¡Ni guerras imperialistas ni recortes!

Si la legislatura de Rajoy ha sido una auténtica pesadilla de ataques a los derechos y libertades, de recortes, paro masivo, desahucios, crecimiento de la pobreza y corrupción endémica, no es menos cierto que la gran movilización social de estos años ha demostrado que la ruptura con este estado de cosas no sólo es necesaria sino posible. La lucha de clases ha llegado muy lejos en el Estado español y por esa razón las elecciones del 20D están cargadas de grandes expectativas.

Como siempre ocurre en momentos trascendentales, el aparato propagandístico de la clase dominante trata de minusvalorar la magnitud de la rebelión que ha llenado las calles y plazas, que ha colocado en las grandes ciudades a gobiernos municipales de la izquierda, que ha provocado la mayor crisis del bipartidismo y la monarquía. Pretenden minimizar el innegable avance en la conciencia de millones de trabajadores y jóvenes, y ningunear la fuerza del movimiento de masas. Pero por más que lo intenten es imposible ocultar que los dos partidos que asumieron la “gobernabilidad”, y proporcionaron estabilidad al sistema en los últimos cuarenta años, han sido golpeados con dureza. Los sondeos conceden al PP y al PSOE las estimaciones de voto más bajas de la historia, poco más del 45% de los sufragios tomados en conjunto. Una pérdida de apoyo y credibilidad que también afecta a la monarquía, a las instituciones parlamentarias, a las direcciones burocráticas de UGT y CCOO, desbordadas por un movimiento de protesta que ha arrasado con la paz social.

Y, sin embargo, entre cientos de miles de trabajadores y jóvenes existe un ambiente de incertidumbre sobre los resultados que puedan salir de las urnas. La posibilidad de una contundente derrota del PP y que una opción unitaria a la izquierda del PSOE pudiera alzarse con la victoria —algo perfectamente posible hace unos meses—, está ahora mucho más difuminada. Es necesario, por tanto, hacer un alto en el camino y reflexionar sobre los factores políticos fundamentales del momento actual y las perspectivas de futuro.

¿Ni izquierdas ni derechas?

Aunque es probable que los resultados de Podemos y las candidaturas de Unidad Popular-IU sean mejores de lo que predicen las encuestas, es necesario analizar las causas del retroceso de la formación de Pablo Iglesias, que en enero de 2015 se situaba como primera opción en intención de voto según la encuesta del CIS.

La proyección política de Podemos ha cambiado, y mucho, en un lapso corto de tiempo. Podemos nació como un instrumento de lucha contra la casta, denunciando a las élites económicas y la legión de políticos, jueces y periodistas siempre dispuestos a lamer las botas de los poderosos. Su capacidad por sintonizar con las grandes luchas iniciadas en el 15M, continuadas con las Mareas Ciudadanas, las Marchas por la Dignidad, y un sin fin de conflictos sociales, le proporcionó un impulso tremendo como se vio en la gran demostración de enero de 2015 en Madrid, cuando más de 300.000 personas abarrotaron el centro de la capital respondiendo a su llamamiento.

Esa fuerza que proviene del ascenso de la movilización social ha sido contenida y paulatinamente diluida, mientras los contornos ideológicos de Podemos se desdibujan de manera alarmante. La reiterada actitud de unos líderes que se colocan de perfil ante acontecimientos en los que hay que mojarse, y su insistencia en el paradigma “ni de derechas ni de izquierdas”, además de sembrar prejuicios y desmovilización actúa en beneficio del enemigo.

Pablo Iglesias y sus compañeros de dirección han renunciado a un programa de clase y nítidamente de izquierdas a favor de la “transversalidad” y el “sentido común”. ¿Y cómo se ha concretado esta ducha de pragmatismo? Si se habla de la revolución bolivariana, se encojen de hombros y miran para otro lado, cuando no votan resoluciones en ayuntamientos y parlamentos pidiendo la libertad de golpistas confesos. Si se toca la situación de Grecia, falta tiempo para justificar la capitulación de Tsipras ante la troika. En cuanto a la Monarquía, piden un referéndum pero sin clarificar su opción y mucho menos respaldar las movilizaciones republicanas. Se abandona el “no pago de la deuda ilegítima” y las nacionalizaciones de los sectores estratégicos; se muestra una ambigüedad calculada respecto a la reducción de la edad de jubilación, o se afirma que la enseñanza concertada continuará siendo subvencionada con dinero público. En política internacional, se renuncia a la salida de la OTAN y a la clausura de las bases militares de EEUU en la península, desde donde se pertrecha a las tropas que operan en Afganistán, Iraq y otros países. Y al tratarse de la posible guerra en la que nos quieren meter, los dirigentes de Podemos hablan de paz… pero ofrecen la “máxima” colaboración al gobierno de Rajoy y asisten a las mesas del pacto contra el terrorismo yihadista, en lugar de pasar a la ofensiva contra la hipocresía de la derecha y levantar un fuerte movimiento contra la intervención imperialista.

En definitiva, de poner como eje fundamental la superación del régimen del 78 ahora se alaba la constitución y la Transición. ¿Qué consecuencias tiene esta mutación? Muchas y todas bastante negativas. Toda la fuerza del discurso contra la “casta”, que llenó de entusiasmo a miles de trabajadores y jóvenes, se ha sustituido por los lugares comunes de la socialdemocracia, del parlamentarismo, de la política oficial. ¿Quién sale beneficiado de ello? Los partidos del sistema, y especialmente el de Albert Rivera.

Poniendo todos los recursos económicos y mediáticos a su alcance, y son inmensos, la burguesía ha creado un partido para “embolsar” una gran parte de la sangría de votos que sufre el PP y, en buena medida, también el PSOE. Presentando día y noche a Ciudadanos como la otra fuerza “emergente” que apuesta por la moderación, encarrilan el descontento hacia una opción segura y comprometida con sus intereses. En esta dinámica, el giro al “centro” de la dirección de Podemos alimenta el avance de Ciudadanos: si se trata de ser serio y fiable, de ofrecer “Pactos de Estado al resto de las formaciones”, o recoger “lo mejor del espíritu de la Transición”, es natural que amplios sectores de las capas medias se inclinen por la formación naranja.

Urge un cambio radical en la política de los dirigentes de Podemos, hacia la izquierda, hacia los militantes y los círculos, hacia la clase trabajadora y la juventud.

Unidad Popular

Es obvio que Podemos se benefició de la crisis del PSOE, y no IU tal y como todo parecía apuntar; pero la deriva de la dirección de Podemos abre posibilidades para Unidad Popular-IU. Alberto Garzón —excluido vergonzosamente de los debates electorales— está recuperando apoyos con una campaña de izquierdas, incluso girando hacia posturas más anticapitalistas, planteando la nacionalización de las empresas estratégicas, defendiendo la sanidad y la enseñanza públicas, oponiéndose sin reservas a la guerra imperialista y denunciando el pacto contra el terrorismo yihadista como una cobertura para liquidar derechos y libertades democráticas.

Garzón también se ha beneficiado del rechazo de Pablo Iglesias a crear una candidatura de Unidad Popular unitaria para todo el Estado, que hubiera demostrado cómo el todo es muy superior a la suma de las partes: debido a la nefasta Ley D’hont, los votos de Podemos e IU en una candidatura de ese tipo habrían multiplicado las posibilidades de conseguir escaños, por no hablar del entusiasmo y la moral de victoria que hubiera generado. Las encuestas hablan de un triple empate entre PP, PSOE y Ciudadanos, pero no es menos cierto que la suma de Podemos e IU iguala en porcentaje de votos a los tres partidos.

Por supuesto, el empuje de Garzón no oculta la grave crisis por la que atraviesa Izquierda Unida, bloqueada por un aparato anquilosado y una práctica institucional que la disuelve en las redes del parlamentarismo burgués (sus pactos con el PSOE en Andalucía o el apoyo al PP en Extremadura, son ejemplos paradigmáticos), a la que sumar su silencio ante la política de desmovilización de las direcciones sindicales, especialmente de CCOO.

Todo esto es evidente, pero a pesar de estos obstáculos, la clase obrera y la juventud se movilizará para derrotar a la derecha, a todas las derechas, votando por Garzón (Unidad Popular-IU), por Podemos, por las candidaturas unitarias y de izquierdas que han logrado hacerse hueco en diferentes territorios, expresando una aspiración firme por transformar la sociedad y romper con el capitalismo.

Votar no basta. ¡Hay que construir la izquierda revolucionaria!

Los factores mencionados permiten comprender la volatilidad de la actual situación. Incluso en el caso de que el PP mantenga la primera posición perderá millones de votos. Igual sucederá con el PSOE de Pedro Sánchez: aunque su retroceso se amortigüe porque sectores de la clase obrera lo sigan considerando “útil” para frenar a la derecha —aunque sea de una forma muy crítica—, la crisis de la socialdemocracia no se cerrará.

Los pronósticos están abiertos. Si se concretan las posibilidades de coalición PP-Ciudadanos o PSOE-Ciudadanos —que de la lectura de los sondeos, con todas las cautelas que ello implica, aparecen como las opciones más probables—, serán gobiernos débiles enfrentados a la tarea de aplicar la política delineada por la troika y las contrarreformas que ya ha exigido Bruselas. Esto da una idea del periodo turbulento que se abre, sea cual sea la fórmula de gobierno.

Aunque la burguesía, el PP, el PSOE, y la legión de politólogos y tertulianos a su servicio esgrimen la supuesta recuperación de la economía para convencernos de que la polarización y la radicalización política ha sido un fenómeno superficial y pasajero que llega a su fin, la realidad dista mucho de ser así. Sí, hay una recuperación escandalosa de los beneficios empresariales, a costa del hundimiento de los salarios y la extensión de la pobreza. Según datos de Hacienda, el sueldo medio declarado es el más bajo desde 2007, mientras la pobreza afecta ya al 22% de la población. Mientras tanto, tres de los seis principales bancos españoles ganaron en los nueve primeros meses de 2015 más que en todo 2014, datos que se suman a la espectacular ganancia del año pasado, un 30% por encima de 2013.

Tras casi ocho años de profunda recesión a escala global, el capitalismo sigue mostrándose incapaz de recobrar su equilibrio. Al contrario, la desaceleración de China puede sumergir a la economía mundial en una nueva depresión, y en esas circunstancias es imposible que el Estado español no se vea sacudido de lleno. En definitiva, si el próximo gobierno acepta la lógica impuesta por el mercado, por los grandes monopolios y bancos, la receta está servida: más recortes, más austeridad, más ataques a los derechos sociales, muchos más despidos. En unas condiciones semejantes, el margen para lograr un periodo de paz social es muy difícil. Las vacilaciones de todos los partidos del régimen para implicarse activamente en la guerra imperialista es un buen indicativo del temor que existe a desatar una nueva oleada de movilizaciones masivas.

Hay que movilizar el voto por la izquierda que ha estado peleando en la rebelión social de estos años: es fundamental decir un NO rotundo a la derecha, a todas las derechas, y a los que sostienen las políticas de recortes con la boca pequeña. Pero el voto es completamente insuficiente. La tarea que se pone en el orden del día para miles de jóvenes, trabajadores, sindicalistas combativos, activistas sociales, es aún más importante. Necesitamos sacar conclusiones de todas las experiencias pasadas. No se puede pensar en un cambio favorable a la población si se respeta la lógica del capitalismo, si se renuncia a la movilización de masas. Necesitamos levantar una izquierda revolucionaria fuerte, que se organice en todos los centros de estudio, en todas las empresas, en los sindicatos de clase, con un programa socialista e internacionalista:

•   Anulación de la contrarreforma laboral y de la contrarreforma de las pensiones. Prohibición por ley de despidos en las empresas con beneficios. Readmisión obligatoria de los trabajadores en caso de despido improcedente. Jubilación a los 60 años con el 100% de salarios y contratos de relevo para la juventud.

•   Prohibición de los desahucios por ley. Parque de viviendas públicas, expropiando los pisos vacíos en manos de los bancos, y con alquileres sociales.

• Derogación de la LOMCE y el 3+2. Enseñanza pública digna, democrática y gratuita desde infantil hasta la universidad. Derecho a la sanidad digna, gratuita y universal para todos.

•   Remunicipalización de los servicios públicos privatizados, manteniendo y ampliando las plantillas y respetando los derechos laborales.

•   SMI de 1.100 euros y 35 horas semanales sin reducción salarial.

•   Plenos derechos democráticos de expresión, reunión y organización. Derogación de la Ley Mordaza.

•   Derogación de la Ley de Extranjería y de los CIEs. Solidaridad real y concreta con los refugiados: ni cupos, ni campos de internamiento.

•   Nacionalización de la banca y los sectores estratégicos de la economía, para rescatar a las personas y elevar el bienestar de la mayoría.

•   Por el derecho a la autodeterminación para Catalunya, Euskal Herria y Galiza.

•   ¡Ni terrorismo yihadista ni guerra imperialista! Movilización de la clase obrera y la juventud contra la guerra: ¡Huelga general!

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¡Construye las fuerzas de la izquierda revolucionaria!


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