Han pasado ya dos meses desde el sismo del 19 de septiembre. En este tiempo ha habido mucho movimiento en los medios sobre las consecuencias del mismo, infinidad de imágenes mostrando a cierta clase de jóvenes con cascos de protección, chalecos… levantando el puño en unidad con altos funcionarios locales o federales en eventos deportivos o incluso un concierto masivo en apoyo a los damnificados y en homenaje a los voluntarios.

Hemos visto a los partidos en feroz competencia ofreciendo "sus recursos económicos" a los damnificados sin dar un solo centavo. En el caso de quien si lo ha hecho (MORENA) se ha distribuido con lógica clientelar: te doy porque me apoyaste y te doy para que me sigas apoyando.

Lo que no hemos visto es solución a los damnificados y reparación a los deudos de los muertos. Ha habido movilizaciones, pocas, pero no las necesarias para arrancar las soluciones pendientes. Apenas en las últimas semanas hemos visto un impulso, articulación y acción de las mismas. ¿Por qué, a diferencia de 1985 y a pesar de la magnitud del desastre, los damnificados no se han organizado y movilizado lo suficiente para resolver lo más urgente: un lugar decente para vivir? Una parte de la respuesta la da Leslie Serna, quien fue dirigente de la Unión Popular Nueva Tenochtitlán, organización vecinal surgida a raíz del sismo de 1985: "nació una enorme y poderosa organización de damnificados, que para el día 27 (de septiembre de 1985, NDLR) ya había realizado una gran manifestación, en solo unos días se gestó la organización de cada colonia y luego la unión de colonias en la Coordinadora Única de Damnificados (CUD). Nadie negoció por su cuenta. La negociación fue colectiva… Logró 80,000 viviendas nuevas o reconstruidas… En 2017 el gobierno espera que cada vecino la enfrente solo. La negociación colectiva siempre le estorba al poder".

En 1985 las zonas afectadas eran zonas populares como la Guerrero, Tepito, Centro, Doctores, Tlatelolco, etcétera. Zonas de trabajadores acostumbrados por sus condiciones laborales a actuar en común. En 2017 la parte más visible, mediáticamente, en afectaciones, está poblada por la llamada clase media, cuyas condiciones laborales no los habitúan a la acción conjunta y más aún, han comprado las ideas acerca de la acción individual "para superarse", ideas que, en situaciones como las posteriores al sismo, revelan en toda su crudeza su fondo reaccionario al impedirles actuar en común.

Sin embargo, lo anterior no explica el por qué tampoco hay organización y movilización en otras zonas afectadas como Tláhuac, Xochimilco o Iztapalapa, en donde sí existe una tradición de acción comunal e incluso combativa. Paradójicamente lo que explica esta inacción es la existencia de organizaciones que se reclaman de izquierda, algunas de las cuales aparecieron después del sismo del 85. Estas organizaciones tienen años de trabajo en estas zonas y agrupan a frentes vecinales numerosos lo que les ha permitido ingerir e incluso controlar los aparatos gubernamentales en estas delegaciones. Estas organizaciones,  primero organizadas en el PRD y hoy en MORENA, tienen una gran experiencia en la gestoría y ello las ha llevado a adaptarse a los mecanismos legales y asistenciales del gobierno y han cambiado su base combativa por una base clientelar y la lucha colectiva por intereses de grupo o particulares.

Así, los intentos de organización y movilización frente a los problemas derivados del sismo se enfrentan en primer lugar al obstáculo que representa sus organizaciones y los gobiernos delegacionales, produciendo desmoralización entre los damnificados.

Es cierto, la negociación colectiva siempre le estorba al poder y agregamos; es la única vía para resolver los problemas de los damnificados, particularmente, el de un lugar digno para vivir. En esa vía, las organizaciones y/o partidos que se reclaman de izquierda, tienen una responsabilidad central, deben recuperar los mecanismos de acción unitaria y de combate de los pobladores que les han dado su confianza y su voto, de lo contrario, los pobladores les superaran como ha ocurrido el pasado 9 de noviembre, donde de manera simultánea, organizando bloqueos y conformando la Coordinadora de General de Damnificados de la Cuidad de México.