Hace poco tiempo fuimos testigos de una de las más fuertes represiones por parte del estado ante una huelga. El 18 de agosto, 34 mineros sudafricanos fueron asesinados y 78 resultaron heridos por la policía mientras defendían su piquete en la boca de la mina de Platino Lonmin, al noreste de Johannesburgo. A esto hay que sumarle otros 259 detenidos. La policía abrió fuego contra mineros armados apenas con palos y machetes para evitar que se rompiera su huelga y los esquiroles volvieran al trabajo. Esta lucha es un sangriento episodio en la historia de una huelga de los mineros que luchan por aumentar su salario que es ahora de apenas 486 dólares mensuales. Poco antes habían muerto 10 obreros en un enfrentamiento entre el Sindicato de Mineros y Obreros de la Construcción (AMCUl) que apoya la huelga y el Sindicato Nacional de Mineros (NUM), un sindicato corporativo aliado al partido en el poder. Hoy, a pesar de las amenazas de la empresa minera de despedir a los mineros si no vuelven inmediatamente al trabajo, la lucha de los mineros y sus familias, ya no solamente por un salario digno sino por justica para sus camaradas y familiares caídos, sigue adelante. Los trabajadores afirman que no permitirán que la mina regrese al trabajo hasta que el conflicto se resuelva. En fin, este oscuro episodio de represión a la heroica lucha de los compañeros mineros sudafricanos no solamente nos da motivos para indignarnos y solidarizarnos con los camaradas caídos y los que siguen en lucha, sino que nos da una oportunidad para reflexionar sobre la situación actual de los mineros y sus luchas en nuestro país.

Un terrible ejemplo de esta situación está en los siniestros de la mina VII en El Progreso, Coahuila, donde en cuestión de semanas han muerto alrededor de 13 mineros por las terribles condiciones en que se trabaja, sumándose estos a los más de 150 muertos del gremio en los últimos seis años. Estos terribles accidentes se han debido en buena medida a derrumbes provocados principalmente por el exceso de gas metano. Los mineros sostienen que la situación pudo haber sido mucho más grave si una chispa hubiera detonado  todo el gas en este último derrumbe. “Dicen que esta es una mina muy segura, pero son puras mentiras, siempre estamos en peligro por el gas metano, porque sólo se polvea [cubrir con polvo inerte, medida de seguridad] una parte y lo demás no […] Lo único que les importa es sacar la mayor cantidad de carbón y presumir los records de producción y nosotros siempre jodidos” declaró José Ignacio Navarro, operador de la mina. Ya en 2011, un reporte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) concluyó que las condiciones de las minas carboníferas de Coahuila operan en condiciones indignas que no cumplen las leyes nacionales ni internacionales. Según dicho reporte, la falta de higiene, salidas de emergencia, capacitación, equipo de seguridad y forzar las minas a su máxima capacidad son la norma en la zona carbonífera de Coahuila. Innegablemente esto jugó su papel en el desastre

Después de estos terribles acontecimientos, 500 trabajadores se concentraron en la boca de la mina para protestar contra la negligencia de la patronal de Minera del Norte S.A. (MINOSA). La codicia de los empresarios ha cobrado su precio con la sangre de los mineros y estos deben pagar.

A este conflicto, hay que agregar uno de índole sindical. Los mineros no solamente debieron luchar contra la negligente patronal sino contra un sindicato blanco que está del lado de la patronal y nada ha hecho para defenderlos ante la antes descrita situación. A pesar de que los mineros ganaban alrededor de 96 pesos diarios (por jornadas de 10 horas diarias 6 días a la semana), ellos debían pagar hasta 150 pesos de cuota sindical semanal a un sindicato que realmente solamente defendía a la patronal. Aunado a esto, los charros sindicales se robaron el fondo pro-huelga que era de 2 millones 860 mil pesos. ¡Valiente dirigencia sindical!

Por todo esto, ahora los mineros solicitaron al Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana que los afilien y les brinden solidaridad desde sus más de 100 secciones. Como respuesta, el Sindicato Minero ha presentado una denuncia penal de “homicidio industrial” a la patronal de la mina. Pero esto es solamente el comienzo. Los trabajadores de la zona carbonera deben ser re-afiliados al Sindicato Nacional de Mineros y juntos luchar porque paguen los responsables de este terrible hecho. Y no solamente eso; para poder luchar juntos por mejorar salarios y condiciones de trabajo para que estas barbaridades no se repitan.

La barbarie que por décadas enteras se ha traducido en cientos de mineros muertos en todo el mundo sólo puede ser superada expropiando las minas bajo el control democrático de la clase trabajadora.

¡Por la re-afiliación de los carboneros al Sindicato Nacional de Mineros!

¡El Carbón debe extraerse con sudor, no con sangre!


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