El caso de Roxana, quien desde el mes de mayo se encuentra en prisión preventiva en espera del fallo de inocencia o culpabilidad por homicidio del sujeto que la violentó sexualmente, es reflejo de la justica burguesa y patriarcal que impera en nuestro país y en muchas otras partes del mundo y que solapan las violencias sexuales.

Roxana Ruíz Sánchez es una mujer de 21 años, madre, mixteca y originaria de Santiago Pinotepa Nacional, Oaxaca, que migró forzadamente al conurbado de la Ciudad de México para tener un sustento económico. A través de una carta pública escrita por ella misma y que su mamá entregó a la colectiva “Asamblea Vecinal Nos queremos Vivas Neza”,  Roxana relata lo acontecido horas antes de su detención: el pasado 8 de mayo se encontraba en su puesto de papas fritas en el municipio de Ciudad Netzahualcóyotl cuando unas conocidas la invitaron a tomar algo, habiendo tomado una cerveza Roxana se dirigió a su casa acompañada por la fuerza de un sujeto que sólo conocía de vista; tras engaños, el sujeto ingresó en su casa, la golpeó y violó, seguidamente la amenazó de muerte; es cuando Roxana en defensa de su propia vida, tomó una camiseta y lo asfixió: “sentí terror, sólo no quería que él lastimara a nadie más”.

Según la Comisión Interamericana de Mujeres, entre las cuatro causas principales por las que las mujeres en América Latina se encuentran privadas de su libertad dentro del sistema carcelario, están: el aborto involuntario, la presencia de violencia y matar a la pareja que las maltrató; el estudio también arroja lo que muchas sostenemos, que son las mujeres de bajos recursos, desempleadas o dentro de la economía informal, indígenas, afrodescendientes y migrantes las que más abundan en las prisiones. Nosotras y demás compañeras pertenecientes al feminismo de clase sostenemos que los resultados de este estudio no son fortuitos si no resultado lógico de un sistema opresor que impera en el mundo, sistema que se sirve de maravilla con el patriarcado para atacar de un mismo golpe a la clase trabajadora, obrera y campesinas, y sus mujeres.  

Al momento de su captura infraganti, Roxana no tuvo acceso al protocolo para la investigación de delitos de violencia de género, a pesar de que ella sostenía que había sido violada. Esta violencia institucional es clave para la defensa de su caso, como también lo es la desestimación del dictamen de la fiscalía, el cual sostiene que por la cantidad de alcohol en el agresor, éste no podría haber tenido una erección.     

“Ahora que estoy recluida me pongo a pensar que las leyes y la sociedad son injustas, tal vez debí dejar que mi agresor se saliera con la suya, se fuera y me dejara tal vez muerta…”

En noviembre del 2019, el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio detalló que el Estado de México ocupa el segundo lugar en feminicidios, mientras que Ciudad Neza se encuentra dentro de los cuatro municipios con las cifras más altas. Si tomamos en cuenta que actualmente en México se cometen 11 feminicidios al día, la magnitud de este problema estructural toma dimensiones perturbadoras.

¿Hasta cuándo? Hasta cuando las mujeres seremos discriminadas y maltratadas, sí yo no me hubiera defendido, sería una más en la lista de desaparecidas, o asesinadas, …pero no, como me defendí de mi agresor, ahora todos me juzgan, y piden justicia para Sinaí, porque él fue la víctima.”

Ante esta problemática, el Estado burgués sólo se limita a emitir leyes estériles, quedándose en trámites burocráticos que frenan la transformación social. Es así como tenemos dos decretos de Alerta de Género en once municipios (dentro de los que se encuentra Nezahualcoyolt), del Estado de México, el primero por feminicidio en el 2015 y el segundo por desaparición en el 2019; y aún así los servidores públicos que detuvieron y remitieron a prisión preventiva a Roxana, como a muchas otras mujeres, no tenían siquiera capacitación sobre violencia de género.

Sin embargo, la batalla aún no está terminada, la Fiscalía aún no la declara culpable, gracias a su carta pública y a la presión social organizada desde la colectiva Nos queremos vivas Neza, aún hay esperanza y Roxana tiene posibilidades reales de salir libre.   

La única salida a esta escalada de violencia patriarcal, capitalista e institucional es la lucha organizada, protagonizada por la clase trabajadora, las que día a día debemos de ganarnos el sustento y el regresar vivas a casa. Las compañeras de Nos Queremos Vivas Neza junto con otras organizaciones y colectivas han encontrado ese camino, desde la necesidad imperante que vivimos día a día, pero es necesario que más mujeres y compañeros de clase se solidaricen, el sistema nos ha demostrado que sólo con la lucha organizada se puede obtener justicia, en la que se involucre la sociedad en su conjunto.

Es por medio de la lucha organizada, mítines y marchas, que la justicia llegó a Lesvy, a Fátima, a nuestra compañera de Libres y Combativas, es sólo esa lucha que se está peleando por Elisa, por Roxana, por Kenia, que Irinea Buendía pudo reclasificar el homicidio de su hija como feminicidio. Cuando nombramos los nombres de las mujeres violentadas no es para convertir sus casos en hechos aislados, si no para subrayar que las cifras escalofriantes son personas, no son un número de expediente, ni papeles; son mujeres que merecían y merecen tener una vida libre de violencia, estar con sus madres, sus padres, hermanos, hijos, parejas, con sus amigos.

La opresión hacia las mujeres de la clase trabajadora se da por todos los flancos posibles es por ello que debemos mantenernos con el puño en alto, para que le quede claro a este sistema que defender nuestra vida no es un delito es un derecho.


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