirlos en negocios privados ¿O qué representa el modelo de subcontratación u outsourcing masivo sino una privatización y precarización encubierta?

Las y los trabajadores estamos confinados sufriendo en unas condiciones muy difíciles, que en nada se parece a la de los dueños de las empresas. Por tanto, no aceptamos ninguna medida que implique más esfuerzo por nuestra parte: ni despidos, ni descansos voluntarios, ni home office, ni descanso con fracciones de salario, ni recuperación de días, ni pérdida de ninguno de nuestros derechos.

El coste de la suspensión lo tienen que pagar los empresarios de la industria con los beneficios que han obtenido todos estos años a costa nuestra. Desde Izquierda Revolucionaria, estamos exigiendo a las empresas que empleen los beneficios para pagar los salarios. Las enormes presiones que en el día a día ejercen las empresas sobre muchos trabajadores honestos, provocan la búsqueda de salidas “realistas” que casi siempre benefician a las propias empresas, como el descanso con un porcentaje de paga. Cada día va a ser más necesario que los trabajadores tengamos una alternativa revolucionaria para resistir a estas presiones. En nuestro caso esa alternativa la encontramos en Izquierda Revolucionaria, levantando la bandera de la conformación de un sindicalismo independiente, de clase y combativo.

La necesidad de levantar un frente unido de la clase obrera para defender nuestros empleos, detener la ofensiva patronal y exigir al Gobierno que actúe a favor de los intereses de la mayoría de la población no con discursos sino a través de hechos concretos y contundentes y no ceder a las presiones de un puñado de grandes capitalistas.

Por lo tanto, demandamos:

  • Aquellas empresas que se nieguen a cumplir con este decreto deben ser expropiadas, nacionalizadas y ponerlas bajo control democrático de las asambleas obreras.
  • Paralización inmediata de toda la actividad productiva que no sea esencial para luchar contra la pandemia. El Gobierno debe garantizar por ley que todas las trabajadoras y trabajadores de fábricas y empresas que no sean esenciales estén en casa con el 100% del salario, que todos sus empleos sean respetados y que no se pierde ningún derecho laboral.
  • Para los trabajadores de las empresas esenciales Gobierno y empresas deben proporcionar todos los medios de protección sanitaria necesaria (guantes, mascarillas, uniformes, equipos…), mandar a casa a los trabajadores y trabajadoras en situación de riesgo. Limpieza y desinfección continua de todas las herramientas de trabajo; test para detectar el coronavirus; descansar a compañeros que tienen familiares dependientes; imponer penas económicas muy severas para los empresarios que incumplan estas medidas.
  • Ningún despido o “descanso voluntario” al amparo del coronavirus. Ninguna reducción salarial, ningún derecho menos. Que la Secretaria de Trabajo establezca un servicio gratuito de asistencia legal para todas y todos los trabajadores que sí sirva, de cara a evitar el completo desamparo, como ya está ocurriendo, frente a las decisiones de la patronal y sus grandes bufetes de abogados ¡Que los empresarios pongan su parte de todos los beneficios acumulados estos años! ¡Que se devuelva el dinero de los rescates patronales y bancarios!
  • Precios bajos fijos de los productos de la canasta básica para la vida diaria de las familias trabajadoras y persecución contundente de la especulación. ¡Basta de que las grandes cadenas de supermercados y las multinacionales del sector alimentario se hagan ricos!
  • Suspensión temporal del pago de la renta, electricidad, agua, gas y servicios de telecomunicaciones para las familias trabajadoras que lo necesiten. Movilizar los recursos públicos para asegurar la alimentación y una vida digna para toda la población en riesgo: comedores públicos gratuitos, incremento drástico en la dotación material y humana de los servicios sociales.
  • Ninguna restricción a la libertad de expresión, manifestación y organización.
  • Sindicalización democrática, combativa y con un programa de clase para todos los trabajadores. ¡Basta de charrismo sindical! Basta de convertir a los trabajadores en moneda de cambio para beneficio de unos pocos burócratas al frente de los sindicatos charros.
  • Nacionalización inmediata de toda la banca para poner los recursos gigantescos del sector financiero al servicio de las necesidades sanitarias y sociales de toda la población.

Estamos ante una debacle general del sistema capitalista, que demuestra la urgencia de luchar por la transformación socialista de la sociedad. Hay que poner toda la riqueza que producimos bajo el control democrático de la clase obrera si queremos resolver las necesidades sociales inaplazables. ¡Socialismo o barbarie!


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