México vive un severo periodo de crisis, similar al que se contempló a finales de la colonia o en vísperas de la revolución de 1910, no se trata de  una repetición sino de la incorporación de múltiples factores, algunos de nuevo tiempo.

La burguesía se encuentra en una encrucijada, si bien la indecisión de los dirigentes de las organizaciones de los trabajadores le ha permitido hasta ahora mantener la estructura de dominación heredada del priísmo, el funcionamiento del sistema se hace cada vez más y más difícil, y hace agua por un lado y por otro. Se tapa un hoyo para abrir otro.

Haciendo una rápida mirada a los diversos escenarios de la crisis podemos ver el tamaño del problema para la burguesía en intentar sostener este régimen y al mismo tiempo la urgente necesidad de que se construya una alternativa de organización y lucha para que los trabajadores estén en condiciones de crear una opción al caos al que nos está arrastrando el régimen actual

La crisis económica y sus repercusiones en el futuro de la lucha de clases

No es cualquier crisis, en el fondo no se trata de una falta de liquidez sino de la incapacidad de que la inversión productiva pueda reciclar los millones y millones de dólares en capital ficticio. En la crisis anterior fue la inversión en informática lo que ofreció una salida hacia la inversión pero esto se cerró con la crisis de dicho sector hace pocos años. El mundo está ya básicamente repartido, no existen espacios nuevos donde una baja composición de capital permita ganancias extraordinarias que estimulen tanto la inversión como la especulación.

La reducción del precio de la mano de obra difícilmente puede ser un factor como otros años en la medida que solo podría ser significativa por su monto en los países capitalistas avanzados lo que desataría feroces luchas (de hecho ya esta sucediendo) En otros tiempos la burguesía recurrió a la guerra mundial, ello genero una destrucción tal que la propia reconstrucción implico una espiral ascendente del capitalismo. Hoy en día la única forma de destrucción de capital que pudiera significar un cierto respiro al largo plazo para el capitalismo es el proteccionismo. No  obstante el proteccionismo es en si mismo peligroso, reduciría el tamaño del comercio mundial y estimularía una `depresión mas prolongada”. Incluso la reducción de los costos de las materias primas no resuelve mucho, ya que como hemos dicho el problema de la realización del valor, la valorización del capital está bloqueada por la paralización del crédito. Mientras este factor no se resuelva nos avecinamos a una fase de prolongado estancamiento.

Al caso mexicano hay que añadirle el hecho de que la burguesía decidió “quemar las naves” estableciendo una estrategia de desarrollo basada en su integración a la economía norteamericana. La burguesía tiene una visión estática, partiendo del hecho de que Estados Unidos es la principal economía del mundo, destruyó la infraestructura de producción interna y durante los últimos veinte años ha estado estructurando su aparato productivo a ser proveedor de manufacturas y e insumos semielaborados para la economía norteamericana. En este proceso se da la paradoja que el país importa mas insumos,  materias primas y alimentos de los que exporta, mientras que la mayoría de los productos de exportación son manufacturados.

La crisis norteamericana significa en los hechos un bloqueo comercial de Estados Unidos respecto de México (sea consciente o inconsciente de ello), ese hecho es el factor clave para explicar por qué aún a pesar de buenas reservas económicas y de otras variables, nada impedirá que la crisis  tenga brutales efectos. De hecho las caídas de remesas se acercan ya a más del 15% respecto al año anterior y al mismo tiempo la salida de inversiones en bonos del Estado rebasa ya los 14 500 millones de dólares (La jornada 4/6/09)

Cuando la producción no tiene salida no hay opción, las empresas cierran y las amenazas  y ataques a la clase obrera se incrementan. La caída de la producción será cercana al 10% en el primer semestre con el problema de que a diferencia del pasado no existe ningún sector “dinámico” que genere contrapeso a dichas tendencias negativas. De forma paradójica pese a la profunda depresión norteamericana la burguesía mexicana prefiere invertir en Estados Unidos que en México, la incontenible fuga de capitales disparó al dólar a la alza; algo similar está sucediendo en otros países, ello no necesariamente es algo bueno para los Estados Unidos ya que encarece su producción y por lo tanto también dificulta su participación en el comercio internacional. Por esta razón y sólo por ello, el gobierno norteamericano decidió abrir una línea de crédito para mantener las reservas de dólares a un nivel tal que evite una devaluación abrupta del peso. Esto no tiene nada de filantropía norteamericana sino que es un mecanismo para evitar que las exportaciones norteamericanas se encarezcan y se contraiga aún más el comercio exterior norteamericano, no hay que olvidar que aún México sigue siendo el tercer socio comercial de los norteamericanos.

Las medidas implementadas por el gobierno mexicano tienen un defecto: se basan en subsidios al sector industrial y financiero combinado con migajas para algunos sectores de la población trabajadora, pero mientras el problema de la realización de plusvalía no esté resuelto ese gasto improductivo solo será como tirar el dinero en un barril sin fondo. Un industrial podrá recibir una cantidad de dinero ya sea en préstamos para cubrir deudas o en reducción de impuestos, pero ello no hará que sus mercancías se vendan más o menos. Mucho menos resolverá el problema de la baja rentabilidad de su producción, es decir de una tasa de beneficios absolutamente deprimida. Si hoy el sector industrial recibe un préstamo, la esperanza de que este se pague es casi un sueño.

Como hemos señalado en otros tiempos ante una crisis existían ciertas reservas en la economía o potenciales que se podía explotar, por citar sólo algunos: ante la crisis de los ochentas el gobierno recurrió a la masiva venta de empresas del Estado, que en su momento llegó representar cerca de la tercera parte del PIB. Con todo esas dimensiones de poder económico era posible que el gobierno generará un cierto estimuló al aparato productivo ya que era el principal capitalista, ahora eso no es posible, el sector paraestatal se limita sólo a unas pocas empresas del sector energético cada vez más y más exprimidas por el sector privado. En suma hoy el gobierno no tiene la palanca económica que le permita impulsar realmente una efectiva política industrial, comercial o económica de algún tipo. Como hemos dicho el Estado podría dar más y más dinero a los empresarios privados, pero es la tasa de beneficio y no los subsidios que reciben, lo que los hace invertir o no. En los noventas la crisis del 95 se superó a partir del incremento del comercio exterior con los Estados Unidos propiciado por el TLC y la brusca devaluación del peso, de hecho en sólo cuatro años el comercio con los Estados Unidos se incrementó al doble. Hoy esa salida no es posible, el gobierno de los Estados Unidos impedirá que la moneda mexicana se devalué y al mismo tiempo la contracción del mercado norteamericano reducirá la exportaciones manufactureras hacia los Estados Unidos, la industria automotriz es un claro ejemplo de ello, ya que las exportaciones hacia Estados Unidos han caído casi un 50%.

En vista de lo anterior tenemos todos los problemas de las crisis anteriores y ninguna de sus posibles alternativas Por supuesto el capitalismo no caerá por si mismo, mientras no sea derrocado tendremos más y más ataques combinados con una dictadura burguesa cada vez menos maquillada, eso no significa fascismo, significa autoritarismo, represión y cinismo desenfrenado. El proletariado por supuesto no reaccionará automáticamente, una fase de shock y de miedo a perder el empleo impedirá el desarrollo de luchas ofensivas, pero al mismo tiempo que pensara dos veces antes de luchar por mejores prestaciones o aumentos de sueldo, se aferrará con uñas y dientes a las pocas conquistas que aún mantiene. La lucha económica se politiza, la lucha en defensa del empleo, por ejemplo, pasa de ser un problema de pesos y centavos a un problema de quien tiene el poder y a quien sirve

La crisis política

El Estado mexicano fundó durante el siglo XX un mecanismo de control de masas que permitió la prolongación de un régimen político en si mismo inestable. El Estado mexicano, poseedor de un relativo margen de maniobra respeto de la burguesía siempre gobernó para beneficio de esta última, aún a costa de limitarle los espacios de poder político directo. El control corporativo de trabajadores, campesinos y sectores populares se mantuvo, -con todo y sus crisis coyunturales-, mientras la economía lograba una expansión que si bien no generaba un aumento generalizado de los niveles de vida al menos  no suponía un empobrecimiento. Los caciques de cada gremio tenían algo que ofrecer. Las cosas cambiaron con la crisis de los ochentas; época en la que aún a pesar de que las movilizaciones obreras, estudiantiles y campesinas no fueron mayores a las de otros periodos de la lucha de clases mexicana, los efectos para el sistema eran distintos.

Las luchas de vivienda posteriores los sismos de 1985 acabaron con el control priísta del medio urbano, las luchas estudiantiles en el Instituto Politécnico Nacional y la UNAM marcaron el punto de partida para una serie de luchas en todos los sectores que generaron la lucha electoral de 1988, la cual a su vez no terminó como otras tantas sino que permitió la creación de un partido, el PRD, que permitió por primera vez en mucho tiempo una medio de expresión y lucha política para las masas trabajadoras y campesinas.

Los siguientes años fueron profundizaron el proceso desatado en los ochentas. Es cierto que el Estado logró ejecutar su política económica agresiva, pero a diferencia de otros tiempos el Estado no se consolidaba sino que se debilitaba, al grado que la cuestión no era para finales de los noventas si el PRI caería o no, sino ¿cual sería el partido que lo sustituyera?
De forma paralela a este proceso de debilitamiento del Estado se desarrollaba un proceso de liberación de fuerzas sociales, trabajadores en sus diversas expresiones, que no entraba en proceso de convergencia sino que mantenía, y aún hoy mantiene, un grado de dispersión tal que no genera un peligro fundamental al régimen. Por supuesto ha habido coyunturas particulares donde se han generado todas las condiciones para una ruptura revolucionaria, por ejemplo la lucha contra el fraude electoral del 2006. No obstante pese a ello aún hace falta un proceso de unidad de acción que lejos de jugar a hacer política con el régimen lo destruya. Con todo la relación entre el Estado y la lucha de los trabajadores no apunta al fortalecimiento del primero en detrimento del segundo, como sucedió en gran parte del régimen priísta, sino que, por el contrario se encamina a una resquebrajamiento del Estado y su régimen político en el marco de una lucha social que no ha conocido derrotas importantes en el ultimo periodo y que tiende más y más a cuestionar las bases mismas del sistema.

Uno de los mitos que la crisis destruye es que la idea entre las masas de que el capitalismo y la burguesía gobiernan por derecho natural, es decir que así  ha sido y así será. La ruptura de la legitimidad del sistema se expresa en que las masas comprenden o empiezan a comprender como los grandes banqueros, empresarios, estadistas, no los representan, sino que solo buscan pretextos para mantenerse en el poder y para seguir explotando a las masas. La burguesía titubea respecto a lo que tiene que hacer, pierde confianza en sí misma y las divisiones internas pasan de los corredores de los ministerios a los escándalos, que retroalimentan esa sensación de caos. Estas contradicciones atraviesan todas las organizaciones burguesas, de pronto los dirigentes en que siempre han confiado se vuelven torpes, suponen que otro lo puede hacer mejor.

Los enfrentamientos entre el gobierno y parlamentarios del PAN, en el senos del mismo gobierno y entre el PRI y el PAN se hacen cada vez más evidentes. La coalición que a duras penas ha logrado mantener a Calderón en el poder se resquebraja. El PRI por su parte no muestra conflictos internos importantes, sin embargo tiene grietas que en cuanto se sometan a la presión social lo harán estallar, particularmente en el sector campesino que paulatinamente a comenzado a adquirir una dinámica propia que será casi imposible adecuar a las coyunturas próximas.

Uno de los primeros  retos será el de las modificaciones a la Ley Federal del Trabajo, difícilmente podrían argumentar que su modificación es a favor de los trabajadores. Con todo, los principales problemas para el PRI no son ahora, sino después, cuando pase el periodo electoral: de continuar las actuales tendencias los priístas, cantando con su voto cautivo desbancaran al PAN como el partido con más presencia en las cámaras; si viviéramos un sistema parlamentario el PRI  no tendría otra opción que formar un nuevo gobierno, no obstante ante la situación actual no habría otra mas que una nueva negociación con el gobierno, esta vez en posición de fuerza, de tal modo que reducirían al ejecutivo casi a la impotencia, no obstante la otra cara de la moneda será que tendrán que compartir con el PAN la responsabilidad de implementar el programa anticrisis burgués, que no sería otro que incrementar más y mas los ataques.

El desgaste de la nueva coalición podría hacerla romperse en cualquier momento y no está descartado que una movilización social generará un escenario que hiciera imposible a Calderón seguir gobernando. El PRI, especialmente su ala campesina, podría romperse ante una situación como esa generando una recomposición política totalmente diferente a lo que actualmente podemos observar

El gobierno de Calderón

La llamada transición a la democracia nunca tuvo para la burguesía otro objetivo que permitirle gobernar con sus propios representantes y no con los intermediaros de la burocracia priísta. Ahora que controlan el aparato del Estado directamente les ha resultado muy difícil separar sus actividades “empresariales” con sus funciones frente al Estado, en general han optado por jugar en los dos frentes dando prioridad, por supuesto, a los “negocios de clase”, es decir a emplear con todos los medios y en todos los espacios las ventajas de controlar el gobierno para extraer lo más posible a como de lugar y los más rápido posible. El trafico de influencias es la esencia de la forma de gobierno de Calderón y atraviesa desde las gestiones en PEMEX y CFE donde entregan jugosos contratos a sus socios de las empresas transnacionales, hasta el último municipio panista, donde las mafias familiares panistas han estableció verdaderos feudos (Tlalnepantla y Naucalpan son ejemplos emblemáticos)

Por supuesto a esta lógica inmediatista y depredadora corresponde un estilo de gobierno y un modo de sostenerse y este ha sido el autoritarismo y la prepotencia, empezando por el burdo estilo bravucón de sus campañas electorales, plenas de manipulación de la opinión publica, en función de una alianza estratégica con los monopolios privados de la comunicación y de la utilización de las fuerzas represivas como un mecanismo de intimidación. Una estrategia de choque que por un lado trata de advertir al movimiento de oposición que no es tan débil como parece, y que por el otro trata de generar un ambiente de pánico que agrupe a las capas medias y al conjunto de la burguesía a su alrededor. No obstante la verdadera fuerza del régimen se muestra cuando se tiene que enfrentar a un movimiento de masas de envergadura; en cada uno de los proceso no ha sido capaz de ir a fondo, especialmente en la reforma de PEMEX y en la modificación a la Ley Federal del Trabajo, ya no digamos el conflicto con los mineros y la lucha magisterial.

De hecho de existir un movimiento nacional que aglutinara las luchas y les diera una dirección coherente, tendríamos un escenario de catástrofe absoluta para el PAN- gobierno, no obstante ese no es el caso, aunque ello no impide que el escenario electoral sea problemático para los planes gubernamentales.

Lo ideal para el gobierno panista es tener una mayoría en la siguiente legislatura que le permitiera avalar todos los ataques a los trabajadores al estilo del viejo PRI. Hasta ahora la mayoría de las encuestas muestran una tendencia ya sea de equilibrio o de ventaja para el PRI, con lo que el gobierno se vería nuevamente forzado a negociar con dicho partido las reformas correspondientes. Tanto el PRI y el PAN son partidos burgueses que compiten por quién es el más útil para la burguesía, no obstante hay diferencia de forma: mientras que el PAN propone atacar sin algún tipo de contemplación el PRI teme que un ataque abierto a los trabajadores generé una reacción incontrolable, uno quiere atacar sin más y el otro pretende disfrazar los ataques de “reformas progresistas”. En un escenario normal estaríamos hablando de un cogobierno, no obstante este es un escenario de crisis y tanto el PRI como el PAN quieren llevar la voz cantante de la “alianza” de derecha, con lo cual se pueden generar tensiones que aunque los dirigentes de ambos partidos no lo quieran, pueden llevar a una ruptura real.

La próxima legislatura verá un incremento de diputados del PRI y una pequeña disminución de candidatos del PAN, lo que llevará al PRI a tener que ponerse al frente de los siguientes ataques a los trabajadores, en esas circunstancias tendremos un gobierno panista mucho más débil y mucho más dependiente de sus aliando incomodo. En este marco habrá poco espacio para demagogia, los trabajadores podrán ver claramente la coalición de intereses burgueses del PAN-PRI. Todo ello permitirá a los trabajadores sacar conclusiones más rápidamente. No olvidemos que el escenario económico de crisis será prolongado y en este marco medidas de choque como la reforma fiscal (IVA en medicinas y alimentos, aumentos a la gasolina, entre otras cosas), las reformas a la Ley Federal del Trabajo, entre otras, o son asumidas y ejecutadas por el gobierno o se tratara de un gobierno aún más fracasado que el de Fox

La crisis en el seno del PRD y su situación frente al proceso electoral

En el caso del PRD, especialmente de la burocracia de derecha, tenemos un ejemplo de la bancarrota del reformismo; han hecho casi pedazos al partido ofreciéndose como chicos buenos a la burguesía, exactamente cuando es actitud es la peor que podrían asumir para lograr su objetivos que no son otros que los de vivir del sistema en función de sus cargos en el parlamento y en la burocracia estatal. Luchando por mostrarse como buenos colaboradores del estado lo único que hacen es diluir ante las masas la imagen de que son una alternativa distinta por la que vale la pena votar. Enfrentándose y sometiendo a los seguidores de López Obrador y a AMLO mismo, se diluyen aún más como alternativa para los sectores que conforme avance la crisis buscaran a alguien que combata al gobierno, no que comparta sus decisiones. A la larga, no cabe duda de que muchos burócratas, dándose cuenta de ello tenderán más y más puentes a AMLO y al movimiento en torno a él. No obstante la táctica de Jesús Ortega es tratar de avasallar a López Obrador en el terreno electoral confiando en que las masas a la hora de votar miraran más al partido PRD que a sus dirigentes actuales.

Las últimas encuestas señalan un mantenimiento e incluso ligero crecimiento de la intención del voto hacia el PRD respecto del año anterior, alrededor del 18%, esto le daría un grupo parlamentario menor al actual pero no inferior al de su votación histórica (entre 80 y 90 diputados), exceptuando las victorias de 88, 97 y 2006. En realidad ese es el escenario que Jesús Ortega requiere para poder venderse al mejor postor en la siguiente legislatura. No le interesa aprovechar las circunstancias y canalizar todo el descontento con una propuesta al menos de oposición seria. Por supuesto la táctica de AMLO le ha facilitado mucho las cosas. Cuando AMLO y Encinas rehusaron a dar una batalla por el PRD en la elección para presidente del partido, dejaron en el control de todo el aparato a la mafia derechista de Jesús Ortega, con ello este ultimo logró asegurar medidas para aislar o marginar a los elementos identificados con el movimiento de la CND-FAP de las candidaturas más importantes, tan sólo se puedo evitar el agandalle en el Distrito Federal y en Tabasco. De hecho de no ser por la enérgica participación de las masas en los procesos internos correspondientes se hubiera verificado una expulsión en los hechos de la corriente o las corrientes de AMLO dentro del PRD, no es la primera ni la ultima ocasión que las masas salvan a AMLO de sus titubeos políticos.

Con lo que respecta a la orientación confusa que ha señalado AMLO en las elecciones, el apoyar al Partido del Trabajo y Convergencia en todo el país con excepción del Distrito Federal y Tabasco, lo único que genera es confusión. Las masas son muy practicas, si hay tres o cuatro agrupaciones que plantean lo mismo tenderán hacia la que consideran es más fuerte, es decir hacia el PRD. En un plano inferior tanto el PT es el partido que se ha visto más favorecido por la imagen de AMLO y ello puede asegurarle al menos el mantenimiento del registro.

Pese a que la utilización de la imagen de AMLO puede asegurarle el registro, al menos al PT, los principales acontecimientos  en el terreno político se desarrollaran entorno al PRD, será a este partido al que presionarán para que gire a la izquierda y será hacia el PRD al que vean como opción cuando la crisis se muestre más y más larga.  Por ello las fuerzas que se agrupan en torno a AMLO no tienen más opción que dar una dura batalla por rescatar al PRD y podrán triunfar si lo hacen a partir de un programa combativo socialista y revolucionario.

Jesús Ortega  y su clan  mantienen controlado al PRD porque AMLO y las corrientes que los apoyan no han querido luchar, cuando las masas intervengan el resultado sólo será la salida de los elementos de derecha, los cuales son un  peligro incluso para la existencia del propio PRD.

El movimiento de masas, la única opción

Estudiantes, trabajadores del campo y la ciudad, todos los sectores organizados  del pueblo hemos visto como la crisis del capitalismo mundial se ha expresado un proceso de barbarie, violencia, miseria y caos. El gobierno está perdiendo el control de la situación, a pesar de que pregone lo contrario. No hay opción, o luchamos por derribar a este gobierno o se repetirán una y otra vez hechos como los asesinatos, las catástrofes como las epidemias.

En los últimos tiempos ante el peligro de un voto de castigo contra el PAN, la derecha ha encabezado de manera embozada una campaña por el voto nulo. Por supuesto una parte de los sectores extraviados de supuesta izquierda están haciendo eco a dicha maniobra. No obstante para los sectores más avanzados de los trabajadores no es opción tirar o anular el voto, de lo que se trata es disminuir hasta su mínima expresión al gobierno del PAN y a su aliado incomodo, el PRI y eso sólo se podrá hacer votando por las opciones de izquierda con más posibilidades de arrancar triunfos a la derecha lo que en general significa votar por el PRD. No nos hacemos ilusiones, la mayor parte de los candidatos que postula el PRD no representan las aspiraciones de las masas, sin embargo ello le restará margen de maniobra al PRI y al PAN para empujar sus ataques en contra de los trabajadores y enfrentara a los propios representantes de la derecha del PRD a la ira de las masas.

Por supuesto no basta con votar, de hecho ese es un escenario importante pero no determinante, la clave está en las calles, en las escuelas, en las fábricas, el los ejidos, bajo dos vertientes estratégicas para las próximas luchas:

1.- Centralizar las movilizaciones por sectores en planes de acción conjuntos y plataformas unificadas de interlocución con el Estado y la burguesía, no para transar sino para exigir las demandas del pueblo trabajador: educación, salud, trabajo y tierra, salario, etcétera.
2.- Dar una batalla definitiva por construir dentro del PRD y en torno al movimiento dirigido por Andrés Manuel López Obrador, una autentica corriente de izquierda revolucionaria, que en estos tiempos solo puede ser una corriente socialista.

Sobre estas bases será posible avanzar para destruir este régimen que puede vestirse de tricolor o de azul, pero que en esencia sólo significa horror sin fin para las masas. De lo que se trata no es decidirse a votar o no, sino integrarse lo más pronto posible a una organización que luche decididamente por la transformación de la sociedad ahí en donde los procesos se están desarrollando.

¡No basta con votar, hay que organizarse y luchar!


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