Una vez más, ponemos sobre la mesa el tema de la democracia en la Universidad. Y es que resulta inevitable no hacerlo, los estudiantes, profesores y trabajadores hemos sido los principales afectados de los cambios drásticos en detrimento de la enseñanza, sin embargo, eso no nos ha impedido demostrar nuestra capacidad natural de resiliencia a través de nuestra lucha constante por cambiar el statu quo en la Universidad.

En el marco de una serie de problemáticas pendientes se está dando la imposición del nuevo Rector. Cuando nos referimos a imposición no es retórica o palabrería histérica, nosotros, los más adolecidos por las decisiones que se tomen a puertas cerradas, debemos ser partícipes de la discusión y acuerdos que competan nuestra formación y futuro, no aquellos que no saben lo que significa tomarse dos horas de trayecto desde tu casa a la escuela, padecer hambre por no contar con los recursos para comprar alimento nutritivo, de dormir poco por la exagerada carga de trabajo académico, sin olvidar la precariedad en la que viven nuestros profesores, abandonar los estudios por pobreza o tener que combinar trabajo con estudios.

Comunidad para nosotros no es una abstracción o un simple lema, significa que ésta realmente actué y debata las decisiones y accione en la elección directa de cada directivo, por medio de votaciones directas y democráticas. Los diversos candidatos han referido que es la comunidad quien tomará las decisiones, pero estas declaraciones no hacen más que doblarnos de risa, ya que la comunidad nunca decide nada en la UNAM. Actualmente tenemos una población aproximada de 350 mil estudiantes, 40 mil académicos y 28 mil trabajadoras y trabajadores contra unos quince “notables sabios” que conforman la Junta de Gobierno, que han formado una oligarquía universitaria que decide por encima de la gran y que chupan el presupuesto para beneficio personal.  

Pero no sólo eso, la Rectoría junto con la Junta han sido autoras intelectuales, ejecutoras y cómplices de muchas atrocidades hacia la comunidad escolar, el Rector se ha reducido a “condenar enérgicamente” muchos de estos hechos, lo cual significa que, al no actuar concretamente, aprueba cualquier agresión hacia nosotros; ha prevalecido el modelo empresarial de educación que elimina el objetivo liberador, crítico y científico de la educación; se ha caracterizado por el derroche de recursos, precarización del trabajo docente y el incremento de la violencia en las escuelas. Ante esta situación, surge la necesidad de plantear la no reelección de éste actor servil de intereses contrarios a los nuestros.  

Por eso nos sumamos a la demanda de la disolución de la Junta y por elecciones amplias organizadas por las bases del estudiantado, profesores y trabajadores en cada una de las escuelas a través del voto directo y democrático. Sin la auténtica participación de todxs, seguiremos con la burocratización en todas las áreas de la educación como en la elaboración de los planes de estudio, el robo del presupuesto, continuar auspiciando grupos porriles, no actuar firmemente contra el machismo en nuestras aulas, etcétera. 

La participación amplia de la comunidad en estos procesos nos permitirá no discutir en torno a personajes sino a proyectos educativos que impulsen en nuestras universidades retomar la ejecución de una educación para los hijos de los trabajadores, la gratuidad, la eliminación de los exámenes de selección así como desaparecer los altos salarios de funcionarios, exigimos que todos incluyendo el Rector se bajen el salario al de un trabajador promedio y que esos recursos se destinen a la verdaderas necesidades de los estudiantes.  

¡Fuera Graue y la Junta de Gobierno!

 


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