Durante los últimos años hemos observado un ascenso en la lucha de la mujer en todo el mundo, miles de mujeres hemos salido a exigir en las calles la seguridad, tranquilidad y la vida digna que se nos arrebata todos los días en nuestros hogares, en el transporte público, nuestros centros de trabajo, escuelas, etc. Hemos conseguido grandes avances, la legalización del aborto en Oaxaca o la prohibición de desigualdad salarial en Islandia, son logros del movimiento a nivel internacional.

Las movilizaciones del 8M cada vez más amplias, han ocasionado que el mundo vea nuestras demandas y que la opresión de mujer sea cada vez más visible, las manifestaciones en la India, Argentina, El Estado Español o en EEUU han impactado al mundo, por su masividad, pero también porque remueven a toda la sociedad, convirtiéndose en un referente combativo para otros sectores.

Es fundamental continuar la batalla señalando al responsable de la violencia y la opresión de la mujer, pese a las enormes movilizaciones y luchas internacionales, la violencia contra la mujer no cede un ápice. La degradación social en un mundo que se hunde en la crisis económica, la precariedad y la miseria, es una lacra resultante de la putrefacción de este sistema, mientras no acabemos con él, no podremos acabar por completo con la violencia machista.

Sin embargo, se hace urgente avanzar contra esta lacra que asesina a 10 mujeres cada día en México. Para transformar la sociedad, necesitamos estar vivas, ser libres y participar seguras en la lucha política.

No se puede entender que la violencia machista este tan extendida en un nivel tan criminal como el feminicidio, sin la infiltración de esta lacra en las instituciones de gobierno. Los que según el discurso gubernamental, debe procurarnos justicia, están detrás de la reproducción de la violencia machista, desde la re victimización cuando se interpone una denuncia, hasta la autoría directa de varios de estos crímenes.

Sabemos de casos como le violación multitudinaria perpetrada por policías hacia la joven de Azcapotzalco, las violaciones a indígenas de grupos paramilitares y militares, el responsable del crimen de Mariana Lima, que era judicial y muchos crímenes más a manos de estos “guardianes de la justicia”. ¡No me cuidan, me violan” se ha convertido en una consigna que refleja muy bien la putrefacción de las instituciones de procuración de justicia.

Las leyes también reflejan esta ideología machista del Estado, los secuestros por robo y extorsión están más penados que las violaciones, cuando muchas de ellas son el preámbulo para los feminicidios y aunque no lo sean, destruyen la vida de las víctimas. Los índices de justicia antes estos crímenes son muy bajos y el mensaje es claro para la sociedad y los criminales: “La vida de las mujeres no importa”. La impunidad los hace fuertes, por lo que es necesaria una lucha organizada aún más poderosa.

Las escuelas son otras instituciones que reproducen la violencia machista, solapando el acoso, abuso y violaciones por parte de su personal, primando sus posiciones académicas o gremiales por encima de la seguridad de las y los alumnos.

La violencia machista, tiene muchas formas y muchos nombres, pero el común denominador de todas ellas es que son producidas con mayor fuerza en sintonía con la precariedad del sistema capitalista, machista y patriarcal.

Es fundamental continuar la batalla contra el machismo institucional y derribar al capitalismo y al patriarcado.


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