El pasado mes de noviembre se cumplieron 100 años de la fundación del Partido Comunista Mexicano (PCM).  El ejemplo y motivación de la Revolución rusa de 1917 fue tan grande que el comunismo como idea y bandera atrajo durante décadas a jóvenes, trabajadores, campesinos pobres y a los oprimidos que querían cambiar sus condiciones de vida y que lucharon heroicamente bajo sus siglas. A pesar de ello, la dirección del PCM en la práctica no empujó nunca la transformación socialista de la sociedad y su práctica política lo llevaría a la postre a su desaparición.

Los compañeros de Izquierda Revolucionaria hacemos hoy un breve balance crítico de la existencia del PCM, analizando los errores de sus grandes virajes y adaptaciones políticas, al mismo tiempo que homenajeamos el esfuerzo abnegado de sus miles de militantes de base y sus combates por organizar a la clase y transformar la realidad. Hoy nuestra lucha por construir un auténtico partido comunista revolucionario y combativo es una tarea no sólo urgente sino necesaria para las batallas futuras.      

Contexto

En 1919, momento de la fundación del PCM, la fase militar de la revolución de 1910 prácticamente había terminado, el grupo que representaba los intereses de la burguesía se alzaba triunfador de la lucha armada. Los ejércitos campesinos y populares del Norte y del Sur, en quiénes habían recaído en lo esencial la derrota del antiguo régimen porfirista, se reducían a unos pocos grupos guerrilleros en retirada. En el mismo año en el sur Emiliano Zapata sería asesinado por órdenes de la burguesía triunfante, en el norte Francisco Villa se rendiría 7 meses después. En el exterior, 9 meses antes la Internacional Comunista había sido fundada en Moscú a iniciativa del partido bolchevique que había derribado al zarismo e instaurado el primer estado obrero del mundo.

Los inicios

Durante los primeros años los miembros del PCM se agrupaban entorno al irresistible atractivo de la revolución obrera triunfante en Rusia, muchos de ellos desconocían prácticamente toda noción de marxismo, otros provenían de la tradición anarquista y del liberalismo pequeño burgués. Estas dos concepciones políticas no se plantearon desalojar a la burguesía del poder y expropiar los medios de producción en beneficio de la clase obrera, el campesinado y el pueblo pobre; a pesar de poses radicales y de declaraciones estridentes se contentan con echarle una manita de gato al sistema de explotación burgués, todo bajo el argumento de actuar en beneficio del pueblo y ser grandes estrategas y ganar todo con la negociación y dialogo.  

La falta de una perspectiva auténticamente marxista imposibilito que los nuevos comunistas pudieran ejercer un deslinde de esas ideas y por lo tanto resultó muy natural en ellos colocarse en una posición en que su tarea era crear las condiciones para la instauración de un régimen democrático en donde el liderazgo lo ejerciera la burguesía pues después de todo, ella había derrotado a la dictadura porfirista.

Subordinación a la burguesía nacional 

La misma falta de metodología marxista hizo que el PCM, al adherirse casi inmediatamente a la Internacional Comunista, adoptara las decisiones de ésta de manera mecánica, acrítica. Si de entrada esto era incorrecto, cuando Stalin y la burocracia echan por la borda las tradiciones bolcheviques y aniquilan físicamente a éstos, la actitud dócil del PCM resultó fatal para el joven partido.

La idea de que en México la tarea fundamental era construir un régimen democrático con la burguesía al frente se convirtió en la premisa central de la actuación del PCM y sus miembros. Esta idea la justificaban además por el hecho de que la burguesía para mantener su papel dirigente debía hacer concesiones a campesinos y obreros, quienes mantenían viva su tradición de lucha y el recuerdo de su papel en la revolución.

Esta justificación política del PCM y su subordinación acrítica a la política de la burocracia estalinista se revela con claridad en su actuación durante los años treinta y particularmente en el sexenio de Lázaro Cárdenas (1934-1940).

Zigzag políticos  

El PCM había adoptado la táctica ultraizquierdista del "tercer periodo" ordenada por Stalin desde Moscú a todos los partidos comunistas del mundo. En México esto se tradujo en denunciar el programa electoral de Cárdenas como una copia del programa nazi mezclada con el New Deal del presidente norteamericano Roosevelt. Después del triunfo electoral de Cárdenas, un prominente burócrata de la Confederación Regional Obrera de México (CROM), Vicente Lombardo Toledano, regresó de un viaje a Moscú con la instrucción precisa de subordinar el movimiento sindical al cardenismo, pasando por encima del PCM si era necesario, convirtiéndose así en el representante principal del estalinismo en México.

Al respecto hay un dato revelador. En “Memorias de un comunista mexicano”, Valentín Campa, el más reconocido dirigente del PCM, publica una carta de Lombardo Toledano en la cual éste denuncia las actividades de los " comunistas mexicanos" y pide ayuda para controlarlos. La carta va dirigida a los secretarios generales de importantes partidos comunistas.

El PCM cambió radicalmente de línea hacia el Frente Popular dictado desde Moscú, expresión tras la cual se subordina al movimiento obrero a la burguesía bajo el pretexto de la lucha contra el fascismo. En consecuencia, Hernán Laborde, Secretario General del Partido declara en febrero de 1938: "En México el Partido Nacional Revolucionario (primer antecedente del PRI) es el partido de la Revolución en el poder y tiene el apoyo de todas las organizaciones populares". Más aún, en octubre de 1939 declara: "nos movemos más o menos tranquilamente, a la zaga del régimen revolucionario, aplaudiéndolo, a la zaga de las organizaciones de masas del PRM, (segundo antecedente del PRI) en una posición de segunda fila".

La obediencia ciega de Laborde y Campa a las maniobras y oscilaciones de Moscú no los salva y en marzo de 1940 "ante la imposibilidad de una actitud de franca y leal autocrítica" son destituidos y el nuevo secretario general, Dionisio Encinas, condena la "línea sectario oportunista" de éstos en relación al gobierno cardenista. Toda ligereza de independencia respecto a la política estalinista termina con este hecho.

La claudicación en los sindicatos  

En ese trayecto el PCM ya había entregado el movimiento sindical al gobierno cuando en la formación de la CTM, ante las presiones de Lombardo Toledano, retiró su candidato a la Secretaría del Interior pavimentando el paso a Fidel Velázquez, iniciando la época dorada del charrismo sindical, esta rendición culminó en julio de 1946, cuando el PCM disolvió sus células en los sindicatos.

El PCM dejó de ser una fuerza de consideración en el movimiento obrero a pesar de los esfuerzos individuales, en ocasiones heroicos, de muchos de sus militantes. El régimen interno del partido se hizo asfixiante, numerosos miembros lo abandonaron ante la imposibilidad de utilizarlo como una herramienta de lucha. Al respecto recomendamos la lectura de la novela "Los errores", de José Revueltas, distinguido militante que finalmente fue expulsado y después formó la Liga Espartaquista la cual jugó un destacado papel en el movimiento estudiantil de 1968.

Después de 1968 el PCM se confirma a sí mismo la línea de participar a fondo en la creación de una “verdadera” democracia burguesa y da pasos en tal sentido. En octubre de 1973 se efectúa el XVI Congreso del Partido y entre las resoluciones acuerda: "Los esfuerzos realizados por la corriente sindical revolucionaria en el curso de 20 años por reconquistar los sindicatos, en tanto instituciones legales reconocidas por las autoridades, arrojan un balance negativo, se aconseja, en el actual periodo, no considerar esa dirección de trabajo como la principal". Esto es lamentable, ya que es expuesto en momentos que inicia un poderoso esfuerzo obrero por recuperar a los sindicatos como una herramienta de lucha, esfuerzo que marcara toda la década de los años 70s, de hecho, el actual movimiento sindical tanto independiente como dentro de los sindicatos oficiales, tiene su origen en este momento.

El giro electoral

Dándole la espalda a este esfuerzo obrero, el PCM empieza a trazar el camino de lo que será su último periodo: La creación de un sistema electoral en el cual puedan participar legalmente y para ello da un atrevido paso teórico en el mismo XVI Congreso: "Las tareas presentes son tareas democráticas por su naturaleza y por el nivel de conciencia del movimiento, aunque socialistas por su proyección y rumbo objetivo. De allí que el proceso sea predominantemente democrático y que la revolución en que desemboca no puede tener sino un carácter predominantemente democrático en su primera fase... aunque no sea todavía socialistas son pasos hacia el socialismo ...la revolución que está planteada hoy ante nuestro pueblo tiene el carácter de una revolución democrática y socialista, es decir, una revolución que resuelve tareas democráticas orientadas hacia el socialismo en su primera fase, que forma parte del ciclo de la revolución socialista y que abre paso para nuestro país a la perspectiva de una sociedad sin explotados ni explotadores". Así regresa de la bruma de la historia la concepción de la revolución democrático-socialista que el Partido Obrero de Unificación Marxista acuñó durante la Revolución Española y que Trotsky calificó de "galimatías ecléctico".

Armado con este “descubrimiento” teórico, el PCM pone todos sus esfuerzos en lograr la reforma electoral y asistir en los procesos electivos, para ello aprovecho la llamada "apertura democrática" que le permitieron participar legalmente en las elecciones de 1978. Mientras el PCM pone toda su atención en este proceso, el país fue sacudido por un enorme movimiento huelguístico donde destacaron los electricistas, los mineros y los universitarios, así como infinidad de sindicatos de empresa.

Fue el principio del fin, que llegó en 1988 con la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas, elecciones que a pesar del fraude fueron unas elecciones competitivas y que además permitió el surgimiento de un liderazgo burgués distinto del PRI y del PAN. La existencia del Partido Comunista Mexicano ya no se justificaba y finalmente desapareció, previo a esto ocurrieron una serie de fusiones con otros partidos y los cambios de nombre correspondientes, por ultimo cediendo su registro para dar origen al PRD del cual a su vez surgió MORENA.

La extinción

A la víspera de este 100 aniversario estalló una disputa entre el partido gobernante, MORENA, y el PRD, pues ambos reclaman su linaje comunista. Curiosamente ambas agrupaciones tienen razón. Lo que reclaman no es la lucha por acabar con la explotación capitalista y la lucha por la instauración del socialismo, que formalmente aparecía asociada al Partido Comunista, lo que reclaman y reivindican es lo que verdaderamente hizo el Partido, canalizar todo a la lucha hacia las negociaciones, las elecciones, los pactos, los acuerdos y la instauración y fortalecimiento del producto más acabado de la democracia burguesa: un sistema electoral respetable donde hasta los comunistas tienen cabida.

El Partido Comunista Mexicano siempre luchó por eso, en sus palabras: “por resolución de tareas democráticas que abran paso a la perspectiva en un futuro indefinido de una especie de socialismo”. Desgraciadamente la dirección del Partido Comunista Mexicano nunca luchó por más, a pesar de los esfuerzos abnegados y muchas veces épicos de infinidad de sus miembros y militantes de base, a pesar de sus declaraciones de buenas intenciones y panfletarias, el Partido Comunista Mexicano nunca lucha por el socialismo.

Por la construcción de un auténtico Partido Comunista

Los marxistas, nunca hemos negado la necesidad de la dirección dentro del movimiento de la lucha entre las clases. A las masas en México nunca se les puede reprochar no haber salido a luchar y desear transformarlo todo, de hecho, su adopción y orientación hacia el comunismo fue una expresión concreta de esa lucha por hacerse de una herramienta para la conquista de ese objetivo, la necesidad de tener un partido de la clase obrera siempre ha estado siempre presente en las tareas de nuestra clase a lo largo de sus embates contra la burguesía. Los comunistas fueron perseguidos, reprimidos, encarcelados e incluso asesinados no por la política del PCM sino para aniquilar ese esfuerzo por realmente construir un partido de y para ellos, aniquilar el ánimo más genuino de lucha y trasformación de esta sociedad. Sobre estas experiencias y sobre las potentes tradiciones del movimiento obrero y jornalero estamos parados y nuestra labor es forjar una autentica izquierda revolucionaria que de verdad rompa con la política de los frentes populares y reivindique un auténtico programa de trasformación socialista de la sociedad.


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