La jornada del 20 de noviembre por Ayotzinapa ha sido un rotundo golpe al régimen de Peña Nieto, que es en última instancia la razón de la represión y saña con la cual se amedrenta al movimiento. Según La Jornada participaron 114 escuelas públicas y privadas en solidaridad con los padres de familia y los normalistas. Un hecho a resaltar es que en esta ocasión la presencia de profesores y trabajadores se ha hecho más evidente. En el primer caso son diversos los Claustros de Profesores que no solo se han pronunciado por la aparición de los 43, sino con ello han participado en diversas acciones de apoyo. En el caso de trabajadores el más significativo es el paro de labores impulsado por el Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana, donde miles de telefonistas han parado sus centros de trabajo en todo el país. Ese es el temor de fondo del gobierno federal, la extensión y vinculación de la lucha de los jóvenes con los trabajadores.

Desde el incendio del Metrobus, el miércoles 5 de noviembre, se ha hecho evidente la acción de provocadores que aprovechando el anonimato, mediante el uso de capuchas para cubrirse el rostro, han realizado actos ajenos y desvinculados del movimiento. Las denuncias de las provocaciones por parte del movimiento no han cesado y por el contrario han incrementado, en la medida en que estas se han hecho más evidentes. No es ninguna casualidad, la debilidad del gobierno de Peña Nieto ha quedado al descubierto con la tragedia de Iguala y con las movilizaciones que millones de jóvenes y trabajadores hemos protagonizado. En última instancia esa es la razón central de la provocación: el temor al fortalecimiento del movimiento y a su vinculación con otros sectores en lucha.

La acción de provocadores el día 20 de noviembre se ha evidenciado ya con las decenas de fotografías que circularon por la red desde tempranas horas. A ello se agrega la violencia desmedida con la que actúo el cuerpo de granaderos al desalojar la plancha del zócalo de la Ciudad de México. Acción que se repitió por lo menos en el centro de Mérida, Yucatán, donde también se reporto el desalojo violento del zócalo. Ello es muestra clara de que la acción de los provocadores ha sido coordinada a nivel nacional para justificar precisamente la represión del movimiento que ha adquirido dimensiones nacionales. En esa medida se vuelve indispensable la libertad sin condiciones de todos los detenidos, sin ningún cargo en la medida en que la movilización fue objeto de infiltración y provocación por parte de elementos policiacos y militares. Esa debe ser la exigencia sin condición de las organizaciones políticas y sindicales, pues permitir que estos jóvenes sean procesados es dar carta abierta para que en el futuro cualquier lucha sea objeto de la infiltración y provocación del Estado.

¡Libertad inmediata e incondicional a todos los detenidos del 20Nov!

¡Contra la provocación, la organización!


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