Cuando el capitalismo era joven era frecuente ver como grandes fortunas se perdían en el marco de las severas crisis capitalistas. Los burgueses espantados señalaban tal o cual factor como el causante y como niños traviesos prometían que eso no volvería a suceder.

A finales del siglo XIX parecía que las cosas estaban solucionadas pero el crecimiento económico capitalista trajo consigo un crecimiento hasta entonces no conocido de la competencia internacional.  El Estado se convirtió en el campeón de cada burguesía en la búsqueda de materias primas baratas, mercados y espacios de inversión de capitales.

Pero estalló la crisis expresada en la feroz guerra mundial y los capitalistas se refugiaron de tras de sus propios aparatos estatales para “defender la propiedad privada”.  Con la ayuda del reformismo, la burguesía salió adelante para repetir el esquema anárquico que los llevó a la crisis del 29.  

Al  grito de “sálvense quien pueda” implementaron medidas proteccionistas. El resultado fue una explosión de la crisis a nivel mundial que llevó a un estancamiento que sólo se pudo romper con el advenimiento de la segunda guerra mundial.

El capitalismo daba fin a su crisis sacrificando a más de 50 millones de personas, destruyendo las fuerzas productivas de bastas regiones del mundo, especialmente Europa y Asia. En suma llevando a la humanidad a un estado de barbarismo que no tiene antecedente en la historia humana.

Desde entonces la combinación de una política de relativa apertura comercial, con un Estado que hacia las veces de “gran capitalista en jefe” fueron los principales estandartes del crecimiento económico mundial, aunque no debemos dejar de señalar que la coyuntura revolucionaria que se abrió en la postguerra pudo haber significado el fin del capitalismo. Sólo con las garantías del estalinismo de que no habría revolución en occidente la burguesía pudo levantar cabeza.

Luego llegó la crisis de los setentas, nuevamente la burguesía, en su voracidad por la máxima ganancia, llevó las contradicciones a tal grado que sobrevino un nuevo colapso de la actividad económica.

Para entonces el Estado sin dejar de intervenir como “Big Brother” de cada burguesía local estableció una desregulación, es decir eliminó reglas, con la supuesta creencia de que el motivo de la crisis eran los excesivos controles gubernamentales sobre los negocios, y por supuesto el gasto social que para la burguesía es una inversión improductiva e inútil.

El Estado disminuyó su papel como propietario de empresas pero no como agente económico, especialmente mediante el impulso de toda una contrarrevolución económica que consintió en otorgar todo negocio redituable a la burguesía y eliminar toda ley que impidiera su enriquecimiento, incluyendo leyes laborales.
Mediante el Estado, la burguesía asegura leyes a su conveniencia, pero últimamente más importante ha sido que se ha convertido en una fuente de recursos ilimitada. Cuando algo va mal “pues que venga el Estado y empleé las finanzas publicas para rescatarnos”

Así sucedió durante la crisis de los noventas  donde  en México  se empleo el 20 % del PIB; en Francia  el 0.7 %;Estados Unidos 3.2 % en 1982; Tailandia  en 1997 el 32.8%; Corea del  Sur en 1997 26.5%; Japón en los noventas el 20%; Indonesia en 1997 el 50% ( la Jornada 3 de febrero del 2009)
Ahora se dice que el rescate en Estados Unidos representará algo así como el 10% de su PIB, eso está por verse: en 1995 el rescate empezó con 50 millones de dólares, se prometía que era un problema transitorio, para finales del 2008 el monto del rescate lleva a los 62 mil millones de dólares
Muchos de estos rescates implican el control del Estado de las instituciones financieras, son una especie de estatización. El caso más reciente es Estados Unidos, donde prácticamente todo el sector bancario de segundo piso, es decir bancos que prestan a bancos, es ya propiedad del Estado. No obstante se trata de rescates; el Estado  pretende sanearlos para después volvérselo a entregar a los capitalistas que los hicieron tronar. Es como un mecanismo de trasferencia de riqueza cada día más descarado.

Incluso la población norteamericana, acostumbrada a ver a sus banqueros como “ganadores” con el derecho a vivir bien, está indignadísima ante noticas tales como la de que con el dinero del rescate bancario John Thanin directivo de Merril Linch, distribuyó a sus ejecutivos 4 mil millones de dólares. No fue el único, durante el año 2008 los directivos de bancos e instituciones financieras de Wall Street cobraron 20 mil millones de dólares.
En un Estado de clase, siempre que hay problemas se trata de apoyar a la clase dominante, en este caso la burguesía se solidariza consigo misma y saquea los fondos del Estado con la mayor impunidad y cinismo.

Este “socialismo de millonarios” de parásitos es el que hay que derribar lo más pronto posible. Porque nunca en la historia veremos un “capitalismo con rostro humano”, prefieren hundirse y hundir al mundo con ellos que atender el bien común.


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