Los resultados de las elecciones del pasado 9 de noviembre en Nicaragua le han dado al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) un triunfo contundente. Daniel Ortega se reelige como presidente con el 72% de los votos mientras que el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), segundo partido más votado, obtiene  15%; el PLI se queda con 4.5%.

El Frente Sandinista obtuvo la mayoría en la Asamblea Nacional con 71 diputados de un total de 92, cosa que le permite realzar modificaciones constitucionales y obtiene también la mayoría en el Parlamento Centroamericano (Parlacen) con 15 diputados de un total de 20. Oficialmente la participación en las elecciones fue del 50% del padrón aunque los partidos de derecha denuncian que la cifra fue de apenas el 30%.

Apoyo al FSLN

La votación superó lo logrado por el FSLN en la elección anterior realizada en 2011, en ese entonces la coalición dirigida por Ortega obtuvo el 63% de los votos y de los 92 diputados de la Asamblea Nacional ganaron 63. El Partido Liberal Independiente, dirigido eternamente por Fabio Gadea, fue el partido de derecha más fuerte logrando el 31% de los votos. Ese dato es muy significativo si consideramos que ahora perdió cerca de 26 puntos porcentuales. En términos de votos es el FSLN el que ha subido, 237 mil en este año; los partidos de derecha son los que pierden votos con el incremento de la abstención.  

El triunfo totalmente positivo del FSLN se explica por el peso histórico de las luchas contra el imperialismo estadounidense y por las reformas sociales de los últimos años, que aún siendo insuficientes para acabar con todos los problemas de la clase trabajadora, significan un alivio para la misma. Sin embargo, es fundamental recordar que en tanto las reformas no estén vinculadas a la lucha por un auténtico régimen socialista, donde los trabajadores controlen democráticamente la economía y el Estado, estas pueden perderse, dando al traste con los avances económicos y políticos que se han conseguido. Un ejemplo claro de ello es lo que ocurre en Brasil, Argentina y Venezuela. Los dirigentes del FSLN están obligados a tomar en cuenta esas experiencias y a emprender un auténtico programa socialista si no quieren verse tarde o temprano en el mismo escenario de retroceso político y contrarreformas económicas.

El canal

Daniel Ortega junto con un empresario chino pretenden construir un canal que atravesará el Lago Nicaragua, conectando el Océano Pacifico con el Atlántico. Este es uno de los ejes más importantes del desarrollo económico del gobierno, en total supera una inversión de 50 mil millones de dólares; según la versión de Ortega, ayudará a la creación de empleos, buenos salarios y en general el fortalecimiento de la economía. 

Debemos alertar a todos los trabajadores centroamericanos que el canal interoceánico significa la privatización de una buena cantidad de territorio nicaragüense. La empresa china tendrá en sus manos la concesión del lago y la construcción por 100 años, además podrá ampliar y modificar el uso de las tierras que consideren necesarias para el mismo fin. Por ahora más de 20 mil campesinos serán afectados en sus tierras y por supuesto será un severo golpe al equilibrio ecológico de la región.

La construcción del canal no es parte de ninguna cooperación económica desinteresada entre gobiernos socialistas. Si bien el canal por una parte significa empleos también es la base para una nueva relación de coloniaje y explotación del país ahora por el imperialismo chino. Aun cuando los capitalistas pueden tener intereses estratégicos en alguna región, no significa que por ello la clase trabajadora de esa zona gozará de algún privilegio. Lo que sí está garantizado es un agresivo dominio económico y político. En los términos actuales, la construcción del canal representa hipotecar el país a una potencia imperialista tan reaccionaria como el imperialismo yanqui. ¡La lucha contra el canal es totalmente legítima! Un auténtico gobierno socialista comenzaría por resolver las necesidades de la mayoría de la población a partir de un plan de industrialización bajo el control de la clase trabajadora, que además fuera armónico con el medio ambiente, y no destruyendo poblaciones humanas y ecológicas para el beneficio del gran capital.

Las movilizaciones que se están realizando contra la construcción del canal tienen en la base a trabajadores y campesinos pobres que de manera honesta se oponen a un proyecto de explotación capitalista que solo les asegura más pobreza. El FSLN ha actuado de manera totalmente incorrecta enfrentando esta lucha con la policía y ese error está sirviendo para que un sector de la oligarquía nicaragüense trate de dirigir ese movimiento y usarlo como base para reestablecer su propio poder de forma directa.

Nica act

Tradicionalmente Latinoamerica era considerado como el “patio trasero” de Estados Unidos, sin embargo la crisis económica internacional permitió al capital chino ingresar y ganar posiciones fuertes con países claves como Argentina, Brasil y Venezuela entre otros. El capital chino no tiene ningún carácter progresista en sí mismo, se trata de la misma política de explotación que en su momento Estados Unidos ha destinado para Latinoamérica. Nicaragua forma parte de ese bloque de países que desde este perfil pone en duda el dominio imperialista de Washington.

El otro elemento que Estados Unidos no puede permitir es la pervivencia de un régimen encabezado por Daniel Ortega que fue producto de los triunfos políticos de una ola revolucionaria que inicio en el año 2000 en Ecuador y que recorrió buena parte del continente Americano. Antes Obama y ahora Trump mantendrán presiones sobre el FSLN hasta derrocarlo u obligarlo a que entre en la lógica de su imperialismo.       

A raíz de esta reelección de Ortega el congreso de Estados Unidos aprobó, por unanimidad, la llamada “Nica Act” que establece una serie de sanciones económicas, bloqueando la posibilidad de préstamos económicos a Nicaragua debido a la supuesta antidemocracia impulsada por el FSLN. Es muy importante remarcar que los representantes Republicanos y Demócratas aprobaron por unanimidad la “Nica Act”, es decir que entre ellos no hay duda de la política contra el FSLN. Aún falta su aprobación en el Senado, pero eso es simple trámite. En el año 2008 ya habían aprobado otra medida económica similar y bajo los mismos argumentos.

El imperialismo yanqui no ha podido frenar la ola de gran movilización política en Latinoamérica usando, en todos los casos, los métodos más agresivos del pasado: invasiones, represión sangrienta, golpes de estados, dictaduras militares, etc. El imperialismo ha combinado sus formas de actuar incluyendo métodos encubiertos como en el caso de Guatemala: ahí el presidente Otto Pérez, hombre representante de la derecha más sangrienta en Centroamérica, fue derrocado con la participación política directa de Estados Unidos. La táctica fue expropiar políticamente las movilizaciones que de manera honesta y combativa se organizaron contra un presidente de derecha. A partir de ese caso ocurrido en el año 2015, Estados Unidos anunció tácticas similares para intervenir en El Salvador y Nicaragua.

El objetivo está más que claro, para Estados Unidos es fundamental la caída del régimen de Ortega, por ello es urgente llevar la lucha contra el capitalismo en Nicaragua hasta sus últimas consecuencia expropiando a los empresarios, creando una verdadera democracia obrera y extendiendo la revolución a todo el continente.

Economía débil

Uno de los apoyos económicos que han sido fundamentales para mantener el régimen de Ortega es el apoyo económico que la revolución Venezolana le ha aportado. Entre el año 2007 y los primeros seis meses del 2016 recibieron por esta vía 4 mil 800 millones de dólares en poyo, eso equivale aproximadamente al 5% del PIB nicaragüense por año. Esa cantidad se ha reducido en  35% durante el años pasado y este 2016. Y todo indica que seguirá bajando en tanto la caída de los precios de petróleo y el estancamiento del proceso revolucionario en Venezuela continúan. Esto se da en el contexto de una economía socialista inexistente, no hay un solo proyecto de expropiación al gran capital, y esa es la constante desde que Ortega regreso al gobierno en el año 2006. Lo que sí hay es todo tipo de proyectos de desarrollo en líneas capitalistas, vinculados a capitalistas rusos o chinos.

Este aspecto se refleja en la debilidad de los programas sociales que existen. Por ejemplo, las casas entregadas mediante el “Plan Techo” son casas pequeñas, con techo de lámina de metal y en barrios donde las calles aún están sin terminar. Dentro de poco tiempo esas casas se convertirán en la nueva cara de la pobreza. De hecho están muy lejos de lo que ofrecen incluso gobiernos capitalistas en otras parte de Latinoamérica y por supuesto de las ofrecidas por el programa “Misión Vivienda” del gobierno chavista.

El gobierno sandinista tiene un amplio abanico de prestaciones sociales que han tenido un impacto en el combate a la pobreza, las cifras oficiales indican que la pobreza bajo en 11 puntos porcentuales mientras que la pobreza extrema bajo 7%. Pese a ello Nicaragua sigue siendo un país donde las amplias masas viven en la pobreza y bajo la lógica de la explotación capitalista.

El triunfo de Daniel Ortega debe ser una palanca para expropiar a los empresarios, para sacar a todo tipo de arribistas del FSLN y para desarrollar una auténtica revolución socialista por todo el continente. El FSLN debe cambiar radicalmente la política que hasta ahora ha practicado.  


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