Acabar con la paz social y volver a la lucha de masas

El movimiento obrero mexicano tiene tradiciones de lucha, valentía, audacia, sacrificio, y conciencia de clase que el gobierno, la burguesía, las patronales y los dirigentes sindicales charros quieren desaparecer de nuestra memoria para que no nos sirvan de inspiración y ejemplo.

Bajo ataque

En los últimos años, México ha servido de plataforma para algunas de las ramas productivas más importantes a escala mundial. La profunda penetración del imperialismo y el desarrollo del modelo exportador han resultado en el crecimiento de la clase obrera en todo el país. Pero después de 40 años de construcción del sistema maquilador, la economía mexicana se ha hecho más vulnerable y dependiente del mercado mundial, al tiempo que se han destruido los niveles de vida de la población trabajadora.

Las pésimas condiciones de trabajo que han sido denunciadas por los jornaleros, mineros, automotrices o los maquileros de Ciudad Juárez son la otra cara de la moneda del "músculo exportador" del país. El promedio de sueldo de un técnico calificado en la industria automotriz —los más altos y escasos— no supera los $8000 mensuales, pero la mayoría de los empleos formales se han creado con sueldos que no sobrepasan los 2 salarios mínimos (s.s.m.m.), es decir, los $4400 mensuales. Esto en un país donde los datos oficiales indican que un asalariado gasta aproximadamente $3000 mensuales ¡sólo en alimentación!

Las estadísticas aún empeoran el cuadro: 8 millones de personas sólo ganan 1 s.m., $2200 mensual, y hay millones de trabajadores que no cuentan con un salario sino que viven de propinas y “otras gratificaciones”. El 40% de los que trabajan no tiene las prestaciones más básicas, como IMSS o INFONAVIT, y esta cifra nacional se dispara al 60% en los estados del sur. La precariedad y la informalidad son un lacra real para un 60% que vive y trabaja en la economía sumergida donde estabilidad, vacaciones o seguridad social son sólo cuentos de un mundo que nunca se ha conocido.

Así, con trabajo extenuante, salarios de hambre y vida miserable es como ha logrado la burguesía que México sea hoy el país con la mano de obra más barata del mundo. La ofensiva económica se ha reforzado con ataques políticos y legislativos, entre las que destaca una Reforma Laboral que ha supuesto la legalización de la superexplotación actual, y la creación del tinglado necesario para seguir avanzando en lo que la patronal llama las “ventajas competitivas”, es decir, la posibilidad de seguir empeorando las condiciones salariales y laborales.

La aprobación de medidas federales como el no pago de salarios en casos como faltas por enfermedad, la posibilidad de cobrar las deudas directamente del sueldo antes de ser pagado, los contratos de concesión a nuevas empresas dónde se garantiza que no van a aplicar las leyes laborales o la modificación de leyes secundarias como la del Distrito Federal dónde se intenta eliminar el derecho a huelga, son medidas que agudizan esta situación. Y a esto se suma el ataque continuo contra aquellos sectores que lograron en el pasado mejores condiciones de trabajo como los maestros, los mineros, los petroleros, los trabajadores de la seguridad social y otros.

Además, el desarrollo económico en las zonas donde crece la industria provoca una concentración demográfica muy rápida que carece de servicios sociales que el Gobierno central y los estatales se niegan a implementar, y que sufre la expansión de todo tipo de lacras como el alcoholismo, el narcotráfico, la violencia e insalubridad, así como bajos niveles de educación y cultura.

Prepararnos para un futuro de lucha

Esta autentica ofensiva por parte de la burguesía y su gobierno contra millones de trabajadores y sus familias, que provoca una fuerte degradación de nuestras condiciones de vida y trabajo, es también es el resultado de la ausencia de organizaciones poderosas para la defensa y mejora de los trabajadores. Y esta es precisamente la tarea del momento: crearlas y desarrollarlas en todos los territorios.

La “nueva” clase obrera integrada por cientos de miles de jóvenes con empleos precarios, con mayor formación, amplios horizontes y una mayor frustración ante el futuro negado; por mujeres, que son mayoría en la maquila y que se enfrentan a una doble opresión; y otros sectores que también pugnan por su liberación como los indígenas o la comunidad LGTBI+…carece en muchos casos de la experiencia política o las tradiciones de antaño, pero se ha incorporado al movimiento sin los prejuicios que provocan las derrotas, sin lealtades viciadas hacia las direcciones reformistas. Estos nuevos elementos se suman a otras capas de la clase obrera como los electricistas, el magisterio democrático, los trabajadores de la seguridad social, y otros que en el pasado lograron condiciones laborales superiores y que han protagonizado luchas tremendas convirtiéndose en referentes, como en el caso de la CNTE, para millones de explotados.

A estas grandes masas de la clase obrera se las intenta mantener en la pasividad mediante la política desmovilizadora de sus dirigentes sindicales y políticos, pero esta situación nada tiene que ver con la falta de razones para luchar o una ausencia de espíritu combativo en nuestra clase. Ante esta ofensiva sin tregua los trabajadores podemos y tenemos la fuerza para vencer.

Tengamos muy presente la participación de cientos de miles de trabajadores y jóvenes en movimientos y movilizaciones independientes como el Gasolinaza, y la creación de las más variadas formas organizativas para hacer frente a los ataques y presentar batalla. El panorama no ha sido un paseo tranquilo para la burguesía: la destrucción de la industria nacional y el campo que significó el TLC y la instauración de las nuevas industrias, ha estado salpicado de significativas luchas de resistencia. Algunas luchas sectoriales y regionales han sido verdaderamente ejemplares como Honda, Jalisco, San Quintín, Baja California, Lucha de las maquilas, Ciudad Juárez, mineros, etc., y reflejan el auténtico estado de ánimo que existe en el movimiento bajo la superficie de esta paz social impuesta.

Ha sido la ausencia de organización y la falta de respuesta efectiva ante los ataques continuos, la renuncia, en los hechos, de las centrales independientes a organizar, unificar, ampliar y continuar la movilización, lo que ha impedido que las luchas anteriormente citadas pudieran extenderse al conjunto del movimiento. Si queremos recuperar los derechos y avances sociales que los gobiernos y la patronal nos han arrebatado, se impone un giro drástico en nuestra política sindical. Así, las tareas que hemos de cumplir se combinan: por un lado, es necesaria la organización de millones que actualmente carecen de cualquier forma de defensa y, por otro, el fortalecimiento y rearme ideológico y político de los que luchan, por cambiar radicalmente la estrategia fracasada del sindicalismo de pacto y concesiones que practican los actuales dirigentes.

A pesar de las limitaciones actuales, tenemos por delante un campo fértil para la lucha de clases en los próximos años. Las debilidades del capitalismo mexicano, los planes de austeridad que la burguesía pretende seguir imponiendo y el efecto de las diferentes movilizaciones y acontecimientos que se producen a nivel internacional, alimentarán el conflicto entre las clases. No sólo habrá más batallas, también nos encontraremos con una ampliación de las demandas: la democracia sindical será igual de importante que el derecho a la sindicalización, empleo digno, derechos laborales, derechos de la mujer y los servicios de salud y educación de calidad para sus hijos. Una nueva caída en la crisis será respondida por el movimiento obrero. No es fácil predecir si este proceso será más o menos rápido, pero el camino de organización y radicalización que ya se ha abierto en San Quintín y Ciudad Juárez es un anticipo de lo que se desarrollará a lo largo del país.

¡¡Todos a la marcha este 1º de mayo!!


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