En medio de la crisis capitalista más aguda en 8 décadas, aun no hay síntomas claros de una recuperación sostenida de la economía mundial. Esto lo saben los banqueros y empresarios, y sus lacayos en los gobiernos de todo el mundo, desde Merkel hasta Calderón, por más discursos que den sobre una mejoría de las finanzas internacionales. La rapacidad de la burguesía provoca una reconfiguración en la acumulación capitalista, concentrando cada vez más recursos en pocas manos, en los grandes bancos y en las grandes empresas del mundo; los peces más grandes se comen a los chicos. Todo ello gracias a la explotación a la clase trabajadora, extrayendo de ésta la riqueza y haciéndola pagar los platos rotos de la crisis a través de rescates bancarios, aumentos de impuestos, cobro de intereses, salarios bajos, etcétera.

En México los trabajadores tenemos lecciones suficientes sobre la voracidad de los bancos: “Recursos de los contribuyentes por 889 mil 403 millones de pesos fueron destinados por la administración federal en los últimos tres lustros para hacer frente al costo del rescate del sistema financiero tras el colapso provocado por la crisis de 1995” (La Jornada 17/02/2012); según el mismo diario, esto equivale al doble del actual presupuesto para salud o seguridad social ¡A un puñado de parásitos llamados banqueros se les da más del doble del presupuesto para atender la salud y seguridad social de millones de trabajadores! Este es el “noble” negocio del banquero: “sacrificar” su liquidez financiera a costa de un interés producto de su “esfuerzo”, especular con el capital otorgando créditos a empresas, Estados y otros bancos, y saquear los bolsillos de los trabajadores a través de préstamos, impuestos, altas comisiones por servicios, entre otros.

Cuando de negocios se trata, los banqueros y empresarios saben en qué lugar es más rentable invertir y de dónde pueden obtener una mayor ganancia; desde hace unos años México es uno de esos lugares donde los banqueros preferían invertir. Según una nota del periódico Reporte Índigo del 17 de mayo de 2012, los bancos en México han obtenido utilidades netas por más de 517 mil millones de pesos en el periodo 2001 a 2011. A la cabeza, los 7 bancos más importantes  que operan en el país: BBVA Bancomer, Santander, Banamex, Scotiabank, HSBC, Banorte e Inbursa, estos 2 últimos de origen mexicano; los dos primeros de procedencia española, y el resto de origen estadounidense, canadiense y británico, respectivamente. La nota continúa: “de esa cantidad, los cinco bancos extranjeros que operan en el territorio nacional y controlan 85% del sistema financiero, se llevaron a sus países de origen casi 400 mil millones de pesos de sus utilidades” (Reporte Índigo 17/05/2012). Esta gran sangría de recursos, equivalente al 70% de las ganancias de los 5 bancos extranjeros es totalmente justificada por el gobierno, y claro, por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), pues según su presidente Guillermo Babatz Torres, lo contrario “sería sujetar a sus dueños a una incertidumbre bárbara” (La Jornada 15/05/2012). Es precisamente la incertidumbre financiera que se vive en Europa y que se extiende a todo el mundo lo que propicia estos desplazamientos de capitales; el objetivo es resarcir las ganancias que han disminuido en los países de origen de estos bancos, principalmente en el Estado español y Estados Unidos. Ello evidencia la inevitable ligazón de la crisis económica en todos los países del mundo.

De hecho, durante el primer trimestre de 2012, el sector financiero mexicano, conformado por 24 instituciones bancarias lograron ganancias en conjunto por 26 mil 98 millones de pesos, 36.1% más que en el mismo periodo de 2011, y cantidad que representa un crecimiento 6.5 veces mayor que el reportado en el mismo trimestre de este año por la economía mexicana, que se situó en 5.5% (La Jornada 07/06/2012). En otras palabras, las ganancias de los principales bancos se incrementaron mucho más de lo que creció la economía nacional en su conjunto. Tan sólo los bancos BBVA Bancomer, Santander, Banamex y Banorte recibieron el 73.95% de estas ganancias. La cantidad total de activos (valor de las acciones, préstamos y bonos adquiridos, depósitos recibidos) de todos los bancos de México suma 5 billones 794 mil millones de pesos, y tan sólo BVVA Bancomer, Santander y Banorte controlan el 51.1% de estos activos. La nota de La Jornada continúa: “Mientras tanto, al cierre del primer trimestre de este año, la captación tradicional de recursos por los grupos financieros sumó 2 billones 555 mil millones de pesos. […] Cuatro grupos concentraron 65.4% del total: Banorte, Santander, HSBC y BBVA Bancomer”. Estos recursos, captados por operaciones bancarias como depósitos, ingresos por comisiones, entre otros (descartando el crédito), representan el 44% del total de activos de las instituciones bancarias.

Por otra parte, la cartera de crédito representa 2 billones 348 mil millones de pesos de los activos del sector financiero en su conjunto, lo que significa que del total de los activos financieros, 40.5% son créditos otorgados por la banca al Estado, empresas y clientes en general. De esta cantidad de crédito otorgado, BBVA Bancomer, Santander, Banamex y Banorte poseen el 73%. En resumen, casi la mitad del capital bancario es simple especulación, existe sólo como un papel de deuda, como una promesa de que a los bancos se les debe más de 2 billones de pesos. No hay certeza de cubrir tal magnitud de deuda. Por ello, los capitalistas se la piensan ya dos veces para invertir en México. La fórmula mágica que ha encontrado Calderón y la burguesía nacional ha sido atraer capitales extranjeros con bonos de deuda, préstamos externos que en la mayoría de los casos tienen un plazo de 2 a 4 años; en total “hasta el cierre de abril pasado la deuda externa del sector público federal de México llegó a 118 mil 448.8 millones de dólares” (La Jornada 01/06/2012). Claro está que estos recursos no se destinan a la inversión productiva (el 70% de la capacidad instalada operando, que reporta la Confederación de Cámaras Industriales, CONCAMIN, habla de ello), sino a más especulación, a invertirlo en la bolsa de valores, donde algunos capitalistas ganan y otros pierden, pero siempre con la bota sobre el cuello de los trabajadores.

La crisis económica, crisis de sobreproducción ha sido fomentada por la especulación de la oligarquía financiera internacional: si las ventas de autos, casas, o la construcción de infraestructura están a la alza, entonces a producir más autos, casas e infraestructura; si los clientes o los estados no tienen dinero para comprarlos, que más da, otorguemos créditos a los compradores, a las empresas que fabrican los productos, aumentemos su deuda y en un futuro pagarán; su consigna es ¡demos rienda suelta al capital! El problema estalla cuando llega ese futuro y nadie puede pagar, pues se ha producido más de lo que el mercado es capaz de soportar, y todo ello porque el capital se concentra en pocas manos, las de los grandes consorcios capitalistas.

Otra muestra de la rapacidad de los capitalistas es que la clase media posee una deuda con la banca que “se ha incrementado sustancialmente conforme pasa el tiempo, pues tan sólo entre 2002 y 2007 el volumen de esa clase de deuda se expandió de una proporción equivalente al PIB de 9.2% a 15%. [Ello significa] destinar el 35% de sus ingresos para saciar las exigencias de dichas instituciones de crédito” (militante.org/el-movimiento-yosoy132-por-una-politica-socialista-para-la-juventud). Ni que decir de las altas comisiones que los bancos cobran por diferentes servicios como apertura de cuenta, disposición de efectivo, pago de créditos en ventanilla, retiros en cajeros automáticos distintos al banco de origen, entre otras, que generan casi la mitad de los ingresos bancarios (Reporte Índigo, 17/05/2012).

Es evidente la complicidad y compenetración de los banqueros, empresarios y los gobiernos de derecha en todo el mundo, incluso de algunos gobiernos de izquierda. Un gobierno, o se sitúa del lado de la burguesía, defendiendo sus intereses y aplicando recortes y ataques a la clase trabajadora o se plantea terminar con la explotación capitalista. Para el capital no hay términos medios, menos aun en tiempos de crisis, donde la burguesía pelea hasta el último centavo a otros burgueses y a la clase trabajadora. Por ello mismo, la situación de miseria a la que nos condenan los bancos y el modo de producción capitalista en su conjunto no podrá llegar a su fin si no es a condición de nacionalizar los bancos y expropiarlos sin indemnización, dejar de saciar la voracidad de los banqueros extranjeros, pero también de los nacionales y no pagarles ni un peso por la miseria en que nos han hundido. Que los recursos que llenan las arcas de los burgueses pasen a ser controlados por el pueblo trabajador, destinado al bienestar social. ¡Control obrero de la banca y planificación de la economía!, ello aunado al control obrero de la industria. Derrocar a Calderón y evitar la imposición de Peña Nieto sería un primer paso para frenar los intentos de la burguesía por seguir explotándonos.


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