En los últimos días se han realizado paros de actividades en al menos 11 escuelas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) contra la violencia machista, entre ellas: la FES Cuautitlán, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, la Facultad de Filosofía y Letras, los nueve planteles de la Escuela Nacional Preparatoria, los CCH Sur, Azcapotzalco y Oriente y diversas manifestaciones en otros planteles como la FES Aragón en donde se tomaron las oficinas administrativas. Tan sólo en la FES Cuautitlán se han reportado 77 denuncias desde 2015, sobre casos de abuso, acoso, violaciones e incluso feminicidios, sin haber recibido respuesta.

En el marco de este ambiente de lucha se desarrollará la manifestación del 25 de noviembre, día internacional contra la violencia hacia la mujer, donde saldremos nuevamente a las calles sin descanso para acabar con toda la miseria, la violencia machista y la opresión que este sistema nos impone.

Los paros que hemos presenciados, son el resultado de la rabia y el hartazgo frente a la actitud de indiferencia y encubrimiento de las autoridades, de todos los niveles de la UNAM, ante las denuncias realizadas de acoso y violencia ejercida dentro de nuestras escuelas. Esta es una de las razones por las que ha sido repudiada la reelección de Graue. Sin embargo, gracias a la presión política, al crecimiento de las manifestaciones y el fortalecimiento del movimiento, en el último año, se han expulsado a 40 profesores y 100 estudiantes por acoso; en total, frente a casi mil denuncias en el primer periodo de Graue, se han realizado 500 sanciones, ¡pero ninguna acción penal! Tenemos que decir que esto es insuficiente, aún existen profesores, trabajadores y alumnos dentro de la institución con denuncias que pesan sobre ellos ¡Exigimos castigo ejemplar a los que perpetran la violencia machista!

La violencia, una herramienta para el capitalismo

La violencia machista dentro de las escuelas, es una expresión de la violencia que vivimos las mujeres todos los días en nuestros hogares, nuestros centros laborales, en la calle, etcétera; diez mujeres en promedio son asesinadas cada día en México, la cifra absoluta más grande en América Latina, esta grave situación nos ha llevado a movilizarnos para exigir una vida libre de violencia y opresión. Miles de mujeres en todo el país hemos protagonizado manifestaciones enormes e históricas, demostrando nuestra fuerza y organización ¡Ese es el camino!

Sin embargo, la violencia continua, porque la clase dominante continua en el poder, al frente de las instituciones que promueven y solapan al machismo, desde las académicas hasta las de “justicia”. La violencia machista, como los demás tipos de violencia no son un fin en sí mismo para los poderosos, son tan sólo un medio, para someter y oprimir al pueblo, mantenerlos subyugados y prestos para su explotación.

El machismo es un negocio. La cultura machista tiene un origen común con la propiedad privada, la mercantilización, la búsqueda de ganancias; “legales” a través de los estereotipos y todo lo que nos venden para cumplirlos o ilegales, a través de la trata y la prostitución.

La explotación sexual es una versión de la violencia machista que pretende extraer riqueza a partir de la mercantilización del cuerpo de la mujer, el grado más degradado es la prostitución, sin embargo, hay otras expresiones más sutiles, como la mercadotecnia sexista, que muchas empresas utilizan en todo el mundo para promover un estereotipo que “sólo conseguirás comprando sus productos”. La propaganda burguesa que promueve la cosificación del cuerpo de la mujer (denigrando el resto de sus cualidades) insertando cada día por cada uno de sus medios masivos de comunicación, la idea de que las mujeres sólo valemos por el placer sexual que podemos dar. La propaganda burguesa, nunca destaca nuestras cualidades intelectuales o nuestras habilidades, sino nuestros cuerpos y como lucen “mejor”.

Esta violencia sutil de los cánones y los estereotipos, a las mujeres nos inconforma con nuestros cuerpos, a la comunidad sexodiversa las excluye de lo “normal y aceptable” y a los hombres los convence de qué tipo de mujer debe tener a su lado, como un producto más, que lo hace “más hombre”.

La violencia machista, degrada, inmoviliza, subyuga, como la violencia del patrón al trabajador. El medio, es la violencia; el fin, es preservar la explotación para mantener el beneficio económico. La violencia individual es muy grave y debemos combatirla, pero esta no se podría entender, sin la participación de la clase opresora en promoverla, sin el machismo institucional que con su indiferencia manda el mensaje de que nuestras vidas no importan, sin las grandes empresas que se enriquecen a costa de ella.

En la sociedad capitalista, la violencia en todas sus expresiones cumple la función de mantener las relaciones de poder de la minoría sobre la mayoría, de mantener a raya al pueblo, mujeres y hombres. No podremos terminar con la violencia si no terminamos con el capitalismo.

Por una lucha mixta y de clase

La lucha contra la opresión de la mujer, para triunfar, necesita pasar por la lucha contra la violencia capitalista en todas sus formas, codo a codo con todos los oprimidos. El machismo abigarrado, es un síntoma de un sistema putrefacto. En ese sentido es fundamental extender nuestra lucha, realizando acciones amplias no exclusivas de mujeres, en donde quepan las demás luchas de los oprimidos y dejemos en claro que no nos conformaremos con ser escuchadas y sancionar a algunos individuos, sino que queremos un cambio de fondo.

Para nosotras, la lucha por los derechos de las mujeres de familias humildes y por una vida libre de violencia machista, no es únicamente una cuestión de género, sino fundamentalmente de clase, no luchamos por igualdad de privilegios para oprimir a otros, sino por la eliminación de la opresión, no nos une nuestro género a las mujeres del poder que se dicen feministas y en nombre del feminismo pasan por encima de los demás, con la misma violencia opresora que sufrimos la mayoría todos los días, mucho menos nos identificamos con las mujeres en el poder que reproducen el machismo, por encima de nuestro género esta nuestra clase.

Pero con quienes sí nos identificamos es con todos los miles de jóvenes y trabajadores que luchan contra las desapariciones, contra la violencia hacia la juventud, por mejores empleos y condiciones de estudio dignas.

El paro en Cuautitlán ha demostrado la fuerza que tiene la lucha conjunta. También existen ejemplos internacionales, como las huelgas de Google y McDonalds contra el acoso sexual de las más explotadas, estas huelgas fueron secundadas por sus compañeros, haciéndolas más fuertes; en Glasgow las trabajadoras del sector público en lucha por la igualdad salarial, obtuvieron una gran victoria precisamente gracias a combatir los intentos desesperados de dividir a la plantilla laboral en una guerra de sexos, y uniendo sus fuerzas junto a sus compañeros.

En México también tenemos ejemplos en este sentido, las huelgas de Matamoros por el salario mínimo enlazada con las demandas de guarderías, para descargar a las trabajadoras del cuidado de los hijos, no sólo fortaleció la lucha, sino que brindo un papel más relevante a la mujer obrera. Lo mismo ocurre con las jornaleras del valle de San Quintín, Baja California, que están dando una batalla conjunta contra el acoso en los surcos en el marco de la lucha por salarios dignos y un contrato colectivo de trabajo para el conjunto de las y los jornaleros agrícolas ¡Qué débiles serían las luchas si las disociamos por cada demanda, cada sector, cada sexo, cada cultura o cada raza! Estos ejemplos muestran que acabar con nuestra opresión sólo es posible desde la unión y solidaridad en una misma lucha, de todos los trabajadores y jóvenes, capaces de paralizarlo todo en defensa de nuestros derechos.

Nuestros compañeros son los que defienden los derechos de nuestra clase, y por tanto los de las mujeres y jóvenes de familias trabajadoras, son nuestros compañeros de lucha y los queremos a nuestro lado, apoyando nuestras justas reivindicaciones, en los paros y las manifestaciones.

En cambio, no son nuestros partidarios los sectores más reaccionarios que se erizan frente a la enorme lucha que estamos dando; tampoco son los golpistas; los que nos niegan nuestro derecho a decidir; los conservadores religiosos que quieren que todo permanezca igual porque este sistema les beneficia, inundan con prejuicios a la sociedad y se retuercen ante los levantamientos en América Latina.

Aún nos queda camino por avanzar y aspectos que conquistar, no basta con remover a la sociedad o lograr la expulsión de algunos agresores de las universidades, necesitamos seguir avanzando y terminar con la raíz del problema, para ello necesitamos dar una lucha masiva, democrática y colectiva, no nos conformamos con una lucha estridente de pequeños grupos.

Así como el machismo no desaparece con los individuos destituidos de las universidades, porque el problema es sistémico, la historia y cambios de raíz no lo hacen las acciones individuales, ni de pequeños grupos; las grandes transformaciones sólo vendrán de las luchas masivas de jóvenes y trabajadores organizadas, todo lo que disperse, divida y desorganice al movimiento actúa en contra de un movimiento victorioso. Desde Libres y Combativas, impulsamos la utilización de métodos probados históricamente por la clase trabajadora, paros y huelgas votados democráticamente con la participación mayoritaria de la comunidad, la integración de la mayor cantidad de sectores a la lucha: ¡Estudiantes y trabajadores uni@s y adelante!, la propaganda revolucionaria, los piquetes para extender la lucha, etc. No abogamos por acciones individuales o minoritarias, sino por la lucha organizada y masiva, no queremos tan sólo una lucha heroica, queremos ante toda la victoria ¡Construyamos un feminismo revolucionario y socialista!

¡Este 25 de noviembre todas y todos a las movilizaciones contra la violencia machista y la opresión capitalista! CDMX, 17:00 horas, Ángel – Zócalo

¡Fuera el machismo de nuestras escuelas!

 ¡Únete y lucha con Libres y Combativas!


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