La Historia siempre se debe tener en cuenta a lo largo de nuestras vidas. Como sociedad e individuos es importante saber y recordar los sucesos del pasado para comprender nuestro presente y construir nuestro futuro.

¿Qué ocurrió?

Uno de los sucesos históricos que debemos conservar en nuestra memoria es el que se conoce como “El Halconazo”. El 10 de junio de 1971 ocurrió en la Ciudad de México un crimen de Estado que pasaría a la historia con ese nombre y es un acontecimiento que uno debe reflexionar a la hora de cuestionar lo que nos han “enseñado” y lo que no nos han enseñado.

Hace 49 años, en aquel jueves de Corpus después de que Luis Echeverría hiciera reformas para una apertura “democrática", los estudiantes se organizaron para denunciar al gobierno, lo cual, parecía imposible después de los acontecimientos de Tlatelolco en octubre de 1968, y uno de los hechos a denunciar fue el caso de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León respondieron con una huelga al gobierno del estado tras una reducción drástica de presupuesto y la amenaza de perder la autonomía de la institución. En disgusto plantearon una ley orgánica, presentada por estudiantes y maestros, en la cual proponían un gobierno paritario dentro de la universidad.

Los compañeros estudiantes pidieron la solidaridad a las demás universidades del país, de las cuales respondieron el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Nacional Autónoma de México, convocando a una marcha para el 10 de junio.

Los acontecimientos de octubre del año 1968 incentivaron al movimiento a exigir justicia y luchar por sus demandas relacionadas a la educación pública y en contra de la represión y el acoso por parte del Estado, así que las exigencias de la marcha fueron:

  • • Democratización de la enseñanza, respeto a la diversidad cultural nacional.
  • • Presupuesto a la educación equivalente al 12% del Producto Interno Bruto y que el presupuesto destinado a las universidades se pusiera bajo control de estudiantes y docentes
  • • Desaparición de todas las juntas de gobierno en las universidades del país.
  • • Representación paritaria de maestros y alumnos en los consejos técnicos de la UNAM.
  • • Derogación del reglamento general del IPN.
  • • Disolución de los grupos porriles en la UNAM.
  • • Libertad de todos los presos por motivos políticos.

En esta ocasión, 10 de junio, reprimieron de manera brutal a los estudiantes utilizando un grupo paramilitar vestidos de civil haciéndolos pasar por estudiantes que “protestaban”. Montones de estos agentes se aproximaron a los contingentes estudiantiles con varas en las manos gritando consignas creando confusión entre los asistentes, esto fue una táctica criminal y sucia para la tragedia que sucedería instantes más tarde.

Las calles estaban resguardadas por granaderos quienes impidieron el paso, y al poco rato, en camiones grises llegaron los “Halcones" y comenzaron a golpear a los estudiantes con palos de bambú, los estudiantes pudieron repeler los ataques, pero después los grupos paramilitares abrieron fuego contra los estudiantes. Los halcones tuvieron ayuda logística y de armamento al momento del ataque, mientras los granaderos veían la masacre sin hacer nada.

El gobierno, en su intento de callar la situación y no dejar rastro alguno, golpeó a periodistas y rompió las cintas de las grabaciones sobre la masacre, al igual que irrumpió en los hospitales donde atendían a los heridos para asesinarlos.

Fue el Estado

En aquel entonces no era nada nuevo que el gobierno impusiera su autoridad contra aquellos que se oponían al régimen priísta. Durante décadas este régimen asesinó, torturó y desapareció a jóvenes que protestaban por la libre expresión y derecho a la organización. En esta ocasión, se ocupó un cuerpo paramilitar, dirigido por Manuel Díaz Escobar, denominado “Los Halcones”. Éste se encargó de reclutar ex militares y jóvenes de colonias pobres y muy golpeadas por la marginalidad, entrenándolos para sabotear violentamente la marcha de los estudiantes, infiltrándose cautelosamente, haciéndose pasar como estudiantes para finalmente comenzar a romper los contingentes y dispersar la marcha. Durante este enfrentamiento se asesinó, hirió, desapareció y privó de su libertad a cientos de manifestantes con armas de fuego y otros objetos. El saldo, según cifras recabadas a posteriori, 120 asesinatos a manos del Estado priísta.

Mediante el control mediático de los medios de comunicación, se intentó cínicamente exhibir el suceso como un simple enfrentamiento entre estudiantes, tratando de deslegitimizar el movimiento estudiantil, mas no fue de esta manera, ya que en las investigaciones independientes y posteriores salió a la luz que este grupo de choque era financiado por instituciones gubernamentales, evidenciado la brutal represión asesina de los mandos políticos a las organizaciones que se opongan al régimen.

Conocer y escuchar los testimonios de aquel suceso es destrozador. Empatizar con las víctimas, ponerse en el lugar de compañeros que vieron morir a sus amigos y compañeros de manera impune e injusta, la impotencia al ser obligado a callarte bajo la bota represora de los intereses políticos de las instituciones violentas y a la impunidad de las mismas, es algo que nunca debemos de olvidar. Mantener la memoria histórica es una tarea fundamental de nuestro presente de lucha porque nos recuerda que la justicia sigue siendo un privilegio donde las clases oprimidas no tenemos acceso, puesto que a 49 años la impunidad sigue presente y los asesinos siguen gobernando en estados como Jalisco, Baja California o Tamaulipas, tal vez bajo otro nombre, pero siempre bajo los mismos mecanismos.

Por nuestro derecho a la organización independiente

Buscar el control de las instituciones educativas y del movimiento estudiantil es una lucha que persiste actualmente. Como estudiantes debemos cuestionarnos si realmente nuestras áreas de aprendizajes son autónomas, generar un pensamiento crítico y analítico o responden a las sucias estrategias que usan las diferentes instituciones educativas y de gobierno para intentar callarnos y mantenernos ignorantes. Por eso para el Estado mantener control de la educación es muy importante, y eso pasa por impedir y destrozar toda organización independiente que cuestione este hecho.

El abuso de poder por parte de las fuerzas armadas y policial no es algo nuevo, actualmente la violencia de esta calaña sigue vigente nutrida por la corrupción e impunidad. Por eso vemos toda esa rabia en estados como Jalisco, donde la juventud una y otra vez seguimos exigiendo no sólo basta de represión y abuso policial sino también una vida y futuros dignos. Tenemos que seguir organizándonos, cuestionándonos, informándonos y movilizándonos para reclamar nuestros derechos como: educación, empleo digno, libertad de expresión y manifestación y una vida digna.

Es necesario no olvidar ninguno de estos sucesos y repudiar toda represión que se imponga a los sectores de abajo, seguir exigiendo democracia en nuestras escuelas y una educación popular, el derecho a una vida digna para vivir sin miedo, no dejar esto como simple impotencia sino, organizar nuestra rabia y seguir saliendo a las calles a movilizarnos todos y cada uno de las luchas del sector popular, negándose y resistiendo a todo intento de someter.

Recuperemos la memoria para la lucha del presente

¡Viva la educación pública!

¡Ni perdón, ni olvidó, castigo a los asesinos!


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