En los últimos meses, la ola feminista ha crecido enormemente, cada vez más mujeres salimos a las calles a exigir justicia a decir: ya basta de violencia machista. Sin embargo, en este movimiento conviven muchos tipos de feminismos, en los que vemos que al parecer no todas defendemos lo mismo.

Cuando surgió el movimiento sufragista eran mujeres de la burguesía las que estaban preocupadas por la igualdad de derechos con respecto a los hombres de su clase.  Varias mujeres de la clase trabajadora se interesaron también por conseguir el derecho al voto como un medio para mejorar sus condiciones de vida, sin embargo, este movimiento fue altamente opuesto a los intereses de la clase trabajadora. Por ejemplo, Emmeline Pankhurst, fundadora en 1903 de la Unión Social y Política de las Mujeres, una organización referente del sufragismo en el Reino Unido apoyó una campaña contra la Revolución Rusa.

Por otro lado, desde el feminismo radical se ha identificado la opresión de las mujeres por el rol de género que desempeñamos en la sociedad señalando al patriarcado como el origen de esa opresión, hasta cierto punto este planteamiento se acerca al problema de raíz, ya que en este modo social los hombres están en condiciones privilegiadas y es el detonante para percibir la desigualdad por cuestión de género. Actualmente, las sociedades, a nivel mundial, son profundamente machistas por costumbre, y gran parte de la población masculina son apáticos ante los movimientos feministas y hasta se sienten agredidos. Esta corriente sigue reivindicando igualdad de derechos con respecto a los hombres y también nos ha puesto en frentes opuestos. 

Las feministas radicales creen que para que las mujeres podamos liberarnos de la opresión, los hombres tienen que compartir la responsabilidad del trabajo doméstico no remunerado, también celebran reformas con las que se crean espacios separatistas para que las mujeres estemos libres de acoso, como son los vagones exclusivos para mujeres en el metro y metrobús en la CDMX. Sin embargo, estas medidas no acabarán con los acosadores y violadores, sólo nos separan de ellos en ciertos espacios, pero no se resuelve el problema. Es cierto que, por pequeños que sean los cambios, nos acercamos a una vida libre de violencia, sin embargo, debemos tener el objetivo claro, la emancipación verdadera de la mujer.

Desde Libres y Combativas defendemos un feminismo revolucionario anticapitalista, lo reivindicamos como el método que nos ayudará a derribar la opresión por condiciones de género y de clase. Es cierto que los hombres están en una condición privilegiada, pero ha sido el sistema capitalista el que se ha encargado de apropiarse de esta ventaja y reproducirla para beneficio del modo de producción explotador. 

Para el sistema capitalista es tan conveniente que haya una brecha salarial de 25% entre hombres y mujeres que desempeñamos el mismo trabajo, que seamos nosotras quienes nos encarguemos del cuidado de los hijos, de los adultos mayores, de los enfermos, que nos hagamos cargo del trabajo doméstico no remunerado para que el hombre proveedor pueda regresar a casa sólo a recuperar su energía para continuar con su jornada laboral del día siguiente, aunque nosotras también tengamos que salir a trabajar y regresar a cumplir con nuestra doble explotación. Informes recientes dicen que todo este trabajo que se ahorra el Estado y que aprovecha el modo de producción capitalista genera el 23% del PIB en México.

Nuestro rol de género es regenerador de las fuerzas productivas tanto del día a día como el de la reproducción de la especie humana, tanto es así que nos niegan el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, porque va en contra de las leyes naturales. Pero nosotras somos conscientes de que además de aborto legal, seguro y gratuito para mujeres con embarazos de alto riesgo o por violaciones también tenemos derecho a decidir cuándo nuestras condiciones de vida no son las óptimas para dar una vida digna a otro ser humano, por eso decimos que para que exista una verdadera emancipación de la mujer, todas nuestras responsabilidades por rol de género deben ser socializadas mediante políticas públicas para crear guarderías suficientes, comedores y lavanderías públicas a cargo del Estado.

Por supuesto que esta opresión no es la misma que padecen las mujeres esposas de la “clase política” y empresarial, porque las mujeres trabajadoras además tenemos que luchar por nuestro derecho a la vida al salir a trabajar, a estudiar o a divertirnos, ya que en México hay 10 feminicidios al día, de las cifras más altos a nivel mundial, crímenes de odio justificados y normalizados por ese machismo estructural.

Por eso nos organizamos y luchamos contra el capitalismo patriarcal porque nos queremos Vivas, Libres y combativas y necesitamos a nuestros compañeros de clase a lado para luchar juntos por la liberación de la mujer y de la clase trabajadora.


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