La pandemia de Covid-19 está teniendo grandes repercusiones en nuestro país, pese a las declaraciones optimistas de que hemos aplanado la curva. La realidad es que estamos teniendo miles de muertos según cifras oficiales y algunos más no contabilizados en su totalidad, a esta lamentable situación se suman los problemas generados por el confinamiento y la debacle económica que comenzamos a resentir.

Los esfuerzos por parte de los gobiernos en todo el mundo han sido insuficientes para parar la pandemia, los costos en vidas y los efectos económicos serían totalmente evitables si viviéramos en un régimen distinto, en donde la producción estuviera al servicio de la sociedad y no al servicio de unos cuantos, así todos los esfuerzos estarían realmente dirigidos a combatir la pandemia.

Al capitalismo le urge ponerse de nuevo en movimiento para evitar el derrumbe total de su economía. Hasta ahora los costos aún son incalculables en nuestro país, pero tenemos miles de vidas perdidas y se espera un parón económico que puede hacer retroceder el PIB nacional anual en un 8%, generar al menos 3 millones de empleos perdidos, nada podrá ya detener la vorágine que nos arroja a una de las mayores crisis económicas de la historia.

¿Qué significa realmente la nueva normalidad?

En este contexto, muchos gobiernos bajo las presiones de los empresarios están tomando medidas inmediatas para levantar las cuarentenas, la OMS ha advertido sobre los riesgos de una apertura apresurada, aun así, a las primeras de cambio en una aparente caída de contagios nuevos, todos se han apresurado a intentar reestablecer la normalidad. Pese a sus intentos no han podido cubrir ni disimular la bancarrota del sistema para afrontar estas crisis, crisis que él mismo ha generado.

Realmente no habrá vuelta a la normalidad, aunque sea la “nueva normalidad”. A lo que volveremos será a una lucha intensa por parte de los empresarios para salvar a su sistema y evitar la mayor cantidad de perdidas posible. El problema es que evitar pérdidas para los capitalistas implica en los hechos reactivar la economía, en una competencia contrarreloj con otras empresas y otros países, como en todo momento, la competencia capitalista no para y la lógica que mueve a reactivar la economía tiene que ver con quien reestablece primero su cadena productiva, quien puede mantener costos más bajos y una mayor cobertura del mercado con sus mercancías, todo esto significa su capacidad para poner a trabajar lo más pronto posible a sus empleados y hacerlos lo más productivos posible, a costa de lo que sea, incluyendo sus vidas.

La presión norteamericana

Las presiones brutales de EEUU hacia México para la reapertura de industrias no esenciales, no para la lucha contra la pandemia, pero sí para la reactivación de su economía, están haciendo mella y finalmente el gobierno mexicano ha cedido ante ellas. Esta semana se ha permitido la reactivación de la industria minera, automotriz y de la construcción, en las dos primeras predominan los intereses de las potencias económicas firmantes del T-MEC y la última está relacionada a los megaproyectos del gobierno federal en donde las concesiones están en manos de grandes empresas nacionales y extranjeras, China entre los países beneficiados. Nadie puede negar que los tratados comerciales históricamente han funcionado para mantener la dependencia y el sometimiento a las grandes economías y esta ocasión no está siendo la excepción.

EEUU está especialmente interesado en reactivar su economía y es un ejemplo perfecto de lo que ello significa en el capitalismo, primero intentaron ocultar los estragos de la pandemia en EEUU, evitaron aplicar medidas oportunas de contingencia sanitaria lo que derivó en convertirse en el principal foco de contagios y decesos triplicando las cifras de Italia, España o Inglaterra, países con las situaciones más graves en Europa. Finalmente pese a encontrarse aun en una curva en ascenso, declaran la vuelta a la actividad. La actitud de Trump de desprecio total al pueblo migrante y trabajadores norteamericanos es evidente y este mismo desprecio lo traslada a los maquiladores mexicanos.

La razón de esta actitud vil por parte del gobierno de la máxima potencia imperialista se encuentra en la lucha por no ceder ningún espacio a la expansión de la economía China, el imperialismo norteamericano ve como una gran amenaza los avances de China y su potencial, más ahora que es la potencia económica que aparentemente mejor ha sobrellevado la pandemia, pese a ser el epicentro. En esta guerra comercial, muchos países quedamos en medio y para afrontarla tendríamos que dar una batalla sería contra todo el sistema capitalista y sus leyes.

No todos estamos en el mismo barco

Las presiones norteamericanas han marcado los ritmos en México para la reapertura, exponiendo al contagio y a la muerte a miles de trabajadoras y trabajadores de la maquila e industria de exportación. Ya desde la primera semana de mayo, cuando se esperaba el pico más alto de la pandemia, se reabrieron 100 maquiladoras en Tijuana y Mexicali, pese a que hasta ahora se han contabilizado 432 trabajadores de este sector muertos por Covid-19 en Baja California, pero hay serias dudas de que estos datos sean reales. Además, las empresas se han deslindado totalmente de la responsabilidad de responder al respecto de esta situación afirmando que los trabajadores iban sanos a laborar, cuando estaban siendo obligados, bien por necesidad o por coacción de la empresa. Pero pese a las mentiras de las empresas los datos son muy claros, la cifra de maquiladora muertos equivale al 80% del total de muertes (La Silla Rota, 20/05/2020) y los promedios de edad rondan los 45 años y eran personas relativamente “sanas”.

Las mentiras y cinismo de los empresarios no tienen límite, mientras hablan de “unidad” y “preocupación por el empleo”, muchos de ellos reabrieron para despedir a sus trabajadores, en Baja California 24 de 84 empresas supervisadas liquidaron a parte de su personal sin respetar el monto por ley, algunas entregaban tan sólo 3 mil pesos por cuatro años laborados, $1,200 por un año dos meses, etc. Una burla para muchos trabajadores después de haber entregado años de su vida a la empresa.

Se estima que entre esta semana y el primero de junio regresen a laborar 80% de las maquilas que estaban en paro. Esta política está cobrando vidas y el gobierno federal está mirando a otro lado, en vez de confrontar de manera contundente esta problemática sancionando, cerrando e incluso expropiando a las empresas que se nieguen a acatar la cuarentena o que han reportado numerosos casos de contagios y muertes. En cambio, se sigue apelando a una supuesta “Autoevaluación” y “actos de buena voluntad”. La realidad es que este gobierno no pretende desairar a las grandes transnacionales ni al gobierno norteamericano cayendo con ello en una sumisión total que se llevará a cientos o miles de vidas, más si no se da un giro drástico.

En el plan de vuelta a la “Nueva normalidad” también se han establecido protocolos como: toma de temperatura, distribución de equipo de protección, mayor esparcimiento del personal, contratación de personal médico, etc. Sin embargo, estos ya existían para las empresas consideradas esenciales y eso no ha valió para que se estén aplicando eficientemente. El gobierno federal no ve o no quiere ver que para el empresariado esta primero el capital que la vida de sus trabajadores y que para ellos nos somos más que una mercancía totalmente desechable.

No necesitamos una “Nueva normalidad”, necesitamos un nuevo sistema

Pese a todas las medidas que se intentan tomar para ganarle carrera a la crisis sanitaria y a la económica, la rueda de la historia está echada a andar, la crisis ya está aquí con un desarrollo impredecible, pero con seguridad será una crisis profunda y la puesta en marcha apresurada de las empresas pretende que la minoría de siempre tenga menos perdidas. Sin embargo, la mayoría de las familias trabajadoras no se salvará de los efectos devastadores de ambas crisis, ni de perder a gente cercana o la vida propia, ni de quedar en el desempleo o la precariedad laboral.

Necesitamos un cambio de fondo y un combate decidido por evitar ser nuevamente la clase obrera la que pague los platos rotos ¡No pagaremos con nuestras vidas la recuperación de su sistema! Nos negamos a volver a las actividades NO ESENCIALES, esto con el objetivo de seguir combatiendo a la pandemia.

El ejemplo que debemos seguir es el de los cientos de maquiladores organizados, que han parado sus empresas para exigir condiciones seguras para laborar, los que han salido a las calles a marchar y hacer mítines como este 18 de mayo en Ciudad Juárez y Matamoros, dirigidos por el SNITIS y Susana Prieto, exigiendo el cierre de las empresas no esenciales con el pago del 100% de los salarios.

Organicemos comités de empresas y por medio de ellas realicemos el paro de las empresas no esenciales, siguiendo el heroico ejemplo de los maquiladores de Cd. Juárez, Matamoros y Mexicali. Estos comités también pueden organizar la seguridad de los propios trabajadores de empresas esenciales y activas, a los patrones no les interesan nuestras vidas, pero a nosotros sí, organicemos filtros, jornadas rotativas para mantener el empleo de toda la plantilla laboral y medidas de sanitización, tomemos nuestra seguridad y salud en nuestras manos para tomar después el control de las fábricas que serán inevitablemente cerradas ¡Fábrica cerrada, fábrica tomada! Nadie mejor que nosotros, los trabajadores, sabemos cómo echar a andar las empresas ¡Fuera los empresarios irresponsables, avaros y criminales!

¡Cierre de fábricas no esenciales, ya!

¡Salario íntegro y ni un despido más!

¡Ni un maquilador menos!


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