Economía

Toda la crisis en las espaldas de los trabajadores Uno de los elementos básicos de los postulados monetaristas en la economía es la suposición de que si el estado de las finanzas publicas está bien (es decir si no hay déficit), entonces la economía está bien. Incluso si el crecimiento económico es raquítico o nulo. Un ejemplo de ello es el mito respecto a los años de “populismo”. Los economistas burgueses no se cansan de repetir que durante los años 40-82 las cosas en materia económica se hicieron muy mal y que desde 1982 se han hecho muy bien. La base para medir el grado de salud de una economía es la inversión productiva. Antes, cuando el Estado poseía un fuerte sector paraestatal (cercano al 50% del total del PIB), se podían establecer políticas que significaran palancas para impulsar tal o cual área sobre la base de una prioridad de desarrollo. Seguramente estamos todos de acuerdo en que los gobiernos priístas, profundamente corruptos y autoritarios, pesaba más el capricho del presidente o político influyente, que las necesidades de las masas. Había un problema de democracia que pasaba desde la gestión del Estado hasta la gestión de las empresas públicas, las cuales eran saqueadas por cada nueva capa de funcionarios que tocaba turno hacerse cargo de ellas. No obstante, era una realidad que una palanca económica de esa magnitud era clave para asegurar que una política económica publica tuviera impacto. Así, el país se industrializó y emergió un proletariado de más de 10 millones de personas, cuyo trabajo se expresaba en el desarrollo económico y social del país. Actualmente, la orientación del gasto público no va a la inversión productiva, como en otros tiempos, sino a establecer subsidios al consumo de sectores específicos de población supuestamente en “extrema pobreza”. En suma, el gasto publico en el área social está orientado, no a modificar los factores estructurales que generan la pobreza, sino a paliar un poco los efectos de los bajos salarios, el desempleo y la falta de inversión productiva en el campo. La política fiscal y monetaria en realidad sólo ha podido funcionar como una especie de camisa de fuerza del desarrollo de las fuerzas productivas: ha limitado el desarrollo económico y lo ha orientado sólo a los sectores más convenientes para la inversión extranjera y con posibilidades de recuperación más rápidas. Bajo el punto de vista de los economistas que dirigen la economía, el “crecimiento económico es sobrecalentamiento” e implica la confesión implícita del sistema capitalista en el sentido de que no pueden evitar el advenimiento de una crisis, por tanto prefieren un crecimiento raquítico limitando el circulante y dificultando el crédito y la inversión productiva en el conjunto de la economía, que un crecimiento que no pueden controlar. La parte de la sociedad que tiene el control de los sectores claves de la economía - la burguesía socia del imperialismo - sólo exige una cosa del gobierno: que le permita acceso ilimitado a fuentes de ganancia rápida y de bajo riesgo y le garantice que en caso de algún problema, el Estado (con los recursos del pueblo) acuda a su rescate. El Estado tiene importantes reservas monetarias: más de 80 mil millones de dólares, más la acumulación de los excedentes por los precios del petróleo, que en este año superarán los 20 mil millones de dólares. Por lo tanto una crisis económica no necesariamente implica una crisis de las finanzas del Estado, de hecho hemos contemplado desde 1995 (año de la crisis del error de diciembre) cómo el Estado acumula y acumula reservas mientras que el desempleo, la miseria, los bajos salarios y todo lo que implican, sumen en la desesperanza a millones de familias trabajadoras. Es decir, un Estado en relativa bonanza y una economía estancada y con crisis permanente. Con todo, el tamaño de la economía mexicana no es insignificante. Éste año será superior a los 900 mil millones de dólares en su Producto Interno Bruto. Es la economía más grande de América Latina después de Brasil, así que las políticas que pretendan “estimularla” deben estar acordes con estas dimensiones, deben intervenir en la actividad productiva para forzar al conjunto hacia delante y deben, al mismo tiempo, suponer una mejora tanto en las condiciones de trabajo, como en los niveles de vida de las masas. Pasemos entonces a comparara estas necesidades con el “plan emergente” que el gobierno de facto ha propuesto. Uno de ellos es el pago por parte del gobierno del 5 % de las cuotas patronales al IMSS, esto sólo significa un subsidio más a la burguesía con cargo para los contribuyentes, especialmente los asalariados, que como sabemos son los únicos que pagan puntualmente sus impuestos. Otra medida es la reducción del 20% de las tarifas eléctricas en horas punta, esto es también un subsidio a las empresas en la media en que, como se sabe son las únicas que efectúan un pago extra producto del empleo de energía eléctrica en dichos horarios. En los cuales se tiene que poner en marcha plantas generadoras tan sólo para cubrir con sus necesidades. En suma, estamos hablando de una medida que trata de evitar que paguen los que pueden pagar. Otras medida son la reducción e incentivos fiscales a empresas por 50 mil millones de pesos. Por cierto, esto no representa algo en lo que el gobierno vaya a invertir, sino en lo que dejara de recibir. Por tanto, no supone un impacto o estimulo directo a la dinámica de la economía sino más bien una forma de resarcir a las empresas por las posibles pérdidas que se vayan a generar. En pocas palabras, ni un centavo para la creación de nuevas industrias, de nuevas fuentes de riqueza. Resultado: 0% de valor añadido al crecimiento. Otra medida es la reducción de 3% de pago provisionales al IETU y el impuesto sobre la renta empresarial, lo que significa otros 6 mil millones de pesos que el Gobierno dejará de recibir. No hay compromisos de que ese dinero que la burguesía no pagara se traducirá en inversión productiva, ni un niño pequeño puede creer que en un entorno de crisis la burguesía va a invertir los impuestos que el Estado no le va a cobrar, sobre todo cuando en el marco de la crisis las perspectivas de recuperar rápidamente sus inversión son más que inciertas. Por alguna razón un tanto rara, se incluyó dentro de las medidas la inversión de 10 mil millones de pesos el presupuesto de mantenimiento y del Sistema Nacional de Ductos de Petróleos Mexicanos, resulta extraño porque hubiese o no un entorno complicado es indispensable invertir en dichos ductos o la pregunta sería ¿si no hubiera habido crisis entonces ni un centavo para dichos trabajos? La verdad es que se esta pretendiendo incluir un gasto programado en un programa emergente para darle más vista en la medida del carácter francamente mezquino de dicho plan. Una propuesta que el gobierno hace como para que no digan que “todo para ellos y nada para nosotros”, es la contribución gubernamental a las cuotas del IMSS de obreros y patrones en municipios de menos de 50 mil habitantes. Al respecto decimos: muy poco y muy tarde, en la medida en que el único impacto que reflejará esta medida es el mantenimiento de un servicio que es obligación del Estado. En suma, esta medida tampoco supone imprimir una mayor dinámica a la economía. La otra medida es recortar los gastos en trámites hasta por 1 500 millones de pesos. Es decir, otro recorte de ingresos directo a los bolsillos de los patrones. Ah, pero que no se diga que el Gobierno sólo mira en favor de sus amos burgueses. Dentro de las propuestas esta el portal www.empleo.gob.mx, para que las masas puedan ocupar unas 130 mil vacantes frente al millón y medio de empleos que se requieren incrementar anualmente para mantener en el mismo nivel el desempleo. Por supuesto, la diferencia es que ahora el portal está más “bonito” e incluirá estadísticas y asesoría para convencernos de que si no hay empleo es por culpa de nuestra falta de capacitación. En definitiva, toda una burla al pueblo trabajador que no supone un solo empleo. Lo único en donde se supone habrá inversiones frescas es en “acelerar” la entrega de 3 mil millones de pesos para la banca de desarrollo. Si, lo leyó usted bien, 3 mil millones de pesos es lo único que todo el plan de Calderón ofrece para invertir, ello representa el 0.03% del PIB. Es decir: nada. Como si se echara una gota de agua en un comal ardiendo. Si hacemos una revisión, el Estado dejará de percibir unos 100 mil millones de pesos en impuestos. Le estará regalando a la burguesía esos montos y tan sólo invertirá 3 mil millones de pesos extra. Cabe recordar que los excedentes petroleros superarán los 200 mil millones de pesos y por supuesto, lejos de reflejarse en inversión productiva, se quedarán nuevamente para cubrir las necesidades de los buitres burgueses que requieran nuevos rescates. La recesión no es producto de la falta de dinero y liquidez de los burgueses sino de la incapacidad del mercado para absorber la producción de bienes y servicios, es decir de las mercancías y para mantener operando la planta productiva un nivel pleno. Esos elemento no son contrarrestados con el plan, y por lo tanto la crisis se expresará en cierres de empresas, crisis de deudas impagables y reducción de la actividad comercial, que como siempre los burgueses pretenderán que los trabajadores seamos lo que paguemos. Escudados en el pretexto de la crisis, los señores del Gobierno tratarán de lanzar más ataques, no hay de otra tenemos que unificarnos y luchar para derribar al Gobierno o este último continuará con sus ataques y sus burlas al pueblo trabajador. Únete a Militante y lucha por un programa socialista, el único que realmente puede generar crecimiento económico combinado con bienestar social.
escrito por Michael Roberts Viernes, 28 de marzo 2008 En el momento de escribir este artículo, los mercados mundiales aún se están recuperando de otro shock del sistema provocado por la crisis crediticia que se ha venido desarrollando en los mercados financieros capitalistas desde finales del verano pasado. La última sacudida fue aún más grande. A última hora del domingo por la noche, 16 de marzo, la Reserva Federal estadounidense anunció que Bear Stearns, el quinto banco de inversión más grande de EEUU, se había hundido. Así que acordaron que JP Morgan-Chase, un banco aún mayor, absorbiera Bearn Stearns. JP Morgan pago sólo 2 dólares por acción y no tendrá que pagar nada más en efectivo, sólo tendrá que ofrecer acciones de JP Morgan a los accionistas de Bear Stearns. Al mismo tiempo, los enormes préstamos y bonos valorados en 30.000 millones de dólares que Bearn Stearns tenía en sus libros estarán garantizados por un préstamo de la Reserva Federal a JP Morgan. En realidad, JP Morgan se hace con Bear Stearns y sus empresas por prácticamente nada. Ha pagado 256 millones de dólares (y no en efectivo) por un banco que sólo sus edificios valen 2.000 millones de dólares y cuyas acciones ¡valían más de 100 dólares cada una hace unos pocos meses! Y los préstamos de riesgo que Bear Stearns tenía, que son la causa de su caída, estarán garantizados por la Fed. ¡Un buen acuerdo para JP Morgan! Las autoridades norteamericanas hacen esto porque saben que Bear Stearns no podría cumplir con sus obligaciones hacia otros bancos y los acreedores. Se había quedado sin efectivo y nadie en Wall Street, el centro financiero de Nueva York, estaba dispuesto a prestarle. Si se le hubiera permitido caer todos los demás bancos de Wall Street y Europa también habrían sufrido enormes pérdidas por los préstamos y contratos con Bear Stearns, quizá alguno de ellos habría entrado en bancarrota. La Fed tuvo que actuar rápidamente para apuntalar el gran sistema financiero capitalista. Así que ha asumido una obligación considerable hacia el resto del sistema bancario en nombre del contribuyente, es decir, nosotros. Lo que ha hecho la Fed recuerda a lo ocurrido en Gran Bretaña con Northern Rock. En ese caso era un prestamista hipotecario de tamaño medio que tenía la pretensión de convertirse en un banco más grande, pero cayó por que no pudo pedir prestado el dinero suficiente para pagar los intereses o el principal a los bancos e inversores que habían comprado sus hipotecas. En este caso, el Banco de Inglaterra rechazó una oferta de Lloyds Bank para comprar Northern Rock por una miseria con garantías sobre sus préstamos, como hizo la Fed con JP Morgan para comprar Bear Stearns. En su lugar, optó por salvar el banco poniendo dinero directamente de los fondos de los contribuyentes. El plan del Banco de Inglaterra no funcionó y acumuló enormes obligaciones, casi 100.000 millones de dólares comparados con los 30.000 millones que ha puesto la Fed. Finalmente, el gobierno tuvo que nacionalizar Northern Rock con el objetivo de despedir a la mayor parte de la fuerza laboral y liquidar la mayoría de las hipotecas para recuperar nuestro dinero. Cualquiera de las soluciones por las que optaron las autoridades monetarias de EEUU o Gran Bretaña, lo que demuestra es que la contracción del crédito ha alcanzado tal proporción que son ahora los bancos grandes los que están contra la pared. No es extraño que el anterior presidente de la Fed, Alan Greenspan, calificase esta crisis financiera global como la peor desde los años treinta. El sector financiero del capitalismo se tambalea. ¿Cómo ha llegado a esta situación lamentable? La clave para comprender la crisis es el cambio de relación entre los sectores productivo y no productivo del capitalismo. El capitalismo es un sistema de producción de mercancías necesarias para conseguir un beneficio. La producción no es la necesidad, sino el beneficio. Si no hay beneficio no hay producción, aunque las personas necesiten mercancías o servicios. Según esta definición, los sectores productivos del capitalismo son aquellos que generan beneficio. Marx explicó que sólo el trabajo puede generar un valor y que el beneficio se materializa cuando el valor de las mercancías o servicios se venden en el mercado por encima del coste de emplear mano de obra, de la inversión en plantas y materias primas necesarias para fabricar las mercancías o servicios. Pero algunos sectores del capitalismo parecen que pueden generar un beneficio, pero lo que en realidad hacen es extraer o redistribuir los beneficios generados en otros sectores de la economía. De este modo, las empresas de bienes inmuebles pueden hacer beneficios de la compra o venta de propiedades o de los honorarios que ellas cobran. Pero en ese proceso no se produce nada. También se consiguen beneficios cuando los constructores privados construyen una casa y la venden. Pero en este último caso si se produce algo. Desde el punto de vista del capitalismo, el sector productivo es la construcción de casas y el improductivo sería el sector de bienes inmuebles, porque en el primero es donde se genera originalmente el beneficio que después consiguen los agentes inmobiliarios. Para el capitalismo, los sectores productivos que generan beneficios son la manufactura, minería, transporte y comunicaciones. Pero estos sectores deben comprar los servicios de abogados, agentes inmobiliarios, asesores y sobre todo deben pedir dinero prestado a los bancos e instituciones financieras para financiar inversiones y pagar a sus empleados. Estos sectores son necesarios para lubricar los engranajes del capitalismo, pero no son productivos porque no generan beneficios para el conjunto de la economía, sino que sencillamente recogen un pedazo de los ingresos producidos por los sectores productivos. Igual de "necesario" e improductivo para el capitalismo son los sectores gubernamentales de la sanidad, educación, policía y fuerzas armadas. Son necesarios para preservar la salud y las habilidades de la fuerza laboral, y para mantener la "ley y el orden". Pero no generan plusvalía ni generan beneficio por sí mismos. Lo que ha ocurrido durante los últimos veinticinco años ha sido una masiva expansión de los sectores improductivos de la economía capitalista (al menos en las economías capitalistas desarrolladas maduras de Norteamérica, Europa Occidental y Japón). Según ha madurado el capitalismo, cada vez se ha orientado menos hacia la producción. Los reducidos sectores productivos han tenido que financiar un sector productivo en expansión o economías capitalistas maduras que han tenido que extraer beneficios de los sectores productivos de China, India y América Latina que han crecido rápidamente. Como resultado de este proceso, el crecimiento económico en las economías maduras se ha desacelerado poco a poco comparado con las décadas doradas de los años cincuenta y sesenta. El crecimiento económico no ha sido tan convulsivo y volátil como en los años setenta, pero no ha superado la media del 3 por ciento anual en las economías desarrolladas, comparado con el 5-6 por ciento del período posterior a 1948. Por eso cada vez más inversión se ha desviado hacia los sectores no productivos que sólo tenían la apariencia de mejor rentabilidad. Peor aún, como la rentabilidad caía en los sectores productivos, las autoridades monetarias intentaron estimular el crecimiento bajando los tipos de interés y poniendo más dinero en circulación. El capital monetario creció, dando la apariencia de que había mucho capital o beneficio para reinvertir. Pero como diría Marx, era capital ficticio. No era real porque no se basaba en los beneficios de los sectores productivos del capitalismo, sino que sólo era el resultado de poner más dinero en circulación, de los contratos de bonos, hipotecas y otros instrumentos financieros. En los últimos quince años han aparecido nuevos y exóticos instrumentos financieros destinados a financiar la compra de acciones, edificios, casas e incluso algo de inversión en la producción real. Este capital ficticio alcanzó niveles astronómicos. La producción anual mundial alcanzó un valor de aproximadamente 53 billones de dólares en 2007. Sin embargo, los préstamos bancarios alcanzaron los 40 billones de dólares, los mercados de acciones del mundo llegaron a los 70 billones de dólares y, más asombroso aún, los mercados de derivados (contratos para comprar o vender bonos, acciones o préstamos a una fecha determinada) alcanzaron los 500 billones de dólares, ¡diez veces más que el PIB mundial! Es evidente que el capitalismo mundial cada vez es más irreal. Esta situación no podía durar. El detonador fue el sector inmobiliario, después de todo, era una de las partes más grandes del capital ficticio. Durante aproximadamente los últimos quince años, las hipotecas baratas y la gran afluencia de dinero permitió a los asalariados medios entrar en el mercado inmobiliario. En todas partes el mercado inmobiliario se disparó: los precios subían alimentados por hipotecas cada vez mayores e incluso precios más elevados. La apariencia de prosperidad llevó a los propietarios de casas a pedir dinero prestado sobre sus casas y gastar como si no existiera el mañana. Y los bancos no sólo concedían cada vez más hipotecas a personas que no se las podían permitir, también vendías estas hipotecas como bonos a otros bancos e inversores atraídos por intereses y precios más elevados de lo que ellos ganaban. Después, aproximadamente a mediados de 2005, los precios inmobiliarios norteamericanos dejaron de subir tan rápido e incluso comenzaron a caer. Los precios ya eran tan altos que muchas personas ya no podían comprar, incluso con hipotecas accesibles y baratas. Los sectores productivos de la economía ya no generaban aumentos salariales y beneficios suficientes para costear los elevados precios inmobiliarios. Igual que la burbuja bursátil estalló en 2000, lo que llevó a la recesión económica de 2001, ahora le tocaba el turno a la burbuja del mercado inmobiliario. Los precios inmobiliarios en EEUU han caído ya más de un 10 por ciento, con caídas del 30 por ciento en estados clave como California y Florida. La gente comenzó a dejar de pagar sus hipotecas. Los bancos han tenido que cancelar como incobrables estas deudas. Pero muchas de estas hipotecas fueron empaquetadas como bonos y vendidas a terceros. Los inversores ahora se encuentran con que sus bonos no valen nada. Habían pedido dinero prestado basados en el valor de estos bonos y ahora tampoco podrán pagar a sus acreedores. Pronto la crisis del crédito se trasladó a los sectores financieros de EEUU, Europa y Asia. Finalmente hemos llegado a Bear Stearns. Cuando los bancos tienen que pagar las pérdidas con el dinero de sus accionistas, se ven obligados a encontrar más inversores o sino deben reducir el préstamo. Por eso no pueden prestar más de diez veces el valor del capital de sus inversores o de los depósitos que tienen. La mayor parte del tiempo, los inversores y los depositarios no quieren disponer de la totalidad de su dinero, por eso los bancos se ‘apalancan', sumen que sólo necesitan desembolsar aproximadamente el 10 por ciento de su exigible. Así, si su capital desaparecer cuando tienen que saldar pérdidas y si todos los depositarios exigen el reembolso de su dinero, entonces se enfrentan a la bancarrota. Deben ser cuidadosos y reducir los préstamos si no quieren derrumbarse como Bear Stearns. Así que deben desapalancarse. Los bancos y otras instituciones financieras ahora se están desapalancando como locos. No quieren prestar más a los propietarios de viviendas o manufactureros, cada vez prestarán menos y con tipos de interés más elevados. El capital ficticio está desapareciendo y la lamentable situación del capital real es evidente. Esta situación alimenta la recesión económica. Como ya hemos explicado muchas veces, la rentabilidad capitalista sube y baja de acuerdo con los ciclos, como explicaba Marx en la ley de la tendencia a la caída de la tasa de beneficios. Es una tendencia, la rentabilidad no siempre cae. En realidad, en EEUU, Gran Bretaña y Europa subió desde 1982 hasta 1997. Pero ahora estamos en medio de una fase descendente de la rentabilidad y que probablemente pueda durar hasta 2013-2015. En la fase descendente, la caída de los beneficios algunas veces puede llevar a una caída real de la masa de beneficios generada por el capitalismo, provocando una recesión económica donde la producción cae, el desempleo aumenta y la inversión cae hasta que se consiguen restaurar los beneficios. Este proceso está ocurriendo ahora. Los beneficios empresariales en EEUU están cayendo y pronto ocurrirá también en las empresas europeas. Después caerá la inversión o se frenará, el desempleo, que había bajado en EEUU y Europa desde 2002, comenzará a subir, y lo hará rápidamente. La última recesión económica en 2001 fue muy suave porque, aunque cayeron los beneficios, la enorme explosión del capital ficticio en el mercado inmobiliario consiguió mantener alto el consumo. Ahora estamos entrando en una recesión económica, los mercados inmobiliarios están a la baja en todas partes y el crédito se ha agotado. Esta puede ser la peor crisis económica del capitalismo desde 1991 o 1981, y quizá tan mala como la de 1975-1975. Fuente: El Militante
escrito por Luz Práxedis miércoles, 25 de abril de 2007 Supervivencia obrera hasta el último día de quincena El salario como explicaba Marx es, en pocas palabras, la parte de la producción que se destina a reproducir la fuerza de trabajo, es decir que es lo que al os trabajadores nos permite seguir viviendo para trabajar al siguiente día y aumentar las ganancias del patrón, el problema es que los nuevos empresarios y capitalistas ignoran deliberadamente, sumiendo a la clase obrera en una situación de miseria y desesperación inhumanas. Una autopsia necesaria Tan solo por dar algunos datos mientras que en 1976 el salario mínimo era de $96.70 aproximadamente $.097 actuales, esto significa que el salario mínimo actual para alcanzar ese nivel tendría que ser de $208.33 esto para recuperar el 69.25% de perdida que ha tenido; esto a su vez significa que el trabajador actual con un salario mínimo solo puede comprar el 31% de la canasta básica. Con base en el estudio "El salario y la necesidad de un proceso de recuperación de su poder adquisitivo", el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la Facultad de Economía de la UNAM se estima que para cubrir sus necesidades elementales, medidas a través de la canasta básica, los trabajadores con salario mínimo tendrían que laborar al menos 48 horas diarias. Actualmente, el mínimo asciende a 48.67 pesos diarios (zona A), mientras que la canasta básica cuesta 288.23 pesos, lo cual implica que este último valor equivale a más de cinco veces el monto del primero. La canasta básica que considera el CAM tiene 35 componentes, que se distribuyen en 27 alimentos, tres productos para el aseo personal y el hogar, transporte, energía eléctrica y gas domestico. Quedan excluidos: renta de vivienda, educación, salud, vestido, recreación y cultura. Estos son algunos datos duros (de la dura realidad): a principios de los ochenta del siglo pasado con el mínimo se podían pagar 27 kilos de tortillas de maíz, mientras que en 2006 únicamente siete; antes se podían adquirir 53 litros de gas doméstico, ahora 5.6; y de pan blanco eran 293 piezas contra 40 actualmente. Por ultimo, las estadísticas oficiales indican que alrededor de 10 millones 78 mil trabajadores no reciben salario o perciben ingresos menores al mínimo, los cuales representan 23.9 por ciento de la población ocupada total. Estamos hablando, como ya lo dijimos del recalentamiento global de este infierno diario para muchos de nosotros. Una de hadas y una de obreros La burguesía (los patrones y empresarios) nos quieren hacer creer que como el salario mínimo ha aumentado, los trabajadores en este país viven mejor nos hablan de la lindezas de las privatizaciones y la globalización. Nos dicen que con el pensiónISSSTE estaremos mejor, que los soldados necesitan aumento y nosotros no, que la Comisión Nacional de Salarios Mínimos esta de nuestro lado etc. etc. El patrón necesita de nosotros para vivir pero nosotros no necesitamos de el, esto es tan cierto como el hecho de que esto se consigue a través de la organización de todos los sectores obreros en los sindicatos para proponer y hacer avanzar una política obrera entre la mas amplias masas. Es bien conocido que las dirigencias y representaciones sindicales no siempre representas los intereses genuinos de la base, pero esto no es razón para abandonarlos, los sindicatos, por mas que la derecha y el capital los quiera deformar, son armas de combate creadas por los obreros y lo seguirán siendo durante mucho tiempo y para poder recuperarlos se necesita crear círculos de discusión - acción al interno de los sindicatos que puedan transformarse en núcleos marxistas que lleven de manera coherente y consecuente las consignas del proletariado a su triunfo. Pero también hay que llamar a lucha a todos los sectores no sindicalizados o politizados, a las masas oprimidas no directamente proletarias, muchas veces ese trabajo se realiza en las colonias y es el más arduo pues hay que trabajar contra todos los prejuicios sociales que se arrastran. En este sentido algo que la propia experiencia internacional de la lucha nos ha dejado bien en claro, es que este llamado se va a ser extensivo y va a cobrar fuerza entre mas decisión y confianza en su fuerza tenga el proletariado y su vanguardia este mejor organizada. Hay que construir una propuesta de lucha contra la carestía de la vida, contra el empobrecimiento de la gente que lo único que logra y refleja es la podredumbre y descomposición social que tarde o temprano terminaran consumiendo a la sociedad hasta asfixiarla. La única salida ante esto es la lucha por el control de la economía y de la sociedad de quienes realmente saben pensar para todos y resolver las necesidades de la humanidad , es decir, los trabajadores luchando por un estado proletario que saque de la humanidad del hoyo de muerte lenta que significa el empobrecimiento de los trabajadores. ¡Salario mínimo de $7000! ¡Escala móvil automática precio - salarios! ¡Por la ocupación de fabricas y el control obrero!
Indudablemente la lucha de clases no se puede resolver a base de actos al margen de la lucha de masas, pues como ya lo señala correctamente el compañero David García, todo aquel individuo u organización que se autoproclame, o cuando menos se considere ya no marxista, sino revolucionario debe considerar que la mejor manera de consolidar la toma del poder por parte de los trabajadores es por medio de la prensa obrera y la toma conciente del poder por parte de los trabajadores.

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