La migración indígena dentro del territorio nacional es un punto ciego en las cifras oficiales. Una investigación del Colegio Mexiquense, muestra que en el 2000 se tuvo una migración (indígena y no indígena) interna del 19.2% de la población nacional. Estos números son la coraza de miles de historias de vida, historias como las de Isabel, Marisol y Joaquina, mujeres  ñhöñhö (otomís), de Santiago Mexquititlán, Querétaro; Marisol recuerda su pueblo:

…en los terrenos estábamos, cuando estaba chica; bueno, yo me dedicaba a los animales; estábamos en el campo, ayudándoles en lo que se podía, a la mama o al papá.

La situación en el campo mexicano se agudizó a partir de los 70s, acelerándose gracias a las crisis económicas, las devaluaciones de la moneda y a la avalancha del sistema neoliberal con el TLC aprobado en 1992, el cual dio pie a la privatización del campo mexicano. Según el investigador Bernardo Olmedo, en el 2009, el 90% de la industria de materias primas agrícolas estaba acaparada por industrias trasnacionales.

Isabel llegó a la ciudad de México en los años 70s, junto con sus padres a la edad de 5 años. Joaquina y Marisol nacieron en la Ciudad de México en la década de los 90s, pero Marisol  se regresó a su pueblo junto con sus papás, para después, ya de adulta migrar de nuevo a la ciudad junto con su pareja. Las tres tienen claras las razones que las obligaron u obligaron a sus padres a dejar su pueblo:

Por las condiciones en que los pueblos, no nada más el de nosotros, hay muchos [donde] no hay trabajo. Para sobrevivir, tuvieron que salir, y bueno y nosotros pues también, con el tiempo pues estamos viviendo la misma situación- Señala Isabel.

La privatización del campo trae consigo el despojo y abaratamiento de la tierra en pro de la industria privada agrícola y mega proyectos industriales dirigidos por trasnacionales, burgueses nacionales legales o ilegales, como los narcotraficantes, o empresas paraestatales. También ocasiona la competencia desleal de productores agrícolas, siendo el campesinado mexicano quien sufre la peor parte. El campesino no ve resultados del trabajo agrícola y ya no hay tantas tierras para repartir a su familia. Según cifras del CONEVAL, del 2008 al 2018, el 74.9% de la población indígena se encontraba en la pobreza. 

…allá ¿Cómo decir? Pues si esta jodido ¿No? Porque sales creo de Guatemala para entrar a Guatepeor, porque es lo mismo en México. Según que salimos para encontrar algo mejor, porque el pueblo pues nada, namás ahí. Por ejemplo: si tu cosechas, o siembras o tienes un terreno grande, pues si tienes ¿No? Pero si no tienes terreno grande o no tienes nada: no haces nada allá. Entonces decidimos [venirnos] para acá, porque ni tenemos terreno, pues nos vinimos para México – Comenta Marisol.

Sin embargo, como señalan los testimonios, llegar a la capital tampoco resuelve sus problemas económicos, la crisis también habita las zonas urbanas. El CONEVAL informa que del 2008 al 2018 había 55.3% de pobreza en las zonas rurales y 37.6% en las zonas urbanas. Uno de los episodios más desoladores es cuando recién llegados a un entorno ajeno a su organización cultural, los migrantes indígenas deben de reinventarse y encontrar cómo ganarse la vida, como conseguir vivienda y sustento. La mayoría llega primero a rentar pero estos muchas veces no aceptan a niños y también se les presenta la disyuntiva de: pagar renta o comer.

Marisol relata así su experiencia:

… nos quedábamos en los locales, en la  central observatorio; o con los parientes que tenían sus predios, pero te dan permiso un tiempo de vivir con ellos. En la central teníamos frio, a veces nos sacaban los de seguridad, y nos dejaban afuera. Sentíamos un.., Si tuvimos mucho tiempo sin rumbo, andando en las calles, unos se quedaban debajo de los puentes, o en la glorieta, porque siempre salíamos aquí a vender en la glorieta.

Ante esta situación, la organización que han desarrollado los ñhöñhö de Santiago Mexquititlán, es un salvavidas para sus compañeros. Están repartidos por lo menos en tres predios: calle Roma, Guanajuato y Zacatecas; en las colonias Roma y Juárez, actualmente residen entre 110 y 130 familias, la movilidad entre la Ciudad y Mexquititlán es constante. Marisol y Joaquina llegaron por medio de invitaciones de los que ya estaban asentados ahí. Los papás de Isabel fueron de los fundadores del predio de Zacatecas, espacio  dañado en el sismo del 85 que fue acondicionado por los ñhöñhö. Los pobladores de estos predios se dedican al trabajo informal, en la construcción o en la venta de manzanas, artesanías donde sobresalta la típica muñeca Ar lele, la venta de dulces, y limpiadores. En el 2008, el INEGI contabilizó 56% de trabajo informal a nivel nacional, concentrado en los estados con mayor población indígena; para la Ciudad de México la cifra oscila del 2005 al 2018 entre el 49% y 50%  en donde las mujeres sobresalen por algunos puntos. A estos migrantes ajenos al sistema económico citadino se les niega cualquier forma de ganarse la vida, si la policía de la CDMX los ve laborando les pueden robar sus mercancías o encarcelarlos en el torito, cuando acuden a la SEPI no les dan respuesta, e Isabel denuncia que en la alcaldía les niegan permisos de venta, pues han visto nuevos puestos con permisos.

Joaquina, del predio de Roma, relata un episodio sobre señores que quisieron llevarse a sus hijos: los niños estaban jugando: pero entre todos salimos, y les dijimos que no, porque el señor a fuerza quería llevárselo, a ir a comer no sé a dónde. O de personas que pasan con sus automóviles a toda velocidad con la intención de arrollar a los del campamento. Sobre el acceso a la salud pública, nadie les explica la logística de los lugares, o bien, les pueden negar la atención en cualquier momento.

Los predios habitados por los  ñhöñhö  constan (a excepción del de Roma que tras el sismo del 2017 sus ocupantes fueron desalojados: perdimos todas nuestras cosas ¡No nos dejaron sacar nada!; y hasta ahora viven sobre en un campamento sobre la banqueta) de cuartos de un par de metros cuadrados en donde viven familias hacinadas, estos son de láminas galvanizadas muy oxidadas, en tiempo de frio parece congelador, en tiempo de calor, parece horno, y cuando llueve, se nos filtra el agua por todos lados. Otros de sus problemas es el servicio de drenaje. Al lado del predio de Guanajuato hay una obra en construcción que al tirar sus desechos, ocasiona inundaciones a sus vecinos; y en los tres predios el agua de los dos baños que hay en cada uno, se sale con toda la suciedad.

También, desde el sismo del 2017 (y por algunos atrasos de pago), tienen problemas severos con el acceso al agua. En la mañana forman sus botes para que se llenen por el goteo de la única llave que tienen, en el predio de Zacatecas. Marisol apunta: Las compañeras que salen a lavar, nomas en la mañana, a las 6, para que agarren su agua; terminan de lavar, después llenan su tambo, para ir a cargar; con eso, van a echarle al baño. A veces estamos agarrando agua sucia, [y lo juntamos] para el baño.

Y si ya no cae de ahí, van a los parques cercanos, enfrentándose con la discriminación de los vecinos, ellos le marcan a los policías, y ahí llegan, y ya dicen que no podemos agarrar agua. Pero últimamente ni en los parques han podido obtener, a veces se van unos [compañeros] hasta la noche, igual tampoco [hay], o unos se levantan a las 3 de la mañana y a ver, si sale o no, señala Joaquina.

Está situación cobra más emergencia durante esta pandemia, ya que el hacinamiento, el difícil acceso a la higiene, la baja de ingresos (por la cuarentena), la muy posible desnutrición y los nulos apoyos económicos que el gobierno da a este sector de la población, son un campo de cultivo para que el COVID se propague en su comunidad. Por ahora, la comunidad sobrevive básicamente por acopios de la ciudadanía y el CGI.

Los ñhöñhö tienen una exigencia muy clara al Gobierno de la Ciudad de México: el acceso a una VIVIENDA DIGNA, por nuestros hijos. Tras las largas que el gobierno les ha dado por décadas, han realizado plantones y mítines afuera de las dependencias, pero ha resultado en nada. El racismo y clasismo de las dependencias gubernamentales se refleja en la actitud del Subsecretario de Gobierno, quien dijo a los ñhöñhö que como no tenían dinero y afeaban las calles, no tenían derecho a vivir en colonias como la Roma, abusando de su autoridad, nos quitaron nuestros celulares, no nos dejó grabar, denuncia Isabel. Para las autoridades, la pobreza debe de tener su sitio: la periferia; en donde habitan miles de descendientes de indígenas desplazados de sus tierras, que ahora son mano de obra barata en la ciudad.

El Gobierno de la CDMX se desentiende de un problema que el propio Estado mexicano ha generado por décadas, y que aun tras el cambio de régimen en el 2018 las contradicciones capitalistas persisten en las nuevas reformas, se fabrican pobres y se prohíbe la pobreza,  reformas que no atacan los problemas estructurales del sistema neoliberal que arremeten contra la clase trabajadora.

El Gobierno, nomas se fija en los que tienen dinero, los que hacen hoteles, corredores, departamentos de lujo, en los empresarios; y a nosotros ¿Dónde nos está dejando? Dijeron que no iban a dejar solos a los indígenas, pues es lo primero que están dejando atrás. No se me hace justo. Ni el Gobierno, ni el presidente, ni Claudia porque es lo que ¡Prometieron! y no vemos nada. Hay muchos indígenas que [todavía] están en la calle y ¡Nunca voltean a verlos! Al parecer se les olvida que si no fuera por nosotros: el pueblo, ellos no estarían ahí.

¡Vivienda digna para todos!

¡Basta de políticas racistas!


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