La crisis sanitaria ha recrudecido la espiral descendente de la economía mexicana, pero también ha sido efecto de esta debacle. El resultado catastrófico que ha tenido con más de 200 mil muertos, más de 3 millones de empleos perdidos, peor acceso al sistema de salud pública para otros padecimientos, enfermedades mentales, etc., sólo puede explicarse a partir de décadas de crisis económica, recortes y desmantelamiento de los servicios públicos. Todo al servicio de los grandes monopolios, los intereses privados y la banca.

La economía mexicana, como la mayoría de las economías en el resto del mundo, venía presentando índices preocupantes que anunciaban una nueva recaída. Desde 2015, año en que el PIB tuvo una ligera recuperación (3.29%), su tendencia ha ido en franco descenso: 2016, 2.91%; 2017, 2.12%; 2018, 2.14%; 2019, -0.14%. Finalmente, la pandemia del COVID-19 ha asestado un duro golpe, haciendo caer al PIB hasta -8.2% en 2020, con efectos muy duros para la economía de millones de familias trabajadoras que enfrentamos el desempleo, precarización laboral, caída del ingreso familiar, inflación, etc.

Ilusorio optimismo

Recientemente, el Fondo Monetario Internacional y la Secretaria de Hacienda se mostraron optimistas con un aumento de la perspectiva de crecimiento de la economía mexicana hasta el 5% para este 2021, impulsada por un aumento de la producción manufacturera de 6% en 2021 y 3% en 2022. Esto debido al supuesto estímulo que creará el paquete de estímulo fiscal de EEUU de 1.9 billones de dólares, lo que traería un aumento de las exportaciones mexicanas hacia el vecino del norte en un 21.3% y 6.9% para 2021 y 2022 respectivamente.

No es de extrañar que, ante una eventual dinamización económica estadounidense, la económica mexicana se vea arrastrada, el pírrico avance económico no es ni estable ni consistente. Dos factores principales amenazan la frágil economía mexicana: por un lado, la inflación que se estima en 5% para abril y por otro, el alza del dólar. El primero es un riesgo para la economía mexicana y para el bolsillo de los trabajadores, ya que la inflación no ha detenido su ascenso, basta con comparar el costo del gas LP, las tortillas o el huevo, siendo la causa el encarecimiento del precio de los combustibles.

La realidad es que la economía mexicana pende de un hilo y dependen de factores que han funcionado como un balón de oxígeno en el último periodo, como las remesas, que tan sólo en enero de este año aumentaron 26% con relación al mismo mes del año pasado y para febrero aumentaron en un 20% más, llegando a los 3,298 millones de dólares. Sin embargo, éste es un factor muy inestable, pues está en total dependencia del ingreso de los millones de migrantes mexicanos legales e ilegales que ahora mismo, están siendo un sector seriamente amenazado por el desempleo y la precarización laboral. Por poner un ejemplo, el desempleo entre latinos en EEUU aumentó en nueve décimas, hasta llegar al 9.3%.

Según los analistas de la burguesía, hay tres elementos fundamentales de los que dependerá la dinámica económica en los próximos meses: la vacunación, el control de una tercera ola de contagios tras las vacaciones de semana santa y la confianza de los inversionistas. Empero,  el panorama para cada uno de estos elementos, es poco alentador. Sin duda, la vacunación masiva es necesaria para reactivar la economía, no obstante, la falta de una producción masiva y accesible de la vacuna, es una contradicción más del capitalismo que en tiempo de pandemia no es capaz de resolver, condenando a cientos de países a mantener confinamientos antes que poner a disposición pública y masiva la fabricación de vacunas. Así que mientras la vacuna siga siendo una mercancía más, controlada por las leyes anárquicas del mercado capitalista, la posibilidad de la vuelta a la “normalidad”, en especial para los países más pobres, no está garantizada a corto plazo.

El otro elemento fundamental para el restablecimiento económico “pre-pandemia”, según nuestros brillantes asesores económicos, es el control de una tercera ola tras las vacaciones de Semana Santa; lo cual también parece un reto difícil de conseguir, pues cientos de centros turísticos abrieron sus puertas de par en par, pese a las medidas restrictivas que en el papel están obligados a cumplir. Pero el Gobierno Federal no ha impuesto mano dura contra las empresas turísticas, poco ha importado lo que se diga en el papel y los apercibimientos.

Por último, un elemento sobre el que no se cansan de insistir las organizaciones patronales, como la Coparmex y el CCE, es “mejorar el clima de inversión”, deteniendo las “incesantes iniciativas legislativas anti-mercado”. Se refieren claramente a detener el intento de regulación del outsourcing, las limitaciones impuestas a empresas privadas para intervenir en la producción y mercantilización de energéticos y la reciente Ley de la Industria Eléctrica, entre otras iniciativas del gobierno para reducir el saqueo de recursos y mano de obra de empresas transnacionales.

Todas estas iniciativas positivas por parte de la 4T  , pero aún insuficientes para realmente dar un vuelco de 180 grados a la economía mexicana, han sido suficientes para que los empresarios se abalancen contra el gobierno protegiendo sus intereses. Sin embargo, actualmente la dependencia hacia las inversiones extranjeras es tan fuerte que la única manera para poder recuperar el control de las palancas de la economía es la expropiación de las industrias claves, así como de la banca, para realizar la tecnificación que nos permita mantener a flote una economía fuerte y libre del chantaje empresarial. Medida que el gobierno obradorista no está dispuesto a llevar a cabo, por lo que seguiremos atados al estire y afloje entre el gobierno y el empresariado.

Por otro lado, el llamado “buen clima para las inversiones”, no son simples acuerdos amigables, realmente significa una confrontación hacia las y los trabajadores. Desde el inicio de la pandemia, México ha perdido 350 mil millones de pesos en inversión de capital extranjero. Las garantías para los inversionistas tendrán que ser brutales para que en estos tiempos decidan arriesgar sus capitales, y eso significa no sólo parar todos los aspectos progresistas, por minúsculos que sean, de las reformas impulsadas por el gobierno actual, sino, implementar medidas totalmente contrarias, como aumentar la explotación laboral, reducir la plantilla, adquisición de deuda, rescates a empresas y un mayor control de los trabajadores para asegurar estabilidad social. Hasta ahora, el gobierno de AMLO no ha caminado en ese sentido, pero las presiones cada vez serán más fuertes y la burguesía no escatimará en chantajes y boicots, hasta conseguir descafeinar cada aspecto progresista por mínimo que sea, de las reformas impulsadas por el Gobierno Federal, al mismo tiempo que se prepara un mejor escenario rumbo a las próximas elecciones presidenciales.

La única forma de parar en seco las presiones de la derecha y la burguesía con sus políticas anti-obreras, es construir un gobierno auténticamente de los trabajadores y para los trabajadores, expropiando las palancas de la economía y poniéndolas bajo el control de la clase obrera de la ciudad y el campo. Es fundamental echar a todos los derechistas y arribistas de todos los niveles del gobierno y sustituirlos por verdaderos representantes del pueblo trabajador, comenzando por MORENA y todos sus candidatos rumbo a las elecciones intermedias.

La realidad económica golpea con dureza a la clase trabajadora

Más allá de las cuentas alegres y los discursos optimistas, de seguir por este camino, el panorama será aún más oscuro para la economía real de las y los trabajadores. Durante la pandemia 13 millones de personas entre los estratos medios pasaron al 40% de la población con ingresos laborales más bajos. 23.7% de personas que buscaban trabajo desistieron de ello, al mismo tiempo que 20% de los que conservaron su empleo cayeron en situación de pobreza. Además, el 3.7% de la Población Económicamente Activa (PEA) pasó al desempleo. El 62% de los que mantuvieron su empleo no contaron con acceso a servicios de salud, esto representó 5% más que el promedio entre 2006 y 2020 ¡Justo en medio de la pandemia!  Y el panorama para las mujeres es aún peor, según la CEPAL, las condiciones laborales de las mujeres latinas han retrocedido en más de una década, México no es la excepción.

Pero para los trabajadores que conservaron su empleo, no todo fue tranquilidad, al menos el 2.1% se vio obligado a capacitarse fuera de su jornada laboral, extendiéndola aún más sin retribución, para poder conservarlo. De los más de 12 millones de empleos perdidos en 2020, aún queda por recuperar 3 millones (según cifras oficiales), en las que no están contabilizados los empleos informales. El saldo final es un incremento de 5 millones de personas entre las filas de la pobreza.

La pandemia de la desigualdad

Pero la dureza de la pandemia no ha sido así para todos, mientras las y los trabajadores luchan todos los días para llevar comida a casa, considerando que a finales del 2020 el 50% de la población rural y el 38 % de la urbana no podía acceder a la canasta básica; la lista de billonaires de Forbes da cuenta de 36 millonarios mexicanos que aumentaron su riqueza un 20% en promedio, en medio de la pandemia que ha traído pobreza, desempleo y mayor explotación para la enorme mayoría ¡Unos pocos se siguen enriqueciendo! Como decía Marx: “La acumulación de la riqueza en un polo es, al mismo tiempo, acumulación de miseria, sufrimiento en el trabajo, esclavitud, ignorancia, brutalidad, degradación mental en el polo opuesto”

México en medio de la guerra interimperialista

La guerra contra la clase trabajadora mexicana está lejos de terminar, el enfrentamiento interimperialista entre EEUU y China tendrá como uno de los campos de batalla el país, entre presiones diplomáticas, guerras arancelarias y condicionamientos, ambos imperialismos intentaran imponerse y procurarse las mejores condiciones para vencer al oponente.

México tiene un atractivo comercial para China por su cercanía con EEUU, uno de los principales destinos de sus exportaciones. Actualmente, México es uno de los países en el que China tiene menos inversiones, invierte tan sólo una sexta parte comparado con Chile, sin embargo, en 2020, China pasó de ocupar entre el 5% y 15% al 25% y 30% de la demanda mundial para localización de empresas en el norte del país. 4 de cada 10 iniciativas de inversión en parques industriales provienen de este país, y 70 mil empresarios chinos han sacado sus inversiones de EEUU para invertirlas en México, por si fuera poco, empresas chinas están entre las principales inversionistas en los megaproyectos estrella de la administración actual, entre ellos el Tren Maya, mientras fija su mirada en el Tren Transístmico y otros proyectos en Monterrey, Querétaro e incluso en el Metro de la CDMX.

Es decir, China está avanzando terreno a pasos agigantados, pero EEUU no se dará el lujo de perder con facilidad su posición estratégica en México, en especial con el recién firmado T-Mec que le asegura mayores privilegios en la región. La única manera de vencer al oponente será con juego sucio, pues ninguno de los dos está dispuesto, ni en condiciones de rebajar sus tazas de ganancias. China no puede reducir su ritmo de crecimiento pues no podría sostener su monstruosa economía, menos aún si pretende aprovechar el momento para arrebatar la hegemonía a EEUU; por su parte EEUU está dispuesto a defender con uñas y dientes ese título. Así que la pelea no puede ser otra que por quien impone más chantajes, restricciones y obligaciones comerciales a las economías débiles y dependiente como la mexicana, a cambio de inversiones que traerán no más que empleos precarios y aún más despojo de tierra y recursos, como ya lo estamos viendo con el mal llamado “Tren Maya”.

Este sistema funciona solamente para unos cuantos, los tímidos avances de la economía que se pronostican en los próximos meses no representará un cambio sustancial en las condiciones de vida de las familias más humildes, mucho menos aliciente es la recuperación de la economía antes de la pandemia, que ya mostraba signos preocupantes de aletargamiento. Ahora mismo el fantasma de la estanflación es una nueva amenaza ante el aceleramiento de la inflación y la fragilidad del crecimiento económico.

Dentro de este sistema no hay desarrollo para los obreros, campesinos, trabajadoras ni jornaleros, todo lo contrario, estamos ante una guerra abierta para que seamos nosotros quienes paguemos la crisis. Hoy más que nunca es necesario unificar nuestras luchas contra el enemigo común, la clase capitalista que se enriquece a costa de nuestro sufrimiento. Estamos ante el verdadero rostro del capitalismo, no hay empresarios buenos, no hay buenos explotadores; simplemente hay dos clases sociales, una que estamos pagando con sudor, muertos y salud la crisis sanitaria y económica, y otros que se siguen enriqueciendo a costa nuestra Esta es la contradicción que hay que resolver y sólo puede resolverse eliminando los privilegios de unos pocos y arrebatando las palancas de la economía para el beneficio del conjunto de la sociedad.


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