La organización Amnistía Internacional  declaró que en México se “podría vivir una situación similar en materia de violación a los derechos humanos a lo que ocurrió en las dictaduras militares del cono sur en las décadas de los 70 y 80, sobre todo por la presunta responsabilidad del Ejército en las desapariciones forzadas” y además que nuestro país “está al borde de experimentar una represión sistematizada, con especial gravedad en los hechos probados por desaparecidos a manos de militares”

En la misma declaración publicada en el periódico “La Jornada” se dice que “En México existe el peligro de que haya esa reacción de la población en demanda de seguridad y que, paradójicamente, esté en favor de la inseguridad creada por el Ejército, lo que nos puede llevar en una espiral descendente a un escenario muy preocupante” (La Jornada 2/Ago/11)

En el mismo tono pero relacionado a la aprobación de la minuta sobre la Ley de Seguridad Nacional, el diputado del PT Muñoz Ledo llegó a la misma conclusión “Estamos ante un hecho grave, frente a la legalización del abuso; estamos al borde de una represión sistematizada.”

Las acciones que el gobierno de Felipe Calderón está realizando contra la delincuencia organizada, no han significado otra cosa más que un fortalecimiento del aparato represivo del Estado con el objetivo de contener y reprimir grandes movilizaciones obreras y campesinas en el futuro.

El caso de los allanamientos

A mediados de este mes de agosto, la Procuraduría General de Justicia del estado de México (PGJEM), realizó un operativo para “capturar” a un narcotraficante. La acción se realizó en distintas delegaciones de la Ciudad de México bajo la misma forma y según la CNDHDF se allanaron más de diez casas que no tenían relación alguna con el delincuente. Los cuerpos policiacos ingresaron a las casas habitación sin mostrar órdenes judiciales de cateo, sin identificarse como elementos de alguna corporación policiaca, a altas horas de la madrugada, encapuchados y haciendo uso de la violencia, rompiendo puertas, amenazando con armas de grueso calibre y hasta torturando sicológicamente a las personas entre quienes se encontraron académicos de la UNAM y personas de la tercera edad. Para las autoridades el resultado más importante del operativo no ha sido la captura del susodicho narcotraficante si no la impunidad con la que atacaron a la población trabajadora.

Si partimos de que todos los niveles de gobierno han invertido millones de pesos en infraestructura y recursos humanos para fortalecer y “profesionalizar” los cuerpos policiacos, entonces resulta imposible aceptar que la PGJEM haya cometido un error de este tamaño y haya sido incapaz de identificar el lugar exacto donde se resguardaba el narcotraficante. Esto no se trató de ningún error sino de una acción más para intimidar a la clase trabajadora y sobre todo a su movimiento organizado.

El discurso del narcotráfico

El gobierno de Calderón uso el mote de la lucha contra el narcotráfico como su bandera más importante. Prometió erradicar este problema y entregar un país en paz. Lo mismo que en otras promesas, el gobierno ha fracasado rotundamente. La cifra de muertos gracias a la guerra contra el narco ya rebasa los 40 mil muertos, incluso algunos analistas hablan que esta cifra ya llega a los 60 mil (cifra mayor a la cantidad de soldados estadounidenses muertos en la guerra de Irak). Las bandas de narcotraficantes siguen obteniendo sus jugosos negocios y la tasa de asesinatos no baja. Amnistía Internacional reconoce que el gobierno federal ha optado por la táctica de matar a los sospechosos de vínculos con las bandas. Ya no hay investigación, ya no hay desahogo de pruebas, y eventuales encarcelamientos, no. Ahora de facto se ha instalado la pena de muerte para los supuestos o reales delincuentes. Calderón trata de lavarse las manos etiquetando a cada una de las víctimas de la guerra contra el narco cómo “delincuentes”, con este mote se justifica el asesinato de jóvenes sin empleo ni educación, madres solteras, campesinos pobres y demás sectores marginados y pauperizados por el capitalismo, que se han visto obligados a participar en los sectores más bajos del narcotráfico cómo único paliativo a su miseria. La degradación social ha llevado a parte de estos sectores a su desclasamiento total, a la pérdida de cualquier vínculo con la clase trabajadora y por lo tanto a la lumpenización. No obstante, ello es producto de las políticas económicas y sociales del gobierno y los capitalistas, mismas que alimentan las filas del narcotráfico, con lo cual rechazamos la guerra contra el narco, que se basa en el exterminio de los sectores pobres y pauperizados que participan del narcotráfico, mientras el gobierno mantiene en la impunidad a los verdaderos amos y señores de este negocio, que son capitalistas en toda la regla.

El ejército, que violando la propia  legalidad burguesa está en las calles, está asesinando a cientos de personas inocentes. Los casos de este tipo se pueden encontrar por decenas en cualquier medio de comunicación: jóvenes, niños, amas de casa inocentes que por no presentar documentos o por simplemente pasar cerca de un reten son asesinados por soldados.

 Pero el costo de esta guerra es más alto aún. Ciudad Juárez tiene una población de 1.2 millones de habitantes y ahí han sido asesinados 7 mil personas, con edades de entre los  17 y 35 años, desde el año 2007 a la fecha, además de ello 60 mil familias han tenido que desplazarse a otra ciudad para evitar la ola de violencia. Como producto de los asesinatos cerca de 12 mil niños han perdido a uno o a dos de sus padres. Estos niños obtienen recientemente cierta atención, pero históricamente han sido dejados a su suerte para que busquen comida, techo, trabajo, educación y salud. Sólo la denuncia de algunas organizaciones logró que recientemente el estado de Chihuahua destinara 100 millones de pesos para programas de apoyo sicológico y de reinserción social, este monto resulta insuficiente si consideramos que a cada niño corresponderían aproximadamente 8 mil pesos en servicios, con los cuales  se trataría de compensar la tragedia de ser testigos del asesinato de sus padres.

En Ciudad Juárez están desplegados 8 mil 500 soldados, 4 mil agentes de la Policía Federal, 2 mil 850 policías municipales, 487 preventivos estatales y 380 agentes ministeriales. Todos ellos han sido incapaces de resolver ni un solo caso de asesinato a inocentes, mucho menos de erradicar al narcotráfico. Esto demuestra que el Estado Burgués encabezado por Calderón no tiene ni tendrá solución real al conflicto. Entre otras razones por que el Estado está vinculado por millones de vasos conductores al negocio del narcotráfico, del cual se ve directa e indirectamente beneficiado, pero además controlado.

La precampaña de Marcelo Ebrard

Marcelo Ebrard, Jefe de Gobierno del DF, es el hombre que el ala de derechas del PRD está impulsando como candidato para las elecciones presidenciales del año 2012. Actualmente él está al frente de la llamada Conferencia  Nacional de Gobernadores  (CANAGO). Esta instancia también ha tomado como una de sus principales banderas políticas la de lograr “seguridad y paz” para toda la población. Por ello han lanzado una campaña nacional coordinada por el mismo Marcelo Ebrard. Ahora tenemos en las calles, de varios estados y del D.F., a patrullas policiacas con seis u ocho elementos cargando armas de grueso calibre, a helicópteros sobrevolando las ciudades con hombres  en su interior apuntando a la población con armas largas. A ello se le suma la instalación en las calles de cámaras de video y bocinas sobre un poste en cada esquina. Entre una parte de los habitantes el impacto de todo ello no es de seguridad, sino de que todo lo aplicado hasta ahora es totalmente inútil para frenar la delincuencia, de que todo va a seguir igual o peor.

¿Por qué Ebrard sigue la misma táctica fallida de Calderón? Porque en realidad está, conscientemente o no, imbuido por el mismo temor que Calderón, que la clase trabajadora pase a la acción protagonizando luchas de masas para dar solución a sus necesidades sin que en ello medie el aparato del Estado y la legalidad burguesa. Esto ocurre cuando los dirigentes de la izquierda tratan de resolver un problema social sin romper con el capitalismo y sin basarse en la acción de la clase obrera, no tienen más alternativa  que recurrir a las tácticas trilladas de los políticos de derechas.

Miedo y terror es el juego de la TV

El Estado burgués es un cuerpo de hombres armados en defensa de la propiedad privada y  una de las herramientas más efectivas para mantener la explotación de la clase trabajadora. Además el Estado se vale de herramientas propagandísticas para difundir su ideología cómo la  televisión, radio, prensa escrita, internet etc., que se presentan como medios independientes de todo interés económico y político, cuándo son en realidad un sector acaudalado e influyente de la burguesía. La realidad es que están totalmente al servicio  del gobierno calderonista y desde ahí se lanzan las campañas para tratar de desorientar a los trabajadores y para en general crear una corriente de opinión a favor de empresarios y banqueros. En el fraude electoral del 2006 fueron el ariete principal para cubrir a Calderón.

A la tarea cotidiana de mentir y tergiversar la realidad, los medios de comunicación han aceptado otra tarea: la de intimidar y generar una psicosis de inseguridad en todo momento a la clase obrera.  Los noticiarios televisivos, radiofónicos y medios impresos publican sobre todo información que habla de torturas, “descabezamientos”, “levantones”, balaceras, etc. Todo ello lo hacen sin dar tentativas de solución, y así logran el impacto deseado. El mensaje es “afuera de tu casa hay un gran peligro que puede devorarte, no tienes ninguna salida para evitar que te haga daño”.  El mensaje es intimidatorio y la conclusión es que ya desde ahora hay inseguridad así que mejor ni luchar ni organizarse porque eso pondría peor las cosas. Un factor fundamental que posibilita que el estado de psicosis de los medios de comunicación burgueses ganen terreno es el hecho de que los dirigentes de izquierda son los primeros en adoptar el mensaje de la burguesía, en vez de plantear una explicación política y brindar una alternativa de lucha. Más aun, dentro de los gobiernos y personajes de la  izquierda hemos tenido casos donde se han visto involucrados en actos de delincuencia, represión y narcotráfico. Todos estos factores combinados le permiten a la burguesía influir con su mensaje de terror.

Para demostrar que Calderón está dando pasos adelante  las últimas detenciones de narcotraficantes han sido muy publicitadas. Pero la táctica mediática deja al descubierto el verdadero  objetivo. Cada narcotraficante es interrogado ante cámaras de video, posteriormente el material se hace público. Así es posible escuchar de viva voz las atrocidades que hacen estos personajes. ¿En qué soluciona el conflicto saber que los sicarios de verdad matan a contrincantes y persona inocentes de la peor forma?, ¿para qué sirve saber que los sicarios son hombres de sangre muy fría y que poco les incomoda haber hecho tantos asesinatos? Esa información no sirve de nada en absoluto para erradicar al narcotráfico. Para lo que si sirven es para demostrar que el narcotráfico tiene a cientos de agentes actuando de la manera más impune y sangrienta. Una vez más el Gobierno Federal lanza la táctica del terror mediático.   

La defensa legal del Estado capitalista

Además de las herramientas mediáticas y de los aparatos represivos, el estado burgués tiene una maquinaria legal, juzgados, leyes que defienden sólo el interés de los empresarios.  La reciente discusión sobre las modificaciones a la ley  de seguridad plantean que la prioridad número uno es la seguridad del Estado burgués, es decir de esa herramienta que empresarios y banqueros usan para oprimir al pueblo trabajador. El debate de esta ley ya lo hemos abordado en nuestro periódico Militante número 200. Lo que queremos rescatar de aquel artículo es que Calderón está realizando también aquí un trabajo para eliminar incluso los derechos democráticos más básicos. Con ello se demuestra que la democracia que vivimos es en realidad una dictadura del capital. Sólo los empresarios y banqueros tienen derecho legal a defender sus intereses mientras que para el pueblo trabajador le está prohibido incluso reclamar su derecho a mejor salario, vivienda, educación, salud, etc.

El gobierno de Calderón está trabajando en el sentido militar, mediático y legal para contrarrestar las luchas sociales. Ellos saben que las movilizaciones de masas y crisis revolucionarias están sucediendo por todo el mundo y no hay nada que ponga a  México fuera  de la órbita de la movilización y la lucha revolucionaria. En particular Calderón se está preparando para un eventual estallido social, ya sea en el contexto de las próximas elecciones presidenciales, o en cualquier otro momento, lo que es un hecho es que los capitalistas temen a las futuras movilizaciones de la clase trabajadora y para ello se  preparan.

Los trabajadores debemos analizar la situación

Todo lo anterior debe ser analizado por el movimiento obrero y debemos plantear una solución. Algunas corrientes de izquierda ven el problema desde un punto de vista incorrecto, gritan a los siete vientos que el gobierno reprime y  que se está fortaleciendo, etc. Es totalmente cierto que el gobierno de Calderón está reprimiendo al movimiento obrero y que está eliminando los derechos democráticos más básicos, pero la solución no  la encontramos con sólo denunciar los hechos. El problema de esa posición es que de hecho en ocasiones cae en el juego que el gobierno de Calderón quiere, es decir difundir una imagen de fortaleza indestructible del Estado. Algunas corrientes de izquierda incluso aceptan que lo mejor es luchar pero de una forma que no haga enojar más al Gobierno, porque de otra forma seremos presas de la represión. Esa es una posición reformista que ni puede ser cumplida, ni asegura la solución, ni corresponde a la realidad, en todo el mundo y en todos los tiempos hubo cuerpos represivos que no pudieron evitar la lucha revolucionaria de los trabajadores y la juventud. Otra posición que debemos rechazar son las acciones del guerrillerismo y del terrorismo individual, ya que estas permiten que el gobierno tenga una justificación para la represión y peor aún aleja a las grandes masas de trabajadores que son el elemento fundamental de la lucha.

Organizar desde abajo es la solución

La movilización encabezada por el poeta Javier Sicilia contra la inseguridad (ver militante 201 y 202) levantó grandes expectativas porque parecía enfrentar el problema desde el punto de vista de la izquierda. Sin embargo Sicilia ha aceptado el diálogo con Calderón como la salida al conflicto, un diálogo que como lo comentamos en otros artículos no podía ofrecer absolutamente nada. Más allá de lo que Sicilia ha hecho, lo que quedó demostrado es que la clase trabajadora y la juventud están dispuestas a dar la lucha por esta demanda pero con movilizaciones y no a través de acuerdos con los mismos asesinos.

Sin embargo en nuestro país existen otros ejemplos contundentes de cómo se puede frenar realmente a la delincuencia. El caso  más reciente nos lo ofrece los pobladores de Cherán en Michoacán quienes hartos de los talamontes y los narcotraficantes decidieron organizar a toda la comunidad, y emprender acciones de masas, donde también se comprendía la autodefensa armada, vinculada y regulada por el conjunto de la comunidad. Pero además de ellos se encuentra la “Policía Comunitaria” que está formada por campesinos y que actúa en 63 comunidades de la Costa Chica guerrense. La policía comunitaria ha logrado disminuir los robos y las violaciones, entre otros delitos hasta en un 90%. Los castigos a los delincuentes son radicalmente distintos a los que vemos en las cárceles burguesas, la policía comunitaria sólo castiga imponiendo trabajo en beneficio de la población, ello aplica para robos, homicidios y violaciones. (Para más información leer: Morales Almaguer Ileana (2004), Montañeros: Actores sociales en la montaña del estado de Guerrero, UAM). Por supuesto que ninguno de los dos casos puede calificarse de guerrilla, sino de campesinos que se organizan en su defensa propia debido a la incapacidad del gobierno.

Las armas de fuego e infraestructura que usan los campesinos de Michoacán y los de la  Costa Chica de Guerrero, son muy pocas, deficientes y viejas, nada que se  compare con la infraestructura del gobierno (en la que por cierto se gastan miles de millones de pesos cada año). Eso demuestra que si realmente se quiere eliminar a la  delincuencia organizada, esto no se puede lograr con armas de fuego sino sobre todo con organización y conciencia de los trabajadores y campesinos pobres, no hay otra solución. Al mismo tiempo se demuestra que Calderón y el estado burgués son incapaces de solucionar el conflicto de la inseguridad y que lo que ahora hacen es beneficiarse económicamente de la “guerra contra el narcotráfico” y fortalecer los cuerpos represivos para frenar al movimiento social.   

La debilidad sale a flote

Al mismo tiempo que ocurre todo lo anterior también podemos ver signos de debilidad muy claros, por ejemplo cientos de policías han protagonizado, de una manera aislada pero constante, movilizaciones y hasta huelgas en defensa de sus derechos laborales. Esto habla de que, sobre todo, la tropa de los cuerpos policiacos, no es otra cosa que trabajadores con uniforme que también viven la explotación y tratan de luchar por mejorar sus condiciones de vida y de trabajo. Por otro lado, se tiene conocimiento de casos en los que las familias de policías caídos en funciones no reciben las indemnizaciones prometidas, sino tan solo migajas y promesas, los gobiernos Federal y estatales no está cubriendo a “sus hombres” fuertes, les piden sacrificar su vida a cambio de nada. Esta situación está minando la confianza de los cuerpos represivos en sus dirigentes actuales, no dudemos que ello y los sangrientos resultados están moviendo la conciencia de soldados y policías, que se plantean la pregunta ¿Quién gana con esta guerra?

El ejército y la policía en general están conformados en su mayoría por jóvenes que no encontraron trabajo estable y salarios dignos en ninguna otra parte. Ellos también tienen hijos, padres y hermanos que sufren de las miserias a las que nos somete el capitalismo. Y por tanto también son sujetos que tarde o temprano sacan conclusiones de clase, que ven cómo un puñado de gobernantes, empresarios y banqueros se llenan los bolsillos de riquezas mientras que el conjunto de la población vive en la pobreza. Uno de los aspectos claves es que el movimiento obrero debe desarrollar campañas de propaganda dentro de los cuerpos represivos para hacerles saber claramente que nuestra lucha no es por cambiar de funcionarios sino por cambiar todo un sistema de miseria y horror. Esto dividirá a los cuerpos represivos en líneas de clase y muchos de ellos estarán en favor del movimiento y la lucha revolucionaria. Ejemplos de cómo los cuerpos represivos pueden acabar del lado del pueblo trabajador hay muchos, uno muy reciente es el de Egipto en donde el ejército no pudo ser usado para reprimir porque este había confraternizado con el movimiento que acabó derrotando al dictador Hosni Mubarak.

Los medios de comunicación deben ser dirigidos por los trabajadores

En los medios de comunicación hay personas privilegiadas que reciben millones de pesos por difundir las mentiras que a Calderón le interesan, pero también existen trabajadores comunes y corrientes, hombres y mujeres que se encargan se realizar las tareas más variadas y que sin ellas la televisión, la radio y la prensa no puede existir. Aquí la tarea es luchar por la construcción y rescate de sindicatos que realmente defiendan a los trabajadores. El Sindicato Industrial de Trabajadores y Artistas de Televisión y Radio (SITATYR)  es el sindicato de mayor cobertura en el ramo. Este sindicato protagonizó una huelga recientemente en Noviembre del 2010, en el estado de Baja California Sur y en defensa de prestaciones y salarios. También tuvo una importante convocatoria a huelga en enero del 2007 que finalmente se conjuró. El SITATYR como muchos sindicatos está dirigido por burócratas al servicio de los intereses empresariales, que a pesar de ello no logran ocultar las presiones que existen de la base trabajadora. Por tanto la tarea de propaganda y agitación debe buscar la creación de  corrientes de izquierda a su interior. Los medios de comunicación son fundamentales y debemos luchar por agrupar a los trabajadores del ramo, atrayéndolos hacia la corriente de la lucha nacional.

No más violencia, no más capitalismo

El capitalismo se encuentra en una crisis histórica a nivel internacional, ningún país se ha salvado de quiebras empresariales, desempleo masivo, caídas de la bolsa, etc. Esto demuestra que la propiedad privada se ha desarrollado a un nivel en el que ya no cabe dentro las relaciones de propiedad y producción actual. Por ello se están desarrollando movilizaciones obreras y juveniles a escala internacional. Se trata de un periodo inestable de revoluciones y contrarrevoluciones. Por eso todos los estados burgueses están fortaleciéndose, militar, mediática y legalmente contra los estallidos sociales. En México todas estas acciones se están justificando con los discursos de la lucha contra la delincuencia organizada. La salida que los marxistas proponemos es la organización en todas las colonias, fabricas, escuelas, etc. para romper con el aislamiento de las luchas y unificarlas en un frente único a nivel nacional, actuando todos en conjunto por una Huelga General de 24 horas, como una primera acción para deponer al gobierno de Calderón. La clave para lograr esta unidad de acción parte de crear un programa común en donde todos los trabajadores, campesinos pobres y jóvenes vean reflejados sus más sentidos intereses. La violencia económica, delincuencial  y policiaca es un producto directo del capitalismo, por ello para erradicarla tenemos que erradicar  al propio sistema capitalista.  


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