La resistencia heroica de maestras, profesores y padres de familia que en las condiciones más difíciles se mantienen organizados y movilizados, sin duda contrasta con la actitud de dirigentes sindicales y de los partidos de izquierda que han abandonado las calles. La rabia del gobierno contra la CNTE es proporcional al desafío del magisterio contra el sistema. La lucha está siendo dura, así lo demuestran las jornadas de noviembre y diciembre del 2015, pero unificando y movilizando a toda la izquierda, es posible avanzar y vencer.

CNTE, 2006-2016

Como ninguna otra organización de izquierda, la CNTE se ha mantenido a la vanguardia de la lucha durante la última década. A pesar de que las heroicas jornadas de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (2006), impulsada por la sección XXII de la CNTE, se saldaron con la represión y persecución de los activistas más destacados, la CNTE logró reagruparse. Para la segunda mitad del gobierno de Calderón, cuando éste ya había eliminado la fuente de trabajo de los afiliados del SME, la CNTE volvió a protagonizar movilizaciones masivas. El magisterio democrático aunque no pudo detener la aprobación de la “Alianza por la Calidad Educativa” -antecedente de la actual reforma de Peña Nieto- sí evitó que el golpe a los derechos laborales y a la educación pública fuera tan profundo como el que habían sufrido los electricistas. Las megamarchas, paros y demás movilizaciones demostraron que no sería fácil derrotar a la CNTE.

Apenas llegar al gobierno, Peña Nieto retomó la tarea inconclusa de Calderón y arreció los ataques contra la educación pública y el magisterio. Más grave aún, para principios del sexenio, la CNTE no solo tuvo que enfrentar a las fuerzas tradicionales de la derecha, el PRI, el PAN y sus medios de comunicación, sino incluso al degenerado aparato burocrático del PRD. A partir de ese momento, la dirección del PRD no ha dejado de jugar un papel activo en la campaña de linchamiento contra los profesores. A pesar de la traición del que fuera el partido con más arraigo entre el magisterio de izquierda, la CNTE continuó la batalla. Para 2013, junto con los alzamientos armados de las autodefensas y policías comunitarias, la lucha magisterial se consolidó como el referente de lucha más importante a nivel nacional y en veces, el único.

En todo este proceso, aliados naturales de la Coordinadora: Morena, el EZLN, la UNT e incluso los sindicatos universitarios, han jugado un papel marginal que en muchos casos se ha limitado a la solidaridad discursiva. El movimiento estudiantil es el sector que mejor ha respaldado la lucha magisterial, aunque de manera coyuntural. No cabe duda que la CNTE es la organización que ha asumido el papel más protagónico a la hora de luchar contra las reformas, especialmente la educativa, de Peña Nieto.

La destrucción de la educación pública

La derecha no ha escatimado en recursos políticos y económicos para avanzar en la destrucción de la educación pública. El encarcelamiento de Elba Ester gordillo, el papel de Televisa y la creación de “Mexicanos Primero”, donde uno de los hombres más ricos del país, Claudio X. González jugando un papel militante contra la CNTE, habla de ello.

El ataque de la derecha ha abarcado todos los niveles, desde las guarderías hasta la investigación científica de punta. Recordemos la reforma en el sexenio de Calderón que permitió la apertura de guarderías privadas en domicilios particulares, subsidiadas con presupuesto público, con el simple requisito de que se hayan “acondicionado” para brindar este servicio. El incendio criminal de la guardería ABC en Sonora, fue uno de los primeros costos de esta reforma.

En las primarias y secundarias, consiguieron rebajar la calidad de los programas de estudio al nivel de las exigencias establecidas en el Tratado de Libre Comercio con EEUU. Consiguieron también la eliminación de los turnos vespertinos en primarias y secundarias, junto con la destrucción de miles de plazas de profesores. Eliminaron la doble basificación de profesores, arrebatándoles la mitad de sus derechos laborales; al mismo tiempo que han extendido la intensidad y el tiempo de sus jornadas de trabajo hasta los fines de semana.

En el nivel universitario han logrado hacer de los exámenes de ingreso verdaderos filtros contra los estudiantes más pobres, tan solo la UNAM rechaza al 90% de aspirantes anualmente. Han logrado avanzar en el incremento de cuotas a un nivel prohibitivo para la mayoría de trabajadores del país, sobre todo en las universidades estatales. Han logrado devaluar el nivel de estudios de licenciatura a tal grado que un empleo digno únicamente es aspirarle con estudios de maestría, doctorado y post doctorado, que son nichos de negocio de las universidades privadas. En México ya operan los consorcios dueños de las universidades privadas de Estados Unidos, la meca a nivel mundial del negocio de la educación.

A partir de que toda la investigación científica fue centralizada por el CONACIT, se han recortado subsidios, becas y apoyos a estudiantes de alto nivel así como a investigadores. El caso de estudiantes que hacen estancias en el extranjero, abandonados a su suerte, es ya una realidad. Las empresas ya son rectores en el diseño de los programas de estudio, una muestra ejemplar es la asociación de la BUAP con la automotriz Audi para “adecuar” las carreras de ingeniería a sus estrechos requerimientos.

La derecha sin duda ha logrado avanzar en sus ataques contra la educación púbica. La CNTE y los estudiantes universitarios han sido el principal obstáculo que les ha obligado a retrasar y limitar sus planes. Pero la educación no deja de ser un pilar en el proyecto de largo plazo de la derecha. No sólo se trata de apropiarse del vastísimo negocio que representa la educación, donde la banca juega un papel clave como en Estados Unidos o Chile. Dentro de estos objetivos de largo plazo para el sistema, el que políticamente más destaca es la eliminación de la CNTE y del movimiento estudiantil en las universidades públicas, porque además han demostrado ser inspiración para todo tipo de luchas en el campo y la ciudad. De ahí que las exigencias a la hora de organizar la lucha sean mayúsculas para estudiantes y profesores.

La lucha contra Peña Nieto

El desafío lanzado por la clase dominante contra los derechos históricos de la clase trabajadora ha sido respondido a partir de la recuperación de las mejores tradiciones de lucha de la CNTE. La Coordinadora realizó acciones de fuerza que otras organizaciones sindicales y políticas únicamente proclamaban en los discursos. Entre 2012 y 2013 la batalla contra la aprobación de la reforma educativa implicó la irrupción y parálisis de varios congresos estatales e incluso de la Cámara de Diputados que tuvo que huir al Centro Banamex para aprobar la reforma. Las manifestaciones masivas y paros laborales de esos años se cuentan como los más importantes en la historia de la CNTE. En ellos participaron los bastiones históricos de Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, pero la ola de lucha logró incluso arrastrar a las secciones que habían sido los pilares del corporativismo sindical priista, en el Estado de México, Veracruz, Guadalajara, entre otros estados.

La clase dominante encontró en la respuesta de la CNTE un vigor que no había enfrentado contra otros sindicatos, por ejemplo el SME. La realización de los paros nacionales de finales de octubre y noviembre del 2013 lograron materializar una de las tácticas de lucha más aclamadas por la izquierda desde hace décadas. El alcance de los paros fue tremendo, se paralizaron puentes fronterizos en el Norte y Sur del país, se bloquearon aeropuertos, instalaciones de Pemex, medios de comunicación, carreteras, edificios del gobierno. Secundaron a la CNTE campesinos, trabajadores, sindicalistas y estudiantiles, rebasando la parálisis de sus dirigentes y organizaciones.

Las alarmas de la clase dominante se encendieron en rojo cuando la CNTE tendía a reforzar sus vínculos con el movimiento de las policías comunitarias. El 8 de abril del 2013 marcharon los profesores de Guerrero custodiados por guardias de campesinos armados rumbo a Chilpancingo, para liberar al comandante Nahúm, de la policía comunitaria. Entonces se abocaron a fondo a infiltrar, reprimir y desprestigiar al movimiento de las autodefensas de Michoacán y a las Policías Comunitarias en Guerrero, hasta dinamitar su relación con la CNTE.

A pesar de la zozobra, el gobierno aumentó la apuesta. Con todo y la fuerza y radicalidad del movimiento, lanzaron la privatización de Pemex a finales del 2013. Confiaban en los servicios que el PRD le prestaba. Apostaron a que la lógica de movilizaciones simbólicas y de acciones legaloides promovidas por AMLO no reforzarían la lucha, como finalmente ocurrió.

La CNTE tuvo la oportunidad de llevar la lucha a un plano todavía superior. A pesar de la actitud pasiva de no pocos dirigentes de izquierda y de la posición claudicante y servil de dirigentes sindicales asimilados al régimen, la autoridad política del magisterio y la efervescencia social estaban servidas para desarrollar la lucha. Pero ello requería que la dirección de la CNTE comprendiera el momento político en toda su magnitud y se decidiera a dar un salto cualitativo. Era preciso aceptar la responsabilidad de organizar y dirigir un movimiento nacional que llevara la movilización de amplios sectores de la clase trabajadora hasta sus últimas consecuencias, a partir de lanzar una tenaz agitación hacia la base de los sindicatos, llamando a establecer un frente único que pusiera al resto de dirigentes de la izquierda frente a la tensión y agitación de sus bases. Era preciso unificarse con el sector legítimo y combativo de las autodefensas, a pesar de la histeria del gobierno y de las “dudas” y temores de la izquierda reformista, animando las tendencias al doble poder popular en las comunidades campesinas. Era necesario agitar entre la juventud y los estudiantes llamándoles francamente a la acción, por cierto, los mismos que un año después saldrían en defensa de Ayotzinapa.

La responsabilidad y posibilidades de la CNTE eran enormes, pero no fueron capitalizadas. No fue la insuficiencia de fuerzas físicas lo que limitaba la acción, pues la CNTE contaba con decenas de miles de profesores en paro que además contaban con recursos económicos, ya que el grueso de los maestros seguía percibiendo su salario aun cuando estaban paralizadas las clases. Esta es una situación de auténtico privilegio comparada con las condiciones que enfrentan millones de trabajadores cuando salen a luchar. El punto clave fue –y sigue siendo, como veremos- la indecisión de reconocer la posición política de la CNTE como la organización que se ha ganado con su esfuerzo heroico la responsabilidad de agrupar a toda la izquierda. Esta responsabilidad, como en su momento la tuvo Cárdenas y el PRD; el Sub comandante Marcos y el EZLN; Andrés Manuel y Morena, no puede simplemente dejarse de lado, sin que ello tenga consecuencias negativas.

La CNTE y Ayotzinapa

Una vez pasada la ofensiva magisterial del 2012-2013, la Coordinadora tuvo en la coyuntura de Ayotzinapa que se desarrolló entre septiembre y diciembre del 2014, una segunda oportunidad para volver a darle un carácter político y nacional a la lucha contra Peña Nieto. Si bien para ese momento el gobierno había logrado infringir importantes derrotas al movimiento de campesinos armados en Michoacán y Guerrero, ahora era la fuerza de la juventud la que en combinación con la CNTE podían darle a la movilización una perspectiva mucho mayor a la demanda inicial de ¡justicia!, que cimbró al gobierno, incluso en el plano internacional. En toda esta coyuntura la CNTE, salvo en el caso de Guerrero, jugó un papel auxiliar, de apoyo paralelo a los padres de los normalistas que más bien se tradujo en una distancia totalmente injustificada.

Así como pasó con los levantamientos armados de las autodefensas (2012-2013) y con las manifestaciones de Morena en defensa de Pemex (finales del 2014), la CNTE mantuvo vínculos muy insuficientes con la histórica huelga del IPN (finales del 2014 e inicios del 2015) y con la lucha en defensa de Ayotzinapa. Esta política de distanciamiento del resto de luchas sociales, de limitar el papel de la CNTE al de un mero auxiliar, es lo que ha dado un espacio muy importante al gobierno para avanzar en su campaña política contra la CNTE, acusándoles de “defensores de sus privilegios”.

La lucha contra la evaluación punitiva

El último capítulo en la lucha contra la “evaluación punitiva” no ha estado exento de fuerza, coraje y abnegación por parte del magisterio y sus dirigentes. Las jornadas de lucha contra la aplicación de las evaluaciones que pretenden justificar el despido de los profesores, realizadas entre noviembre y diciembre del 2015, dieron cuenta del endurecimiento de la táctica del gobierno. La campaña histérica en los medios de comunicación palideció ante los métodos de secuestro, tortura, encarcelamiento y la masiva movilización militar y policial que se lanzó contra la CNTE. El gobierno está aprovechando al máximo el debilitamiento de los vínculos de la CNTE con el resto de la clase trabajadora.

El objetivo del gobierno era realmente modesto al respecto de los profesores a evaluar. Se trataba sobre todo de una medida política y hasta cierto punto un distractor de las fuerzas, ya que mientras se intentaba evaluar a aproximadamente al 10% de los profesores a nivel nacional, se probó una deuda gigantesca para el presupuesto educativo.

Las manifestaciones de la CNTE se organizaron de manera regional y por tanto fueron muy desiguales. En Chiapas las manifestaciones fueron de casi 100 mil asistentes pero en otros estados fueron apenas simbólicas con decenas o centenas de profesores. Ahí donde están los bastiones de la CNTE se logró paralizar buena parte de la evaluación. En otros estados la evaluación se realizo casi sin contratiempos, incluso en aquellos donde la manifestación había adquirido gran fuerza, como el Estado de México o Guadalajara, entre 2012 y 2013.

El elemento más destacado ha sido que la CNTE ha tenido que emplearse a fondo, acusando un desgaste importante para sus fuerzas para conseguir un resultado modesto. Incluso en sus bastiones como Michoacán, la movilización de la policía causó importantes dudas sobre si lanzarse a la lucha, generándose vacilación y desorganización.

Las fuerzas de la CNTE aun son muy poderosas, pero mienten los que afirman que son invencibles, independientemente de la táctica y la perspectiva de lucha que se establezca. Es preciso que la CNTE rompa por completo con una dinámica que no se ajusta a la dureza de los ataques. No es únicamente el problema educativo el que se debate, sino el plan de conjunto de la burguesía, para derrotarlo no son suficientes las alternativas “pedagógicas”, ni las solas fuerzas del magisterio. La batalla en defensa de la educación pública y la derrota política de Peña Nieto precisa que la CNTE organice al conjunto de la izquierda en un plan de lucha con una perspectiva revolucionaria. Ninguna otra organización tiene la autoridad política para hacerlo. ¡Es la hora de la CNTE, es la hora del sindicalismo revolucionario!


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