¡Por un plan de lucha para conquistar la república catalana de los trabajadores y la juventud!

Libertad de los presos políticos · Basta de represión policial

La determinación de millones de jóvenes, de trabajadores, de ciudadanos para conquistar la república por la que votamos masivamente el 1 de octubre de 2017 y conseguir la libertad de los presos, ha desbordado al régimen del 78 que ha respondido nuevamente con una brutal represión. ¡Hay que remontarse a los años treinta o setenta del siglo pasado para ver un movimiento de masas semejante!

La crisis revolucionaria abierta hace dos años no sólo no se ha cerrado, sino que ha puesto sobre la mesa que tenemos la fuerza necesaria para alcanzar la victoria. Enfrentando la mayor campaña de mentiras, desinformación y criminalización desde la dictadura franquista, hemos vuelto a dar una lección de dignidad. La sucesiva ola de movilizaciones en las calles desde el 14 de octubre, la toma del aeropuerto del Prat, las imponentes Marxes per la Llibertat organizadas por la ANC, la huelga estudiantil de 72 horas convocada por el Sindicat d’Estudiants, y finalmente la huelga general del viernes 18 de octubre convocada por Intersindical-CSC e IAC que paralizó Catalunya, tiene una trascendencia histórica.

En la huelga general del viernes 18, las manifestaciones batieron otro récord de participación: más de un millón en Barcelona, y otro millón más a lo largo del día en el resto de capitales catalanas y en cientos de localidades. A la mañana de esa jornada, cientos de miles de jóvenes estudiantes, respondiendo al llamamiento del Sindicat d’Estudiants, volvieron a vaciar las aulas y protagonizaron una manifestación de más de 200.000 que recorrió el centro de Barcelona desde las 12h en un ambiente eléctrico y combativo. ¡Era la segunda manifestación multitudinaria de los estudiantes en 48 horas! ¡La gran movilización de la juventud fue pieza clave para asegurar el éxito de la huelga general!

La huelga general fue masiva en la enseñanza pública y la administración; en el comercio, sector en el que el propio Departament de Trabajo cifra el seguimiento entre el 60 y el 80%; en el transporte de viajeros, en el Metro, en Ferrocarrils de la Generalitat (FGC), en los autobuses y en el puerto de la capital, dónde los estibadores salieron en una columna masiva en dirección a la gran manifestación. Las calles más importantes de Barcelona, Tarragona, Lleida y Girona apenas tuvieron circulación de vehículos, y hubo cortes de piquetes en más de una decena de carreteras. Según las cifras de la patronal PIMEC, en la industria cerró el 30% de empresas y el 68% de los trabajadores no fue a trabajar, mientras que en el sector servicios pararon el 40% de empresas y el 83,8% de los trabajadores secundó la huelga.

Estas cifras de la huelga general cobran mayor relevancia si tenemos en cuenta que las direcciones de UGT y CCOO, que si llamaron a la huelga con la boca pequeña el 3 de octubre de 2017, en esta ocasión se han opuesto a la misma refugiándose en las faldas del régimen del 78, de la patronal y de los medios de comunicación.

El papel de la juventud frente a la represión e infiltración policial

Hay que decir las cosas claras. Estos días hemos asistido a un levantamiento de un pueblo que lucha no solo contra una sentencia infame, sino que reclama su derecho legítimo a decidir y una república que rompa con el régimen del 78.

Una respuesta masiva y pacífica de millones de trabajadores, de jóvenes, de una población que está harta de que se la amordace y se le niegue derechos sociales y democráticos elementales. Y esta demostración de fuerza no tiene nada que ver con la actuación de unos cuantos centenares de jóvenes encapuchados, que creen que quemar contenedores y enfrentar con piedras la represión policial es la vía más corta para vencer.

Este tipo de violencia marginal e individual, por más que pueda expresar la fuerte frustración de un sector de la juventud, es un callejón sin salida y no sirve para combatir la violencia masiva del aparato del Estado y de sus fuerzas policiales. Al contrario, con esa forma de actuar, los encapuchados, muchos de ellos alentados por infiltrados policiales y provocadores, hacen el juego a la campaña de criminalización que ha planificado desde el primer momento el Gobierno de Pedro Sánchez, el PP y Cs para transmitir la idea de que el pueblo catalán y terrorismo son sinónimos.

Desde Izquierda Revolucionaria denunciamos alto y claro esta campaña nauseabunda de mentiras, calumnias y propaganda del nacionalismo españolista, y lo hacemos basándonos en los hechos. El Sindicat d’Estudiants organizó dos manifestaciones, el jueves 17 y el viernes 18, con la participación de más de 400.000 jóvenes que marcharon sin ningún incidente. Pero los medios de comunicación han pasado por esta noticia de puntillas sin darle ninguna relevancia. Exactamente igual ocurrió con el resto de las movilizaciones, masivas y pacíficas, que incluso organizaron cordones para evitar la represión policial y la infiltración de provocadores. Todo esto ha sido ocultado conscientemente mientras todas las televisiones y la prensa escrita ponen la foto fija en los contenedores quemados, muchos de ellos por la acción de los infiltrados, y a renglón seguido acusar impunemente al pueblo y a la juventud catalana de ejercer una “violencia” compulsiva.

La verdad es muy distinta. La mayoría de los 500 heridos de estos días —cinco de ellos ya han perdido la visión de un ojo— no estaban incendiando nada. Han sido víctimas de la actuación brutal de los Mossos y de la policía nacional, como muestran multitud de videos que circulan por las redes sociales.

El objetivo del régimen del 78, del Gobierno del PSOE rendido a él, de Cs y el PP, no es otro que intentar aislar la lucha del pueblo de Catalunya del resto de la población del Estado y evitar que ésta se extienda, introduciendo la máxima confusión y división en el seno de la clase obrera catalana y del resto del Estado. Tienen que hacerlo así para justificar que ellos son los únicos que pueden hacer uso de la “violencia” que le confiere el “orden constitucional”, aplastando a porrazo limpio la democracia.

La historia se repite de nuevo: esto fue lo ocurrió en Italia y Alemania durante los años veinte y treinta, y por supuesto en el Estado español bajo la Segunda República. Agitando la “unidad de la patria”, defendiendo el orden capitalista, su violencia legal, sus recortes y su austeridad, atacando los derechos democráticos y criminalizando la lucha del pueblo catalán por la república… sólo se refuerza a la extrema derecha y la reacción. La política de Pedro Sánchez es la que engorda a Vox y al PP y los hace avanzar en el resto del Estado.

Los hechos son claros. No es casualidad que las últimas elecciones sindicales de la policía nacional las haya ganado Jupol, un sindicato de extrema derecha, muchos de cuyos afiliados nutren las manifestaciones y mítines de Vox. Tampoco es casualidad que numerosas imágenes de las cargas policiales de estos días en Barcelona y otras localidades catalanas, hayan mostrado a los fascistas compadreando amistosamente con los Mossos y la policía nacional mientras agreden salvajemente a jóvenes indefensos.

El gobierno del PSOE es completamente responsable de esta escalada represiva. En lugar de escuchar a todo un pueblo que reclama su derecho legítimo a decidir, de la mano del aparato del Estado se lanza contra todas aquellas organizaciones, sean las que sean, que denuncian esta situación. La medida adoptada por la Audiencia Nacional de cerrar las webs de “tsunami democràtic” esgrimiendo la acusación de “terrorismo”, no sólo es una agresión frontal a la libertad de expresión, es un aviso a navegantes.

La llamada democracia para la clase dominante y su Estado es solo tolerable si no entra en contradicción con sus intereses. Si entra en contradicción, se suprime sin más problema y las tendencias totalitarias, habitualmente ocultas en las cloacas del Estado, se hacen mucho más evidentes. Naturalmente, para imponerlas necesitan de un discurso basado en la manipulación y la mentira, y que un sector de la población lo acepte.

Unidos Podemos y los Comunes ¡Una postura vergonzante!

El pueblo catalán, y la juventud a la vanguardia, han dado una lección a todos. También a esa izquierda parlamentaria española que se pone de perfil, se lava las manos como Poncio Pilatos y fortalece en la práctica la estrategia de la reacción.

No podemos sino lamentar y rechazar la política de los dirigentes de Unidas Podemos y de los Comunes en estos momentos decisivos: han vuelto a perder una gran oportunidad para denunciar a los responsables de esta represión totalitaria, defendiendo el derecho de autodeterminación y la república. En lugar de ponerse a la cabeza de las movilizaciones e impulsar la solidaridad de los trabajadores y la juventud del conjunto del Estado en apoyo a sus hermanos y hermanas catalanes, Pablo Iglesias, Alberto Garzón y Ada Colau se lamentan hipócritamente por “tanta tensión”, y nos piden que abandonemos la lucha y que aceptemos la lógica del sistema capitalista, del régimen del 78 y la monarquía de Felipe VI.

Es increíble que los que llegaron supuestamente para “luchar contra la casta” y “asaltar los cielos”, se posicionen con el “orden constitucional” de las porras, las pelotas de goma, los botes de humo y la sentencia del Supremo. Luego, el 14 de abril, muchos de estos dirigentes saldrán a pasear la bandera tricolor, pero en el momento de la verdad cuando hay que apoyar a todo un pueblo que lucha por la república, se esconden detrás de sus escaños y sus sillones de concejales.

La verdad es concreta. La “sagrada unidad de la patria” fue colocada en la Constitución del 78 como una exigencia de los políticos de la dictadura y los fascistas que poblaban el Estado mayor del Ejército, la policía y los tribunales. Los dirigentes del PSOE y del PCE la aceptaron, como aceptaron la monarquía, el capitalismo y tantas otras capitulaciones para acabar con la situación revolucionaria de los años setenta. Nunca se preguntó al pueblo catalán ni a ningún otro si quería o no esa unidad impuesta por el ruido de sables.

Por un plan de lucha para conquistar la república de los trabajadores y la juventud

El pueblo de Catalunya se ha puesto en pie contra un régimen que arrastra gravísimas taras autoritarias y reaccionarias, pero también contra años de recortes sociales sangrantes, de desahucios, de paro crónico, de empleos basura y salarios miserables, de marginación en nuestros barrios, de privatización de la enseñanza y la sanidad públicas… Por eso es una completa sandez calificar esta lucha como una “maniobra de las élites”, como hacen muchos intelectuales y dirigentes de la izquierda española apoltronada.

Estas jornadas históricas han puesto de manifiesto otro hecho: que en el movimiento de liberación nacional catalán existe un choque creciente entre los centenares de miles de jóvenes, trabajadores y amplios sectores de la población que queremos llevar hasta el final la lucha por una república, y el programa de la derecha catalanista que tiene un peso decisivo en el Govern, y también el de aquellas formaciones, como ERC, que buscan un acuerdo con el Estado y el gobierno del PSOE para vaciar las calles y volver a una “normalidad” para hacer la misma política de siempre.

Esta contradicción se ha puesto de manifiesto estos días con la represión de los Mossos y nuestras exigencias de dimisión del Conseller d’Interior Buch que no han sido escuchadas; o en la oposición masiva a las políticas continuistas con los recortes y las privatizaciones que respalda la dirección de ERC. Por eso debemos sacar las lecciones de la experiencia de estos años.

Es necesario que la izquierda combativa de Catalunya, política y sindical, junto al resto de colectivos y movimientos sociales, levantemos un plan de lucha unificado y prolongado en el tiempo, con un calendario claro de huelgas generales que genere el apoyo masivo de la población. El paso dado por el Sindicat d’Estudiants convocando huelga general estudiantil el 30 y 31 de octubre señala cual es el camino para derrotar la represión y alcanzar la victoria.

Para lograr una respuesta de esta envergadura debemos dejar claro que luchamos por una república socialista en beneficio de los explotados y los excluidos, y no para que continúe en el poder la oligarquía económica de siempre, aunque se envuelva con la Estelada. Una república que nacionalice las palancas fundamentales de la economía, la banca y los grandes monopolios, y que ponga definitivamente fin a la pesadilla de los recortes, a la falta de vivienda pública y asequible, a la precariedad y los salarios de hambre, a la violencia patriarcal y la destrucción del medio ambiente. Así también convenceremos a los trabajadores y la juventud del resto del Estado, y a muchos otros en Catalunya, de que esta república y esta causa es la suya.

Las bases exigen una estrategia clara para enfrentar la represión del Estado y hacer realidad la república. El factor fundamental que lo impide es el peso decisivo que siguen teniendo en la dirección del movimiento los sectores que aceptan el capitalismo como único sistema posible y rechazan unir la liberación nacional a la transformación socialista de la sociedad. Para superar este obstáculo no basta solo con la voluntad de luchar, hay que actuar conscientemente para construir un partido de los trabajadores y la juventud que levante este programa revolucionario e internacionalista.

¡Únete a Esquerra Revolucionària/ Izquierda Revolucionaria para construir la izquierda combativa!

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