En medio de un contexto de crisis económica y ante los indicios evidentes de una recesión económica mundial, la clase trabajadora observa indignada cómo la burguesía obtiene ganancias cuantiosas. Para muestra basta apreciar que las 6 principales empresas de la construcción en México[1], encabezadas por la española OHL duplicaron sus ganancias en el primer semestre de este año en comparación a las obtenidas en el mismo periodo del 2010, con lo cual acumularon utilidades por 3 mil 61 millones de pesos (mdp) libres de impuestos, situándose OHL a la cabeza con mil 284 mdp, es decir el 42% de las ganancias obtenidas en conjunto por las 6 empresas[2]; para darnos una idea de la magnitud de ganancias, significa que la empresa OHL obtuvo 7 millones de pesos diarios durante el primer semestre del 2011. Todas estas concesiones de obras por parte del Estado propician un mayor endeudamiento y afianzan el carácter de acreedores del mismo a este tipo de empresas, con lo que la deuda pública se incrementa día a día.

Esta exorbitante cantidad contrasta ampliamente con el ingreso mensual de 52 millones de personas en el país (el 46.2% de la población total mexicana) que en el mejor de los casos se ubica en 2 mil 180 pesos. [3] De esos 52 millones, 11.7 viven en pobreza extrema (10.4% de la población), mientras que suman 57 millones de personas (52% de la población) quienes no alcanzan un ingreso que se ubique en la línea de bienestar, es decir, que les permita acceder a los productos indispensables de la canasta básica[4].

Las cifras de concentración de la riqueza son contundentes: 203 mil 23 inversionistas de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) acaparan el equivalente a poco más del 45% del PIB nacional[5]. Estos inversionistas representan el 0.18 de la población nacional, y han obtenido ganancias en 2011 que llegan a los 6 billones 122 mil 632 mdp, pasando de concentrar lo equivalente al 37.17% del PIB en 2006 (3 billones 507 mil 247 mdp) al 45.06% en 2011; tal cantidad de ganancias representa 1.78 veces el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2011, es decir, estos buenos burgueses podrían pagar todos los gastos del Estado y aún conservarían el 78% de tal cantidad egresada. Esto significa que de 2006 a 2011 han tenido un aumento de ganancias del 74%, mientras el número de burgueses que participan en esta inmensa riqueza ha crecido apenas el 17% (en 2006 eran 173 mil 26 los inversionistas que participaban en tal proporción del PIB). Y hay que considerar que estos datos son sólo del primer semestre de 2011.

Ya para 2010, el Banco Mundial confirmaba que mientras el 10% de la población más rica en México concentró entradas equivalentes a 439 mil 597 millones de dólares (mdd), lo que representa 41.3% del ingreso total del país, el 10% más pobre recibió 12 mil 772 mdd, es decir 1.2% del ingreso total; definitivamente la crisis no es la misma para todos.

Aumento de ganancias sin inversión

Pasemos al caso de las mineras nacionales y extranjeras: éstas cuadriplicaron el rendimiento de sus inversiones hechas en 2010, invirtiendo 3 mil 316 mdd y obteniendo 13 mil 900 mdd que fue el valor de la producción anual del sector[6]; en otros términos, por cada peso que invirtieron, obtuvieron como ganancia neta tres más, además de recuperar el monto de inversión. A esto se suma el hecho de que la producción minera se incrementó en un 50% con respecto a 2009, motivada por la especulación con respecto al oro ante la debilidad del dólar y a un factor político importante: la reintegración el año pasado de Cananea (que produjo 27,598 toneladas de cobre tan sólo en el primer trimestrede 2011) a la explotación minera después de la huelga de los trabajadores desde 2007. Tan sólo Grupo México, una de las principales mineras del país y dueña de Cananea sumó en el primer semestre de 2011 una utilidad neta (sin contar impuestos) de 6 mil 206 mdp (532 mdd) frente a 4 mil 482 mdp (362 mdd) del periodo enero-marzo del 2010, lo que representa un aumento de ganancias del 38.5% en pesos, mientras que en dólares el salto fue de 47%[7].

Por otra parte, según la página de CNN Expansión, las empresas más importantes de México en 2011 son las siguientes:

 

Empresa

Valor de ventas (2010) mdp

Variación anual (2011-2010)

Pemex

1,282,064

18%

América Móvil (Telmex/Telcel)

607,855

50%

Walmart de México

335,857

24%

CFE

254,417

16%

Cemex

178,260

-10%

Femsa (Coca cola/Oxxo)

169,701

-14%

General Motors de México

158,692

45%

Grupo Alfa

136,395

18%

BBVA Bancomer

121,910

-11%

 

 

De ahí la urgencia de la burguesía por privatizar empresas como Pemex y CFE. Estos datos revelan el hecho de que las ganancias obtenidas por la burguesía se obtienen no con una mayor inversión, de donde se erradica el mito del esfuerzo y sacrificio del buen burgués. Sólo por mencionar algunos ejemplos, los nombres de algunos barones del dinero en México, entre los cuales no es posible distinguir entre malos y buenos sino caracterizarlos como burgueses, explotadores de la fuerza de trabajo obrera son los siguientes: Carlos Slim (América Movil, Inbursa), Alberto Bailleres (Peñoles, Palacio de Hierro), Germán Larrea Mota Velasco (Grupo México, Banamex), Ricardo Salinas Pliego (Tv Azteca, Grupo Elektra), Jerónimo Arango (Walmart de México), Roberto Hernández (Hotelería), Emilio Azcárraga (Televisa, Cablevisión, Sky), Alfredo Harp Helú (Avantel) y Lorenzo Zambrano (Cemex, Axtel).

Todos ellos han obtenido sus ganancias explotando a sus obreros, obteniendo herencias cuantiosas, fusionando sus capitales con otras empresas para crear grandes monopolios, especulando en la bolsa de valores, cometiendo fraudes solapados por los gobiernos y aprovechándose de otros burgueses, es decir, no son más que parásitos que ni siquiera tienen que ver con la dirección técnica de sus empresas. El capitalista actual ya ni siquiera juega el papel de orientador del proceso productivo, únicamente se dedica a preguntar a su contador cómo van sus negocios y cómo incrementarlos.

La concentración del capital y la explotación de la fuerza de trabajo como premisas del capitalismo

El incremento exorbitante de las ganancias de las diferentes empresas bajo el capitalismo responde a una ley histórica que es la de invertir menos y ganar más a partir de una mayor explotación a la clase trabajadora. Según el INEGI, la inversión productiva en México ascendía para abril del 2011 a 493 mil 497 mdp; si comparamos esta cantidad con los más de 6 billones de pesos acumulados por poco más de 203 mil inversionistas, tenemos que la inversión llega apenas al 8.2% de las ganancias totales. Ahora bien, si el burgués no invierte más, sino que por el contrario, la lógica es invertir menos, ¿de dónde salen tan cuantiosas riquezas?

Si observamos los datos de la productividad de la mano de obra, con un índice del 100% de la para el año 2008 (antes de la agudización de la crisis económica), para 2009 la productividad de la fuerza de trabajo en México descendió al 94.7%, y en 2010 se incrementó al 99.7%, para en 2011 ubicarse en 103.04%. En otras palabras, la recesión económica en 2009 trajo consigo la disminución de la productividad, poniendo de relieve el carácter de sobreproducción de esta crisis y la necesidad del capitalismo de deshacerse de una cantidad inmensa de fuerzas productivas que el mercado no puede absorber; pero también se refleja que con un despido de poco más de millón y medio de trabajadores en 2009 (según la Asociación Latinoamericana de Micros, Pequeños y Medianos Empresarios), la producción descendió sólo 5.3%, recayendo sobre una capa menor de trabajadores. Los datos de 2011 revelan que, en el sector productivo, un obrero produce 3.04% más que en 2008, claro está, sin que esto se vea reflejado en su jornal, y con un desempleo que asciende ya a 2 millones 749 mil personas para julio de este año. La productividad de la fuerza de trabajo se incrementa mientras la plantilla laboral desciende abruptamente, es decir, más trabajo en menos manos.

Mencionemos un último pero muy revelador dato: mientras en 2009 hubo un descenso del 5.46% de las horas laboradas por los trabajadores del sector productivo con respecto a 2008, para 2010 las horas laboradas ascendieron al 5.04%, equilibrando prácticamente la producción de 2008. No obstante, para junio de 2011 las horas laboradas se incrementaron en un 3.6% con respecto a 2010. Una vez más se reitera que con menos trabajadores, el burgués logra no sólo mantener, sino incrementar su producción, sobreexplotando su fuerza de trabajo.

El modo de producción capitalista se basa en la producción de mercancías, es decir, en la producción de valor de cambio que genere acumulación, misma que permita no sólo la reinversión del capital acumulado, sino también que permita acrecentar esta acumulación del capitalista. El proceso de acumulación y distribución desigual es la base del capitalismo, no es exclusivo de cierta fase del modelo capitalista, sino que representa la razón misma de ser de este modo de producción, mismo que se agudiza en tiempos de crisis, donde la contracción de esta riqueza concentrada en pocas manos pone en evidencia la situación de miseria en la que viven millones de trabajadores en el mundo. La plusvalía es la base de tal acumulación, es decir, el trabajo excedente no pagado al obrero; como Marx menciona, el trabajo excedente no es exclusivo del modo de producción capitalista, pues este surge con la apropiación de los medios de producción por parte de algunos miembros de la sociedad[8]. Sin embargo, el mismo objetivo del valor de cambio (la acumulación capitalista) hace que la burguesía tenga lo que Marx llama un hambre de trabajo excedente, referida a la necesidad de acrecentar la acumulación capitalista estrujando cada vez más la fuerza de trabajo del obrero, ya sea alargando la jornada de trabajo, intensificando los ritmos de trabajo o a través del desarrollo técnico que permita producir en menos tiempo las mercancías que el obrero necesita para vivir, con lo que la parte de la jornada de trabajo que el obrero ocupa para producir sus medios de vida necesarios es menor, mientras que el tiempo destinado a producir las mercancías que el capitalista venderá y por las cuales obtendrá ganancias aumenta considerablemente.

La condición para que la acumulación del capital se extienda es que éste expanda su margen de maniobra, ya sea por medio de su empleo en distintas ramas de la industria o a través de la expansión geográfica de su acción, es decir, el ensanchamiento del mercado. Estos proceso se ratifican con la integración de monopolios internacionales y que abarcan distintas ramas de la industria, concentrando el capital y centralizando los medios de producción en pocas manos.

No obstante nos encontramos en tiempos de crisis clásica de sobreproducción, donde el capitalismo necesita destruir las mercancías que saturan el mercado, lo que contrae la producción fabril (fenómeno que se ha presentado en prácticamente todo el mundo, incluida China); la contradicción es evidente: mientras la producción se contrae, la explotación de la fuerza de trabajo se acrecienta y cada vez recae sobre menos manos de trabajadores el lastre de satisfacer la acumulación capitalista, que objetivamente no puede ser empleada para producir sino para agudizar más la concentración. En México, una capacidad instalada ociosa de la industria del 30% y del 50% para el caso de las pequeñas empresas nos habla de ello.

Si bien el capitalismo no se ha librado de la pesada loza de la sobreproducción, la extracción de plusvalía del obrero es la base para incrementar las ganancias del burgués, y la gran concentración de riqueza responde, en un contexto donde la producción ha disminuido considerablemente, a la especulación financiera, que no es más que el trasvase de plusvalía acumulada de un capitalista a otro a través de los movimientos bursátiles.

Expropiación de la industria y lucha por el socialismo

No conforme con estas exorbitantes ganancias, la burguesía a nivel internacional está aplicando múltiples ataques a la clase trabajadora a través de planes de austeridad, rescates millonarios a la banca, contrarreformas laborales entre otros con un mismo objetivo: aumentar su acumulación en detrimento de las condiciones de vida de las masas. Según el IMSS desde 2000 se añadieron 8.4 millones de personas a la Población Económicamente Activa (PEA) y sólo se han creado 2.8 millones de empleos con prestaciones de seguridad social, lo cual implica un rezago acumulado de 5.6 millones de plazas laborales, sumados al millón y medio de trabajadores despedidos por el cierre de 500 mil pequeñas y medianas empresas en 2009, los más de 40 mil electricistas despedidos de Luz y Fuerza del Centro, y los supuestos 2 millones de desempleados que reconoce la Secretaría del Trabajo y Previsión Social durante 2010. Según un estudio del Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical (Cilas) y la UNAM, del volumen total de jóvenes en el país en edad de trabajar (más de 16 millones), millón y medio no encuentran empleo, lo que significa que más de 50 por ciento de los desempleados de todo el país son jóvenes[9]. Además, el 40% de los jóvenes de entre 20 y 24 años que laboran no cuentan con prestaciones como contrato, seguridad social, jubilaciones, escalafón, entre otros; el desempleo a nivel mundial para 2009 ya alcanzaba a 81 millones de jóvenes.

La única alternativa para terminar con este sistema de explotación y que la concentración de la riqueza en poca manos llegue a su fin es la expropiación de la industria y la banca para que sean controlados por los trabajadores. De esta manera las exorbitantes ganancias se emplearan en mejores salarios y condiciones de vida de la sociedad, invirtiendo más en la industria y permitiendo reducir las jornadas laborales, pues se podrán integrar al trabajo a los millones de personas que se encuentran en el desempleo. La clase obrera es capaz de dirigir a la sociedad y a la industria, impulsando todo el potencial científico y tecnológico de la sociedad a través de una planificación de la economía que cubra las necesidades de la población y evite las enfermedades del capitalismo como la sobreproducción y la especulación como medios de acrecentar la acumulación de capital. Como ya hemos comentado, todas estas ganancias son obtenidas gracias al apoyo del Estado como el administrador de los negocios de la burguesía, por lo que la manera en que el proletariado tomará las riendas de la sociedad es a través de la conquista del poder político, de la toma del Estado para echarlo a andar en beneficio de los explotados. Los proletarios no tenemos nada que perder más que nuestras cadenas, compañero trabajador, únete a Militante y lucha por una sociedad sin clases, por una sociedad socialista.



[1] Carso Infraestructura y Construcción (CICSA), Grupo Mexicano de Desarrollo (GDM), Empresas ICA, Impulsora del Desarrollo y el Empleo en América Latina (IDEAL), Obrascón-Huarte-Lain México (OHL) y Promotora y Operadora de Infraestructura (Pinfra). Fuente: La Jornada (01/08/2011).

[2]Fuente: La Jornada (01/08/2011).

[3]Fuente: La Jornada (30/07/2011 y 01/08/2011) a través del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

[4]Fuente: La Jornada (30/07/2011).

[5]Fuente: La Jornada (03/08/2011) a través de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV)

[6] Fuente: La Jornada (04/08/2011) a través de la Cámara Minera Mexicana (Camimex)

[7] Fuente: La Jornada (19/04/2011) a través de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV)

[8]“Dondequiera que una parte de la sociedad posee el monopolio de los medios de producción nos encontramos con el fenómeno de que el trabajador, libre o esclavizado, tiene que añadir al tiempo de trabajo necesario para poder vivir una cantidad de tiempo suplementario, durante el cual trabaja para producir los medios de vida destinados al propietario de los medios de producción”. Marx, Karl. El Capital. Crítica de la Economía Política. FCE, México, 2009. Tomo I, pp. 180-181.

[9] Fuente: La Jornada (25/07/2011)


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