Tras 5 días de una huelga general que ha paralizado el país y que se inició el pasado 28 de abril, el presidente Iván Duque ha tenido que dar marcha atrás ante la furia de la población y suspender el proyecto de reforma tributaria además de forzar la dimisión de su Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla.

Este levantamiento social ha roto con la paz social impuesta durante la pandemia volviendo a asestar un duro golpe a un régimen odiado. Impulsada desde abajo, la movilización popular ha avanzado con fuerza a medida que la represión salvaje de la policía y el ejército se hacia visible en las calles de Bogotá, Cali y otras ciudades dejando un reguero de detenidos, heridos y asesinados. Una lucha ejemplar que también ha debido superar el boicot de las direcciones de algunas centrales obreras.

Estamos ante un salto cualitativo de la lucha de clases en Colombia.

Una reforma tributaria criminal

En artículos anteriores hemos destacado el fuerte impacto económico que la pandemia está teniendo en las condiciones de vida de la población colombiana. Al cierre de 2020, la pobreza superó el 40% y afectaba directamente a más de 22 millones de personas, mientras la pobreza severa ha batido un nuevo récord pasando de 4,6 a 7,4 millones. Las colas del hambre y el asalto a comercios o camiones para poder llevar comida a casa han sido imágenes casi cotidianas durante los últimos meses.

La respuesta del gobierno del uribista Iván Duque, siguiendo el mandato del FMI, ha consistido en desviar masivamente fondos públicos al sector empresarial. Así se vio en el rescate a Avianca, principal aerolínea del país, que recibió a mediados del 2020 370 millones de dólares a fondo perdido. El enorme agujero que la crisis y las políticas capitalistas han provocado en la economía nacional se materializa en la caída del PIB el 2020 de casi un 7%, o del 20% del PIB per capita.

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Pensando que la pandemia habría borrado de la conciencia las grandes luchas de 2019, Duque y Carrasquilla presentaron una Reforma, que representa una subida brutal de impuestos indirectos a la población trabajadora

Como si esto fuera poco, y pensando que la pandemia habría borrado de la conciencia de la población las grandes luchas y huelgas generales de 2019, Duque y Carrasquilla presentaron una Reforma Tributaria, llamada "Solidaria", con la que pretendían recaudar el equivalente al 2% del PIB en 2021 a costa de una subida brutal de impuestos indirectos a la población trabajadora.

El plan incluía la subida del IVA en muchísimos bienes básicos, así como la eliminación generalizada de exenciones para los productos básicos de alimentación e higiene. Se reducía el techo del gasto público y se abría la posibilidad de subir el impuesto a los combustibles y al uso de las carreteras. Un atraco a mano armada que abría la puerta a imponer peajes dentro de las propias ciudades.

A pesar de la brutal represión, la lucha frenó la reforma

La dureza del ataque económico que planteó Iván Duque obligó al Comité Nacional de Paro a convocar la jornada de huelga general (Paro Nacional) para el 28 de abril. Este organismo, surgido a raíz del levantamiento de noviembre de 2019, es una plataforma en la que se integran las direcciones de las principales centrales obreras con algunas organizaciones sociales, campesinas, estudiantiles e indígenas. La Central Unitaria de los Trabajadores (CUT) tiene el papel principal en esta coalición.

El llamamiento al paro el 28A, sin ningún tipo de calendario posterior ni planificación concreta de acciones, levantó muchas críticas entre miles de activistas de la izquierda, que la vieron como una maniobra burocrática del CNP para mantener su cuestionada autoridad pero sin desencadenar una lucha sería y contundente. Sin embargo, la convocatoria actuó como catalizador para que un profundo descontento estallara.

Llegado el 28, millones de jóvenes y trabajadores aprovecharon para dar rienda suelta a su rabia contra el uribismo, llenando las calles y autovías desde primera hora. Todo ello, enfrentando la prohibición del Tribunal Constitucional contra las manifestaciones, aludiendo a riesgos sanitarios.

A pesar del baile de cifras oficiales, las imágenes que han llenado las redes sociales hablan por sí mismas. Se han visto bloqueos con camiones a la entradas de las ciudades que no tienen fin, o panorámicas aéreas que no abarcan todas las movilizaciones en las principales arterias de Bogotá, Cali, Ibagué, Bucaramanga, Manizales…

Como en ocasiones anteriores, el sanguinario ESMAD (cuerpo especial de antidisturbios) reprimió salvajemente la jornada incluso usando munición real, ocasionando 2 muertos y decenas de heridos graves. En Cali, se declaró el toque de queda y se desplegó el ejército.

Temiendo el descontrol del movimiento, el CNP decretó continuar la huelga un día más, el 29 de abril, y parar la lucha hasta el próximo 19 de mayo, hasta el punto de cancelar las manifestaciones del 1 de mayo sustituyéndolas por acciones virtuales. Pero desafiando esta maniobra de la dirección burocrática de la CUT, la huelga general se ha mantenido firme y extendiéndose hasta el momento en el que se escriben estas líneas, de manera espontánea pero con convicción y contundencia.

Las jornadas de lucha tras el 28 se han convertido en auténticas masacres, y se han saldado, según cifras oficiales, con más de una decena de manifestantes muertos a manos de las fuerzas policiales y el ejército. Pero observadores internacionales han denunciado más asesinatos así como unos 4. 000 heridos, cientos de desaparecidos y varios casos de violaciones a mujeres en comisarías. Las imágenes son realmente desgarradoras.

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Como en ocasiones anteriores, el sangrinario ESMAD (cuerpo especial de antidisturbios) reprimió salvajemente la jornada incluso usando munición real, ocasionando 2 muertos y decenas de heridos graves.

Después de esta intensa batalla y del arrojo demostrado por la población en lucha, al mediodía del 2 de mayo el presidente Iván Duque anunció en un discurso televisado la retirada del proyecto y su sustitución por uno “consensuado” con los sectores sociales. Horas después, dimitía forzadamente su ministro de Hacienda y todo su equipo. Indudablemente se trata de una enorme victoria arrancada con sudor y sangre, que refuerza la moral de las masas movilizadas y las hace conscientes de su fuerza.

Continuar con el paro hasta echar a Duque. ¡Por un gobierno de la clase obrera, los campesinos y los pobres con un programa socialista!

“A parar para avanzar” y “Duque chao” han sido las consignas principales en las movilizaciones. Reflejan el compromiso de mantener la lucha, no solo para derribar del todo la reforma tributaria, sino para acabar con casi dos décadas de uribismo, que solo han dejado como herencia muerte y pobreza para las clases populares en Colombia.

Tanto es así, que el efecto del anuncio de retirada del proyecto de reforma no ha hecho más que animar las protestas. El propio CNP ha publicado un comunicado unitario llamando a seguir ocupando las calles hasta que no se cumplan varias demandas, aunque lamentablemente no incluyen la renuncia de Duque en éstas. Ya hay programada una nueva movilización centralizada en Bogotá para el miércoles 5 de mayo, que puede ser masiva.

Este nuevo levantamiento se da en medio de la conformación de las listas y candidatos para las elecciones legislativas y presidenciales del próximo 2022. Si bien en el 2018 la derecha logró imponer a su candidato, los sondeos dan la victoria a la lista de Gustavo Petro, de Colombia Humana, augurando el primer triunfo electoral de la izquierda en toda la historia del país. Petro y la Colombia Humana han capitalizado el apoyo al Paro Nacional, situándose frente al conjunto de las fuerzas políticas que han llamado a la calma y el diálogo con este gobierno asesino. Esto puede convertir su candidatura en la apuesta de millones de personas para golpear al sistema.

Sin embargo, tal y como la vanguardia del movimiento explica en sus consignas y lemas, el Paro Nacional es la oportunidad de ir más allá. Es necesario mantener y extender la lucha, incorporar a todos los sectores y colocar como eje de la acción derribar el gobierno de Iván Duque.  Esta fuerza tremenda que el movimiento de masa ha demostrado tiene que ser aprovechada por la vanguardia revolucionaria para levantar un programa socialista que sí pueda resolver las necesidades de la clase trabajadora y el campesinado pobre: la nacionalización sin indemnización de la banca y los sectores estratégicos bajo control obrero, la distribución de la tierra acabando con el latifundismo, la defensa del medio ambiente y los recursos naturales del despojo que realizan las multinacionales, el juicio popular y el castigo a los cuerpos policiales, militares y paramilitares por la represión salvaje contra el pueblo y los 6.402 falsos positivos reconocidos.

El pueblo de Colombia se ha levantado otra vez, y nuevamente ha quedado claro que no hay salida bajo el capitalismo.


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