Economía

La realidad de la crisis económica es concreta y se está desarrollando en cada aspecto de nuestra economía llevándola no sólo a un proceso de ralentización sino a una posible recesión en los próximos meses. A pesar de los discursos alentadores del presidente que pretenden dar calma ante una hecatombe económica sin precedentes en el país.

La economía capitalista ha entrado en estado de pánico. En las últimas semanas las bolsas de todo el mundo se han hundido perdiendo casi un 20% de su valor, y el barril de Brent ha caído en un solo día más de un 20%, una situación no vista desde la guerra del Golfo en 1991. Los datos económicos se revisan a la baja cada semana, y la patronal bancaria ha dicho que el crecimiento mundial se quedará en el 1%, lo que implica una situación de recesión global.

Los desequilibrios del sistema capitalista, la gran profundidad y extensión de la crisis económica internacional que amenaza con replicarse y provocar una caída aún más abrupta, subyacen en las miles de movilizaciones por todo el mundo; ya sea de migrantes o refugiados, de jóvenes estudiantes, de mujeres contra la opresión de género; de diferentes sectores de trabajadores, desde los más precarios como los de comida rápida, hasta los más calificados como los astilleros en Portugal o los metalúrgicos en Alemania, etc., asistimos a una época de profunda inestabilidad económica y política que también impacta y afectará aún más a México.

Toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir como por encanto tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las fuerzas infernales que ha desencadenado con sus conjuros…la historia de la industria y del comercio no es más que la historia de la rebelión de las fuerzas productivas modernas contra las actuales relaciones de producción, contra las relaciones de propiedad que son la condición para la existencia y dominación de la burguesía”.

Diez años después del inicio de la gran recesión, los desequilibrios de la economía capitalista mundial se ha profundizado. Estancamiento económico en las grandes potencias capitalistas, recrudecimiento de la lucha interimperialista por el control del mercado mundial, y la aguda polarización social y política que sigue avanzando en paralelo al descrédito de las instituciones de la democracia burguesa.

El pasado 16 de septiembre, en el inicio de su gira de agradecimiento, Andrés Manuel declaro que “por la situación de bancarrota en que se encuentra el país que no podamos cumplir todo lo que se está demandando, pero que quede claro: sí vamos a cumplir todo lo que ofrecimos en campaña”.

Después de 24 años de vigencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se ha puesto sobre la mesa una renegociación de este, bajo una iniciativa del populista de derecha Donald Trump durante su campaña electoral y ahora como presidente de Estados Unidos, aunado a su retórica de odio contra los mexicanos.

En 2007/08 el pinchazo de una burbuja financiera colosal combinada con la mayor crisis de sobreproducción en setenta años, situó al sistema capitalista al borde del abismo. Países como Grecia, el Estado español o Portugal sufrieron una recesión devastadora, mientras las naciones más avanzadas asistieron al descalabro de su sistema financiero y una caída considerable de su PIB. Los llamados países emergentes también se contagiaron de este descenso global, y el coloso chino acusó una ralentización considerable de sus tasas de crecimiento

No todo pinta bien para el capitalismo. El nerviosismo económico se desarrolla en paralelo a la volatilidad política, tal como demuestra que los picos alcanzados en el mercado bursátil de diciembre de 2017 se transformaran en masivas caídas dos meses después. Por otra parte la colosal deuda privada y pública acecha el sistema, limitando el margen de maniobra del sistema. En realidad, la economía global no se ha recuperado del crack de 2007/08.

La situación económica en nuestro país durante los últimos años ha significado un verdadero calvario para la clase trabajadora. Hemos visto como el poder adquisitivo disminuye año con año, debido a la subida de los precios de las mercancías, conjugado con una terrible precarización de las condiciones laborales. Este último año del gobierno de Peña Nieto ha sido catastrófico, 2017 cerró en su mayor nivel de inflación en 17 años, impulsada por el incremento en el precio de los bienes y servicios como el jitomate, el transporte aéreo, la gasolina, y el gas doméstico, entre otros.

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