La situación actual de la mujer trabajadora dista mucho de lo que se ha encargado el Estado de alardear, y para ello muestra un botón: la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (CONAVIM) no emitió ninguna declaratoria de violencia de género en el 2013, pese a que en entidades como Guanajuato los feminicidios se multiplicaron al pasar de 25 a 85 casos. (La Jornada 22/02/15). El nivel de impunidad en casos de agresión, explotación sexual contra mujeres y niñas en América Latina es del 98 por ciento, ejemplo de ello es el de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, ex líder capitalino del PRI acusado de financiar una red de prostitución con recursos públicos.

Otros aspectos a destacar son los asesinatos de activistas y periodistas que han levantado la voz en defensa de la mujer trabajadora, pues en los últimos cuatro años se han registrado 32 homicidios de este tipo (La Jornada 08/03/15). En el ámbito laboral, aunque hay una ley que regula el salario para los mismos cargos, en el caso de las mujeres sigue habiendo un rezago, la situación se da porque mujeres ocupan menos cargos de mayor responsabilidad y, como consecuencia tiene un menor nivel de ingreso. Es cotidiano que el aparato gerencial empresarial discrimine a la mujer trabajadora calificándolas de incompetentes y “piedras” para desempeñar cargos de dirección.

En casos de violación es muy notorio el trato discriminatorio por parte de los “profesionales” del aparato judicial al agredir a las compañeras con comentarios del siguiente tipo: ¿Cómo te encontrabas vestida? ¿Qué hacías a esas horas en la calle? Además de preguntar si la violación fue algo realmente desagradable, ¡Es realmente inaceptable!

Todo lo anterior solamente son unas cuantas gotas en el océano de la opresión de las mujeres: está claro que el Estado, sus leyes y los patrones no hacen ni harán nada para cambiar esa realidad. Por ello las mujeres junto con nuestros compañeros, debemos de organizarnos en nuestras escuelas, trabajos, colonias y barrios para mandar un mensaje claro: no toleraremos a todo aquel que agreda física, moral e intelectualmente a una mujer trabajadora e incluso a compañeros hombres.

Conformemos comités de defensa en las colonias y en los centros de trabajo para defendernos ante cualquier agresión ya sea verbal, psicológica o física, también para que en las empresas le cerremos el paso a cualquier comentario misógino y práctica discriminativa patronal, impulsando de esa forma la solidaridad entre el conjunto de la clase trabajadora para defendernos ante cualquier represalia por parte de gerencia si es que denunciamos casos de abusos a nuestros compañeros.

Exijamos transporte de nuestra casa a nuestra empresa si las horas y trayecto de traslado son inseguras. En nuestras escuelas realicemos campañas donde se exponga la violencia que sufrimos y las alternativas que proponemos. En todo ello es necesario integrar a nuestros compañeros, pues la desigualdad no la destruiremos invirtiendo los papeles, haciendo leyes exclusivas para la mujeres; todos estos problemas sólo tendrán solución en medida de que sea el movimiento organizado de trabajadores y de los jóvenes el que asumamos la defensa y lucha de los derechos de la mujer trabajadora.


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