La estrategia de Andrés Manuel contra el robo de gasolina ha desatado una respuesta feroz de la derecha y algunos sectores de la burguesía, por la supuesta crisis que ha generado, aunque han sido precisamente los medios quienes mediante mensajes engañosos han provocado compras de pánico. Más allá de la polvareda levantada por ellos, el desabasto de gasolina ha evidenciado el nivel de desfalco que ha sufrido la industria paraestatal. Esta es en el fondo la razón de la histérica reacción de la derecha y la burguesía, consciente de que pese a la propaganda de la Reforma Energética de Peña Nieto y la supuesta modernización de PEMEX, se ha expuesto abierta y claramente la situación de crisis en la cual se encuentra la petrolera de la que son precisamente responsables las administraciones anteriores, así como sus apologetas, los medios masivos de información. 

 

La Guerra

El 27 de diciembre pasado, Obrador señalo que “hay la hipótesis de que de todo el robo sólo el 20 por ciento se da con la ordena de ductos que es una especie de pantalla, la mayor parte tiene que ver con un plan que se opera con la complicidad de autoridades y con una red de distribución”. Esto significa que, de los 58 mil barriles robados diariamente, apenas 11 mil 600 barriles son robados por medio de la ordeña mientras los 46 mil 400 restantes son extraídos sin la necesidad de perforar los ductos. No puede ser de otra forma pues 58 mil barriles diarios de gasolina, aproximadamente 9 millones de litros, no pueden extraerse y distribuirse mediante bidones de 5 o 10 litros. Su extracción, almacenamiento, traslado e incluso su venta ilegal requiere una gran infraestructura para su expendio. Para darnos una idea de las dimensiones del saqueo, son apenas 2 mil barriles menos de los 60 mil anunciados al comienzo del desabasto para atender a las siete entidades más afectadas. 

Por eso como ha dicho el mismo Obrador “es impensable la actividad del robo de combustibles, sin que estén involucradas las altas esferas directivas de PEMEX”. Es decir, la mayor parte de las gasolinas no se hace por medio del robo hormiga, huachicoleo, sino a gran escala con la complicidad de las autoridades de la paraestatal. Pero no solo ellos, sino también al conjunto de empresas que han participado de la paulatina privatización de la paraestatal, pues sencillamente nadie invierte en una empresa que pierde. Basta señalar el ejemplo de Guanajuato, uno de los estados más afectados por el desabasto, en el que según el gobierno estatal estiman que el 80% de la gasolina que se vendía en el estado era de procedencia ilícita. Eso explica, en parte, la gravedad del desabasto en este estado pues se ha cerrado la llave de entrada del 80% del combustible que se consume en dicha entidad. Precisamente la entidad donde se encuentra una de las refinerías de la petrolera en Salamanca, en la que han encontrado una toma clandestina con una manguera de 3 kilómetros de extensión. Por supuesto una situación tan grave no pasa desapercibida ni en la contabilidad de la empresa ni en su inventario, al contrario, requiere una absoluta complicidad de quienes administran dichos recursos, bloqueando por ejemplo los sistemas de salida en los centros de monitoreo de PEMEX en la torre corporativa que permiten en tiempo real enterarse de la perdida de presión de los ductos. 

Según Pablo González Córdova de la Asociación Mexicana de Empresarios Gasolineros (AMEGAS) en entrevista Proceso, a pesar de las denuncias ni las autoridades federales ni de la paraestatal hicieron nada. Y señala que “salían pipas sin factura de las terminales; las de 30 mil litros salían con facturas de 15 mil”.  En otras palabras, la gasolina salía de las terminales de distribución y abastecimiento, e incluso de las refinerías, mediante pipas sin ser reportada en la contabilidad de la empresa. Esto explica la negativa de aplicar medidas como el marcaje de la gasolina, que permitiría identificar aquellas gasolineras donde se vende producto robado. Medida que fue rechazada por el jurídico de la empresa en la administración de Fox, y una de las razones por las que es investigado el exjefe de guarda espaldas de Peña Nieto cuando era gobernador del Estado de México, Eduardo León Trauwitz. Según Walter Ángel, ingeniero por la Facultad de Ingeniería de la UNAM y asesor en políticas de Estado en materia de energía, quien ha colaborado en la estrategia de recuperación de la distribución, han encontrado “instalaciones construidas sobre los ductos con sistemas de distribución y despacho de pipas y otro tipo de auto tanques, completamente bien armadas. Instalaciones de primer nivel”. 

 

El robo de los empresarios y el sindicato

Por su puesto esto significa la complicidad y contubernio de las administraciones anteriores en el robo millonario a la paraestatal, que han construido una red paralela de distribución ilegal de gasolina y de la que por supuesto se han beneficiado. Pues instalaciones de ese tipo sobre los ductos de traslado de los combustibles, sencillamente no pasan desapercibidos para los responsables del resguardo de una industria estratégica como la petrolera. Basta señalar que en los últimos 13 años la presencia del personal militar, responsable del resguardo de industrias consideradas estratégicas como la petrolera, ha disminuido en la empresa. De hecho, al momento en que se estableció la estrategia contra el huachicoleo, la refinería de Tula ya no tenía presencia de militares para su resguardo. La salida de dicho personal de seguridad fue ordenada por la misma dirección de PEMEX con el aval de la dirección del sindicato. 

Es en este contexto en el cual se enmarca la histérica campaña de la derecha y los medios, para generar pánico y golpear al gobierno de Obrador. En realidad, no les preocupa el desabasto, como lo demuestra su complicidad en el saqueo, sino perder el lucrativo negocio del robo del cual formaban parte. El asesinato de ingenieros que intentaron corregir los problemas, el boicot que ahora mismo se está llevando a cabo para doblegar este intento de eliminar el robo de combustibles o bien el secuestro de tres militares en los días pasados en Hidalgo en una acción contra el huachicoleo son muestras claras de ello. Por ello es que la medida de ocupar militarmente las instalaciones, como refinerías y estaciones de distribución, son absolutamente correctas pues quienes han saqueado al país mediante el robo de gasolinas no lo dejaran de hacer de buena manara sino siendo obligados a ello. Sin embargo, por esta misma razón es necesario profundizar en la recuperación de la paraestatal. En primer lugar, echando abajo la reforma energética, pues es evidente que esta no ha contribuido en absolutamente nada sino en profundizar el saqueo de PEMEX en complicidad con las grandes empresas que han invertido recientemente en ella. Pero especialmente renacionalizando la industria energética, no solo la petrolera sino también la eléctrica. 

El robo de gasolina es solo una parte del gran entramado de corrupción tejido alrededor de PEMEX. Precisamente por esto, la derecha y sus voceros, han lanzado no solo una campaña mediática, sino que están pasando al terreno de la acción mediante el abierto boicot a las medidas contra el robo e incluso la violencia física contra quienes están ejecutando las tareas para recuperar la distribución de la gasolina. Ante ello no solo es necesario el uso de las fuerzas armadas, como el Ejército y la Marina, para la ocupación de las instalaciones para su resguardo y la seguridad del personal, sino fundamentalmente la participación activa y consciente de los trabajadores de la PEMEX y del país. Solo de este modo, demostrando que somos la inmensa mayoría quienes estamos hartos del saqueo del patrimonio nacional podremos echar abajo el latrocinio. Pero eso requiere en primer lugar la democratización desde la base del sindicato petrolero, tanto de su dirección como de las distintas secciones e incluso de la propia paraestatal. Pues es evidente que el saque no se realizó a escondidas dentro de la industria, sino con la complicidad de los charros que durante décadas han extorsionado, amagado y asesinado a los trabajadores. Solo con la renacionalización y el control democrático de la industria por parte de los trabajadores se podrá evitar el sabotaje y el boicot en la distribución, almacenamiento y producción de los hidrocarburos. Pero también controlar y luchar contra las presiones al alza de los precios de la gasolina que tarde o temprano intentaran impulsar quienes se habían beneficiado del robo multimillonario de hidrocarburos, y que hoy están en pie de guerra para evitar perder este criminal y lucrativo negocio. Los mismos que impulsaron y se beneficiaron de la reforma energética y que han saqueado la industria petrolera y al país.

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