Para muchos lo que ahora se vive en México es resultado de un castigo divino: influenza (gripe porcina), pobreza, desempleo, narcotráfico y corrupción. En realidad, no es resultado de la ira celestial sino de la descomposición del Estado capitalista en un momento de crisis orgánica del capital.

El contexto

Si bien en estos dos últimos meses han salido a la luz dos casos (influenza y narcotráfico) que dan una muestra clara de la bancarrota e incapacidad del Estado para poder garantizar una vida digna a los trabajadores, los problemas no comienzan aquí. La crisis económica en EEUU ha golpeado de una forma brutal los niveles de vida de los trabajadores.

Aunque el gobierno de Calderón había dicho que esta crisis sólo nos haría pescar un resfriado, después diría que, tal vez, sí nos golpearía un poco, y últimamente ha dicho que estamos en franca recesión. Los datos son más contundentes que cualquier discurso de este señor: "Todas las actividades se han desplomado: la producción agropecuaria, -2%; la industrial, -12%; manufactura, -15,6%; construcción, -9,1%; generación de electricidad, -4,5%; servicios y comercio, -9,3%", y continúa: "en el primer trimestre, las exportaciones de mercancías cayeron -28,6%; las exportaciones petroleras -58,1%; las extractivas -26,9% y las manufactureras, -22,8%" (Proceso, 10/5/09). Esto se refleja en la escandalosa caída del 8,2% del PIB en el primer trimestre del año.

El narcotráfico y la desintegración social

El gobierno ahora está desesperado para tratar de combatir al narcotráfico, o por lo menos eso ha dicho. Antes se quería minimizar el problema reduciéndolo a los estados del norte del país, pero ahora todo el territorio está inmerso en una violencia brutal, desde que el gobierno de Calderón llegó al poder se contabilizan más de 10.000 asesinatos derivados del narcotráfico.

La respuesta del gobierno es torpe y engañosa, sacar al ejército ha sido más una respuesta al movimiento social y a las luchas de los trabajadores que una respuesta al narcotráfico. Las denuncias de violaciones de los derechos humanos por parte del ejército contra civiles han aumentado de forma espectacular en los dos años y medio del gobierno de Calderón. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos revela que 23 de las 52 denuncias contra el ejército de los últimos años involucran a la actual administración, a esto hay que sumarle todas las denuncias que no se hacen por temor.

El ejército simplemente es cooptado en muchos casos, al igual que las corporaciones estatales y locales, por las mafias y funcionan bajo las órdenes directas del narcotráfico. La desesperación del gabinete por la corrupción que impera en las altas esferas del gobierno, el ejército y las agencias policiales ha dado pie a tener que emplear la denuncia ciudadana y la recompensa, y así poder dar con los altos mandos del narcotráfico.

La verdadera fuerza del narco está en las condiciones sociales que predominan en todo el país, la juventud no ve ninguna perspectiva, ve que los únicos que tienen dinero y control es la gente del narcotráfico. Encuestas realizadas por los militares dan cifras increíbles de niños de las regiones del norte del país cuyo deseo es convertirse en grandes narcotraficantes.

La verdadera abolición del narcotráfico no pasa por la aceptación y la legalización de las drogas, sino por la eliminación del secreto bancario que permite el blanqueo de dinero procedente del narco, la formación de comités de autodefensa de trabajadores para cuidar los barrios, una acción común de trabajadores y el PRD para denunciar y encarcelar a los que envenenan a la juventud.

Sectores de la burguesía que no creen que Calderón pueda solucionar el problema del narcotráfico, están armando pequeños ejércitos privados para defender a sus familias y de paso utilizar a estos grupos paramilitares para combatir a aquellos que luchan contra sus intereses, es decir, los trabajadores.


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