El debate que está abierto hoy en día por la Reforma Energética ha alcanzado magnitudes internacionales. Esto no es casualidad, el fondo de lo que se debate no son las energías limpias, el costo de producción o venta, sino que deja entrever la pugna por el control de un sector estratégico en un momento de prolongada crisis capitalista y sobreproducción en el sector eléctrico.

¿Por qué la reforma?

La escalada en los precios de los energéticos, la inflación que se cierne o la amenaza de quedarse sin suministro no son las razones fundamentales de la propuesta como se informa desde el gobierno, el fondo es el profundo reacomodo de fuerzas a nivel internacional y la necesidad de un sector de la burguesía nacional de asegurarse una base productiva para poder competir en el mercado internacional. Así como, la necesidad del gobierno de AMLO de dar salida a su programa nacionalista y cumplir con sus votantes.

El gobierno mexicano, interpretando las necesidades de un sector del país, bajo la idea del desarrollo nacional y la recuperación de la soberanía, intenta rehacerse con el control de una industria estratégica, para ello modifica y adecúa las leyes en la materia. Sin embargo, el lograr esta apuesta es tema de más que sólo aprobarla en el Congreso de la Unión y los Congresos estatales. Hace falta, además, la fuerza para hacer cumplir las leyes que se aprueben.

En el fondo, no se trata tanto de hacer pagar a los grandes industriales un precio justo por la energía sino de controlar las industrias energéticas, hacer fiable su producción y abasto para poder dirigirla hacia los proyectos de desarrollo y los programas sociales.

Si el asunto del precio de la producción eléctrica, de la transmisión y distribución, así como el precio de las “energías limpias” ha aparecido como el tema principal es sólo por la histérica reacción de los privados que no ocultan para nada su rabia de perder sus millonarios beneficios. 

Todos los empresarios a los que se les da más barata la electricidad, quienes conforman el llamado mercado eléctrico mayorista, temen perder todo esto. Y es que se junta la pérdida del jugoso negocio del subsidio público sin el cual elevarían los costos de producción y  la crisis económica a la que no se le ve fin.

La burguesía no sólo no está dispuesta a que se le arrebate una fuente importantísima de riqueza, sino que prevé la posibilidad de que a través del entendimiento de la reforma como acción política se pueda animar un movimiento por la completa nacionalización del sector y, en última instancia, abrir un riesgo del fortalecimiento de las tendencias revolucionarias de la sociedad en el marco de la también crisis política que sufre el capitalismo mundialmente.

¿Qué entiende AMLO por retomar el control de la energía?

La reforma aplica sobre los artículos 25, 27 y 28 Constitucional, de los cuales cabe resaltar las modificaciones al 25 que empieza diciendo: “Corresponde al Estado la rectoría del desarrollo nacional…” y que es complementado en la reforma con un nuevo párrafo séptimo: “El Estado preservará la seguridad y autosuficiencia energética de la Nación, y el abastecimiento continuo de energía eléctrica a toda la población, como condición indispensable para garantizar la seguridad nacional y el derecho a la vida digna.”

Aquí se encuentra extractado, un resumen muy elocuente el espíritu de la reforma, el “desarrollo nacional”, la “seguridad nacional” y la “vida digna”. Pero ¿qué es el desarrollo nacional? Y ¿podemos identificarlo con el “derecho a una vida digna”?

Voces dirigentes de la Cuarta Transformación mencionan una y otra vez que se trata de una reforma en beneficio de la mayoría de la población, que se trata de recuperar la soberanía energética, para que no paguemos la electricidad más cara de lo que la pagan las empresas, etc.

Sin embargo, la reforma deja en pie la existencia de un mercado y empresas privados e, incluso en un escenario en el que la mayoría de la producción sea pública y la distribución sea monopolio estatal, plantea la función de la CFE como una empresa estatal, pero bajo las reglas del mercado internacional y a través de la compra-venta de energía con el sector privado para obtener ganancias.

 ¿Es acaso, compatible el modelo de empresa pública o privada - que produce para obtener beneficios-  con el derecho a una vida digna? La respuesta es un no rotundo.

¿Quién se quedará los beneficios de la reforma?

La reforma predica el control mayoritario sobre la energía y los recursos del subsuelo, pero ¿para ponerlos a disposición de quiénes? En el país lo que domina es la empresa privada, en todas las ramas de la industria y los servicios, en pocas palabras, estamos en una economía de mercado; una sociedad capitalista.

¿A quién beneficia en primer lugar el desarrollo de la industria energética? ¿Qué es el desarrollo nacional en el contexto actual de México? Es el desarrollo de la economía capitalista.

La electricidad como necesidad para la vida de las familias humildes es entendido como un derecho que se asegura al desarrollar la industria, es decir, viene en segundo lugar. Si en el proceso de recuperación bajan las tarifas, mejora el servicio, se amplía la cobertura y se beneficia a las familias humildes del campo y la ciudad, ya será una ganancia.

Entonces, si nos mantenemos dentro de los límites de la economía de mercado, aunque no queramos, aunque se diga lo contrario, lo principal es producir para ganar y la producción aún está en manos privadas.

Por ello es que en última instancia no es compatible lo uno con lo otro, mientras la industria no se organice democráticamente por y para los trabajadores y siga en manos de los privados, aunque sea menos de la mitad, se distorsionará la mejor de las intenciones y se dificultarán resultados que garanticen el beneficio de las masas humildes.

Como vemos, la iniciativa de la 4T queda enteramente en los límites del llamado “desarrollo nacional”. Ese ese desarrollo nacional sigue siendo capitalista.

Lo que se quiere decir con “México”, en términos concretos, es la burguesía mexicana y, sobre todo, esa que en las últimas décadas se quedó al margen de los ingentes beneficios económicos de la política de los gobiernos priistas y panistas.

Empresarios contra la Reforma

Por supuesto, todo el sector privado que vive el sueño dorado del negocio de la energía está histérico. Conjuran todo tipo de amenazas y profetizan todo tipo de calamidades; sobre el país, nos dice, caerán diez plagas si se aprueba la reforma.

Esto no es otra cosa más que intentar convencernos de que, sin la empresa privada, la industria no podría mantenerse en pie, que no sólo son necesarios, sino que son indispensables; sólo justifican su existencia. Buscan defender lo que es insostenible y una verdad evidente para cada vez más trabajadores, los propietarios privados son absolutamente innecesarios en la producción energética y en cualquier rama de la producción.

La ridícula perorata sobre la libertad de empresa, donde las familias podemos “elegir” o la libertad de mercado, sobre la competencia “para mejorar”, etcétera, es apenas posible de escuchar. Pero es más repugnante cuando oculta que una parte sustancial de su negocio ha sido el saqueo de la riqueza que generamos millones de trabajadores a través del dinero gubernamental.

Ciertamente, no menos importante que el negocio en si es que, una parte importante de los ingresos de las empresas energéticas viene de las subvenciones y todo tipo de financiamientos estatales, es decir, de los subsidios de los gobiernos, de trasvase directo de dinero público a bolsillos privados.

Todo el tinglado legal de las sucesivas reformas desde 1992 a la fecha, incluida la derrotada de 1999, y las de Calderón y Peña servían como mecanismo para un ingente trasiego de recursos públicos que terminaron en el enriquecimiento fantástico de los leones del mercado y la subida en 40% de los precios de 2007 a la fecha. En realidad, los que no se pueden sostener sin el dinero del pueblo son ellos y de ahí su histérica resistencia a la reforma.

Otra de las amenazas que usan son la “expropiación indirecta”. Esgrimen un discurso lloroso sobre que el control técnico de la producción y distribución, lo que llaman “haber un solo comprador y vendedor”, “desincentiva” (sic) la inversión privada y todo el esfuerzo, toda la inversión que han hecho se irá a la basura.

Conjuran la amenaza internacional, los juicios para defenderse de la reforma y vaticinan que se perderán otros tantos millones en estos juicios nacionales e internacionales, en indemnizar a las empresas por lo que se les va a “expropiar”, etc.

Apuestan a asustar y presionar a los legisladores de Morena, a la debilidad e inconsistencia política de muchos de ellos, a los nexos de la derecha dentro de Morena con el empresariado para retroceder en la iniciativa o pasarla mutilada.

Quizá una de las argucias más deleznables sea lo que llaman los “costos inaceptables”, es decir, los subsidios a los usuarios más pobres, al campo, y la deuda de CFE (que obvian que ellos la han provocado). Por otro lado, los pasivos laborales, es decir, para ellos son inaceptables los derechos laborales y las condiciones de trabajo dignas. No les basta con que el charrismo sindical haya derruido los ingresos y la estabilidad laboral en CFE, Pemex, etc. quisieran que no hubiera sindicatos ni charros, y menos combativos, un salario decente es una pretensión censurable de “grupos de interés” que sólo buscan privilegios.

Certificados de energías limpias

Uno de los principales debates ha sido sobre las llamadas energías limpias. Hay un constante ir y venir de cifras sobre la producción solar y eólica privada, un ocultamiento de la producción hidráulica y geotérmica, una acusación internacional sobre los hidrocarburos, y, en resumen, un ruido ensordecedor que busca aturdir y confundir a la población para generar una opinión contraria a la iniciativa presidencial.

Debajo de todo el ruido se oculta que el capitalismo es capaz de hacer un negocio hasta de la destrucción misma del planeta. Total, los ricos ya pueden ir de turismo al espacio exterior.

Como en todo el mundo, la producción de energías limpias funciona a través de “certificados”. Es decir, “títulos emitidos por la Comisión Reguladora de Energía (CRE) que acreditan la producción de un monto determinado de energía eléctrica a partir de Energías Limpias”. Pero también los Certificados de Energías Limpias (CEL) vienen con otras ventajas como precios preferenciales por transmisión y otros descuentos.

Y una cosa importante, los CEL no se otorgan directamente, sino que se compran y se venden, y se pueden revender, de hecho, existe un mercado de CEL al que sólo tienen acceso los productores calificados, en pocas palabras, lo que compras es tu posibilidad de vender con ventajas.

Y falta todavía una cosa. Una parte importante de las centrales de energías limpias que están en manos de los privados han sido construidas con financiamiento público y se ostentan como cogeneración (privado-público), por lo que los CEL son comprados por CFE, pero las ganancias de la venta de energía son para los privados que corren las estaciones ¡qué gran negocio es producir energías limpias!

Por supuesto, lo que necesitamos es que esas plantas sean de propiedad pública, desde el camino de entrada hasta el último tornillo. Los argumentos de los privados son una extensión de la hipocresía de las cumbres climáticas, el planeta les interesa poco y nada, sólo se preocupan por sus ganancias y se visten de un capitalismo verde que apesta a fraude. 

Pero no por ello sostenemos las declaraciones de AMLO sobre que el ecologismo es un invento del neoliberalismo, poner así las cosas es ayudar muy poco a clarificarlas y es menospreciar a la lucha masiva antisistémica contra el cambio climático, por el contrario, tenemos que denunciar la falsedad de la burguesía e impulsar una verdadera transición energética popular.

Y una transición así requiere un plan de desarrollo planificado, de una industria que puedas controlar al 100%. Lo que necesitamos es la expropiación y nacionalización total de la industria eléctrica para impulsar la reconversión hacia la producción limpia, sin certificados; ni mercado de certificados y especulación; ni producción para el lucro; con la participación democrática y real de trabajadores, usuarios y las comunidades donde están las plantas.

¿Empresarios apoyando la reforma?

El problema de la estabilidad política alrededor de la reforma y la 4T en general es importante. Hay un sector que opina que el mejor clima para los negocios es la tranquilidad de los mercados.

Así, los voceros de la Coparmex utilizan un discurso de que hay que ser amigos, que la CFE y los privados deben ir de la mano, etc. Con ello esperan no perder tanto y que llegue un mejor momento para recuperar lo retrocedido.

Pero para los pequeños y medianos industriales que se dicen estar en apoyo a la 4T, y también algunos grandes, significa abaratar sus costos de producción, significa tener mejores condiciones para competir en el mercado. Su principal objetivo es “emparejar el piso”.

El discurso en favor de bajar los precios de las tarifas para los hogares humildes es un intento de hacerse de una tierra firme donde pisar que no tienen, no son parte de la plutocracia beneficiada por las anteriores reformas, pero tampoco son pueblo. Al mismo tiempo que sostienen la reforma son esas miles de pequeñas y medianas empresas donde nos explotan aún más, donde percibimos bajos salarios, sin prestaciones, ni contratos o contratos verbales y pagos por día, sin estabilidad, ni ninguna clase de seguridad social, ni sindicalización.

No debemos hacer ninguna concesión política a estos sectores, y lucharemos porque Morena tampoco lo haga, explicando el papel real de este sector y pugnar porque se impulse una reforma totalmente a fondo.

¡Basta de concesiones con la derecha!

El otro aspecto es la hostilidad y necedad de los partidos de la derecha contra la reforma, y sus intentos de obligar a una negociación de los puntos que, lamentablemente está siendo respondida por el sector que dirige Morena en las Cámaras. Esta es una cuestión de primer orden, pues pelearan por una reforma descafeinada, llena de modificaciones por los acuerdos que se haga con la derecha, especialmente con el PRI para lograr los votos a favor.

No solamente importa qué tipo de reforma pase, sino también cómo pasa. Exigimos que no se haga ninguna concesión a la derecha. Basta de negociación, para garantizar una reforma energética en beneficio real de pueblo lo que se necesita es la movilización masiva, combativa y popular, no el cabildeo y la negociación parlamentaria.

Elegir el camino de los pactos con la derecha es abrir la posibilidad a este sector de aparecer como una oposición “leal” o “patriota” y les de activos para recuperar terreno en las próximas elecciones; un peligro que es completamente evitable.

Entendemos la coyuntura de la reforma como una batalla que debemos librar contra el control de la derecha y de los privados sobre la industria. Y en esta batalla hagamos avanzar nuestra lucha y hagamos retroceder el poder de la burguesía, nacional e internacional y los de sus partidos.

Por supuesto que Morena tiene una responsabilidad enorme en convocar a la movilización, sobre todo lo que podemos reconocer como su ala izquierda. Pero no pretendemos que la movilización sea un auxiliar de la negociación parlamentaria.

Sólo levantando un movimiento de masas que ponga en peligro todas las posiciones de la burguesía lograremos vencer la resistencia de los privados y sus personeros políticos y también rendir las pretensiones imperialistas desde EEUU o España.

Esta lucha también es contra la burocracia estatal y el charrismo sindical

Una acción necesaria, impostergable, aunque no se apruebe la reforma y muchísimo más si se aprueba es la depuración del aparato estatal, de los cuerpos directivos de las empresas estatales y de los organismos. Necesitamos depurar de las viejas plagas prianistas y neoliberales que aún sobreviven en las oficinas gubernamentales, empezando desde arriba, que siguen incrustadas al aparato gracias al burocratismo, el autoritarismo, verticalidad, amiguismo y todas las prácticas heredadas del anterior periodo.

Limpiar CFE, PEMEX, la CRE, etcétera de esa misma red que vive de negocios ilegales y torcer las leyes chupando el erario público y que mantiene el huachicoleo, el robo en las empresas estatales y que dificulta la acción renovadora en el sector público.

Pero también impedir el arribismo, el asalto de viejos funcionarios y nuevos trepadores que colocándose la camisa de Morena intenta hacerse un lugar calientito en los despachos para vivir cómodamente.

Son miles los técnicos, ingenieros y trabajadores, hombres y mujeres que pueden reorganizando las líneas de estructura y producción de manera democrática, impulsar la industria.

Y esto significa también dar una dura lucha contra todos los traidores del movimiento obrero, contra los charros, neocharros, charritos y desertores de la causa obrera que pululan en las direcciones sindicales del sector eléctrico sean la CTM, CATEM o se hagan llamar “independientes”.

No esperamos que esa iniciativa venga desde arriba, no hay más camino que hacerlo desde la base, reorganizando el movimiento en nuestros centros de trabajo, retomando tradiciones combativas y democráticas de lucha obrera como las asambleas donde construyamos un programa revolucionario que dirija la lucha sindical contra esos lugartenientes de los patrones.

Pero también, para formar un poderoso movimiento obrero que sea capaz de, como el mismo Obrador alguna vez dijera, rebasar por la izquierda a la 4T, cuando esta flaquee. Que impulse e imponga el control obrero en la industria para asegurar su buen funcionamiento, y la marcha a favor de los beneficios para las masas.

Sólo luchando avanzamos

Poner la energía al servicio de la mayoría, es decir, de las y los trabajadores del campo y la ciudad, del pueblo pobre, los campesinos, los indígenas, etc. es controlar al 100% la industria, en todos sus aspectos.

Quedarse a la mitad del camino es dejar la puerta abierta a presiones de los privados a través del mercado y problemas para el control de la industria. Orientar la producción hacia los “intereses de la nación” aun cuando hemos visto que esto significa, en el México de hoy, desarrollar el capitalismo es imposible si no puedes controlarla, y no puedes controlar lo que no posees.

Así es que no solamente desde el punto de vista revolucionario, sino ya desde el planteamiento de la propia 4T, la actual reforma queda escasa.

La única solución posible es la expropiación y nacionalización total de las grandes compañías energéticas sin indemnización, poniéndolas bajo control de los trabajadores. Así se garantizaría un servicio básico imprescindible para el conjunto de la sociedad, un precio de la luz que sea accesible para la población trabajadora y no la fuente de enriquecimiento de un puñado de poderosos.

La expropiación y nacionalización al 100% de las industrias de electricidad, minería, petróleo, energéticos y subsuelo en general, con todos sus procesos conexos, todas sus industrias auxiliares; garantizar un trabajo digno con todos los derechos y la libertad y democracia sindical, independiente del régimen y sostener este programa con la organización y movilización de las masas es el camino necesario para no quedarse a la mitad y es la única forma de levantar un verdadero apoyo popular constante que de una base firme para conseguir la independencia energética del imperialismo pero al servicio de la clase obrera y todos los oprimidos.

Una propuesta así contaría con el apoyo entusiasta de la mayoría y sacaría a millones a las calles. En primera línea estarían los cientos de miles de trabajadores que sostuvieron la intensa movilización contra la reforma de Peña y los millones de votantes que llevaron al gobierno a AMLO.

No más políticas a medias, no más concesiones a políticas capitalistas que nos entierran más en la miseria y que dan oxígeno a los empresarios y sus partidos de derecha para chantajear y hacerse millonarios a nuestra costa. Hay que volver a llenar las calles, ahí está nuestra fuerza y ese es el único camino para una transformación de raíz real de esta sociedad, nunca más una revolución inconclusa, nunca más una revolución abortada.  

¿Por qué luchamos?

-Derogación total de la Reforma de EPN

- Terminar todos los contratos y declarar ilegal todos los permisos de generación eléctrica privada.

- Expropiación y nacionalización sin indemnización de toda la industria energética y ponerla bajo control de las y los trabajadores.

- Impulsar un plan para evitar la sobreproducción y dirigirla en beneficio del pueblo, tanto para la producción como para el consumo en los hogares.

- Invertir en la renovación tecnológica y el reordenamiento de la generación y distribución. Para ello no necesitamos a los capitalistas, necesitamos un control democrático de la industria, por parte de los obreros electricistas, de los empleados y usuarios.

- Un genuino Plan Nacional para la industria que garantice la renovación tecnológica, la ampliación de las energías limpias sin el despojo de comunidades ni destructivas con el medio ambiente. ¡No más megaproyectos de muerte!

- Por la restitución de sus puestos laborales a todos los trabajadores de la extinta Luz y Fuerza del Centro.

 


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