Escrito por Federico Alfvén La situación del campo mexicano no es para nada halagadora. Es común, sobre todo para las personas que viven en provincia, que cuando se refiere al campo, uno inmediatamente se imagina miseria y explotación. Desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) en enero de 1994 la situación de los campesinos ha ido empeorando. Actualmente existen 30 millones de personas viviendo en un medio rural. De éstas, 27.4 millones no pueden tener acceso a la canasta básica alimenticia, es decir, sólo el 8.7% puede acceder a ella. Además el número de hogares que reciben remesas de Estados Unidos ha aumentado de 600mil en 1995 a 4.1millones en 2005 (La Jornada, 21/01/2008). En el caso particular de los productores de maíz también la situación es terrible. En los últimos 15 meses los precios de los fertilizantes han aumentado de manera exponencial. El Fosfato Diamónico pasó de 4mil pesos a 9mil 691pesos en dicho periodo (La Jornada, 22/04/2008). También existe un gran riesgo de desabasto del dicho producto, según la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC) y la Confederación Nacional Campesina (CNC). Dicho problema es originado por el gran aumento de las importaciones y el poco apoyo a los productores nacionales. Por ejemplo, en el caso del arroz, el 65% de lo que se consume en nuestro país es de procedencia extranjera, principalmente de Estados Unidos (La Jornada, 4/05/2008). Regresando al caso de maíz, no se descarta la posibilidad de un aumento al precio de las tortillas. Según la ANEC y la CNC, éstas podrían aumentar hasta 10 pesos en el Valle de México y 11 pesos en el resto del país. Ante esta situación, ¿cuál es la alternativa para los campesinos? El campo está íntimamente ligado a la ciudad. En las grandes ciudades se consume gran parte de lo que se produce en el campo. Cualquier crisis en el sector campesino se verá reflejada en la ciudad. Es por eso que las luchas de los campesinos deben ir ligadas a la lucha de los obreros en las ciudades. El problema de desabasto y aumento de precios en los productos se debe al poco apoyo que el gobierno federal da al propio campo mexicano. Este gobierno, instaurado mediante un gigantesco fraude electoral, no hace más que seguir los mandatos de la burguesía. En realidad quienes se han visto beneficiados por el TLCAN son los grandes terratenientes y grandes distribuidores. Por otro lado, en las ciudades, los salarios de los trabajadores no les alcanzan para satisfacer sus necesidades. Lo que se debe hacer es un llamado a conformar comités en contra de la carestía para formar un frente entre los trabajadores de la ciudad y el campo para organizar diferentes movilizaciones encaminadas a impulsar un paro nacional. Hace algunas semanas ha habido manifestaciones importantes de las diferentes organizaciones campesinas. En ellas se ha demostrado el descontento que existe en este sector. Estas movilizaciones han sido apoyadas por varias organizaciones sindicales. Ese es justo el camino a seguir pero ahora hay que ir más allá. Hay que impulsar el paro nacional.

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