La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ejerció este año el presupuesto más grande de su historia, 39 mil 382 millones, según informó el Consejo Universitario a inicios de este año; el cuál se repartió de la siguiente forma según la institución: 61% para docencia, 26% en investigación, 8% para extensión universitaria y  5% en gestión institucional, pero ¿qué quieren decir realmente todos estos rubros?

La UNAM destinó en realidad 25 mil 815 millones, equivalente a 75.7 por ciento del presupuesto total, para cubrir sueldos, prestaciones y estímulos (61 docencia, 8 extensión y 5 gestión), dejando el 24.3% restante al resto de rubros institucionales (infraestructura, investigación, equipamiento de laboratorios, difusión de la cultura, becas, etcétera).

En entrevista con la Jornada el rector de la máxima casa de estudios, Enrique Graue, explicó que dicho presupuesto permitiría cumplir con las metas trazadas en sus tres áreas sustantivas: docencia, investigación y difusión de la cultura, sin embargo en la vía de los hechos esto no ha sido así.

La agenda estadística de la UNAM de 2016 refleja alzas en todos los rubros universitarios, desde el aumento a la matrícula, hasta el aumento de programas de docencia, investigación y otros rubros, pero en realidad esto no es creíble cuando la institución ha rechazado, por ejemplo, a más de 100 mil jóvenes que han intentado ingresar a alguno de los niveles universitarios.

Resalta también el hecho de que en prácticamente todas las escuelas el recorte a programas asistenciales como lo es el de becas alimenticias y de movilidad fue impulsado de manera importante, por ejemplo en la Facultad de Química el recorte fue de más de 150 becas alimenticias.

Lo mismo ha sucedido con el equipamiento de laboratorios no sólo en Química sino en otras escuelas, tal es el caso de la FES-Cuautitlán en donde en la carrera de Medicina Veterinaria el presupuesto aprobado para cada laboratorio es de 10 mil pesos ¡anuales! mientras que sólo una aplicación de un virus para práctica ronda los 8 mil pesos. 

En el caso de las becas la misma Universidad expone que “más de la tercera parte de la población escolar de la institución proviene de familias cuyos ingresos no alcanzan los 4 salarios mínimos” y “en México, una de cada dos personas no cuenta con los ingresos suficientes para cubrir sus necesidades no alimentarias básicas, y una de cada cinco carece de recursos para satisfacer sus necesidades alimentarias básicas...”

Graue y la burocracia universitaria miden con dos varas, ellos justifican su propio salario de más de 100 mil pesos es necesario, pero dejan a un lado el aumento a rubros tan importantes como los ya señalados. El salario de los directores de Escuelas y Facultades ronda los 70 mil pesos mensuales, mientras que los rectores (si tomamos en cuenta que reciben su sueldo vitalicio) ganan más de 100 mil pesos mensuales, eso sin contar a toda la camarilla burocrática que existe entre el Rector y los directores de Escuelas, Facultades e Institutos. En realidad el problema es grave, de ninguna manera el presupuesto de la Universidad cubre las necesidades ni es suficiente, el mismo rector hablaba de que  se aplica una política de austeridad en la institución, y es verdad, pero ¿por qué no se aplica esa política de austeridad a rubros que en realidad no benefician el quehacer universitario, tal como lo son los salarios extravagantes de la castra burocrática?

El equipamiento de laboratorios, el apoyo a investigación, el desarrollo cultural y las becas, entre muchas cosas más, son más necesarios que cualquier otra cosa. Es por ello que desde el CEDEP llamamos a la comunidad universitaria a discutir este tema y a exigir un presupuesto acorde con las necesidades de los estudiantes, los trabajadores y los académicos.


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