Las elecciones del próximo 1 de junio, marcaran sin duda un nuevo periodo de la lucha de clases en la Ciudad. No porque esta vaya a ser una elección competida producto del enfrentamiento abierto entre dos clases sociales o de dos proyectos radicalmente distintos, sino porque marcará el fin de la era que se abrió con el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas hace 20 años, de la entonces Jefatura de Gobierno del Distrito Federal en 1997. La aberrante descomposición del PRD, ejemplificada por Mauricio Toledo y su responsabilidad en la violencia en actos públicos de Morena en Coyoacán, y la cada vez más desdibujada izquierda de Morena, cada día más infiltrada por elementos totalmente ajenos a la izquierda como algunos de los candidatos a las alcaldías capitalinas, son ejemplos claros de esta situación.


El triunfo de Cárdenas, representó en 1997 no sólo el triunfo de la izquierda, sino que coronó un largo periodo de luchas de los jóvenes y los trabajadores en la Ciudad de México contra el autoritarismo priísta. Pero los acuerdos en lo oscurito, la confianza en la buena voluntad de empresarios, la imposición de candidatos y toda clase de maniobras para impedir que fueran los jóvenes y trabajadores, que habían conquistado la Ciudad, quienes tomaran las riendas, llevó al PRD al cadáver putrefacto que es ahora. Proceso absolutamente semejante por el que ahora pasa Morena, aunque de forma mucho más acelerada. Por lo que, de no romper abiertamente con la política de conciliación y abrigo de esta clase de elementos, como de hecho lo está haciendo su dirección, muy pronto, Morena se podría encontrar en una situación similar a la del PRD.


En el panorama actual, donde se agudizan los ataques contra los derechos conquistados en la ciudad, por supuesto que Morena representa una alternativa electoral para la Ciudad, frente a los demás candidatos. Incluso su triunfo, a meses de la elección, parece inevitable. Pero este triunfo electoral, por sí mismo, no será garantía de que se recuperen y mejoren los derechos de miles de mujeres, jóvenes y trabajadores. La defensa y conquista de derechos en la ciudad, no se obtendrá sólo en las urnas sino principalmente en las calles luchando por ellos. Basta recordar el trágico ejemplo de Grecia, donde un gobierno de izquierda, votado de forma absolutamente mayoritaria para aplicar una política de defensa de los intereses de la mayoría trabajadora y ratificada por el referéndum para rechazar los planes de recorte de la Troika, ha capitulado y aplicado ataques incluso peores que los de sus antecesores.


En la situación actual, por supuesto no podemos permitir que la derecha recupere ningún espacio. Eso incluye a la ciudad. Pero eso no pasa por la conciliación, ni por el cobijo de arribistas o el silencio de las críticas y los errores de los dirigentes. Sino por el impulso de la lucha en las calles y la profundización de un programa que rompa totalmente con la política de la derecha y su base social. En otras palabras, por el impulso de una política que se plante abiertamente la lucha contra el capitalismo. Eso, por ejemplo, es lo que está en cuestión con la reconstrucción en la ciudad después del sismo, ¿quiénes se van a beneficiar con los créditos e hipotecas?: los damnificados o el cartel de las constructoras y los banqueros.


Precisamente la lucha de los damnificados por el sismo, es el ejemplo a seguir para recuperar y reconstruir la Ciudad para las amplias mayorías. La clave, como muestra el caso señalado, es un programa que responda a los intereses de jóvenes y trabajadores, y no al de los banqueros y empresarios, y una organización de combate enraizada en la ciudad, en asambleas de barrio y colonia, que defienda su programa y sus intereses por medio de la movilización y la lucha en las calles y barrios de la ciudad, más no paralizada y esperanzada a los resultados electorales.

 


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