La realidad de la crisis económica es concreta y se está desarrollando en cada aspecto de nuestra economía llevándola no sólo a un proceso de ralentización sino a una posible recesión en los próximos meses. A pesar de los discursos alentadores del presidente que pretenden dar calma ante una hecatombe económica sin precedentes en el país.

Dependencia de Estados Unidos y del petróleo

México no puede escapar de la crisis global del sistema capitalista, más aún cuando nuestra economía es tan dependiente de Estados Unidos (EEUUU), que según el Instituto de Finanzas Internacionales ya está en franca recesión decreciendo en el primer trimestre del año un 0.8% y con previsiones de decrecer 8.9% para el segundo trimestre. Esto tendrá consecuencias atroces porque el 60% de nuestro PIB depende de la relación comercial con Estados Unidos, es por ello que el Bank of América prevé una contracción del 4.5% de nuestro PIB para este año.

El petroleo, otro pilar de nuestra economía, también está mostrando los estragos de la crisis mundial. El pasado 18 de marzo, el barril mexicano se vendió en 14.54 dólares, un precio inferior al coste de producción y el más bajo en 21 años. Su extracción, traslado, operación, administración y personal cuesta 16.40 dólares y a pesar del apoyo que diferentes organismos económicos estadounidenses, internacionales y mexicanos han ofrecido para comprarlo en un precio mayor al coste, las perspectivas no indican que éste repunte en producción, exportación y precio de venta sino todo lo contrario.

Arabia Saudí, líder de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), tiene una ofensiva para controlar el mercado produciendo 12.3 millones de barriles por día y no pretende bajar el ritmo, con ello fija el coste en el mercado. México produce 2.7 millones de barriles y PEMEX se encuentra en una franca bancarrota económica, carente de infraestructura y tecnología no sólo por la corrupción que la carcome, sino principalmente por su deuda, que actualmente es impagable considerando sus activos como bonos basura; según la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) su deuda creció un 92% en 2019 conforme al año anterior significando 18.367 millones de pesos. Las refinerías trabajan a un tercio de su capacidad y la producción está en mínimos históricos colocándonos en el lugar 11 del ranking.

El Peso y aumento de desempleo

Esto ha tenido su impacto en el valor del peso, cotizándose en $24.42 por dólar y se prevé que llegue a los 26, un nivel sin precedentes, significando una depreciación de 30%. Esto sin duda tendrá un impacto espeluznante en la inflación de los productos de la canasta básica. Por ejemplo, el maíz recurso básico que importamos del país del norte. Otro ejemplo son las remesas, algunos economistas charlatanes afirman que el sector de la población que recibe remesas se beneficirá, ya que por este rubro entran al país 35 mil millones de dólares, y que podrán acceder al ahorro o invertir en negocios, pero esto está lejos de la realidad, ya que la inflación provocada por la caída del peso no necesariamente puede ser paliada con los dólares recibidos, y también, muy importante es que con la crisis sanitaria y el cierre de diversas empresas y despidos masivos nuestros connacionales son de los sectores más afectados siendo de los primeros en ser echados a la calle. En EEUU cada semana 281 mil personas están buscando acceder al seguro de desempleo y la cifra va en aumento cada día, en la industria petrolera se prevé la pérdida de 200 mil empleos y monstruos del fracking como Halliburton pretende suspender por dos meses hasta 3 mil 500 empleados.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) calcula un aumento del desempleo en la región del 10%, pero este dato esconde la realidad y se queda corto conforme lo que observamos día con día en nuestros centros de trabajo, todos los analistas coinciden en que los índices de desempleo serán más intensos que el quiebre de hace 11 años.  

Ante esto la Reserva Federal de EEUU y el Banco de México pactaron poner a circulación 60 mil millones de dólares para dar liquidez al mercado y recuperar el consumo, pero nada de eso dará resultados ante el desempleo galopante, los salarios de hambre del empleo precario y la inflación que va escalando.  

Parones en la industria y los costos para la clase obrera

El Coronavirus vino a acelerar una crisis ya en proceso con visos de estallar en cualquier momento. Pretenden lanzarnos como los amortiguadores de su desastre, van a sacrificar toda la sangre obrera y trabajadora que sea necesaria con tal de mantener integras sus arcas millonarias, aquí no todos la vamos a pasar igual, nos querrán vender el discurso que es necesario que el pueblo haga “esfuerzos y sacrificios heróicos”, que necesitan apuntalar y dar incentivos a las empresas y la “economía” para que “todos” salgamos beneficiados. El Consejo Coordinador Empresarial (CCE), la Confederación de Cámaras Industriales (CONCAMIN) y la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), se anticipan pidiendo condonación de impuestos, adelanto de pagos a proveedores de PEMEX y CFE y solicitando liquidez para resistir ¡pero esta gente no tiene límite cuando de velar por sus intereses se trata!

Estos empresarios comprometidos con el país están obligando a sus trabajadores a presentarse a trabajar sin importarles que les ocurra, prefieren sus beneficios que la vida de miles. Y en los casos que se está parando la producción o los servicios hay despidos masivos y descansos sin goce de sueldo. Es el caso de Aeromexico que disminuyó sus vuelos nacionales en un 35% y los internacionales en un 50% dejando detenidos 40 aviones y descaradamente aplicando un programa “voluntario” de permisos sin salario por 30, 60 o 90 días. Otro caso es la industria automotriz, Honda, Audi y General Motors anunciaron que detendrán la producción en casi todas las plantas instaladas del país reanudando hasta el 13 de abril. Estas empresas han prometido paga a sus trabajadores, pero muchos han denunciado que se la están negando o condicionando conforme a productividad; estamos hablando que esto afectaría a 27,600 trabajadores del sector en el país. Esta acción tendrá también duras repercusiones a las exportaciones ya que las manufacturas de vehículos y autopartes representa el 25.61% del total de las exportaciones nacionales.

Ante este panorama debemos insistir en una idea, esta crisis no la vamos a pagar la clase trabajadora. Exigimos que no se otorgue ni un centavo al rescate de los empresarios o bancos, esos recursos deben ser destinados a contratación de personal del sector salud, compra de equipo y materiales para los hospitales y clínicas así como infraestructura: construcción, adecuación o recuperación de edificios hospitalarios para hacer frente a este virus y revertir años de destrucción del sector salud en nuestros país.

Valen más nuestras vidas que sus mercancías y beneficios, efectivamente debemos de parar todo y todos con goce de sueldo al 100% y sin ningún condicionante y sin ningún despido; de lo contrario hay que constituir en nuestros centros de trabajo comités en protección de nuestros derechos, para que de manera unificada y organizada defendamos cada puesto de trabajo y un salario digno. El virus nos enferma, pero la rapacidad del capital nos mata de hambre, ante ello no hay salida más que la lucha organizada.  

Necesitamos un plan revolucionario para abatir la crisis y frenar a la derecha

Decir que nosotros somos fuertes y estamos preparados es una auténtica mentira. Por supuesto que la derecha se frota las manos esperando el momento oportuno para decir: “ya ven, lo sabíamos, AMLO llevo al país a desastre”y por eso AMLO se empecina a mostrar fortaleza en vez de encarar la realidad y asumir un plan que se base en el pueblo organizado para afrontar la crisis económica y sanitaria. Crisis que está pasando como aplanadora y que trasciende a él mismo, a su gobierno y a la misma burguesía, es un monstruo que ni los capitalistas han podido dimensionar, una catástrofe y la barbarie nos amenazan.

Ante la crisis necesitamos nacionalizar los bancos, las empresas, los servicios y ponerlos bajo control democrático de los trabajadores, no hay más. Diría Lenin: “Sólo nacionalizando los bancos podrá conseguirse que el Estado sepa a dónde y cómo, de dónde y cuándo se desplazan los millones y los miles de millones. Y sólo este control sobre los bancos, centro, eje principal y mecanismo básico de la circulación capitalista, permitiría llevar a cabo de hecho, y no solo de palabra, el control de toda la vida económica, de la producción y de la distribución de los productos más importantes, la “reglamentación de la vida económica”, que de otro modo está inevitablemente condenada a seguir siendo un tópico de los ministros para engañar a la gente sencilla”.[i]

La nacionalización de todos los sectores claves de la economía deberá servir para producir de manera planificada y para las necesidades reales de la población, además evitaremos el boicot, acaparamiento, inflación y mercado negro descarado de la burguesía. El colapso económico no va a frenarse solo, todo lo contrario, cada día se agudiza y amenaza con una fuerte recesión sobre nuestras cabezas y hace falta ser increíblemente ingenuo para no comprender o profundamente hipócrita para aparentar que no se comprende, sabiendo que esto va afectar tremendamente a la clase trabajadora y a los sectores más desamparados y no hacer nada contundente contra todo lo que se avecina ¡los muertos y el hambre los vamos a padecer la clase trabajadora, los pobres!

Por eso necesitamos un programa revolucionario para afrontar esta crisis, existen los medios económicos, humanos e infraestructura necesarios para combatir la catástrofe y el hambre, las medidas como las nacionalizaciones son totalmente posibles y asequibles a las fuerzas del pueblo, y si no se llevan a cabo es porque no se confía verdaderamente en el pueblo, y en cambio no se quiere actuar contundentemente contra los acaparadores de la riqueza que nosotros producimos, los dueños de los medios de producción, de la tierra, los empresarios, los banqueros, los capitalistas. Pero no hay otro camino más que  tomar en nuestras manos la organización de la economía para resistir la emergencia sanitaria y el colapso económico, frente al hambre, el desempleo y la muerte que es el capitalismo. ¡Por nuestras vidas, luchemos contra el capital, su dictadura y su crisis, socialismo o barbarie!  

 

[i] La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla, Lenin.


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