En la semana pasada se han hecho entregas de tres planteles de la Escuela Nacional Preparatoria que se encontraban tomadas por grupos de activistas bajo las demandas de frenar la violencia machista y una serie de mejoras a la educación pública. Esto no significa que las demandas hayan sido cumplidas y la lucha haya terminado, aún hay mucho por hacer. Por eso es importante hacer un balance de dichas acciones. La lucha desatada desde finales del año pasado fue y sigue siendo totalmente necesaria, debemos continuar, pero no todas las acciones emprendidas han sido correctas o benéficas, incluso algunas han sido contraproducentes. En la lucha se comenten errores y el movimiento estudiantil siempre ha ganado mucho reconociendo, criticando y corrigiendo; no para ajusticiar a alguien sino para avanzar.

La juventud la llama de la revolución

El movimiento estudiantil universitario es una expresión del hartazgo de cientos de miles de jóvenes en todo el país, dentro y fuera de las escuelas. La generación actual sólo conocemos violencia, desigualdad, falta de oportunidades, empleo precario, acceso restringido a la cultura, deporte y recreación, drogadicción y desmadre. Toda nuestra vida nos han dicho que “para salir adelante” tenemos que estudiar, que esa es la única manera de triunfar y ser alguien, pero sólo hemos conocido dificultades y demagogia sin límites de las autoridades mientras que cada año es peor que el anterior y cada vez es menor la esperanza de encontrar un empleo aun si se ha terminado una carrera superior. Además, las universidades están llenas de obstáculos: falta de infraestructura y materiales de estudio, planes de estudio chatos orientados empresarialmente, individualismo, competencia, drogadicción y sobre todo violencia, contra las mujeres, la comunidad sexodiversa, contra las hijas e hijos de las familias humildes; violencia machista y clasista. Todo con el hábil y bello disfraz de la superioridad intelectual y cultural y la “mente abierta”.

Todo esto es lo que nos ha orillado a luchar, salir a las calles a movilizarnos cada vez que ha sido necesario. Ahora mismo vemos no sólo en la UNAM, existen protestas masivas en las vocacionales y escuelas superiores del IPN, en los Colegios de Bachilleres donde es más que difícil la organización y protestar, hay un despertar tremendo; en las Universidades estatales como la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla hemos presenciado un sacudir histórico y así todo el territorio, no hay ciudad o comunidad donde la juventud no se esté poniendo en pie de lucha.  

Los métodos del anarquismo y el separatismo están mostrando sus límites

Está claro que la juventud como el movimiento estudiantil en su conjunto está fresco y en agitación creciente más allá de la UNAM, pero ésta que fue el epicentro, sufre de un cansancio notorio entre los sectores que han estado al frente de las tomas y que difícilmente por si misma podrá continuar al frenético ritmo de los meses anteriores. Debemos de reagruparnos y poner en acción aquellas prácticas que han dado fuerza y victorias al movimiento estudiantil en otras ocasiones. Construir un movimiento masivo, concientizado de lo que quiere y lo que no, que actúe como una sola fuerza y que enlace con todas las luchas estudiantiles y por transformar la sociedad también fuera de la UNAM.

Tenemos que insistir en la necesidad de dar una batalla conjunta y no por escuela e incluso debe de trascender de nuestra institución, las demandas en las demás universidades son las mismas: basta de violencia machista en la aulas,  no más impunidad a los agresores, equipamiento de servicios médicos y psicológicos en cada plantel, erradicación de la lacra de la violencia dentro y fuera de nuestros planteles, despido de funcionarios represores e incompetentes, democratización, fuera grupos porriles, becas, baños limpios, etcétera.

Nuestra fuerza y por tanto nuestra eficacia y triunfo dependerá de hacer uso de nuestro poderío numérico, la necesidad de hacer asambleas mixtas, amplias y democráticas no es un capricho sino un método táctico que nos hace avanzar para ganar. Por supuesto que las compañeras somos las protagonistas de esta lucha, pero es muy soberbio e inútil creer y hacer creer la autosuficiencia. La historia del movimiento estudiantil, feminista y obrero demuestra que se ha podido ganar siempre con la unidad de las y los oprimidos de manera organizada, los derechos de las mujeres hasta ahora conquistados no han sido sólo obra de las “mujeres” sino del conjunto del movimiento combativo de izquierda y en concreto de las oprimidas y no de las “mujeres” en abstracto.

Y ahora mismo es así, el respaldo a la lucha contra la violencia machista es inmensa y su fuerza es descomunal, así se hizo ver el pasado 8 de marzo. La conciencia de las oprimidas avanza con o sin nuestra labor, gracias a la lucha de las colectivas u organizaciones, pero incluso, también contra los errores de esas mismas organizaciones, a pesar de sus métodos incorrectos y destructivos. Así lo de muestran las manifestaciones en el Valle de San Quintín, Baja California, a cargo de las jornaleras y las obreras y obreros de las maquilas en Matamoros, Tamaulipas. Si los métodos o acciones que propone alguna colectiva hacen avanzar al movimiento, miles lo toman en sus manos y hay una retroalimentación entre los sectores organizados y la amplia masa del movimiento, si, por el contrario, sus acciones y propuestas no son adecuadas ocurre como en la marcha de la Ciudad de México, con decenas de miles de mujeres intentando marchar y llegar al Zócalo a pesar de los grupos que iban empecinadas a la acción destructiva.

Si el movimiento ha arrebatado cosas no ha sido por la eficacia de los métodos anarquizantes o sectarios sino por la fuerza y respaldo que tiene esta lucha más allá de los grupos de activistas organizados. De hecho, sino no ha avanzado más, por ejemplo: en la erradicación de porros, exposición de la lista de maestros, funcionarios y alumnos que la UNAM supuestamente  expulsados; mejoramiento de la infraestructura de nuestras instalaciones; democratización real de nuestros centros de estudio, basificación de nuestros profes y, nos encontramos al parecer en un enredo sin posibilidades de ir hacia ningún lado, es debido a estos métodos que más que integrar a la comunidad y usar esa fuerza creadora y organizada la desprecian, incluso hacen acciones como el destrozo innecesarios de las instalaciones para “mostrar” su radicalismo y hartazgo, beben en las instalaciones o las abandonan mostrando su falta de seriedad y compromiso con la lucha.

Estamos seguros que ninguna de estas acciones tiene que ver con las tradiciones del movimiento estudiantil democrático y combativo, todo lo contrario, en cada lucha seria que hemos impulsado y participado, no sólo cuidamos la infraestructura del descuido y destrozos conscientes de las autoridades y sus infiltrados, sino que lo denunciamos y explicamos que este patrimonio no es de unos cuantos o de la autoridades, sino del pueblo trabajador y de sus hijos, que son herramientas que podemos poner al servicio del movimiento y del conjunto de la comunidad. El destrozo de las instalaciones ha beneficiado a la reacción porque le da herramientas para reprimir al conjunto de los estudiantes organizados, desacreditar nuestra lucha y colocar del lado suyo a los sectores confundidos de la comunidad. Algunos anarquistas dirán, pues que les cueste a las autoridades la reconstrucción, pero esto lamentablemente no es así, quien terminará pagando la reposición de la infraestructura, si es que la reponen, será a través de cargar más peso en las espaldas de los trabajadores quienes son los que financian nuestras escuelas con los impuestos que les descuentan, aunque no quieran ¡las escuelas son del pueblo! no del Estado y sus lacayos.

La unidad de clase con un programa combativo

El plantear que esta lucha es mía y que tú tienes tu proceso y tus formas, es el mismo individualismo reaccionario que nos embuten en las escuelas y los medios, pero presentada con un velo “rebelde”. Segrega y que nos deshace como oprimidxs impidiéndonos golpear unificadamente. En pocas palabras la lucha separada, desarticulada de las demás batallas y aislada no sólo es una guía para la derrota sino una lucha que pueden soportar y aun controlar, aunque parezca radical en forma, en el fondo no lo es.

La lucha en la Universidad ha conseguido arrebatar puntos importantes por el respaldo masivo que existe por parte de la comunidad ha esta lucha tan importante en la actualidad, a veces a pesar de quienes dirigen el movimiento. Las autoridades han cedido algunos puntos porque saben que las tomas sólo son una muestra del potencial enorme que tiene el movimiento. Y que en parte se ha mantenido en calma y con poco protagonismo porque el mensaje que mandan los grupos que sostienen las tomas es de que la gran mayoría de las y los estudiantes no tenemos nada que hacer ahí y menos si no congeniamos al 100% con su política y metodología.

La unidad con otros sectores, como los padres de familia, trabajadores, movimiento obrero organizado y otra serie de luchas no es una consigna vacía y panfletaria, es una necesidad para el triunfo; las autoridades universitarias y gubernamentales tienen de su lado a los medios de desinformación, el dinero de los ricos, la policía, los prejuicios y la “normalidad”, por el contrario las oprimidas y oprimidos sacamos nuestra fuerza de ser cada vez más, mejor organizados y con los objetivos comunes claros.

La forma es asistir a las asambleas y reuniones de otras luchas, sindicatos, grupos de vecinos y organizaciones para, primero, dar a conocer nuestra lucha y demandas y desmentir todas las tergiversaciones. Segundo, para articularnos, para acordar acciones conjuntas. Tercero, pedir solidaridad concreta, apoyo con víveres, dinero, pronunciamientos, desplegados y asistencia a las acciones. Quedarse detrás de las rejas de la escuela resistiendo sin solidaridad ni apoyo es morir lentamente y hacer que el desgaste y desmoralización jueguen su papel lentamente, creando escepticismo y deserción.

Lucha organizada ante las presiones individuales

Rectoría usa el descontento que existe entre estudiantes por cuestiones como movilidad, becas, pérdida del semestre, etc. para ponernos en contra de las tomas y contra todo aquello que huela o tenga viso de ser lucha estudiantil organizada. Tenemos que resistir ante las salidas individuales, contra el sálvese quien pueda y el predominio de nuestros intereses por encima del conjunto de la población educativa y la defensa de la educación pública, digna y sin violencia. Exijamos a las autoridades que en vez de estar buscando dar clases en línea, extramuros, o una serie de evasivas diplomáticas y demagógicas a los conflictos deben de afrontarlo y dar soluciones concretas y eficaces a los problemas plantados a los pliegos, esa es la forma con la cual aceptaremos retomar las clases, no deseamos ser esquiroles, no vamos a dar la espalda las compañeras honestan que están luchando y a las demandas que benefician a toda la comunidad.

La mejor formar de abonar para la solución del conflicto no es cediendo a todas las presiones, sino agruparnos en asamblea, discutir un plan de acción basado en la movilización con el objetivo de exigir solución inmediata de los pliegos, el diálogo debe ser público con presencia de la comunidad que desee participar, radiotelevisado para que el conjunto de la comunidad velemos por los convenios y demandemos solución a favor del movimiento.

Reagrupar, aprender y continuar 

Esta batalla la podemos profundizar y ganar aún más que la modificación al Estatuto de la UNAM y la creación de las comisiones de denuncia y contra la violencia en los centros de estudio, pero eso dependerá de aprender de estos meses de duras batallas, reflexionar sobre que tácticas debemos de llevar a la práctica y que hagamos que el conjunto de la comunidad se involucre y no lo contrario, demos la batalla dentro del movimiento por la adopción tácticas de lucha eficaces, revolucionarias, democráticas y unitarias.  Esta es la única vía de conseguirlo. Seguir como hasta ahora puede costar muy caro tanto a las compañeras y compañeros que resguardan las instalaciones como todo el movimiento estudiantil. Demos la batalla por quitarnos de toda pose radical aparente, no buscamos solamente una lucha heroica, buscamos de verdad frenar la violencia, de verdad que todas tengamos acceso a la educación, de verdad que nuestras escuelas sean lo que imaginamos y aspiramos, buscamos, ante todo, la victoria.


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