“Parece un accidente”, pero no lo es...

Han pasado ya cuatro días tras la explosión en las instalaciones administrativas de PEMEX, la empresa más importante del país, sin que el gobierno federal haya determinado las causas de la misma. Al igual que con otros acontecimientos atípicos que involucran a las más altas esferas del Estado, tales como el colapso del avión que transportaba al ex secretario de gobernación, Juan Camilo Mouriño, en noviembre del 2009, las autoridades tienden a promover la opinión de que un “accidente” fue lo que causo la destrucción de dos pisos de la torre B2 de Petróleos Mexicanos, así como la muerte de treinta y cinco trabajadores, contabilizados hasta el 4 de febrero. La falta de claridad en la información, el descrédito del grueso de la población hacia las “instituciones” - que en días pasados protagonizaron pifias tales como pretender multar a AMLO por “gastos excesivos de campaña” al mismo tiempo que exoneraban al PRI por el mismo delito- por un lado generan incertidumbre y por otro ratifican el hecho de que somos los de a pié, los trabajadores, los que terminamos pagando los platos rotos de la crisis política de la clase dominante.

¿Un nuevo “accidente”?

La explosión en las instalaciones de PEMEX abre un nuevo episodio en la cada vez más larga lista de “casos raros”, en los cuales están involucrados los más importantes intereses políticos y económicos de la clase dominante, en todos ellos la tendencia ha sido la de darles un carpetazo poniéndoles el mote de “accidentes”. Recordemos que el veredicto final de las “investigaciones” de casos políticamente tan significativos como el desplome, en plena Avenida Reforma, del avión que transportaba al entonces secretario de gobernación, Mouriño, fue que se trató de un “accidente”, de una falla inesperada. Igualmente inesperada fue la caída del helicóptero que transportaba a su remplazo, el también ex Secretario de Gobernación Blake Mora, tan solo un año después. ¡El veredicto?:¡Otro accidente!

Paralelamente a estos eventos “accidentales”, la crisis del régimen es tan profunda que termina por salir a la luz pública información que ratifica lo que ya todos los trabajadores deducimos. Por ejemplo, ya en los últimos días de su sexenio, Calderón en el marco de su cumpleaños número cincuenta, celebrado en Los Pinos, declaró que había recibido amenazas de muerte por parte del narcotráfico, a decir de él “Se le informó que el avión presidencial podría sufrir un atentado” (El economista, 19 de agosto del 2012). Entonces,  ¿las presiones del narco hacia Calderón tuvieron algo que ver con el desplome de dos aeronaves del gobierno?  La mayoría de los trabajadores sabemos la respuesta.

En el caso de  Peña Nieto, en agosto del 2012, a raíz de la detención de Rafael Humberto Celaya Valenzuela, narcotraficante que fue detenido junto con un primo hermano de el “Chapo Guzmán” en Madrid, por parte de la Policía Nacional y el FBI, se difundieron fotografías donde tanto Peña como Celaya Valenzuela daban muestras de su cercanía política y personal. No sólo destacó el hecho de su visible “amistad”, sino que la detención de Valenzuela significó un duro golpe al cartel de Sinaloa que se encontraba en negociaciones desde meses atrás para establecer una célula en España. La investigación y las detenciones fueron promovidas desde EUA. Una vez más el PRI declaró que era un hecho fortuito, casual, es decir una vez más “accidental” la aparición de Peña con Celaya Valenzuela, ¿Qué tan fuerte es el vínculo de los priistas con los narcotraficantes que justo en el momento de mayor tensión sobre la definición de las elecciones no pudieron ocultar el vínculo estrecho del “presidente electo” con los carteles de la droga?  Teniendo en cuenta esta información que finalmente estuvo al alcance de cientos de miles de trabajadores, resulta por demás entendible la frase oficial acuñada tras la tragedia en las instalaciones de PEMEX, ¡No especulemos! ¡Es irresponsable adelantar conclusiones! ¡Esperemos el resultado de las investigaciones! El director general de PEMEX apenas alcanzó a declarar “parece un accidente”, ¿otro más? nos preguntamos las verdaderas víctimas de la crisis en la cúpula gobernante. No necesitamos esperar ninguna nueva resolución surrealista de las autoridades para saber que la tragedia de decenas y cientos de trabajadores petroleros está vinculada a las relaciones del PRI con los narcotraficantes, con las corruptelas en la cúpula del sindicato petrolero, con las negociaciones en vías de la privatización del petróleo, con la falta de consenso entre los distintos grupos de poder de la burguesía. ¡Especulemos, saquemos conclusiones, organicémonos!

“Están ocultando información”

El día de hoy se han  publicado las declaraciones de un mando de la policía capitalina que asegura que tanto el gobierno federal, el ejército y la policía del Distrito Federal están ocultando información que ratifica que la explosión no fue provocada por el fallo en una caldera o en un transformador de energía eléctrica, como originalmente se planteó. Por el contrario ratifica que se trató de un ataque planeado:

“Todos coincidimos en que esto no fue nada de lo que se ha informado hasta ahora de parte de las autoridades; por supuesto que no fue un simple accidente. Entre nosotros decíamos: es imposible que haya sido una fuga de gas o un cortocircuito o un fallo en las calderas. Nada de eso es cierto. Fue una explosión provocada.” (La Jornada, 4 de febrero 2013).

Las autoridades por su parte han salido a declarar que no fueron explosivos los que encontraron dentro de una maleta negra sino ropa y cosméticos, y que si no avisaron antes del hallazgo de la maleta fue para “evitar pánico”. No obstante esta declaración contradice el hecho de que la maleta fue abierta en el momento mismo en que la encontraron (como declaro el elemento de la policía capitalina)  y de haber hallado “ropa y cosméticos”, evidentemente no habría de provocar pánico el anunciarlo. Por otro lado, el mismo día de la explosión, minutos después de las diez de la noche se despejó nuevamente el área aledaña al edificio, ante la “amenaza de bomba”; incluso se pospuso la visita de Osorio Chong al inmueble.

El entrevistado de La Jornada llega a la conclusión de que la maleta que encontraron contenía una bomba que no alcanzó a detonar. Es muy probable que en los próximos días vallan tomando fuerza y distancia las versiones de que por un lado la maleta si haya contenido un explosivo, frente a la versión de que su contenido era de “ropa y cosméticos”. Comienza a escribirse una nueva historia  digna de ciencia ficción, no obstante esta nebulosa no exime de responsabilidad a los dirigentes del sindicato petrolero, de los sindicatos independientes y de los partidos de izquierda, para que se movilicen inmediatamente en contra de los ataques y la violencia contra los trabajadores,  esperar a que los perros de presa de Peña Nieto den su veredicto, significaría darle la espalda al movimiento en un momento clave. Las organizaciones de izquierda tienen la obligación de demostrar que no están dispuestas, ni ahora ni en el futuro a tolerar este tipo de crímenes. No se requiere de ningún ministerio para saber que los trabajadores hemos sido los más afectados por la criminalidad rampante en el país. ¡Los trabajadores no somos moneda de cambio de narcotraficantes, políticos y empresarios! ¡No toleraremos ningún ataque: castigo ejemplar a los responsables y a todas las autoridades que oculten información! ¡Basta de represión a los mandos policiales que no entran en su círculo de corrupción!

Peña Nieto y los carteles de la droga

El ataque contra las instalaciones de PEMEX ha tenido una resonancia a nivel mundial, no sólo porque Petróleos Mexicanos es la séptima petrolera más grande del mundo y uno de los tres principales abastecedores de hidrocarburos a los EUA, sino también porque Peña se encontraba en plena campaña para ofertar a Pemex a la burguesía a nivel mundial, en el marco de la reunión CELAC-Unión Europea, celebrada en Chile. Un día antes de la explosión los diarios reseñaban el inicio de pláticas entre Peña y Dilma Rousseff de cara a una asociación entre la compañía petrolera mexicana y la brasileña PETROBRAS. Al interno del PRI ya se había convocado una reunión para modificar los principios y estatutos del partido que señalan tácitamente su rechazo a la inversión extranjera en PEMEX. Las presiones sobre el PRD y PAN para que aprobaran sin rechistar la mentada “reforma petrolera” estaban en marcha, el escenario era parecido al de la aprobación de la reforma laboral, donde no se percibía ninguna oposición seria; en el mejor de los casos AMLO declaró que Morena se opondría a la privatización de PEMEX, pero sus movimientos no era ni tan rápidos ni tan decididos como los del PRI. La maquinaria estaba echada a andar y parecía que el 1 de febrero, cuando reiniciaron las sesiones en la cámara de diputados, el escarceo se convertiría en una batalla en forma. El PRI parecía tener completo su plan de juego.

El ataque a las instalaciones de PEMEX sin duda cambio violentamente el esquema del PRI, que ahora parece comprometerse, junto con el PAN,  a no agendar la discusión sobre reforma petrolera sino hasta el segundo periodo de sesiones, en septiembre. Hay elementos para interpretar la explosión como un fuerte llamado de atención al sector que dentro del PRI representa Peña Nieto, ¡aquí estamos y tienes que negociar con nosotros! Es el reclamo hacia Peña. ¿Quién además de tener poderosos intereses económicos en el petróleo y otras áreas, también cuenta con la capacidad de infiltración y de fuerza para colocar una bomba en un edificio público, emblemático de la capital del país? ¿Quién ha sido tan osado como para “amenazar” de muerte al “presidente”, asesinar agentes del FBI, lanzar granadas a instalaciones de Televisa y al consulado estadounidense? ¿Quién más sino las facciones burguesas que operan bajo el mote de carteles del narco?

Todo parece indicar que importantes sectores de la burguesía que también son partícipes del negocio de las drogas, se han quedado fuera de la repartición del pastel, seguramente no sólo de negocios ligados al petróleo, sino de otras áreas como el mismo narcotráfico. Se ha documentado desde hace tiempo una tendencia del gobierno federal de favorecer al cártel de Sinaloa a despecho del segundo más importante, el cartel de los zetas, que tiene sólidas relaciones con los altos mandos de PEMEX e incluso del sindicato petrolero (también dirigido por los priistas), esto último lo ha documentado la periodista Ana Lilia Pérez en su libro “El Cartel Negro”. El ataque a PEMEX evidencia que las negociaciones llegaron a un punto límite y que era preciso dar un “golpe sobre la mesa”, tratando de poner contra las cuerdas a Peña Nieto y sus aliados, con el ojo vigilante de la prensa internacional. Qué tantos son los intereses en pugna que las sesiones en el Congreso comenzaron con un operativo de seguridad en “sitios sensibles”.

Ante la vergonzosa actitud diletante de la mayoría de los dirigentes sindicales, del PRD y Morena, ante la reforma laboral, educativa y la misma imposición de Peña, la burguesía está hinchada de arrogancia, han creído que  pueden usar la vida de los trabajadores, incluso aún los organizados en un sindicato tan importante como el petrolero, como elemento de presión para sus intereses. La política de la mayoría de los dirigentes de la izquierda han puesto a la clase trabajadora en una situación de vulnerabilidad, cuando más deberían sacar uñas y dientes en defensa de la clase obrera, más se atemorizan y esquivan su responsabilidad, por ello las cosas han llegado tan lejos. Uno de los pocos sectores organizados que ha hecho frente a la violencia ha sido la CNTE de Guerrero, que en Ácapulco organizó manifestaciones demandando el cese de los secuestros de profesores, ello ha sido un antecedente para la formación de grupos campesinos de autodefensa. Es urgente que desde las organizaciones de izquierda pugnemos por una política de autodefensa. Desde la base de los sindicatos, Morena y el PRD, debemos exigir una política enérgica contra la criminalización de los trabajadores, contra los atentados, contra la violencia del Estado.

El crimen contra los 35 trabajadores asesinados de Pemex y los cientos de heridos no puede quedar impune, todos los trabajadores debemos sacar las conclusiones correctas ¡Democratización de los sindicatos!  ¡Expulsión de todos aquellos “dirigentes sindicales” vinculados al narco! ¡Formación de grupos sindicales de autodefensa en el campo y la ciudad!¡Derecho a sindicalización para los cuerpos policiacos! ¡Expropiación inmediata de todos los empresarios ligados al narco! ¡No a la privatización de PEMEX!

¡Contra la barbarie capitalistas, la organización de la clase trabajadora para la aniquilación de la propiedad privada burguesa!

¡No somos víctimas de un accidente, somos víctimas de un sistema que debemos derrocar!


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